Categoría: Historia

  • La gran mentira

    La gran mentira

    ¿Qué se piensa antes de la muerte? ¿Qué idea se cruza, agónica, en el instante último? ¿Qué recuerdos afloran? ¿Qué se dice en la despedida final? Luis ignora que dispone de tiempo para dar respuesta a tales preguntas. Intuye que el final es inminente. Sólo le asaltan verdades, pequeñas y grandes certezas efímeras, pasajeras, como si le rebobinaran a cámara rápida la película de su vida, de esas que los ingleses de la Compañía ven en su cine todos los fines de semana. Luis sabe que morirá de un momento a otro. Primera verdad. Que lo van a matar, segunda. Que no verá más a su Ángela ni a sus niñas con diminutivos ni a su Luisito de su alma, tercera. Que ellos tampoco le verán más a él, cuarta. Así podría seguir durante horas, fabricando verdades, interiorizándolas, cobijándolas para siempre para que ya nada ni nadie se las arrebate. Que no se merece morir, quinta. A tientas, saca del bolsillo el trozo escondido de lápiz y un sobre arrugado que le servirá de último mensaje: «Riotinto noble y bueno, Sr.alcalde, mira por mis hijos. Luis Marín».

    Pero pasan las horas. Y Luis no muere. Así que sigue masticando verdades. Nadie dice nada. Todos aguardan en la oscuridad de las bodegas, ahora más siniestra. La muerte ronda el Cabo Carvoeiro, les acecha. Pero no les visita todavía aunque la aguarden ahí abajo, enfermos, cubiertos de mugre, escuálidos, haraposos, pálidos, tísicos. Se diría que ya están muertos. La espera de la muerte esuna muerte en sí misma. Que los maten ya, clamanalgunos. Luis no. Luis está sumido en la película de su biografía, que ahora retrocede a su antojo, pegando saltosen el tiempo: se ve con Ángela, su Ángela, el día que la conoció, eran unos niños; su primer día en la mina; la zapatería de Valverde del Camino; nace Reposita, la mayor; el PSOE; una caja de vagón; la cuesta de La Pañoleta; un camión de dinamita; el silbido final de un disparo; el retrato de Luisito, su Luisito de su alma, montado en el burro; un estallido; su amigo Pepe Díaz; un barco de nombre impronunciable, Cabo Carvoeiro;Talleres Mina; un parte de accidente, leve al parecer; sus manos encalladas; Pereda, y Juanito; la muerte de su hija Amparo; una solicitud de traslado de vivienda, y otra, y otra; y Adelaida y Dolorcita, y Angelita y Manolita y otra vez Ángela, su Ángela… Séptima verdad: la culpa de lo que les pase es suya. Y de nuevo el lápiz en otro sobre oculto. Por extraño que parezca, aún hay tiempo:

    «Querida Ángela y queridos hijos,

    vuestro padre y marido os pide en este momento

    en que voy a perder la vida

    que me perdonéis todo el daño

    que os he hecho a Vds. Nada más.

    Porque, después, a nadie más.

    Hijos míos, voy a morir

    sin saber que habrá sido de Vds.,

    Ángela e hijos míos,

    pero Dios se apiadará de Vds.

    y saldréis a la vida bien.

    Adiós Ángela, Reposita, Dolorcita,

    Angelita, Adelaida, Luisito y Manolita.

    Un beso de vuestro padre y…».

    Ha agotado la carilla del sobre. Sólo queda una libre:

    «…para Ángela mía,

    educa lo mejor que puedas a tus hijos».

    Octava verdad: él ya no podrá educarlos. Las escotillas se abren de repente. Aún cabe algo más en el pedazo de papel:

    «Juanito,

    en este momento hago tu consejo

    y voy a morir.

    4 y ¼ de la madrugada».

    ​Un militar de voz desconocida nombra a doce condenados. El suyo no figura entre ellos. Los mencionados emprenden la salida. La muerte, ahora,decide flirtear con ellos. No se oyen tiros, ni golpes, ni órdenes, sólo ruidos de motores encendidos que decaen hasta desaparecer. Al rato, la misma voz enumera a otros doce. Los señalados suben. No se despiden. Él, tampoco. Su nombre aún no entra en la ruleta. La muerte, todavía, no le reclama. Las bodegas se van quedando vacías. La voz da una nueva lista de nombres, esta vez de once. Y otra. Y otra. Y sólo cuando ya quedan los últimos oncecontándolo a él, Luis escribe a la desesperada sus últimas tres palabras, décimas de segundo antes de que el soldado pronuncie su nombre: «Hasta la eternidad».

    Capítulo 7 de la Tercera Parte de ‘La memoria varada’, de Rafael Adamuz

  • El estigma rojo de la Cuenca Minera de Río Tinto: Salvochea, Agosto 1936

    El estigma rojo de la Cuenca Minera de Río Tinto: Salvochea, Agosto 1936

    La Cárcel o Depósito Municipal, fue testigo de una actuación cruel con vecinos de Salvochea (El Campillo), bien por ser de diferente índole político al que gobernaba por entonces en dicho pueblo, bien por circunstancias de estatus social y sobre todo y lo más referido en declaraciones, por rencillas de la “Huelga Revolucionaria de 1934” que pasaron factura en gran parte a los detenidos. Nada más estallar el golpe de estado el 18 de Julio de 1936, se formó el llamado Comité de Defensa de la República (C.D.R.), las detenciones y represalias por parte de los componentes de dicho Comité no se hicieron esperar y se inician dichas actuaciones a partir del día 19 de Julio y continuaron hasta el día 25 del mes de Agosto con el execrable final de 11 asesinados, 5 heridos, 6 ilesos y 4 liberados. Algunos fueron puestos en libertad por diferentes criterios y pocos días después de sus detenciones respectivas, éstos fueron: Demófilo Ojeda Delgado, Rafael Ramírez Mellado y Vicente Mezquita Guiteria; por otra parte debido a la edad, Ceferino González Martínez lo retienen con arresto domiciliario, aunque el caso de Demófilo no es compartido por un informe localizado en el Legajo Taylor (AHMFRT), donde se le cita en una lista del día 8 de Septiembre de 1936 y dentro de los “Salvados de la misma. No obreros”.

    Son detenidos y asesinados el día 25 de Agosto de 1936: Manuel Centeno Martín. Natural de Minas de Río Tinto (Huelva), nace el 18 de Junio de 1893, Listero en Corta San Dionisio, causa laboral en R.T.C.L. el 3 de Agosto de 1920, cuatro días después marcha a Cuba, donde permaneció hasta Julio de 1922. Casado con Lucía Pereira Vega, natural de Llerena (Badajoz) con quién tuvo tres hijos llamados Manuel, Federico y Cándido. Desde el 10 de Septiembre de 1927 y hasta causar baja en Julio de 1936 fue Escribiente y Practicante del Departamento Médico. Juez Municipal en Salvochea que interviene en la confección de los Partes de Defunción de los cinco fallecimientos por los bombardeos que sufre Salvochea el día 20 de Agosto de 1936, que son atendidos por él y como Secretario Benedicto Mojarro Márquez; tanto uno como el otro, en esa fecha se encontraban detenidos en la cárcel por el “Comité de Defensa de la República” de la mencionada población desde el día 25 de Julio; Manuel fue asesinado y el Benedicto salió ileso; los dos huían de la propia cárcel el día 25 de Agosto. En el parte de defunción figura como “Practicante de Medicina”.

