Autor: D. D.

  • El riotinteño Luis Francisco Naranjo ayuda en Madrid a las personas más vulnerables

    El riotinteño Luis Francisco Naranjo ayuda en Madrid a las personas más vulnerables

    Tras marcharse de Riotinto hace 17 años, actualmente dirige la Obra Social de la Asociación ‘Espiral Loranca’, desde donde no olvida a su pueblo, al que adora y vuelve siempre para participar en sus fiestas y tradiciones

    Luis Francisco Naranjo Ramos es un riotinteño que, a sus 39 años, es director de la Asociación ‘Espiral Loranca’, una entidad con sede en Fuenlabrada (Madrid) que trabaja en favor de la infancia, juventud y familia en situaciones de vulnerabilidad.

    Todo un logro para este minero que pasó toda su infancia en Minas de Riotinto, hasta que, a los 18 años, se desplazó a Sevilla para estudiar la carrera de Magisterio, en la especialidad de Educación Primaria. Según nos cuenta en esta entrevista, “así estuve 3 años, a caballo entre el pueblo y la capital hispalense, hasta que, unos meses después de terminar los estudios, a principios del año 2002, me fui a Madrid para probar suerte y encontrar una oportunidad laboral”.

    Luis Francisco Naranjo tres

    No fue fácil, pero, tras unos meses en los que trabajó como operario de restauración en el Parque Warner, en diciembre de 2002 comenzó a desarrollar la labor de educador en la Asociación ‘Espiral Loranca’, una obra social que los Hermanos Maristas de la Provincia Ibérica habían iniciado en Fuenlabrada unos años antes.

    “Durante los primeros años, trabajé como educador de formación básica en programas de garantía social para jóvenes que no habían terminado sus estudios de ESO, enseñándoles las áreas de Matemáticas y Ciencias a los alumnos que iban a aprender el oficio de fontanería, informática o estética. También estuve varios años coordinando estos programas de formación, mientras lo compaginaba con las clases a los jóvenes, además de empezar a participar también durante las tardes en los programas socioeducativos para menores en el Centro de Día que tenemos en Fuenlabrada”, recuerda Luis.

    Luis Francisco Naranjo dos

    Esta experiencia le permitió crecer personal y profesionalmente, asumiendo nuevas tareas y responsabilidades, hasta que, en el verano de 2012, le propusieron asumir la dirección de la obra social. Una labor que desarrolla desde entonces y de la que nos habla en la presente entrevista, donde hace balance de sus 17 años fuera de la Cuenca Minera.

    -Luis, ¿por qué decidiste irte fuera, a Madrid?

    -La decisión fue tomada principalmente por la situación económica que había en casa. Eran tiempos difíciles, ya que mi padre, trabajador de la empresa que explotaba las minas, estaba junto al resto de empleados de la misma en plena lucha por conseguir unas jubilaciones y prejubilaciones dignas, después de que la empresa cerrara y la situación se estaba alargando demasiado, con todo lo que eso conllevaba. Así que en mi casa se tiraba para adelante con la ayuda de la pequeña pensión de mi abuela y con lo que se podía. Mi hermana mayor estaba trabajando fuera y la pequeña seguía estudiando su carrera en Sevilla, así que decidí que tenía que aportar lo que pudiera buscando un trabajo, donde fuera y como fuera.

    La casualidad hizo que la que por entonces era mi pareja vivía en Madrid y me facilitó la posibilidad de probar suerte en la capital. Creo que apenas lo pensé porque lo vi como una oportunidad de no ser una carga en casa mientras salía algo, así que llené el coche de trastos, me imprimí un mapa de cómo llegar a Madrid y me fui a vivir una nueva aventura. Creo que a mis padres les comuniqué mi decisión prácticamente el día antes, en plena celebración de los carnavales.

    -Tras 17 años en Madrid. ¿Cuál es tu balance de la experiencia?

    -Mi balance es muy positivo. He crecido y aprendido muchísimo a nivel personal y profesional. He vivido nuevas experiencias y, sobre todo, he conocido gente maravillosa en todos estos años. La única pega es que me separan algo más de 500 kilómetros de mi tierra.

    -¿Qué estás haciendo en estos momentos?

    -Sigo trabajando en la Asociación Espiral Loranca, el proyecto social en el cual aterricé por casualidad en diciembre de 2002, desarrollando la labor de dirección, pero, realmente, es una labor más entre otras tantas dentro de la entidad. La Asociación Espiral Loranca es una entidad que trabaja en favor de la infancia, juventud y familia en situaciones de vulnerabilidad mediante la prevención, promoción y educación integral, como factores de cambio y de justicia social, a través de la realización de programas socioeducativos. Se fundó como tal en el año 2004, aunque el proyecto inicial data del año 1997, fruto de la inquietud de los Hermanos Maristas por realizar una obra social en los alrededores de Madrid.

    Luis Francisco Naranjo asociacion espiral tres

    En la actualidad, cuenta con tres centros, donde atiende a diferentes perfiles de destinatarios: Un Centro de Día para menores de entre 4 y 14 años en Fuenlabrada; un Centro de Formación Profesional para jóvenes y adultos desempleados en Humanes de Madrid; y un Centro comunitario de promoción social para adultos, principalmente mujeres, también en el fuenlabreño barrio de Loranca. Atendemos a más de 350 personas al año con un equipo educativo de 17 personas y la inestimable colaboración de casi 30 voluntarios.

    Luis Francisco Naranjo asociacion espiral

    Mi función principal como director es coordinar la labor que se desarrolla en los diferentes centros, con la ayuda del resto del equipo directivo y los coordinadores de programas. También gestionar los recursos humanos y velar por el cumplimiento de los fines de la entidad. Gestionar la comunicación, servir de enlace con otras entidades sociales y con la Provincia Ibérica, búsqueda de financiación y captación de fondos, temas de calidad y cuando la ocasión me lo permite, disfrutar con los niños en actividades puntuales como un educador más, apoyando la labor de mis compañeros.

    -Es una labor muy gratificante…

    -Sí que lo es. El trabajo de educador es de los más gratificantes que existen. Yo soy maestro por vocación y siempre imaginé mi trabajo en un aula con niños, dando clase y enseñándoles. Pero esto no me lo esperaba. Nunca imaginé que mi trabajo consistiría en mucho más que eso. Dedicar tu tiempo a quien más lo necesita y ver sus pequeños gestos de felicidad y agradecimiento es la sensación más bonita del mundo. Y eso que, como explicaba anteriormente, ahora por mis funciones actuales no puedo dedicar todo el tiempo que quisiera a ejercer como educador, a estar directamente con los niños o jóvenes, pero, siempre que puedo, lo intento. Además, se aprende mucho de ellos y tienen mucho que decir como los verdaderos protagonistas que son en Espiral.

    Luis Francisco Naranjo asociacion espiral dos

    -¿Te has marcado algún nuevo objetivo?

    -De momento, en principio, tengo por delante casi otros tres años como director de esta obra social. Así que muchos de esos retos van en la línea de seguir consolidando la asociación. Siempre hay que seguir mejorando y aprendiendo y son muchos los objetivos que nos hemos marcado recientemente para este trienio: reconocimiento en aspectos de calidad, transparencia y buenas prácticas, mejorando nuestra puntuación en el sello Madrid Excelente e intentando formar parte de las entidades y ONGs acreditadas por Fundación Lealtad. También seguir abriendo nuevas vías de financiación para nuestros proyectos, intentando mantener las ayudas públicas y buscando nuevas alternativas en el sector privado mediante colaboraciones con empresas a través de su RSC. Seguir introduciendo mejoras metodológicas en nuestra práctica diaria y estar al día en aspectos innovadores, mejorando así la calidad de la intervención con nuestros destinatarios en todos los programas.

    Concretando un poco más, tenemos sobre la mesa un apasionante reto que es iniciar en breve un nuevo proyecto social en el madrileño barrio de Lavapiés, donde, a pesar de las numerosas entidades que trabajan en la zona con menores de población en su mayoría inmigrantes, siguen haciendo falta recursos socioeducativos para atender la demanda. Ahora mismo hemos conseguido un local que está en proceso de reformas y esperamos que pronto podamos iniciar el proyecto. Además, ya se han ofrecido muchas personas para colaborar provenientes de centros educativos Maristas de la capital.

    -¿Qué piensa tu familia y amigos?