    Dalmacio del Águila Aguilar. Nacido en Trebujena (Cádiz) el día 12 de Noviembre de 1901, hijo de Antonio del Águila Núñez – Maestro de Escuela en El Campillo – y de Isabel Aguilar; se casó con Carmen Cornejo Cardoso de Minas de Río Tinto con quien tuvo a su única hija llamada Manuela del Águila Cornejo nacida el día 29 de Junio de 1935. El día 2 Octubre de 1916 comienza a trabajar a la edad de 15 años en el departamento de Almacén nº 2 de la Río Tinto Company Limited, estando domiciliado en El Campillo en la calle Padre Marchena nº 9. Tras un permiso concedido de 25 días el 13 de Febrero de 1922 no se reincorpora, dedicándose parece ser a la venta ambulante en El Campillo; con fecha 16 de Enero de 1930 firma un nuevo contrato para trabajar en San Dionisio Alfredo y con el puesto de trabajo de “Zafrero”, aún está soltero y con 28 años de edad, con domicilio en la calle Kennedy nº 9; al no existir documentación alguna más sobre su continuidad laboral en la Compañía, entendemos que el mismo día causó baja. En el parte de defunción figura que era “Industrial”.

    Ramón Delgado Cortés. Natural de Minas de Río Tinto (Huelva), nace el día 22 de Marzo de 1896. Casado con Afrodisia Ballesteros González de Galaroza (Huelva), sin descendencia. A la edad de 10 años inicia su trabajo en R.T.C.L. en San Dionisio. En 1919 causa baja y marcha a trabajar a Minas de Herrerias (Puebla de Guzmán, Huelva); y no vuelve a trabajar en la Compañía Británica hasta 1929, reiniciando su actividad como Peón en el Departamento de Conservación Casas, recomendado por James Baird. Por Agosto de 1933 reside en Salvochea en la calle Cánovas nº 4, fecha en que solicita una plaza como Guarda Jurado, y donde al mes siguiente contrae matrimonio con Afrodisia. Compatibiliza su trabajo de Alguacil del Juzgado Municipal de Salvochea con el de Peón en Surtido de Aguas de R.T.C.L. En Abril de 1934 es transferido a Central Eléctrica, permaneciendo en este Departamento hasta el final de su vida laboral, es decir hasta el 17 de Julio de 1936. En el parte de defunción figura que era “Jornalero”.

    Francisco Garrido Jiménez. Nace en Valverde del Camino (Huelva), el día 11 de Abril de 1888, casado con Adelina Delgado Berrocal con quien tuvo tres hijos: María, Catalina y Antonio, según consta en el documento C-5 de fecha 4 de Octubre de 1928 de su expediente personal , domiciliado en El Campillo (después Salvochea) en la calle Carlos V nº 10. Comienza a trabajar en R.T.C.L. el día 17 de Febrero de 1902 en Corta San Dionisio, cuando vivía en Minas de Río Tinto en la calle Bermeo nº 9. También formó parte de los Departamentos Corta Filón Sur y Vías Mina. El 26 de Febrero de 1929 causa baja por causa desconocida, cuando ejercía de Fogonero de 2ª con un jornal de 6 pesetas/día; más tarde se conoce que le ofrecieron trabajo en Ávila, donde marchó en el mismo mes de Febrero, donde permaneció hasta Septiembre de 1930. Cuando se constituyó la “Aldea de El Campillo” como pueblo y con el nombre de “Salvochea”, consigue trabajo de Guardia Municipal en Septiembre de 1931. El día 25 de Enero de 1920, Francisco sufrió un accidente cuando trabajaba de “Guardafrenos” en Corta Atalaya; como consecuencia de un descarrilo chocaron unos vagones donde iba él y como resultado del choque le fueron “amputadas las falangetas de los dedos 2º, 3º, 4º y 5º de la mano derecha y las 3ª y 4ª de la mano izquierda”, por lo que solicitó pasado los años la indemnización correspondiente, concretamente dirige escrito en Noviembre de 1932, contestándole los servicios jurídicos de la Compañía que había prescrito el derecho a la indemnización. Fallecido en la Cárcel de Salvochea el 25 de Agosto de 1936, cuando era Guardia Municipal de este pueblo.

    López Martínez, Rafael. Nace en Valverde del Camino en 1880. Desde el 3 de Marzo de 1898 forma parte de la plantilla de Empleados de Río Tinto Company Limited, pasando por los Departamentos de Corta Filón Sur, Fundición y finalmente Estadística. En Febrero de 1915, residiendo en Mesa Pinos (Minas de Río Tinto) en la calle Odiel nº 1, y trabajando como Escribiente, se informa que pertenecía a la Sociedad Cooperativa de Consumo “Los Emancipados”. Ya casado con Dulcenombre Navarro Núñez y sus hijas Angustia y Esperanza, vive en El Campillo en calle Covadonga nº º14, en este mismo domicilio cohabitan con Matilde Martínez (su madre) y con Antonio Navarro (padre político), ambos viudos. En la Huelga Revolucionaria de Octubre de 1934, en el documento H-2 de su expediente laboral, se informa que: “Trabajó mientras duró dicha huelga venciendo dificultades para ello”. Causa baja el 18 de Julio de 1936 por la causa “Huelga-Fallecido”.

    Moreno Castilla, Miguel. Natural de Zalamea la Real, hijo de Serapio Moreno y Adela Castilla, casado con Josefa Domínguez Márquez. Vecino de El Campillo en la calle San Ramón (Capitán Galán) nº 17, actualmente es la calle Constitución. Políticamente no se le conoció pertenencia a ninguno de los partidos políticos de esa época; de profesión Comerciante, de la rama del tejido, teniendo ubicado el negocio en su propia vivienda. Estudió en el Popular Instituto Politécnico de Sevilla durante los años 1917/1918), obteniendo la titulación de Perito Electricista, por lo que ostentó por entonces se el primer electricista que tuvo la aldea de El Campillo; fue empleado de la compañía de Electricidad San Vicente de Zalamea La Real. Cuando fallece tras lo ocurrido en la cárcel el día 25 de Agosto de 1936, deja huérfanos de padre a sus hijos Vidal, Justo, Purificación y Evangelina Moreno Domínguez. “Él fue uno de los presos al que introdujeron en el carro para el transporte de carne que estaba en el patio de la cárcel al que rociaron con gasolina, prendiéndole fuego con ellos dentro”. Continúa el familiar informando que: “Después de asesinar a los once presos, unos fusilados y otros quemados en el carro de la carne, en su huida y tras la inminente entrada de las tropas nacionales, los autores del fatal desenlace, prendieron fuego a su vivienda, quedando ésta totalmente calcinada; restos de ese incendio han permanecido en las rejas de las ventanas de la vivienda familiar hasta hace poco tiempo, en la actualidad han sido restauradas”.

    Pernil Macías, Virgilio. Natural de Valverde del Camino, Huelva, hijo de José María Pernil Hidalgo y Dolores Macías. Casado con Francisca Quiñones Ramírez, con quien tuvo seis hijos llamados: Dolores, Rafael, Guadalupe, Reposo, Olimpia y Lucrecia, según se informa en el documento C-3 de fecha 25 de Mayo de 1931, perteneciente a su expediente personal de la Rio Tinto Company Limited; sin embargo en el Parte de Defunción del Registro Civil de El Campillo se cita a siete hijos llamados: Dolores, Guadalupe, Reposo, Lucrecia, Giordano, Olimpia y Francisca. Virgilio comenzó a trabajar en San Dionisio a la temprana edad de 13 años, en 1896; tras la huelga de 1913 ya casado, es “Ajustador” en Corta San Dionisio y tiene domicilio en la aldea de Atalaya en calle D. Tomás nº 4. Causa baja por la huelga de 1920, concretamente el 16 de Agosto del citado año. Trabajó durante las huelgas revolucionarias de 1917 y 1919, los informes que se facilitaban de él eran de tener “buena conducta”, incluso el propio Walter Browning escribía el 21 de Noviembre de 1915 que: “Este individuo se ha portado muy bien y desinteresadamente a favor de los Adictos en las Elecciones Municipales del día 14 actual, siendo su apoyo muy eficaz para el buen resultado”; sin embargo su actitud tuvo que cambiar 180º respecto a su etapa de trabajador a partir de la declaración de Huelga en 1920, su actividad reivindicativa y participativa en el conflicto y por su puesto en su intervención política en El Campillo y Zalamea la Real, donde fue proclamado Concejal por la conjunción Republicana-Socialista en las elecciones municipales de 1931. En 1920 y durante la “Gran Huelga” de dicho año, Virgilio mantiene colaboración informativa con Antonio de Lezama, Redactor Jefe del periódico “La Libertad”; en un principio firma sus artículos como tal, pero a partir de Noviembre aparecen sus colaboraciones con la firma de “Constancio Thenaz”. Sus intervenciones referentes a “La Huelga de Ríotinto” aparecen con los subtítulos de «Browning que pasa», «¡Que viene el «Noy»!», «Esta es toda la verdad», «Lo más elocuente. Para D. Eduardo Dato», «Interesamos al rey de España» y «En marcha» . Virgilio interviene directamente en la segregación de la aldea de El Campillo, que toma el nombre de Salvochea durante la sesión del 25 de Abril de 1931 en el Ayuntamiento de Zalamea la Real, así mismo, también perteneció a la Comisión que se desplazó a Madrid para entrevistarse con el entonces ministro de la gobernación Miguel Maura Gamazo. Virgilio Pernil Macías fue nombrado Alcalde del nuevo pueblo de Salvochea en Agosto de 1931.

    Solís Gómez, Antonio. Natural de Niebla, nace el día 14 de Febrero de 1899, hijo de Manuel Solís y María de la Granada Gómez, casado con Ángeles Herrera Ortega y con tres hijas llamadas Francisca, Manuela y Granada. El día 27 de Abril de 1915, a la edad de 16 años está trabajando en el departamento de Tráfico Huelva en la R.T.C.L., de “Meritorio” en la factoría de Huelva. El día 1 de Abril de 1932, procedente de la Estación de La Mallas (Niebla) es trasladado a la estación de Salvochea, con el beneplácito de Thomas Mathew Leishman, su Jefe del departamento de Tráfico Huelva. Trabajó durante la huelga de 1934 los días 8, 9 y 10 de Octubre; es detenido el 22 de Septiembre de 1934 por injurias a la Guardia de Asalto durante el desencajonamiento de los toros de la ganadería de Gamero Cívico y para el festejo taurino del día siguiente en Zalamea la Real, donde iban a torear Cagancho y Laine. La causa de la baja laboral figura en el documento E-1 de su expediente el día 19 de Julio de 1936 y por “Fallecimiento”, esta información viene sellada en Septiembre del mismo año. En Septiembre de 1938, la asesoría jurídica de la Central Nacional Sindicalista de Sevilla, envía un escrito a la Río Tinto Company Limited sobre la pensión de Ángeles Herrera, viuda de Antonio Solís; carta en la que literalmente se escribe : “Viuda de un factor de esa Compañía que murió asesinado por las hordas marxistas en la cárcel de Salvochea y a cuya correspondencia no ha obtenido contestación alguna, no obstante corresponde a una fecha inmediata a la defunción del citado factor, ocurrida en Agosto de 1936”.

    Sousa González, Miguel. Natural de Zalamea la Real, hijo de Rosario, soltero, de profesión jornalero, de 24 años de edad cuando fallece en la cárcel de Salvochea.

    Vallecillo Pérez, Juan. Natural de Berja (Almería), nacido el día 28 de Octubre de 1896, hijo de Juan Vallecillo Quesada y María Gádor Pérez Martínez. Su padre trabajo en San Dionisio en el año 1884 siendo baja en 1887 por marcharse de Río Tinto; aunque vuelve y al mismo departamento el 17 de Agosto de 1908, es este el año en que figura Juan – hijo – con domicilio en la aldea de El Campillo, según notifica el documento H-2 de su expediente personal de la Río Tinto Company Limited, donde a su vez informa de que el día 12 de Marzo de 1928 inicia su etapa laboral en el departamento Médico, como Practicante; por entonces estaba domiciliado en la calle Sevilla nº 28 de El Campillo (Zalamea la Real), junto a su esposa Josefa Domínguez Pérez, su hija María y su madre, viuda con 58 años de edad. Con ofrecimiento gratuito, es nombrado Practicante Titular de Salvochea en la sesión plenaria del día 4 de Septiembre de 1931, siendo Alcalde Virgilio Pernil Macías. En 1932 es elegido Vocal Delegado del Colegio Oficial de Practicantes de Huelva para el Distrito de Valverde del Camino, por lo que se le dirige desde dicho estamento un escrito al Director General de la Compañía Británica, indicándole que era el máximo responsable en informar de las posibles incidencias entre el Colegio y los Practicantes de la propia Río Tinto Company Limited. El día 11 de Octubre de 1934, es nombrado Alcalde de Salvochea (antes aldea de El Campillo). Juan Vallecillo Pérez, es asesinado en la cárcel de Salvochea el día 25 de Agosto de 1936, un día anterior figura como baja por enfermedad en su expediente laboral, aunque es corregido con una nota que literalmente informa: “Falleció 25-8-1936”. Figura como “Assassinated in Campillo Jail by Reds Aug 1936” en la ficha Taylor nº 30.

    Vázquez Pascual, Juan. Natural de Minas de Río Tinto, nacido en 1880, hijo de Julián Vázquez y Josefa Pascual; casado con Esperanza Real Pascual con la que tuvo dos hijos llamados Manuel y Carmen. Comienza a trabajar a la edad de 9 años en 1889, en Tracción y Materiales del departamento de Tráfico Huelva. En 1914 estaba domiciliado en Minas de Río Tinto en la calle Sagasta nº 11. Tras el fallecimiento del Jefe de Estación de El Campillo de Ramón Gallardo Navarro, Juan Vázquez pasa desde Las Cañas a ocupar el mismo puesto en dicha Aldea el día 4 de Enero de 1919. Despedido el día 12 de Enero de 1920, tras un informe presentado por Segundo Masero, no volviendo a trabajar más en la Compañía, a pesar de solicitar trabajo el 15 de Enero de 1921 ante la posibilidad de existir alguna vacante laboral, contestándole en forma negativa el SubDirector; por esta fecha Juan estaba domiciliado en la calle Sevilla nº 1 de El Campillo.

    Intervienen en las detenciones y son procesados: Mario Marchello Palomo, condenado a 30 años, se fuga de la Colonia Penitenciaria de Montijo (Badajoz) el día 9 de Mayo de 1942, fallece en una batida de la Guardia Civil el 12 de Julio de 1942 en Zalamea la Real. Francisco Requejo Araujo, condenado a 12 años de prisión, fallece el día 27 de Marzo de 1941 cumpliendo condena en Santoña (Santander). Gumersindo Periáñez Requejo, condenado a 15 años de prisión, libertad condicional en 1943 y domiciliado en Minas San Telmo (Huelva). Manuel Monteagudo Rodríguez, condenado a muerte, es ejecutado en Huelva el día 20 de Diciembre de 1941. Francisco Rodríguez Zúñiga, Sargento de la Guardia Civil, absuelto. Tiburcio González González, condenado a 10 años de prisión, libertad condicional en 1941, domiciliado en Alájar (Huelva). Manuel Noguera García, condenado a muerte, es ejecutado en Huelva el día 7 de Noviembre de 1939. Emilio Romero Blanco, absuelto. José Labrador López, no procesado. Gregorio Rivera Ramos, no procesado, pero fue fusilado el día 8 de Septiembre de 1936 en El Campillo. Manuel Rodríguez Rodríguez, condenado a muerte, ejecutado el día 7 de Noviembre de 1939 en Huelva. Sebastián Rodríguez Vázquez, condenado a muerte, ejecutado el día 16 de Octubre de 1937 en Huelva. Juan Vázquez Bernal, condenado a 15 años de prisión, fallece de Asistolia 1941 en la cárcel de Huelva. Benjamín Delgado Perea, condenado a 6 años de cárcel, libertad condicional en 1941, domiciliado en Zalamea la Real (Huelva). Antonio López Carrasco, condenado a muerte, ejecutado en Trigueros (Huelva) el día 10 de Noviembre de 1937. José Romero Fernández, sobreseído. José Jesús Limón Castilla, Alcalde de Salvochea, no procesado. Cirilo Carrasco Álvarez, condenado a 6 años de cárcel, libertad condicional en 1941, domiciliado en El Campillo (Huelva). José Romero Patricio, condenado a 12 años de cárcel, libertad condicional en 1943, domiciliado en Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba). Aniceto Vázquez Castro, fusilado, Bando de Guerra el día 28 de Agosto de 1936 en Salvochea (El Campillo).