    -Ellos están orgullosos de lo que hago y les encanta verme feliz con mi trabajo. Es cierto que estar lejos de ellos se hace difícil, pero siempre están presentes.

    -¿Cuáles son tus planes futuros?

    -Más allá de lo profesional, seguramente, formar una familia y seguir “viviendo”. Siempre he dicho, -y aún lo mantengo-, que me encantaría volver, si no a Riotinto, por el tema laboral principalmente, sí a Sevilla o Huelva. También soy realista y ahora mi vida está aquí, pero no quiero descartarlo. Me gusta pensar que la vida da muchas vueltas y nunca se sabe…

    -¿Qué es lo que más echas de menos de Huelva?

    -Por supuesto, mi tierra y mi gente. Yo soy muy mojino y, a pesar de la distancia, sigo haciéndome presente en Riotinto siempre que puedo. Sigo participando activamente en eventos como los Carnavales, que no he faltado ni un año a cantar a mi pueblo con mi chirigota de la peña El Doblao, sigo yendo cada otoño a las fiestas de la Virgen del Rosario para salir con La Esquila, San Roque, Navidades, Semana Santa, puentes… Muchas veces me dicen mis amigos que me ven más a mí que a otros que a lo mejor viven en Sevilla o Huelva. Y creo que no exageran tanto (risas).

    Luis Francisco Naranjo carnaval

    Mi familia, que, aunque estamos algo repartidos, siempre intentamos vernos todos, aunque sea una vez al año. Llegar a mi casa, porque siempre será mi casa, y estar con mis padres, charlando, en torno a una de las increíbles tortillas de patatas que hace mi madre y con una copa de un buen vino del que a mi padre siempre le gusta tener. Jugar y pintar con mi sobrino Mario, que es como mi sombra cuando coincidimos, a mí me encanta.

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    Mis amigos, que es cierto que cuando voy, a veces nunca coincidimos todos, eso es casi imposible ya, pero siempre hacen por estar y coincidir para disfrutar de ratitos juntos. Aprovechamos un café, una caña, un ensayo de la chirigota y, cuando se tercia, en ocasiones especiales, nos llegamos a juntar un buen número. Y ya cada vez con más niños pequeños en el grupo.

    Luis Francisco Naranjo amigos

    Es totalmente cierto eso de que hasta que no te toca irte de tu tierra no la valoras como cuando la disfrutas día a día.

    Luis Francisco Naranjo amigos cuatro

    -¿Qué supone para ti la Cuenca Minera?

    -Para mí es todo, mi tierra, mis raíces, mi infancia, mi gente… Es un orgullo enorme ser de Riotinto y lo llevo muy a gala, y los que me conocen lo saben. Recuerdo que me dio mucha pena empadronarme en Madrid, porque en mi documento de identidad ya no aparecería el nombre de mi casa (aunque siempre se leerá, como lugar de nacimiento, Minas de Riotinto). Aquí en Madrid, todos mis amigos y compañeros saben de dónde soy y lo que siento por mi tierra, saben que en Riotinto empezó a jugarse al fútbol y también saben que el color del río Tinto no es por la suciedad que arrastra el agua de los minerales. “Tú has estado en tu pueblo, ¿verdad?”, me dicen cuando me ven un lunes y me notan el acento “andalú” muy marcado.

    Luis Francisco Naranjo amigos dos

    -Para terminar: un mensaje a tus paisanos.

    -Agradecerles que se acuerden de mí y que quieran siempre lo mejor. Darles las gracias, porque me encanta que, cuando vuelvo a Riotinto, me saluden en la calle y me pregunten qué tal me va todo. Y decirles que, aunque evidentemente no siempre es oro todo lo que reluce, que, aunque Riotinto tenga su idiosincrasia, sus problemas, sus dificultades…, vivan y disfruten de nuestra tierra ellos que pueden y que tienen la suerte de seguir allí donde nacieron. Ojalá yo algún día pueda volver y quedarme para siempre…

  • Las estaciones del ferrocarril minero en la Cuenca: Apeadero Los Frailes (IV)

    Las estaciones del ferrocarril minero en la Cuenca: Apeadero Los Frailes (IV)

    La estación, situada en el término municipal de El Campillo, ha sido recuperada conservando su estructura original con fines turísticos, dado que forma parte del trazado del tren turístico

    En este recorrido que estamos realizando por las diferentes estaciones del ferrocarril minero era obligatoria una parada en el apeadero de los Frailes, un lugar conocido por los turistas que llegan a la Cuenca Minera, puesto que, hasta este punto, alcanza el actual tren turístico, que ha recuperado un trazado de 12 kilómetros para su uso recreativo.

    De hecho, este apeadero, ubicado en el término municipal de El Campillo, fue el último lugar recuperado para la explotación turística del tren. Una actuación que se centró en la vivienda, que se rehabilitó siguiendo su estructura original, lo que permite ver su buen estado actual, incluyendo los arriates. También se recreó el cartel del apeadero ‘Los Frailes’, con el tamaño y tipo de letra original, con la finalidad de que el turista pueda hacerse una idea de cómo era el ferrocarril minero a finales del siglo XIX.

    Como recoge el libro Río Tinto: Historia, Patrimonio Minero y Turismo Cultural, junto a la rehabilitación, también se le añadió un porche para que los visitantes pudieran acceder al apeadero.

    Además, junto al apeadero, hay un merendero muy coqueto que permite ofrecer un lugar de esparcimiento y descanso, tanto para los visitantes como para los vecinos de la zona. Un motivo más para visitar y conocer este lugar de la Cuenca Minera onubense.

    Como se puede comprobar, son iniciativas que se han venido poniendo en marcha para recuperar el patrimonio y la historia la comarca, al tiempo que se fomenta el sector turístico.

  • El campurriano Antonio López indaga en la historia de la Cuenca con su nuevo libro, ‘Algunos lo lograron’

    El campurriano Antonio López indaga en la historia de la Cuenca con su nuevo libro, ‘Algunos lo lograron’

    El autor sorprende con una revisión histórica de unos hechos que ocurrieron en la comarca entre 1936 y 1958, como un trágico accidente de camión cuyas consecuencias «lo envuelven todo», asegura 

    Muchos conocen a Antonio López García, un campurriano que el pasado mes de noviembre cumplió 54 años, edad que le convierte en un minero que forma parte de la generación de los que nacieron en la habitación de su casa con la ayuda de una matrona, en su caso, Juana ‘la del tío Elías’. Por este motivo, asegura con orgullo que nació en el mismo Campofrío, tal y como refleja su DNI.

    «En aquella fecha no existía el Hospital Comarcal de Riotinto y todos los partos en los municipios de la Cuenca Minera y la Sierra se llevaban a cabo en el domicilio», nos comenta, si bien, «afortunadamente, gracias a las movilizaciones que se produjeron, conseguimos que se construyera el hospital, que últimamente está siendo muy cuestionado. Primero por el acuerdo insolidario que tomó el Ayuntamiento de Riotinto de cobrar por aparcar en su entorno y, segundo, por los recortes que se han llevado a cabo y que han supuesto el deterioro de la asistencia médica que tan magníficamente había prestado», añade.

    Antonio López es un campurriano amante de su tierra. Tanto que, de su grupo de amigos de la infancia, es el único que sigue residiendo y trabajando en Campofrío los 365 días del año. «Soy feliz cada tarde paseando a mi perrita. Qué quieres que te diga más», asegura.

    Dedicado profesionalmente al mundo de la banca y los seguros como agente colaborador, Antonio López siempre se sintió atraído por la literatura y la investigación. Al hilo de estas inquietudes, formó parte del grupo Iniciativa Cultural, entidad responsable, entre otras iniciativas, de la edición del libro ‘Campofrío, la plaza de toros más antigua de España’, una obra en la que se encargó de confeccionar el cuarto capítulo, titulado ‘Plazas de Toros Históricas’.

    Una afición sobre la que afirma que «es algo que se lleva dentro y que nunca consideras llegado el momento apropiado para comenzar a hacerlo. Supongo que por miedo. Sin duda alguna, me animé a raíz de la publicación del libro de la plaza de toros. Supongo que habrá mucha gente que piense que he comenzado bastante tarde. Pues igual tienen razón. Quizás se pueda solucionar escribiendo más rápido (es una broma, por supuesto). Creo que te decides a hacerlo el día que aceptas que tu libro puede tener fallos y que los fallos forman parte de la vida misma. Incluso las rosas más bellas tienen espinas, pero si sabes tratarlas no te hacen daño».