    Además existen otros vecinos de Salvochea que fueron acusados entre otros delitos el de intervenir en los sucesos de la cárcel y que corrieron diferente suerte en los fallos de los diferentes procesos judiciales:

    Juan Aguilar Guerrero, socialista, fue según declaraciones de testigos quien dio la orden de matar a los presos, condenado a muerte y fusilado en Huelva el 30 de Diciembre de1941. Heliodoro Caballero Romero, vivía por entonces en Casablanca (Marruecos), absuelto. Miguel Cabana Garrido, afiliado a la C.N.T., condenado a 30 años, en libertad condicional desde el 21 de Febrero de 1946 e indultado el día 20 de Julio de 1946. Francisco Cañete Cuadrado, afiliado a la C.N.T., condenado a perpetua, conmutada la pena por 12 años de prisión, el día 23 de Mayo de 1950 quedó en libertad definitiva, se domicilia en Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba). Venancio Campillo Ortega, condenado a 12 años, fallece en la Prisión Central de Almadén el día 5 de Julio de 1941. Damián Oliva López, socialista, toma parte activa en los asesinatos de la cárcel, condenado a muerte, fusilado en Huelva el día 13 de Enero de 1939. Victorio Carcela Díaz, condenado a 20 años y conmutada la pena por 12 años, en libertad condicional desde el día 15 de Enero de 1943, se domicilia en Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba), es fusilado el día 19 de Julio de 1944 en Azuaga (Badajoz). Gabriel Cayetano Ramírez, afiliado a la C.N.T., absuelto, se encontraba en Mina de La Zarza cuando ocurrieron los hechos. Juan Colete Pérez, socialista, condenado a cadena perpetua, conmutada la pena por 20 años de reclusión, en libertad condicional desde el 19 de Abril de 1944, se domicilia en Silos de Calañas (Huelva). José de la Corte de la Corte, absuelto. Juan de la Corte de la Corte, absuelto. Benjamín Delgado Perea, condenado a perpetua, conmutada la pena por 6 años de reclusión, el 18 de Julio de 1941 está en libertad condicional y con domicilio en Zalamea la Real (Huelva). Daniel Delgado Ruiz, afiliado de U.G.T., condenado a 2 años, en libertad definitiva el día 31 de Marzo de 1941, se domicilia en Sevilla. Graciano Expósito Iglesias, involucrado directamente con los asesinatos, condenado a muerte y fusilado en Huelva el día 6 de Diciembre de 1939. José Gómez Gómez, caso sobreseído por su fallecimiento el día 5 de Julio de 1937 en la cárcel de El Cerro de Andévalo a consecuencia de absceso abdominal. Evaristo Gómez Pérez, condenado a muerte, conmutada la pena a 30 años de reclusión tras escritos de clemencia y entre ellos el de un grupo de vecinos especiales o mejor dicho muy especiales escriben al Jefe del Estado; son supervivientes de la tragedia y fieles testigos de los hechos execrables ocurridos en la cárcel de Salvochea el día 25 de Agosto de 1936, además de los suplicantes mencionados, también se aúnan a la compasión algunas de las viudas de los que fallecieron en tan luctuoso día; la carta data del 22 de Febrero de 1940. Manuel Gómez Ramírez, afiliado de U.G.T., condenado a 6 años de reclusión, desde 1941 en libertad condicional, y en libertad definitiva el día 30 de Junio de 1945, se domicilia en Valencia. Antonio Gómez Vázquez, afiliado a la C.N.T., condenado a perpetua, El 20 de Mayo de 1938 a las 11:00 horas fallece en la enfermería de la Prisión Provincial de Huelva a consecuencia de una afección al corazón. Joaquín González Félix, condenado a muerte, pero, por el asesinato de José Sánchez Romero, cobrador de letras de la Banca Centeno de Minas de Río Tinto camino de La Chaparrita; fueron acusados como autores del asesinato, Francisco Rúa Ríos de La Dehesa (Minas de Río Tinto), José González García y Manuel Serrano Ramírez ambos de Zalamea la Real y Joaquín González Félix de Minas de Río Tinto, todos fueron capturados el día 12 de Junio de 1937, en una cueva situada en el lugar conocido como “Huerto del Portugués”; los cuatro son “condenados a muerte” el 17 de Agosto y ejecutados el 28 del mismo mes y año en Huelva. José Hermoso Feria, afiliado a U.G.T., condenado a 20 años de reclusión. Antonio Iglesias Lodeiro, afiliado a la C.N.T., se le detuvo en Azuaga (Badajos) el día 23 de Mayo de 1938, es condenado a perpetua, pero se le conmuta por la pena de 8 años de reclusión, en libertad condicional desde el 5 de Julio de 1941 y en libertad definitiva en 1946, se domicilia en el pueblo gallego de Santomé (Pontevedra). Manuel Justo Mateo, afiliado a la C.N.T., absuelto. Fernando Lorenzo Cruz, afiliado a la C.N.T., acusado de arrojar bombas en la cárcel, condenado a 20 años de reclusión. Carlos Mallofret Lillo, destacado marxista en Minas de Riotinto, condenado a 20 años de prisión. José Marín Romero, afiliado a la U.G.T., condenado a perpetua, es conmutada su pena por la de 6 años de prisión menor, cumplía condena en la Prisión Central del Puerto de Santa María (Cádiz) desde el día 26 de Noviembre de 1938, la Dirección de este centro penitenciario informa que José Marín Romero fallece en la enfermería del establecimiento el día 10 de Febrero de 1942, a consecuencia de “Síndrome Carencial”. Eliseo Márquez Romero, condenado en un principio a perpetua, pero se le conmutada la pena por 6 años de prisión menor, el día 5 de Julio de 1941 se le concede la libertad provisional, se domicilia en Cardeña (Córdoba) donde se le concede la libertad definitiva el día 22 de Marzo de 1944. Tomás Monteagudo Rodríguez, sorprendido por el Jefe de la Guardia Municipal en la puerta del sindicato y dos horas antes de verificarse el asalto e incendio de la cárcel con dos bombas en los bolsillos, fue condenado a la pena de Reclusión Perpetua, teniendo como fecha de liquidación de la condena el día 16 de Mayo de 1968, la pena le fue conmutada por 12 años y un día de reclusión menor, pero fallece el 8 de Abril de 1942 en la enfermería de la Prisión Provincial de Huelva a consecuencia de una Bronquitis Crónica. Rafael Moreno Fernández, afiliado a la C.N.T., jefe de guardias en la cárcel, condenado a 12 años, conmutada la pena por 6 años de prisión menor, el día 5 de Julio de 1941 tras conseguir la libertad condicional fija su residencia en Camas (Sevilla). Manuel Moreno Romero, de los más destacados en los hechos de la cárcel, según declaraciones sumariales fue de los más activos en la represión recibida por los presos de la cárcel de Salvochea, condenado a muerte, el día 13 de Mayo de 1937 es ejecutado en Huelva. Recaredo Pérez Domínguez, afiliado a la C.N.T., un preso que salvó su vida declaró: “que Recaredo era el encargado de repartir las bombas entre el grupo para que fueran arrojadas a los presos que estaban en la cárcel”, condenado a muerte, fusilado el 7 de Noviembre de 1939 en Huelva. Francisco Pérez Galindo, afiliado a la C.N.T., realizaba un servicio de enlace, condenado a reclusión perpetua, conmutada la pena por 12 años, con libertad condicional en 1943 y definitiva el día 9 de Mayo de 1943, toma como residencia Huelva. Manuel Rodríguez Fernández, afiliado de U.G.T., condenado a 12 años, pero se le conmutó por 6 años de prisión menor. Manuel Rodríguez Ruiz, afiliado a la U.G.T., la noche de los asesinatos en la cárcel se dedicó a recoger a los heridos y llevarlos a la Casa de Socorro, condenado a perpetua, conmutada la pena por 20 años de reclusión mayor, el 10 de Junio de 1941, fallece en la enfermería de la Prisión Provincial de Huelva, a consecuencia de Asistolia.

    Existe documentación suficiente que evidencia la causa y consecuencias de la masacre en la cárcel de Salvochea, sí estamos seguro que no fue motivada por bombas procedentes de la aviación, primero por lógica ante la documentación gráfica y segundo porque hubo bombas, ¡sí!, las procedentes del desarme de los cuarteles de la Guardia Civil y arrojadas por la mano de los participantes en la detención y encarcelamiento de los asesinados. Para corroborar esta afirmación y no dar posibilidad a la conjetura o hipótesis, existen además de los datos referidos en las Actas Capitulares (AMEC) y transmisión oral, hemerografía que detalla lo sucedido, documentos sumariales de los procesos judiciales (AMHDH) y otros de índole variada en el Legajo Taylor (AHMFRT); y sobre todo las más concluyente de todas: “la información detallada de familiares directos y la de los propios presos que pudieron contar lo sucedido”, así como intervenciones de éstos en los actos sumariales; como muestra de ello a continuación detallamos y transcribimos parcialmente algunos de esos documentos:

    Como referencia en los Sumarios por Rebelión Militar 1936-1939; concretamente en el nº 3330 de 1939, donde es enjuiciado Evaristo Gómez Pérez, natural de la aldea de El Pozuelo (Zalamea la Real) y vecino de El Campillo, fue procesado por: “formar parte del Comité de Defensa de la República de Salvochea donde las hordas marxistas cometieron toda clase de desmanes como destrucción del templo, servicios de guardias, organización de columnas pare combatir al Ejército Nacional, y por el encarcelamiento de personas de orden, de las cuales once fueron asesinadas y otras resultaron heridas el día antes de la liberación del pueblo”, el 27 de Septiembre de 1939 Evaristo era condenado a Muerte; sin embargo en apoyo a una solicitud de clemencia de la madre de Evaristo, un grupo de vecinos escriben también al Jefe del Estado una carta el día 22 de Febrero de 1940; son sobrevivientes de la tragedia y testigos muy fidedignos de los hechos ocurridos en la cárcel de Salvochea el día 25 de Agosto de 1936, además se unieron a la súplica algunas de las viudas de los que fallecieron en el lugar y fecha mencionada. En dicha carta los y las firmantes escribían sobre Evaristo que: “no solo no manchó sus manos con la sangre de las víctimas, sino que, por no estar de acuerdo con la conducta de los dirigentes, a los siete días de producirse el Glorioso Movimiento Nacional, dejó de ser tesorero de la U.G.T., cargo que desempeñaba al iniciarse dicho Glorioso movimiento; y fundados también en las buenas relaciones que con los familiares de los encarcelados mantenía”. Rubricaban la súplica, Elías Rodríguez Martín, Luis Gordillo Maya, Juan Vicente Pérez Vázquez, Rafael Ramírez Zamorano, Rafael del Águila, Francisco Rodríguez Martínez, José Domínguez Vázquez, Joaquín Sánchez Madrid, Juan J. Carrera Rosa, Viuda de Virgilio Pernil, Viuda de Juan Vázquez Pascual y Viuda Francisco Garrido.

    En el Sumario nº 8900 de 1939, se procesa por delito de Rebelión Militar a Manuel Monteagudo Rodríguez (a) El Campanero, que fue detenido en Alicante y el 17 de Julio de 1939 se encontraba detenido en el Campo de Concentración de Albatera. Se encarga al Cabo de la Guardia Civil Juan Flores Arias el inicio del proceso indagatorio, y lo empieza con la declaración de Juan Vicente Pérez Vázquez, natural y vecino de El Campillo – antes Salvochea -, industrial que fue detenido por el Comité de Defensa de la República y que sufrió en primera persona la ferocidad de lo ocurrido en la cárcel desde el 19 de Julio hasta el 25 de Agosto de 1936. Juan Vicente informa que Manuel Monteagudo “en un cacheo día antes de lo sucedido prometió muerte cercana a los que estábamos encarcelados”, “huye el día 26 de Agosto, pero el día anterior tomo parte activa en el crimen cometido por los rojos con los presos en la cárcel” lugar donde “arrojó bombas de mano y numerosos tiros de fusil para arrematar algunos de los supervivientes”, en el crimen realizado “murieron 11 personas y resultaron gravemente heridas cuatro”.

    Pero quizás de las más concluyentes sean los testimonios fehacientes de Manuel Vázquez Real, hijo de Juan Vázquez Pascual y el del propio Párroco Elías Rodríguez Marín, quien era encarcelado el día 19 de Julio de 1936 y salió ileso de la huída de la cárcel el mismo día de la masacre, el 25 de Agosto. La narración de los hechos por parte de Juan Vázquez Real, – hijo de Juan Vázquez Pascual -, que en esos momentos contaba con 29 años de edad, las escribe bajo el título “El Campillo. Detalles de los sucesos de Agosto” en el periódico Odiel de 9 de Octubre de 1936; es sin duda la primera manifestación escrita de un familiar de las víctimas, realizada tras algo más de un mes de lo ocurrido y mucho antes que se iniciaran los Sumarios que concurrieron en procesar lo ocurrido.

    Extraemos del extenso artículo algunos párrafos que entendemos son concluyentes de lo ocurrido y lo insertamos a continuación: “Treinta y ocho días de calvario, encerrados en el patio y covachas de la cárcel de este pueblo, local más apropiado para el encierro de ganado que adaptable para que lo habitaran personas”… “Cuando los marxistas creyeron llegada su última hora; cuando reuniendo todo lo disponible en la reducida parte que les quedaba, constituían su último baluarte de defensa; cuando quedaron convencidos de su rotundo fracaso, desataron todo su odio, todo su rencor y todo lo malo capaz que podían albergar en sus corazones tan baja clase de gente, asesinando cobardemente a los presos”… “Efectivamente, lo habían hecho; como lo hicieron en La Palma del Condado: allí estaban, como prueba evidente de la cobardía y mal corazón de los hombres los cadáveres de don Juan Vázquez Pascual, don Juan Vallecillo Pérez, don Rafael López Martín, don Miguel Sousa González, don Dalmacio del Águila Aguilar, don Ramón Delgado Cortés, don Manuel Centeno Martin, don Francisco Garrido Jiménez y don Antonio Solís Sánchez, que pudieron identificarse; allí estaba el cadáver de mi querido padre, y allí estaban, en un montón de restos calcinados, don Miguel Moreno Castilla y don Virgilio Pernil Macías”… “Y es que llegó la villanía de seres tan repugnantes a incendiar, a rematar a cuchilladas a los que habían quedado con una poca de vida de los bombardeos que les hicieron”… “Pudieron salvarse, saltando por agujeros qué en la desesperación practicaron en el techo de uno de los calabozos don Joaquín Sánchez Madrid, don Emilio García López, don Rafael Ramírez Zamorano, don Elías Rodríguez, don Vicente Mezquita Guiteria, y resultaron envueltos entre los escombros y fingiéndose muertos, aunque con infinidad de heridas, don Demetrio Rodríguez García, don Juan Camacho Roblas, don José Rodríguez Oliva, don Luis Gordillo Malla, don Demófilo Ojeda Delgado y don Juan Vicente Pérez Vázquez. A este último han tenido que amputarle un pie”.