    De hecho, en el año 2016, comenzó la aventura de escribir su primer libro en solitario. Un trabajo que dio como resultado la obra ‘Nuestro pan cotidiano, dánoslo hoy’, donde el autor se trasladó al siglo XVIII con sus paisanos. Una creación que tuvo una importante repercusión, recibiendo el apoyo de escritores serranos de la talla de Mario Rodríguez o Manuel Moya, entre otros.

    Tras esta primera incursión en el mundo editorial en solitario, el pasado mes de diciembre, López García ha vuelto a sorprender con la presentación de un nuevo libro, titulado ‘Algunos lo lograron’, una obra que es el resultado de un año y medio de trabajo, del que Antonio destaca “su sencillez. Está escrito por y para el pueblo. Utilizo dos lenguajes distintos. Por un lado, nos habla Salvador a través del recuerdo como testigo de lo ocurrido en la localidad durante el largo periodo transcurrido entre 1936 y 1958. Y, por otro lado, nos habla José como componente de la Columna de los 8.000, que teñiría de sangre la localidad extremeña de Llerena. Las consecuencias de un trágico accidente de camión ocurrido en la tarde del 30 de mayo de 1956 lo envuelven todo”.

    Es decir, en el libro se habla de “dos tragedias de Campofrío, sufridas en 1936 y 1956, respectivamente, por dos protagonistas reales, que se reencuentran en el pasado a través del testimonio escrito de José y de los recuperados recuerdos de Salvador. El primero pretendía transmitir la verdad al futuro y el segundo buscaba rescatar del olvido al pasado”.

    Una historia que aparece publicada con la siguiente dedicatoria, “A mi compadre Ceferino y a cuantos la jodida muerte no concedió ni tan siquiera el derecho a defenderse”, y una historia que ha querido sacar a la luz porque considera que “en paz, democracia y libertad es posible conseguir que el mundo sea mejor. En nuestras manos está hacerlo realidad”.

    Además, el libro fue presentado el día que se conmemoraba el 40 Aniversario de la Constitución Española, una fecha elegida especialmente por el escritor. Porque, según dijo el día de la presentación, “se trata de una Constitución que nació del consenso, es decir, de un gran acuerdo entre todos los que participaban en su elaboración. Para ello se hizo obligatoria la aprobación de una Ley de Amnistía. ¿Cómo podían reconciliarse si no se borrase ese pasado para siempre? Dicha amnistía iba dirigida a aquellas personas que habían sufrido cualquier tipo de represión por oponerse al levantamiento armado contra la República, en defensa de las libertades públicas”.

    El acto fue presentado por el presidente de la Asociación de Memoria Histórica de la Provincia de Huelva, Fernando Pineda, quien además es el autor del prólogo del libro, y tuvo lugar en la Casa de la Cultura ante una numerosa presencia de público.

    Antonio Lopez presentacion libro

    Fue una presentación muy particular, porque Antonio decidió no hablar él, sino que lo hicieran sus personajes, así que resultó un acto muy emotivo. De este modo, entre los comentarios realizados por el autor durante su intervención, los asistentes pudieron disfrutar de fragmentos como éste: “Tras el accidente de camión ocurrido en la tarde del 30 de mayo de 1956, que provocó la muerte de 12 vecinos de la localidad, Salvador García perdió la memoria. Los recuerdos que se esfuerza en rescatar del olvido abarcan un periodo de 20 años, comenzando una lluviosa tarde de primavera del año 1936. Uno de los fallecidos en el trágico accidente era Antonia, su esposa. Le acompañaremos en sus dos primeros años de duelo y de recuperación, convirtiéndonos sin pretenderlo en su persona de confianza: “Llevo varios días rebuscando entre mis cosas, intentando encontrar todo lo que me pueda ayudar. Compruebo que mi cabeza, a pesar de parecer vacía y hueca, no lo está del todo”.

    Antonio Lopez presentacion libro dos

    Se trata de un libro, en definitiva, que ha sido muy bien recibido y que es muy probable que de paso a nuevas creaciones, puesto que Antonio López siempre está inmerso en nuevos proyectos.

    Por el momento, para despedirse, este escritor e investigador campurriano se queda con este mensaje: “el pasado está ahí para que aprendamos de él, solo hay que saber hacerlo mirando al presente y creando futuro para nuestros hijos”.

  • Las estaciones del ferrocarril minero en la Cuenca: La estación de Naya (III)

    Las estaciones del ferrocarril minero en la Cuenca: La estación de Naya (III)

    Aunque se encuentra en ruinas, esta semana recordamos la estación de ferrocarril de La Naya, adscrita a la aldea del mismo nombre, un poblado que surgió precisamente al amparo de la construcción del tren

    Perteneciendo al término municipal de Minas de Riotinto, ‘La Naya’ era el poblado minero más meridional. Una aldea que se construyó a partir de la compra de la mina por parte de los ingleses en 1873, en una finca que tenía este mismo nombre, ‘La Naya’, adquirida este mismo año por la compañía británica, por la Riotinto Company Limited.

    En un principio, la finca fue utilizada por la empresa como lugar de aprovisionamiento y logística de los operarios que, precisamente, construían el ferrocarril. Sin embargo, en 1876, este espacio ya se había dotado de viviendas y de una cantina para el avituallamiento de los empleados residentes en Naya.

    Un poblado que, a partir de aquí, fue creciendo, hasta el punto de que, en abril de 1883, se aprobó la construcción de 100 casas. Luego, en 1889 se construyó una ermita, un pequeño templo de una sola planta junto a la que se instaló un matadero.

    Un desarrollo que se debió principalmente al paso por la zona del ferrocarril, pero también porque se encontraba muy cerca de las áreas de procesado y fundición de mineral, por lo que muchos trabajadores adscritos a estos departamentos, como zarandas o lavadoras, residieron en La Naya.

    Las viviendas de los obreros tenían una sola planta con tres o cuatro habitaciones. Unas casas de unos 45 metros cuadrados construidos, que solían contar con una puerta y una o dos ventanas.

    A este tipo de viviendas se unieron a partir de 1922 casas para los jefes de las minas, de estructura similar, pero ya con baño incorporado.
    Un poblado o aldea que contó con su propia estación de ferrocarril. Una construcción de la que, desgraciadamente, en la actualidad, sólo se conservan sus ruinas, ubicadas cerca de Zarandas.

  • El economista campillero Juan Carlos Domínguez, un coleccionista de libros con cerca de 900 ejemplares

    El economista campillero Juan Carlos Domínguez, un coleccionista de libros con cerca de 900 ejemplares

    Miembro de la Junta Directiva de Cistus Jara de Zalamea la Real, este apasionado de la historia acaba de adquirir la edición original de 1899 del libro Memorias de Hugh Matheson, una figura desconocida en la Cuenca Minera a pesar de su importancia en la explotación de las minas de Riotinto por parte de los británicos

    El economista y asesor fiscal y contable Juan Carlos Domínguez Vázquez (Minas de Riotinto, 1967) es un campillero que vivió en El Campillo hasta que se casó con su mujer, Inma. Siendo así, estudió en los colegios de El Campillo y Minas de Riotinto, mientras que el Bachillerato lo cursó en el IES Vázquez Díaz de Nerva. Una etapa tras la que se licenció en Ciencias Empresariales por la Universidad de Huelva.

    Tras casarse, Juan Carlos residió con su mujer y sus dos hijas, María y Celia, en Zalamea la Real, por lo que se considera campillero y zalameño. Eso sí, en la actualidad, por cuestiones laborales, viven en Huelva capital, aunque suelen venir mucho a la Cuenca Minera: “Normalmente, venimos a Zalamea todos los fines de semana. La población de la comarca está bajando y esta es una manera de mantener y valorar nuestros pueblos. Desde hace más de 10 años, pertenezco a la Junta Directiva de Cistus Jara, una asociación cultural de Zalamea cuya finalidad es la preservación del patrimonio y la naturaleza. Por ello, puede decirse que soy un enamorado de mi tierra y sus tradiciones. Y un apasionado por su historia, una historia muy rica”.