    Una de las consultas que teníamos en agenda era la concerniente a los Libros Eclesiásticos del Archivo de la Iglesia de El Campillo, con la idea de investigar las posibles anotaciones de las defunciones a partir del día 25 de Agosto de 1936; pero nuestra sorpresa fue encontrar el testimonio escrito de Elías Rodríguez Martín, Cura Ecónomo de la Parroquia de Salvochea, el cual insertó en el Libro de Bautismos nº 1 tras la anotación nº 8 del día 10 de Mayo de 1936, una declaración sobre lo ocurrido en la cárcel, y que a continuación se transcribe:

    “En el día 19 de Julio de 1936, con motivo del Movimiento Nacional iniciado por el glorioso ejército salvador de España, fue encarcelado en la mañana del mismo día el Cura Ecónomo de la Iglesia de esta Villa; y en la noche del dicho día, como represalia contra dicho Movimiento, después de haber encarcelado a las personas más destacadas del pueblo por su significación de orden y de derechas, fue saqueada la iglesia parroquial, siendo pasto de las llamas todas las imágenes, ropas y demás objetos de culto, incluyendo el copón con el Sto.. Sacramento. En los días siguientes estuvo el pueblo bajo la tiranía roja, viviendo un puro soviet, encarcelando y robando a mansalva; hasta el 25 de Agosto en que fue tomado por nuestras fuerzas al mando del glorioso capitán Varela el vecino pueblo de Zalamea la Real. En la tarde de dicho día, considerando los rojos de este pueblo que no podían aguantar más el empuje de nuestros laureados soldados, quisieron antes de abandonar el pueblo tomar venganza criminal en las personas de los presos, que en número de veintitrés estaban en la cárcel, y allí con bombas de mano, fusiles, escopetas, hachas y sobre todo con gasolina, comenzaron a matar a todos los que pudieron coger y no tuvieron la suerte de escapar de sus garras. Quedaron once hombres muertos; algunos de ellos quemados vivos; cuatro heridos; logrando los restantes escapar milagrosamente, entre ellos el Párroco que suscribe; permaneciendo oculto hasta el día siguiente, veintiséis de Agosto, en que las fuerzas salvadoras entraron triunfantes y victoriosas al pueblo. Pocos días después la iglesia fue reconciliada, quedando de nuevo abierta al culto. Y para que conste y lo conozcan las generaciones venideras, queda esto consignado. El Cura Ecónomo; Elías Rodríguez Martín, rubricado”.

    Las inhumaciones de los fallecidos se producen el día 26 de Agosto de 1936, y a día de hoy es la única posible zona de fosas comunes documentada que existe en El Campillo, con once de sus vecinos que antes de ser asesinados fueron previamente detenidos y encarcelados por el Comité de Defensa de la República. Tras la reapertura democrática en España, se sabe que estaban escritos los nombres de las 11 víctimas asesinadas el día 25 de Agosto de 1936, además en parte de su epitafio se podía leer: “Muertos por las hordas marxistas el 25 de Agosto de 1936 por la tarde” y que fueron homenajeados en sucesivas conmemoraciones de dicho día y mes de años posteriores. El Alcalde Interino Antonio Vega Alonso, en la sesión plenaria del día 14 de Agosto de 1937, comunica al resto de la Comisión Municipal que “el próximo día veinticinco se cumple el primer aniversario del bárbaro asesinato cometido por los rojos en las indefensas víctimas que en la cárcel de ésta tenían, por lo que debían celebrarse honras fúnebres en sufragio de sus almas y por la tarde de dicho día organizar una manifestación para visitar sus tumbas y depositar coronas y flores”. En la sesión del día 28 de Agosto del mismo año, se aprueba en cuentas, el pago de 20 pesetas a Manuel Gómez Bolaños por “jornales devengados en los sepulcros de las víctimas de los asesinados por los rojos”. Manuel era Pintor de 2ª en el departamento Médico de la Compañía Británica de Río Tinto, nace en Zalamea la Real el día 19 de Septiembre de 1901; comienza a trabajar en la empresa minera en Julio de 1927 y al mes siguiente, el día 22 causa baja por “sobrante de personal” y se marcha a Madrid. A principios de 1935, y después de cursar estudios de arte y decoración, regresa y se instala en Salvochea en la calle García Hernández nº 24. El 15 de Septiembre de 1937, se le abona la cantidad referida anteriormente por el concepto: “jornales en las inscripciones en la sepultura de los asesinados por los rojos”.

    Para terminar este artículo, hacemos referencia a la cita elegida para nuestro libro: “Paz, Piedad y Perdón”; tal y como es conocido el discurso que Manuel Azaña, Presidente de la II República de España disertó en Barcelona el día 18 de Julio de 1938, en el segundo aniversario de la sublevación militar. Extraemos de su discurso, el final del mismo:

    “Después de un terremoto, a nadie le es posible distinguir o reconstruir el perfil anterior del terreno. Este fenómeno que se da en la tierra, me impide a mí hablar del porvenir de España en el orden político y en el orden moral, cuando los españoles se pongan a considerar lo que han hecho durante la guerra. De esta colección de males saldrá algo bueno. No tengo el optimismo de un Pangloss. No es verdad eso de que no hay mal que por bien no venga; pero del dolor sufrido procuraremos sacar, como es lógico, el Mayor bien posible. Mas cuando los años pasen, las generaciones vengan y la antorcha pase a otras manos y se vuelvan a enfrentar las pasiones de unos y otros, pensad en los muertos que reposan en la madre tierra, y que nos envían destellos de su luz, de la que la Patria debe a todos sus hijos: piedad y perdón”.

    Bibliografía y Fondos

    • Moreno Bolaños, Alfredo / Gilberto Hernández Vallecillo. Libro inédito: “Memoria Vindicada. 1936-1939. Estudio de la Memoria Histórica en la Cuenca Minera de Río Tinto. A la luz de las fuentes documentales”.
    • Archivo Histórico Minero de Fundación Río Tinto (AHMFRT).
    • Archivo Municipal de El Campillo (AMEC).
    • Archivo Memoria Histórica de Diputación de Huelva (AMHDH).
    • Archivo Eclesiástico Iglesia de El Campillo.
    • Registro Civil de El Campillo.
    • Registro Civil de Zalamea la Real.
    • Registro Civil de Santoña (Santander).
    • Registro Civil del Puerto de Santa María (Cádiz).
    • Fondo Pablo Iglesias. El Socialista, 19 de Julio de 1938.

    Por Gilberto Hernández Vallecillo y Alfredo Moreno Bolaños

  • Nueve mineros en La Pañoleta, Camas (Sevilla). 19-07-1936

    Nueve mineros en La Pañoleta, Camas (Sevilla). 19-07-1936

    Información extraída del trabajo de investigación y libro en elaboración actualmente con el título: “Memoria Vindicada. 1936-1939. Estudio de la “Memoria Histórica” en la Cuenca Minera de Río Tinto. A la luz de las fuentes documentales”.

    Francisco Salgado Mariano, vecino de Minas de Riotinto (Huelva), a las 14:00 horas del día 19 de Julio de 1936, se encuentra gravemente herido en las instalaciones del Ayuntamiento de Camas (Sevilla). Francisco procedente de la zona conocida como La Pañoleta, informa que hay ocho mineros muertos de la Columna Minera, desgraciadamente tras dar la noticia fallece al poco tiempo. El Juez Municipal Ramón Payán Gutiérrez procedió a la instrucción de las diligencias para averiguar y esclarecer los hechos y sus circunstancias, por lo que se procede al levantamiento de los cadáveres y a la constitución del Juzgado en el propio Ayuntamiento.

    Se identifica al que falleció en el Ayuntamiento de Camas, tras un carnet que dice ser Francisco Salgado Mariano, vecino de Minas de Rio Tinto, conduciéndolo al depósito municipal del Cementerio. Seguidamente se traslada la constitución del Juzgado al lugar de La Pañoleta, una vez allí se encuentra un cadáver de un hombre en “posición neutral”, el cual y según el facultativo, llevaría aproximadamente unas tres horas fallecido, posee un carnet que le identifica como Domingo Pavón Fernández, vecino de Río Tinto. Próximo a éste se encontraba otro cadáver, pero tras registrarle, no se le pudo identificar; seguidamente y en la puerta de la Fuente Chica se encuentra otro cadáver, al que se le encontró una libreta donde figuraba el nombre de Domingo Pachón, además de tener 25 céntimos en calderilla y once cartuchos cargados con munición del nº 3. Sobre la derecha de la carretera y en una zanja, aparece otro cadáver sin poder identificarle, tras registrarlo, se le encontró un alfiler de pecho, un espejo pequeño y un block en blanco.

    Acto seguido se encontró otro cuerpo al lado de un camión que estaba ardiendo y con matrícula SE 16991; se le registra y se encuentra un carnet, identificando a José Palma Pedrero, vecino de Río Tinto, además en su registro tiene dos pesetas en plata y cincuenta céntimos en calderilla. Al lado del mismo camión, se encuentra otro cadáver, identificado como Cayetano Muñoz Maestre. También en las cercanías del camión en cuestión, se encuentra otro cadáver en posición neutral, sin que se pudiera identificar por falta de documentos, lo mismo ocurría con otro más, localizado en las cercanías de este último, pero que ante la falta de documentos, no se le pudo identificar. Tras el levantamiento de los cadáveres y trasladados al Depósito Municipal, se hicieron cargo de cuatro coches y una motocicleta con sidecar. Estos vehículos fueron entregados en depósito al vecino del pueblo de Camas D. Manuel García Pérez, y fueron los siguientes: Un Ford con matrícula H-1368, un Chevrolet H-1157, un Citroen H-2033, una motocicleta B.S.A. H-2006, un Nach con matrícula M-27007 y un Chevrolet H-1687.

    Pero, ¿y los otros cuatros cadáveres sin identificar, quiénes eran? Tras nuestra investigación de la Memoria Histórica de la Cuenca Minera de Río Tinto, estamos en disposición de desvelar los nombres de los cuatros mineros no identificados el día 19 de Julio de 1936 y que a día de hoy permanecen en el anonimato en la placa homenaje del execrable acontecimiento, figurando cada uno de ellos como “Desconocido”.

    Policarpo Rodríguez Requejo: Natural de Soto Grande (Orense), nace el día 8 de Noviembre de 1908, hijo de Inocencio Rodríguez Fernández y Ludivina Requejo García. Casado con María Marín Pachón, con dos hijos llamados Honorio y Ludivina. El día 7 de Noviembre de 1912 inicia su vida laboral en la Rio Tinto Company Limited (Legajo nº 1028. Archivo Histórico Minero Fundación Río Tinto) y lo hace en el departamento de Corta Filón Sur con la ocupación de Palero. El día 26 de Abril de 1935 es despedido por “Exceso de Personal”, pero a raíz del Decreto de 29 de Febrero de 1936, es readmitido el día 2 de Marzo de 1936, reincorporándose a Corta San Dionisio como Maquinistas de Perforadora con un jornal de 6,75 pesetas/día. Como tantos otros, Policarpo es baja laboral el 17 de Julio de 1936, siendo la causa la “Huelga”, aunque posteriormente indica el propio documento una corrección con el motivo de “Fallecido”. En el Registro Civil de Minas de Riotinto consta su fallecimiento el día 19 de Julio de 1936 y lo sitúa “próximo a Sevilla”, a priori todo indica que ocurrió en La Pañoleta como así lo verifica el informe de la Guardia Civil de Minas de Riotinto, donde se puede leer literalmente: “la noche del 18 al 19 de Julio de 1936 formando parte de la columna de mineros dinamiteros salió de esta población para Sevilla, al objeto de combatir las fuerzas nacionales, y al sostener encuentro con éstas al sitio La Pañoleta, inmediaciones de la citada capital, resultó muerto en el combate”. Registro Civil de Minas de Riotinto, Libro nº 63, Inscripción nº 47. Fecha: 17-02-1941.

    Bernardino Díaz Vázquez: Natural de Santa Ana la Real (Huelva). Nace el 2 de Mayo de 1896, casado con Fidela Díaz Barragán con quien tuvo un hijo llamado Bernardino. Procedente de Peña de Hierro, en Agosto de 1925 inicia su vida laboral en las minas de Río Tinto (Legajo nº 302. Archivo Histórico Minero de Fundación Río Tinto), trabajando de Carbonero en Filón Norte con un jornal de 6,75 pesetas/día; en 1932 tenía de domicilio la calle Capitán Sediles nº 1 en la aldea de La Dehesa (Minas de Río Tinto). Durante la huelga revolucionaria de Octubre de 1934, Bernardino es despedido por “Sobrante”, cuando trabajaba en el departamento de Corta San Dionisio Atalaya de Palero. En el documento H-2 de su expediente laboral, el día 3 de Marzo de 1936, es readmitido, siendo baja definitiva el día 17 de Julio de 1936; causa de la baja por “Huelga”. Fallecido en Camas (Sevilla) el 19 de Julio 1936, tras pertenecer a la Columna Minera que en la madrugada del día 19 marchó desde la Cuenca Minera hacia Sevilla.

    En su expediente judicial como en la Partida de Defunción, el error en la fecha del fallecimiento es claro y notorio. Bernardino perteneció al grupo de mineros que fallecieron en La Pañoleta el día 19 de Julio de 1936; es más, fue uno de los cuerpos imposible de reconocer el día del ataque a la Columna Minera en el lugar citado anteriormente. Su esposa cita la fecha del día 18 de Julio, que fue cuando se organizó la marcha a Sevilla tras el golpe militar; mientras que el Ayuntamiento, transcurrido tan solo nueve años de lo ocurrido, escribe literalmente en su informe de fecha 25 de Marzo de 1945 que: “le fue aplicado el Bando de Guerra el día 17 de Julio de 1936”. Por otra parte la diligencia enviada por la Guardia Civil de La Dehesa, confirmaba la declaración de su viuda, de ahí que en el Auto judicial dictado por el Juez de Valverde del Camino, emitiera la fecha del 18 de Julio como el día del fallecimiento. Registro Civil de Minas de Riotinto, Libro nº 66, Inscripción nº 171. Fecha: 02-04-1945.