    Un enamorado de su tierra que ha desarrollado una amplia trayectoria profesional. Primero, comenzó a trabajar en El Monte, Caja de Ahorros de Huelva y Sevilla (actual Caixabank), en los pueblos de El Campillo, Riotinto y Nerva, donde rotaba según las necesidades y requerimientos del puesto. Tras un año en esta entidad, Juan Carlos pudo acceder a una beca como economista en Minas de Riotinto, S.A.L., donde estuvo trabajando durante siete años, hasta 2003, llegando a ser Responsable de Contabilidad.

    De aquella época, nuestro entrevistado recuerda cómo, “en el verano de 2001, junto con un compañero de trabajo, Rafael Sousa, bajamos al mismo corazón de la tierra, al corazón de la mina, a la sala de bombas del piso 45 de Corta Atalaya, a 435 metros de profundidad. Un poco más arriba, en el piso 33 del Pozo Alfredo, pudimos ver, entre otras, las maravillosas salas de colores de los vitriolos, unas formaciones de sulfatos creados en minas de interior”.

    Tras esta etapa, la vida de este campillero cambió debido a que la minería entró en crisis. Según él mismo nos explica, “la minería entró en crisis debido, principalmente, a los bajos precios de cotización del cobre, llegando a cotizar en 2002 por debajo de los 1.300 $/tm. Actualmente, el cobre cotiza en el entorno de los 6.000 $/tm”.

    Atrás quedaban unos años en Minas de Riotinto que para Domínguez, “como experiencia profesional y personal fue espectacular. Tengo que destacar que soy la cuarta generación de mineros en mi familia: mi padre Maxi, trabajó en la mina durante 35 años; mis dos abuelos, Maximiliano y José, también trabajaron en distintos departamentos de la mina; y mi bisabuelo, Sabas Domínguez, trabajó como contratista a principios del siglo XX. Como curiosidad, mi bisabuelo Sabas participó en el rescate de los mineros atrapados en el incendio del pozo Alicia el 3 de noviembre de 1913, recibiendo como reconocimiento por parte de la Rio Tinto Company Limited una medalla de oro grabada con su nombre”.

    Su siguiente destino laboral fue Astilleros de Huelva, S. A., donde comenzó a trabajar en 2003, llegando a ser director financiero de la empresa. “Durante mi etapa en los Astilleros se llegaron a construir cerca de 20 barcos pesqueros, 4 Ro-Ro para transporte de carga rodada y 2 barcos quimiqueros de última generación”, nos comenta.

    En la actualidad, Juan Carlos Domínguez trabaja como economista en Gabitel Ingenieros, S.L., una joven empresa onubense con una importante proyección internacional en el mundo de las telecomunicaciones, la ingeniería industrial y la consultoría software.

    Un puesto de trabajo que compagina con su afición a la investigación y a la historia, dos pasiones que le han permitido hallar algunos documentos de gran interés para la Cuenca Minera. Descubrimientos a los que ha podido llegar, principalmente, por su pasión por los libros. Es más, según nos comenta, “nuestra comarca es una de las zonas donde más libros se han escrito y de la que más ha sido estudiada, bien por el tema minero o bien por temas históricos-culturales”.

    Una afición que inició hace más de 20 años, cuando comenzó a coleccionar libros, porque, según dice, “creemos que los libros son la fuente del conocimiento y de la sabiduría”.

    Este interés le ha permitido coleccionar cerca de 900 ejemplares de todas las temáticas, autores y ediciones, entre los cuales se encuentran más de 80 volúmenes dedicados a las Minas de Rio Tinto o a la comarca minera, como ocurre con estudios mineros actuales, facsímiles de viejos libros de los siglos XV al XIX, libros publicados por tesis doctorales y una amplia variedad de obras que ponen de manifiesto la riqueza de la comarca a nivel cultural.

    El último ejemplar adquirido por Juan Carlos ha sido la edición original de 1899 del libro Memorias de Hugh Matheson, escrito por su esposa tras fallecer su marido un año antes. Tal y como nos explica este apasionado de la historia, “Hugh Matheson es poco conocido en nuestros pueblos mineros, pero él fue el artífice que creó la sociedad para comprar al estado español las Minas Nacionales de Riotinto. De origen escocés, fue uno de los hombres de negocios más conocidos de Londres. En 1873 creó un consorcio de financieros internacionales llamado Casa Matheson y Cía. y, el 14 de febrero, adquirió las minas por 92.800.000 pesetas. Además, fue presidente de la Rio Tinto Company Ltd. durante 25 años, desde 1873 hasta su muerte en 1898. Huhg Matheson tuvo muchas amistades españolas y se codeó con las más altas autoridades de la esfera política y social de la época, como el rey Alfonso XII, del que recibió La Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, o el presidente del Gobierno Cánovas del Castillo”.

     

    Una joya para los amantes de la historia y coleccionistas a nivel general, que se une a otros ejemplares de su colección realmente interesantes, como ocurre con la primera edición de 1920 de El Metal de los Muertos de Concha Espina y la edición de 1875 del libro de Lucas de Aldana Las Minas de Rio Tinto en el transcurso de siglo y medio, desde su restauración por Wolters en 1725…, libro difundido a través de impresión bajo demanda por Consulcom.es.

    Del mismo modo, en su biblioteca particular hay una gran variedad en formato de libros-facsímil como sucede con la Memoria antigua de romanos nuevamente descubierta en las Minas de Rio-Tinto, escrito por Francisco Thomas Sanz en 1762, cuando se descubrió en la galería de San Carlos la placa romana dedicada al emperador Nerva; Ensayo sobre las Minas de Riotinto, de Rúa Figueroa del año 1852; Descripción Física, Geológica y Minera de Huelva, de 1898 por Joaquín Gonzalo Tarín; Diccionario geográfico estadístico de Huelva, del año 1845 de Pascual Madoz; Memorias sobre las minas Nacionales de Rio Tinto, de Anciola y Cosio de 1856; o Memorias de Rio Tinto de Joaquín Ezquerra del Bayo de 1852.

    Del mismo modo, cuenta con tres facsímiles que han sido publicados por la asociación Cistus Jara, que pueden ser considerados como auténticas joyas patrimoniales: Las Reglas de la Hermandad de San Vicente de 1425; Las Ordenanzas de la villa de Zalamea de 1535; y El Libro de los Privilegios de Zalamea la Real, otorgado por Felipe II en 1592.

    En este punto, Domínguez aclara que, “hasta 1845, los pueblos y aldeas que configuran la actual comarca minera de Riotinto pertenecían al término municipal de Zalamea la Real. Por tanto, puede decirse que la historia de Zalamea es la historia de la Cuenca, la historia de nuestros cuatro pueblos y de las más de diez aldeas que conforman nuestra comarca”.

    En cuanto a los libros escritos en el siglo XX, este campillero nos resalta obras como Piritas de Huelva, de Pinedo Vara; Nunca en el cumpleaños de la reina Victoria de David Avery; El Desastre en el Pozo Alicia de Pedro Real Valdés; Cuatro volúmenes publicados por la tesis doctoral de Flores Caballero, Las Minas de Río Tinto hasta su venta a los ingleses; Historia de la arquitectura inglesa en Huelva, escrito por Miguel Vílchez; El Gibraltar económico: Franco y Riotinto 1936-1954, de Antonio Gómez; A cielo abierto de Félix Lunar; Minería y poder: Antropología política en Riotinto de Esteban Ruiz Ballesteros; Génesis del anarquismo en Minas de Río Tinto de Alfredo Moreno Bolaños; El Campillo. El gran desconocido de Gilberto Hernández Vallecillo; El Campillo, de la independencia a la democracia de Josema Vázquez Lazo; y Zalamea La Real: Aproximación histórica, de Antonio Domínguez y Manuel Domínguez.

    Y, junto a todo ello, un largo etcétera de volúmenes, así como artículos de periódicos de la época, de revistas mineras, documentos extraídos de libros, de la gaceta, crónicas, reportajes, noticias, ensayos, escritos, folletos, textos sueltos…

    En definitiva, una biblioteca personal de incalculable valor, que, como nos cuenta Juan Carlos, “al ser, principalmente, en formato papel podrá transmitirse de mano en mano, por lo que perdurará para las futuras generaciones, para que puedan disfrutar de estas joyas literarias”.

  • José Luis Pastor: «Nerva y sus gentes son uno de los regalos más bonitos que me ha hecho la vida»

    José Luis Pastor: «Nerva y sus gentes son uno de los regalos más bonitos que me ha hecho la vida»

    Considerado uno de los mayores expertos del mundo en Cuerda Pulsada Medieval, este aracenense afincado en Riotinto acaba de presentar su nuevo disco, ‘Tatulón, La Danza Medieval del Plectro’, un trabajo que ha dado a conocer en la Cuenca Minera y con el que recorrerá escenarios de todo el mundo

    José Luis Pastor Romero de la Osa (Aracena, 51 años), considerado uno de los mayores especialistas y pionero en la Cuerda Pulsada Medieval, es el director del Conservatorio ‘Manuel Rojas’, de Nerva, centro en el que ocupa plaza de profesor titular de guitarra. Una labor que compagina con otras muchas actividades, entre las que se encuentran el ser director del conjunto medieval Axabeba y director artístico del Festival de Música Antigua ‘Castillo de Aracena’ desde 2012.

    Profesor Superior de Guitarra Clásica por el Conservatorio Superior de Música ‘Manuel Castillo’ de Sevilla y del Conservatorio Profesional ‘Cristóbal de Morales’, Pastor obtuvo el premio fin de grado en la especialidad de laúd y vihuela.

    Una trayectoria artística muy destacada en la que ha ofrecido conciertos, cursos, conferencias y master clases en festivales de música antigua de toda España (Madrid, Barcelona, FeMÁS Sevilla, MHA Valencia, Gijón, Bilbao, Granada, Toledo, San Sebastián, Pontevedra, Huelva, Mondragón, Girona, Murcia, Fundación Juan March (Madrid), Córdoba, Estella, Obanos (Navarra), Úbeda y Baeza, Aracena, entre otras), así como por Argentina (Buenos Aires y Rosario), Bosnia-Hertzegovina (Winter Festival of Sarajevo), Reino Unido (Londres), Francia (París e Istres -Marsella-), Italia (Lombardía, Cremona, Mántova, Crema -“Il canto delle pietre”-), Portugal (Islas Açores, Lisboa, Lagos, Portimao, Faro…) y Marruecos (Tánger y Casablanca).

    Además, este profesor ha realizado programas y grabaciones para TVE y RNE y ha escrito artículos para revistas especializadas (Hispánica Lyra, Sociedad de la vihuela, de la que es miembro fundador, Pro-Música Antigua de Rosario, Argentina).

    Logros que le han valido diferentes reconocimientos, como la Torre de Nerva, otorgada por el Ayuntamiento nervense en 2015, por su implicación en la vida social, cultural y educativa en la villa. Un año después, en 2016, fue nominado por el diario Huelva Información a los premios Onubenses de Año en el apartado de Cultura.

    Un perfil profesional y humano enfocado a la música, que se siente muy satisfecho de formar parte de la Cuenca Minera, como nos muestra en esta entrevista.

    -José Luis, ¿cómo y cuándo surge su interés por la música?

    -Cuando yo contaba sólo con 7 años, a mi padre le tocó en una tómbola de feria una guitarra. Y un amigo de la familia comenzó a darme clases. Al poco tiempo, ya formaba parte del tejido musical de mi pueblo, Aracena, ya fuera en los campanilleros, flamenco, cantautores, carnaval, rock…, me curtieron como músico de la calle, sin formación académica alguna. Luego, al terminar el Bachiller, y empujado por la pasión y por el consejo de muchos buenos amigos, ingresé en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla, donde, tras diez años de carrera, conseguí el título de Profesor Superior de Guitarra Clásica, mientras sufragaba mis estudios tocando la guitarra eléctrica en una orquesta de ferias.

    -Desde aquí, ¿cómo llega a convertirse en uno de los mayores especialistas del mundo en la Cuerda Pulsada Medieval?

    -Creo que, tras más de 20 años de mucha dedicación e investigación, mi trabajo ha trascendido fronteras y ha sido reconocido a nivel internacional. El hecho de que no quedara música escrita para los instrumentos medievales, abre un interminable camino de búsqueda para descubrir qué música tocarían y de qué forma. Conjugar las fuentes documentales e iconográficas (música, pintura, escultura, arquitectura) con la práctica instrumental y el sentido común, ha sido la base de este proyecto pionero a nivel mundial.
    Luego, está el día a día con los instrumentos: Preparar muy bien los conciertos y dedicar mucho tiempo al estudio de las piezas, para que el nivel interpretativo esté acorde al de los festivales y espacios escénicos de los diferentes países a los que me invitan.

    -Ahora presenta nuevo disco. ¿Qué nos puede destacar de este trabajo?

    -Es un trabajo dedicado al mundo de la Danza Medieval, un género que se expandió por toda Europa. Tatulón, La Danza Medieval del Plectro pretende, desde la perspectiva de los instrumentos de cuerda pulsada de la Edad Media, profundizar en la práctica de reescribir la música de la época para ellos, abordando desde las primeras estampidas monódicas cantadas (Francia siglo XIII), hasta las piezas polifónicas recogidas en el Códex Robertsbridge (Inglaterra, siglo XIV) o en el Códex Faenza (Italia, siglo XV), pasando por las danzas contrastantes, estampidas y saltarellos de la Italia del Treccento, las danzas reales del Chansonnier du Roy, una danza macabra (España, siglo XIV), o una melodía recogida en Praga (siglo XIV).

    -¿Cómo fue el concierto de presentación en Nerva?

    -Fue un concierto de corte didáctico, que hice para celebrar la Festividad de Santa Cecilia, patrona de la Música, con la comunidad educativa de Conservatorio Manuel Rojas. Quise poner diapositivas, explicando el trabajo desarrollado a los padres, madres y familiares del alumnado, que quedaron muy contentos. Siempre es muy grato acercar la música a los más pequeños, tienen una apertura y una sensibilidad a las artes, que te llenan de satisfacción.

    -¿Tiene previsto otros conciertos para darlo a conocer?

    -Aquel de Santa Cecilia fue algo dirigido a la comunidad educativa del conservatorio, aunque contamos con la compañía del SEPER Adela Frigolet, también. Además de la presentación en Minas de Riotinto, donde resido actualmente, a beneficio de la Cabalgata de Reyes Magos, quisiera hacer una en Nerva, abierta a todo el pueblo, a beneficio del Asilo de Ancianas de Nuestro Padre Jesús Nazareno, con cuya obra me siento muy identificado y comprometido. En mayo lo presentaré en el Teatro Sierra de Aracena, para mis paisanos. Y partiendo de aquí, que es lo más cercano, pues a las ya consumadas presentaciones en XXIII Festival Medieval de Elche o en el Festival Música, Historia y Arte de Valencia, se añadirán otras que están en curso, como una posible vuelta a Argentina, Roma, Alemania, Holanda, y Madrid, Barcelona, Almería, Sevilla, Granada, Zamora…, así como otras tantas, abiertas aún, entre las que se encuentran Huelva capital, por supuesto.

    -Tras quince años al frente del Conservatorio de Nerva, ¿qué balance hace de este tiempo?

    -Durante este tiempo he aprendido la importancia de la música en Nerva y en la Cuenca Minera. Y mi misión ha sido llevarla a todos los rincones, sobre todo a los más desfavorecidos (Aspromín, Centro de Alzheimer de El Campillo, Asilo de Ancianas de Nerva, Centro de Día, Hogar del Pensionista, Hospital Comarcal de Riotinto, etcétera). Bajo el lema ‘Desde la música hacia un mundo mejor’, hemos regalado música con nuestras niñas y niños, y hemos intentado inculcar en ellos la importancia de ofrecer lo mejor que tenemos, la música. Esta filosofía le valió al centro el premio ‘Onubense del Año’ en Educación y la Torre de Nerva. Mi implicación en la vida social y cultural de Nerva es absoluta y, tras quince años, reconozco a Nerva y a sus gentes como uno de los regalos más bonitos que la vida me ha hecho.

    -¿Qué es lo que más echa de menos de ellos cuando está fuera de gira?

    -La naturalidad y el acogimiento de sus gentes, sus calles céntricas llenas de vida, la unión para estar juntos en las situaciones difíciles. En Nerva estoy en casa, por eso se echa de menos todo cuando estás lejos.

    -¿Algún proyecto de futuro?

    -En principio, dar un buen recorrido, tanto a nivel de giras como de crítica especializada, a este trabajo discográfico, en la línea del anterior, ‘THE EVIDENCE. El Arte Medieval de la Péñola’. Y a pensar en el siguiente, sin prisa pero sin pausa.

    -Para terminar: un mensaje a los nervenses.

    -El mensaje sólo puede ser uno: GRACIAS

  • La soprano zalameña Aurora Gómez recorre los escenarios de toda Europa

    La soprano zalameña Aurora Gómez recorre los escenarios de toda Europa

    Tras obtener el Premio de Honor Fin de Carrera y el Premio Extraordinario de Música para Jóvenes Intérpretes de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, su carrera artística ha estado cargada de éxitos

    A sus 38 años, la zalameña Aurora Gómez Mora es uno de los nombres más destacados de la lírica onubense. Una soprano con una carrera artística que se inició cuando, a sus 15 años, comenzó a estudiar Canto en el Conservatorio Profesional ‘Cristóbal de Morales’ de Sevilla, donde obtuvo el Título Profesional de Canto, para continuar después en el Conservatorio Superior Manuel Castillo de Sevilla, donde se licenció en Canto, recibiendo el Premio de Honor Fin de Carrera y el Premio Extraordinario de Música para Jóvenes Intérpretes de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, lo que le permitió obtener una beca de estudios. Reconocimientos a los que se unió en dos ocasiones el Segundo Premio del Certamen de Nuevas Voces Ciudad de Sevilla. Una faceta musical que ha compaginado con la carrera de Pedagogía, de la que se licenció en la Universidad de Sevilla.

    Una formación artística que ha perfeccionado en España, con A.L. Chova, A.M. Sánchez, T. Berganza, y S. Estes; en Verona, con B. de Simone; en Viena y en el Universität Mozarteum de Salzburgo, con H. Lazarska; y en Ascoli Piceno (Italia), con R. Franceschetto, sin olvidar a los repertoristas R. Fernández Aguirre, G. Farina, R. Estrada y J. Robaina.

    A partir de aquí, su carrera artística es difícil de resumir, puesto que ha grabado cinco CD’s: ‘Música para tres Poetas Andaluces del 27’, ‘La silueta del Tiempo’, ‘Strauss. Cuatro Últimos Lieder’, ‘Highlights of Baroque Music by Händel, Vivaldi, Caccini, Telemann’ y ‘Manuel Castillo: obra para guitarra’; así como dos DVD’s: ‘Réquiem de G. Verdi’ y ‘Novena Sinfonía de L. Beethoven’.

    También ha realizado numerosas interpretaciones como solista en el Teatro de La Maestranza de Sevilla, el Auditorio de la Cartuja de Sevilla, el Gran Teatro de Huelva, la Casa Colón de Huelva, el Auditorio Manuel de Falla de Granada, la Sala Joaquín Turina de Sevilla, el Ateneo de Madrid, el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, en los ‘Ciclos de Órgano’ de Tárrega (Gerona), de Montilla y de Sevilla, en el Liceo del Círculo de la Amistad de Córdoba, en las Reales Atarazanas de Sevilla o en el Pabellón de Juventudes Musicales de Sevilla, así como la realización de una gira de conciertos por Cataluña, entre otros.

    Del mismo modo, ha actuado acompañada de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, la Orquesta Sinfónica Provincial de Málaga, la Orquesta de Cámara de París, la Joven Orquesta Sinfónica de Granada, la Banda Municipal de Huelva, la Orquesta Ciudad de Ceuta, la Orquesta Sinfónica de Falcón del Sistema Profesional Venezolano, la Orquesta Joven Hispalense, la Orquesta Onubense, la Orquesta Joven Onubense y la Orquesta de la Capilla Musical Catedralicia de Jerez.

    Este ámbito artístico lo compagina con la docencia, puesto que ha impartido técnica vocal y repertorio en el Conservatorio Superior de Música ‘Victoria Eugenia’ de Granada, en el Conservatorio Profesional de Música ‘Ramón Garay’ de Jaén, el ‘Ángel Barrios’ de Granada, ‘Manuel Carra’ de Málaga, ‘Cristóbal de Morales’ de Sevilla y el ‘Javier Perianes’ de Huelva. En la actualidad, trabaja en el Conservatorio Superior de Música ‘Manuel Castillo’ de Sevilla.

    Una trayectoria musical y profesional impresionante, que le ha valido aparecer en el libro Únicas, del investigador onubense Domingo Martín Gómez, dedicado a 129 mujeres con historia o que harán historia de la provincia de Huelva desde el siglo XII hasta la actualidad.

    Una vida llena de éxitos que hemos querido desgranar en esta entrevista realizada a esta zalameña, enamorada de su tierra.

    -Aurora, ¿por qué elegiste la lírica?

    -Yo comencé con 7 años a estudiar en la Escuela de Música de Zalamea la Real y mi instrumento fue el clarinete, con el que hice el Grado Elemental y formé parte de la Banda Municipal. Pero, cuando pensé en dejar la música porque ya no tenía motivación, mi hermano, que siempre ha estado ahí y me ha escuchado canturrear en casa desde pequeña, me inscribió para las pruebas de acceso a Grado Profesional, en la especialidad Canto, del Conservatorio de Sevilla. Me presenté y me fue atrapando hasta hoy.

    -¿Cuál es tu balance de la experiencia?

    -Mi balance con el tiempo siempre es positivo. A veces me asaltan dudas sobre si decidí lo correcto en ocasiones puntuales que suponían una oportunidad para mí, como cuando el barítono estadounidense Simon Estes me ofreció una plaza para estudiar con él en la Universidad de Iowa, cuando mi profesora en Viena me incitó a realizar audiciones para asentarme en la Ópera de Múnich o cuando una compañía italiana de ópera que me había seleccionado me ofreció interpretar el rol protagonista de la ópera Aída en Corea…, y las dejé ir. En los dos primeros casos dije que no por los cambios que suponía en mi vida y, en el último, porque el rol no era para mi registro vocal y era lícito no aceptarlo. Hoy, a toro pasado, sé que opté quizás no por lo más audaz desde el punto de vista profesional, sino por lo mejor para mí. El éxito no lo es si no tienes con quien compartirlo. O eso es lo que pienso. La docencia me dio la estabilidad necesaria para formar una familia y, en los huecos, preparar conciertos.

    Los años docentes buscando soluciones para otras voces perfeccionan tu propia técnica y la experiencia en escenarios mantiene en activo el instrumento que, a su vez, es necesario para mostrar ejemplos en clase. No concibo el uno sin el otro.

    -¿Cuáles son tus próximos proyectos?

    -Después de los tres conciertos que he dado en la provincia de Huelva, en Paterna del Campo, la aldea de El Rocío y Bonares, tengo previsto actuar el 16 de enero en el Conservatorio Superior de Sevilla, donde canto en la presentación del disco ‘Manuel Castillo: obra para guitarra’, acompañada del catedrático de guitarra Jesús Pineda, con quien he grabado el mismo. Luego, el 3 de febrero estaré en la Iglesia ‘Nuestra Señora de La Oliva’ de Salteras, acompañada por la orquesta de Cámara, órgano y el coro del Ateneo de Sevilla, con motivo de sus fiestas patronales. Y el 8 de marzo actuaré en la Capitanía General de Sevilla (Plaza de España), donde interpretaré el Réquiem de Mozart junto a la Orquesta Joven Hispalense y el Coro de la Universidad de Sevilla.

    -A lo largo de tu carrera, ¿qué actuaciones destacarías?

    -Hay varias que recuerdo con cariño, pero, quizás, es especial cuando encarné el pequeño rol de Carmela de la ópera la ‘Vida breve’ de M. Falla en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, por haber compartido elenco con cantantes de primera fila a los que admiro, como Nancy Fabiola Herrera, y tan variopintos como José Mercé, además de hacerlo acompañada por la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.

    También destacaría la entrañable zarzuela ‘La tabernera del puerto’, que protagonicé en el Gran Teatro de Huelva, y el cariño con el que trabajamos los ensayos y las funciones. Fue un regalo.

    Y no podría dejar de destacar que pertenecí durante varios años a la Asociación del Coro del Teatro Maestranza, con la que tuve el placer de cantar un lujo de óperas y zarzuelas y algunos particchinos solistas. Esta época supuso para mí una fase de aprendizaje en cuanto a cómo se trabaja con diferentes directores de escena y directores musicales y el entresijo que hace respirar un espectáculo de estas dimensiones (sastrería, utilería, maquillaje y peluquería, bailarines, actores…), que me enamoró.

    -¿Cuáles son las sensaciones que vives cuando cantas en Zalamea?

    -Mi primer concierto fue allí hace 22 años. Desde entonces, he ofrecido varios recitales y las sensaciones siempre han sido muy gratas y cálidas. Las palabras y gestos de emoción tras un concierto son el mejor regalo que puedo recibir y el estímulo para seguir adelante. Cantar allí, sin duda, lleva un aliciente añadido.

    -¿Qué supone para ti tu localidad natal?

    -Es mi pueblo, mis raíces, mi familia y mis amigos. Me hace feliz volver en sus fiestas y saber que todo sigue igual, en su sitio. Podríamos divagar sobre si el músico nace o se hace, pero el entorno social y familiar te condiciona siempre. En mi caso, mi padre y mi hermano son músicos. Y tengo primos y vecinos que también lo son. En esta atmósfera, la música se filtró en mi vida desde niña de manera natural.

    -Para terminar: un mensaje a tus paisanos.

    -Somos dueños de nuestro patrimonio cultural musical y de eso Zalamea puede presumir: desde las singulares coplas a nuestro Patrón a nuestra Vía Sacra del Viernes Santo, pasando por las sevillanas pardas y el fandango zalameño, hasta las soñadoras piezas de nuestro Rosario, de cada sábado de octubre en el silencio de la noche. Es deber de cada uno de nosotros transmitirlo con el mismo respeto y admiración con el que nos llegaron para que sigan siendo nuestras.

  • El nervense Jonathan Martín proyecta realizar rutas turísticas a caballo por el río Tinto

    El nervense Jonathan Martín proyecta realizar rutas turísticas a caballo por el río Tinto

    Comenzó a montar desde pequeño y siempre ha apostado por desarrollar la pasión por el caballo en la Cuenca Minera, lo que está consiguiendo desde el Centro Hípico de Nerva Martín Moreno

    El mundo del caballo no tiene secretos para el joven nervense Jonathan Martín Moreno, que, a sus 26 años, lleva toda la vida ligado a este ámbito, en el que es técnico deportivo en equitación, así como técnico en doma vaquera y entrenamiento, además de contar con títulos de equitación terapéutica y herrador. Una pasión que tiene desde niño, puesto que, según nos cuenta, “en mi casa siempre he vivido la cultura del caballo, aprendiendo a montar desde pequeño”.

    Tras esos primeros inicios, con tan sólo 16 años se marchó a Asturias para realizar un curso de verano en el Asturcon, donde comenzó a conocer la Doma Clásica. “Cuando regresé a Huelva tenía claro lo que quería ser mientras estudiaba la ESO, así que por las tardes recibía clases de equitación de unos buenos profesionales, como son Antonio Abad Blanco, con el que estuve en Trigueros durante dos años, y Martín Jiménez, jinete profesor de la Real Escuela Ecuestre, con el que estaba los fines de semana, así como de su padre. Los tres son grandes personas”, afirma.

    Una etapa a partir de la cual continuó su formación, esta vez en El Rocío, donde estuvo dos años, lo que completó con otros dos años en Trebujena. Es decir, como se puede comprobar, una amplia y completa formación que le ha permitido ser todo un profesional en este campo.

    Una actividad que desarrolla en el Centro Hípico de Nerva Martín Moreno, donde realiza tareas de lva, pupilaje, cubriciones, herrador y clases hípicas. Todo ello le hace sentirse satisfecho con lo conseguido hasta ahora, aunque reconoce que “todavía me queda mucho por hacer para conseguir todos los proyectos que pretendo llevar a cabo”.

    A lo largo de todo el año, en este centro se ofrecen clases de equitación por las tardes y los fines de semana, dedicadas estas últimas a los que son de fuera. Además, también se organizan campamentos de Semana Santa y verano, exhibiciones benéficas o concursos, al tiempo que reciben numerosas visitas, como las de Aspapronias (Huelva), la Residencia María de la Paz o la Escuela de Adultos, entre otros.

    Todo ello pone de manifiesto, como nos cuenta Jonathan, que “en la Cuenca Minera y en Nerva siempre ha habido mucha afición al mundo del caballo. Y creo que he puesto mi granito de arena al respecto, porque antes era una afición de romería y fiestas y, ahora, se centra más en una afición como un deporte”.

    En este aspecto, el joven tiene previsto realizar rutas a caballo por el río Tinto para reactivar el turismo ecuestre en la comarca, por lo que “aprovecho para pedir a los ayuntamientos colaboración para que los caminos reales estén accesibles para realizar esta actividad, lo que, a su vez, sirve para senderismo y bicicletas”, concreta.

    Por todo ello, para terminar, este amante de la Cuenca Minera invita a todos los mineros “a visitarnos. Nos alegrará mucho que vean nuestras instalaciones, las clases que se imparten y el cuidado y el mantenimiento que tienen esos animales. Ente todos podemos hacer grande la Cuenca”.

  • Las estaciones del ferrocarril minero en la Cuenca: la Estación de Nerva (II)

    Las estaciones del ferrocarril minero en la Cuenca: la Estación de Nerva (II)

    Declarado BIC en el año 2004, es un legado que forma parte del patrimonio industrial de la comarca y que el municipio nervense ha sabido conservar y poner en valor dándole nuevos usos turísticos

    Ya comentamos en la anterior entrega que iniciábamos un especial dedicado a las estaciones del Ferrocarril Minero de Riotinto. Especial que cada semana nos permitirá descubrir o recordar algunos de los vestigios patrimoniales que dejaron el trazado de la línea en la Cuenca Minera.

    Un recorrido de las estaciones que fueron construidas junto a la vía del ferrocarril, especialmente teniendo en cuenta aquellas que se conservan hoy en día, que iniciamos con la Estación de Nerva.

    Este apeadero de tren data de finales del siglo XIX, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en el 2004, al formar parte de la extensa red de patrimonio industrial con la que cuenta la provincia de Huelva, legado de la presencia de los ingleses en la zona.

    Un edificio valorado por los nervenses, que han sabido recuperarlo y poner en valor, puesto que, en su día, fue restaurado para acoger el Albergue. A partir de aquí, el pasado verano de este año 2018, ha sido noticia al haberse convertido, gracias a la iniciativa privada, en un establecimiento hotelero y restaurante al servicio de todo aquel que visite y quiera disfrutar de la comarca.

    Efectivamente, la antigua estación es hoy ‘Casa Adolina’, que ha sido posible gracias a la cesión del espacio por parte de la Fundación Río Tinto a los impulsores de esta iniciativa, Tony Alberto Estévez y Manuel Cornejo. Un ejemplo a seguir para otros muchos espacios con los que cuenta la zona minera, puesto que nuevos usos permitirán recuperar este valioso legado patrimonial.

  • La clarinetista Esperanza Perea fomenta el amor por la música entre los zalameños

    La clarinetista Esperanza Perea fomenta el amor por la música entre los zalameños

    Jefa de Estudios del Conservatorio de Música de Huelva y presidenta de la Banda Don Justo Ruiz de Zalamea, se inició en el mundo de la música con tan sólo 8 años de la mano de su padre, una pasión que le ha acompañado toda la vida y que comparte con su hermano Bruno, también profesor en el Conservatorio onubense

    Esperanza Perea Rodríguez (Zalamea la Real, 1975) permanece unida a la música desde siempre. Sus primeros estudios musicales los inició de la mano de su padre con tan sólo 8 años, unos comienzos que continuó después en la entonces recién creada Escuela de Música con Antonio Almirón, tras lo que posteriormente hizo el Grado Elemental de Clarinete en el Conservatorio de Música de Valverde del Camino.

    Tras estos primeros pasos se trasladó al Conservatorio Profesional de Música de Huelva, donde obtuvo el título de Grado Medio con Daniel Casanova Collantes. Por último, esta zalameña finalizó sus estudios en el Conservatorio Superior de Música ‘Manuel Castillo de Sevilla con el catedrático de dicha especialidad Antonio García Herrera.

    Tras la carrera, Esperanza completó su formación clarinetística asistiendo a diversos cursos de perfeccionamiento con Julián Farrell, solista de la ‘Academy of St. Martin in the Fields’; Juan Navarro, solista de la Orquesta Sinfónica de Euskadi; Javier Trigos, profesor del Conservatorio Superior de Sevilla; Guy Deplus, catedrático del Conservatorio Superior de París; y Josep Fuster, profesor de la Escuela Superior de Música de Cataluña, entre otros.

    Todo ello la preparó también para ejercer la docencia, una actividad que, según ella misma nos cuenta, “comencé en 1997, en el Aula de Música de la Puebla de Guzmán, para, dos años después, hacerlo en el Conservatorio Superior de Málaga durante un curso. Posteriormente, estuve trabajando en el Conservatorio Elemental de Música de Montoro y en el de Isla Cristina”. Así fue hasta que en el año 2002 obtuvo la plaza por concurso oposición en el Conservatorio Profesional ‘Javier Perianes’ de Huelva, donde permanece desde entonces.

    Una trayectoria de interés que hemos querido conocer en profundidad a través de esta entrevista.

    -Esperanza, ¿cuándo te iniciaste en la música?

    -En la música me inicié a los 8 años. Lo hice de la mano de mi padre, Manuel Perea Castilla, que había formado parte de la Banda de Zalamea desde muy joven y era, -y es-, un gran aficionado a la música. Él no sólo había tocado el clarinete en la banda, sino que había aprendido a tocar la batería de forma autodidacta, por lo que también se unió a unos amigos aficionados a la música para formar un grupo llamado ’Orquesta Lokifonía’, que amenizaba gran parte de las fiestas y verbenas del pueblo y los alrededores.

    Cuando me inició en la música en general y el clarinete en particular, me llevó a dar clases con un antiguo director de la Banda de Música de Zalamea, con Norberto Núñez. Y con él seguí hasta que, en el año 1987, se creó en Zalamea, gracias a Antonio Almirón Sánchez, la Escuela Municipal de Música, así como, al año siguiente, la nueva Banda de Música de Zalamea, ya que la antigua había desaparecido hacía algunos años.

    -¿Por qué elegiste el clarinete?

    -Antiguamente, los estudios musicales eran muy diferentes a hoy en día, al menos en un pueblo, donde no había ni Conservatorio, ni Escuela de Música, por lo que la forma de enseñar un instrumento era a través de un familiar o de conocidos… En mi caso, recuerdo perfectamente el día en que mi padre me preguntó si quería que me enseñara a tocar el clarinete, que era lo que él sabía. Y yo, encantada, le dije que sí. Desde ese día hasta ahora, la música ha sido mi camino, mi vocación y mi forma de vida, por lo que siempre le estaré eternamente agradecida. De hecho, unos años más tarde, le haría la misma pregunta a mi hermano Bruno, que es tres años más pequeño que yo. Y, desde ese momento, siempre hemos ido juntos de la mano en este maravilloso viaje, año tras año, llevando nuestros estudios de clarinete a la misma vez, hasta el punto de que nos sacamos los dos las oposiciones en el mismo año y en el mismo tribunal, lo cual supuso para mis padres, y para toda nuestra familia, una inmensa y, a la vez, doble alegría.

    -Eres profesora del Conservatorio de Música de Huelva. ¿Desde cuándo?

    -Desde el año 2002, que saqué la plaza allí, hasta hoy en día. Además, desde 2016, compagino mis clases de clarinete con la Jefatura de Estudios adjunta en este centro.

    -¿Cuál es tu balance de la experiencia?

    -Buenísimo. En este Conservatorio saqué mis estudios de Grado Medio y, ahora, soy compañera del que por entonces fue mi profesor de clarinete, Daniel Casanova Collantes, por lo que me sentí desde el primer momento muy a gusto, como en casa. Tengo muy buenos compañeros y muy buenos alumnos. No se puede pedir más.

    -También eres presidenta de la Banda Don Justo Ruiz de Zalamea. ¿Por qué decidiste implicarte en esta labor?

    -Llevo formando parte de la Banda de Música de Zalamea desde que se creó de nuevo en el año 1988, es decir, desde hace treinta años ya. Cuando su primer director, Antonio Almirón, dejó la dirección, pasó a sustituirle Lázaro Carcela. Y, durante este período, sobre al año 1999, decidimos darnos de alta como Asociación Musical y crear unos estatutos. A partir de entonces, me propusieron ser la presidenta de la banda y decidí implicarme, porque los jóvenes que estudiábamos música en conservatorios por aquel tiempo estábamos muy comprometidos con nuestra banda. A partir de ese momento, pasamos a llamarnos Banda de Música D. Justo Ruiz de Zalamea la Real en homenaje a unos de los directores con más talento musical que tuvo la antigua banda de Zalamea.

    -¿Qué actividades de las realizadas hasta ahora destacarías?

    -Con la Banda de Zalamea hemos hecho muchas actuaciones y muchos conciertos entrañables en estos 30 años. Pero, si tengo que destacar alguno, me quedaría con el concierto lírico que realizamos acompañando a la soprano zalameña Aurora Gómez Mora y al tenor onubense Guillermo Orozco en el año 2009. Y, a partir de ahí, me quedo con todos los proyectos que hemos realizado para cantantes y banda de música, gracias a los arreglos del director actual de la misma, José Raúl Llanes, como son ‘Noche de Copla’, ‘Sinfonía de la Canción’, ‘Al Son de América’, ‘Aires del Sur’, ‘Belén Musical’, ‘Homenaje a la Guitarra’ y ‘Ochenteando’.

    Respecto a otras actividades musicales realizadas fuera de la banda de música, no puedo dejar de nombrar los dos proyectos más grandes e inolvidables que he tenido la suerte de realizar y organizar, también junto a mi marido José Raúl Llanes: el montaje y la representación con música y voz en directo del musical ‘Jesucristo Superstar’, que hicimos en el año 2003, y su musical ‘Ladrillos Rotos’, que se estrenó en el Gran Teatro de Huelva en enero de 2017.

    -¿Algún nuevo proyecto en el que estéis trabajando?

    -Acabamos de volver a representar ‘Ochenteando’ en Valverde del Camino, junto a su Banda Municipal, y, en nuestro pueblo, por tercera vez, debido al éxito que tuvo en el estreno del año pasado, llenando las tres veces el Teatro Ruiz Tatay. El pasado día 22 de diciembre ofrecimos, por encargo del Ayuntamiento de Zalamea, un Concierto de Navidad. Siempre tenemos algo nuevo en mente, pero los próximos proyectos tendrán que esperar un poco que acabemos ésto, descansemos y renovemos fuerzas.

    -Lo cierto es que Zalamea tiene una sensibilidad especial para la música. Siendo así, de los lugares en los que has actuado, ¿cuáles destacarías?

    -Cada vez que hemos actuado en un escenario hemos tenido experiencias únicas, aprendiendo siempre de cada una de ellas, salgan mejor o peor. Pero destacaría, quizás por lo que ciertamente dices de la sensibilidad y el gusto que tiene Zalamea por la música, el calor de su público, que ha llenado siempre nuestros espectáculos con una respuesta magnífica y una acogida calurosa y llena de entusiasmo.

    -¿Te has marcado algún nuevo reto de cara al futuro?

    -De momento, hay alguna idea para futuros proyectos, pero sin fecha concreta aún. En cuanto a mis planes futuros, vivir y exprimir la vida todo lo que pueda con mi familia y amigos. Y siempre rodeada de música, que me llena y me hace muy feliz.

    -¿Qué supone para ti Zalamea?

    -Mi pueblo, donde me he criado y vivido hasta que el trabajo me hizo volar. A pesar de vivir en Huelva, vamos todos los fines de semana y vacaciones a disfrutar con la familia y amigos y a continuar nuestra labor en la banda de música.

    -Para terminar: un mensaje a los zalameños.

    -Como miembro de esta formación, me gustaría pedirles a los padres de las nuevas generaciones que sigan haciendo gala de la gran tradición musical de Zalamea y el amor que ha profesado siempre este pueblo por la música. Y que inculquen a sus hijos la responsabilidad y el compromiso en este campo, que es sacrificado, pero, a la vez, tan bonito y gratificante. Estamos deseando que se impliquen más personas en nuestra banda y que entre nueva cantera, que es la única forma de que siga manteniéndose viva y a flote por muchos años.