    Ricardo Caballero Calleja: Natural de Minas de Río Tinto, nacido el día 20 de Junio de 1895, hijo de Policarpo Caballero Calleja, casado con María Pardiña García y con cuatro hijos llamados Angélica, Carmen, Asunción y Ricardo, con domicilio en El Valle y en la calle Estanislao Figueras nº 32 (en Julio de 1932). Inicia su trabajo en la Compañía Británica (Legajo nº 137. Archivo Histórico Minero Fundación Río Tinto) el día 6 de Febrero de 1907 en Corta Filón Sur; pasó por Contramina, Fundición, San Dionisio Alfredo, Tráfico Mina y finalmente en Talleres Mina donde el 1 de Julio de 1935 pasó a Jornales Fijos como Chófer del Director General; por cierto que el vehículo que tenía destinado era el “Packard Motor Car, SE-16991” matriculado el día 26 de Septiembre de 1935, con un valor de compra de 45.320 pesetas y que el día 18 de Julio de 1936 fue incautado la Columna Minera para marchar a Sevilla y como informaba Alexander Hill: “Three cars were taken before dinner, the new Packard with Ricardo, the Dodge and a Ford”, cuya traducción sería: “Se llevaron tres coches antes de la cena, el nuevo Packard con Ricardo, el Dodge y un Ford”. Existe error en la fecha de defunción en el Auto del Juzgado del Valverde del Camino, donde figura el día 18 de Julio de 1936 y en La Pañoleta (Sevilla); es claro y evidente que los hechos que ocasionaron su muerte están perfectamente detallados en los Sumarios procedentes del Archivo de Diputación de Huelva, y que se aplicaron a todos los detenidos en el lugar denominado como “La Pañoleta”; basta consultar por ejemplo bajo el nombre de José Alonso González de Minas de Riotinto, y común a todos los encausados, correspondiente al Sumario nº 95 de 1936 contra: “Félix González Chaves y 67 más” el día 19 de Julio de 1936. Por cierto, al no ser del grupo de detenidos, ni tampoco de los identificados en el lugar especificado, no hay duda que tras la exposición de la Guardia Civil de Riotinto: “salió de esta población el 18 de Julio del 1936 conduciendo un coche y formando parte de una columna de mineros”, que figura en el Expediente del Juzgado de Valverde; está claro que fue unos de los cuatro mineros muertos no identificados en La Pañoleta el día 19 de Julio de 1936. Registro Civil de Minas de Riotinto, Libro nº 62, Inscripción nº 328. Fecha: 19-10-1940.

    Felipe Jara Maya: Natural de Aroche, nace el día 1 de Mayo de 1900, hijo de José Jara González y de Lucía Maya Herrador. Casado con Natalia Vázquez Díaz, con cuatro hijos llamados María, Antonio, Natalia y José. Procedente la Mina de Silos de Calañas, donde trabajó desde Noviembre de 1926 hasta Marzo de 1927; con 27 años es contratado por R.T.C.L. (Legajo nº 569. Archivo Histórico Minero de Fundación Río Tinto) en el departamento de Contramina el día 15 de Septiembre de 1927, desempeñando el trabajo de Zafrero con un jornal de 6,75 pesetas/día. El primer domicilio que tiene en Nerva es la calle Acije nº 8, pero, por el año 1934, estando ya casado fija su residencia en la calle Victoria Kent nº 2. El 9 de Febrero de 1934, es detenido por “llevar una pistola cargada que dice se la había dado el 3º Teniente de Alcalde de Nerva Tomás Gómez Suárez, que era obrero de Peña de Hierro”, motivo por el que fue encarcelado; reingresando en la Compañía Minera el día 5 de Mayo del mismo año como Entibador. Causa baja el 17 de Julio de 1936, como la gran mayoría de expedientes analizados y por la causa: “Huelga”. El caso de Felipe Jara, es uno de los casos detectados tras analizar la orfandad y beneficencia de la Cuenca Minera donde aparecen sus cuatro hijos y viuda como beneficiarios del socorro citado y compararlo con los huérfanos reconocidos en el Registro Civil de Nerva y observar que era inexistente su inscripción “fuera de plazo”, la cual al parecer se encuentra en el pueblo de Camas realizada el día 7 de Mayo de 1981, información facilitada por D. José María García Márquez, autor de “Las víctimas de la represión militar en la provincia de Sevilla (1936 – 1963)”. Ante lo expuesto, estamos en disposición de afirmar que Felipe es uno de los cuatro componentes no reconocidos de la Columna Minera que fallecieron el día 19 de Julio en “La Pañoleta”.

    Desde este artículo pretendemos aportar novedades respecto a los fallecidos en La Pañoleta el día 19 de Julio de 1936; pero también creemos justo reivindicar el día 1 de Noviembre como “Día de recuerdo y homenaje a las víctimas del golpe militar y la Dictadura”, para ello desarrollamos el siguiente alegato:

    Respecto al día declarado para el recuerdo y homenaje a las víctimas del golpe militar y la Dictadura, la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía en el artículo nº 17 y en su apartado nº 1 cita: “Se declara el 14 de Junio de cada año Día de recuerdo y homenaje a las víctimas del golpe militar y la Dictadura.” Parece ser que la elección del día 14 de Junio, según prensa de la época y actual, es debido a la exhumación de la primera fosa común en Andalucía de fusilados de la Guerra Civil, y ocurrió en Lecrin (Granada), durante unas excavaciones llevada a cabo en 2003. Ante esta decisión, nos preguntamos: ¿la exhumación de fusilados en Zufre (Huelva) de cuatro vecinos de La Granada de Río Tinto el 1 de Noviembre de 1984, qué fue?; pues fue una exhumación en toda regla, regulada y aprobada por la Junta de Andalucía; fueron traídos los restos para su inhumación en el Cementerio del pueblo citado de la Cuenca Minera. La Consejería de Salud y Consumo de la Junta de Andalucía, daba su aprobación el día 26 de Octubre de 1984. Los restos de Andrés Pérez Martín, Justo Llorden Uña, Manuel Martín Martín y Martín Gil Romero, fueron colocados en una fosa común en el Cementerio de La Granada de Río Tinto.

    Con lo expuesto, y conociendo el método anárquico que se utilizó en la gran fosa de Constantina (Sevilla) entre 1979 y 1980, y que por ello: “no se le pudo calificar de exhumación”; no es dispar reivindicar que la exhumación de las referidas víctimas de la Granada de Río Tinto, es a priori y con los datos expuestos, la primera fosa común exhumada en Andalucía, y por tanto la fecha indicada y elegida en el artículo 17 de la ley referida, pensamos que no atiende a la realidad.

    El Legajo nº 28 del Archivo Municipal de La Granada de Río Tinto, informa del proceso seguido para el traslado de los cuatro vecinos fusilados y enterrados en “la finca La Nava de Zufre” el 23 de Noviembre de 1937 y su posterior inhumación en el Cementerio de La Granada de Río Tinto el día 1 de Noviembre de 1984.

    Bibliografía y Fondos:

    Moreno Bolaños, A. / Hernández Vallecillo, G. Memoria Vindicada 1936-1939.
    Registro Civil de Minas de Riotinto (Huelva).
    Archivo Municipal de Valverde del Camino (Huelva).
    Archivo Municipal de La Granada de Río Tinto (Huelva).
    Archivo Memoria Histórica. Diputación de Huelva.
    Archivo Histórico Minero Fundación Río Tinto.

    Minas de Riotinto, 26 de Junio de 2019

    Alfredo Moreno Bolaños y Gilberto Hernández Vallecillo

  • La represión en Zalamea llegó al asesinato del alcalde Manuel Molina

    La represión en Zalamea llegó al asesinato del alcalde Manuel Molina

    La investigación de José Manuel Vázquez Lazo reconstruye la trayectoria de un gran demócrata

    Mucho se ha escrito sobre la represión franquista en la provincia de Huelva tras el golpe de Estado de 1936. Sin embargo, investigaciones locales y nuevos datos afloran cada vez más la necesidad de continuar trabajando por la restauración de la dignidad de los represaliados.

    Uno de estos trabajos es el de José Manuel Vázquez Lazo, historiador y escritor zalameño que ya tiene una amplia trayectoria divulgativa, tanto en el archivo de Zalamea la Real como en diversas publicaciones.

    Los últimos datos que ha aportado se refieren a Manuel Molina Lancha, médico que llegó a ser alcalde de la villa y que fue asesinado por las tropas franquistas poco después de iniciada la rebelión militar.

    Manuel Molina había nacido en 1877 en la villa de Aroche, desde donde llegó a Zalamea para ejercer su profesión de médico. Allí se casó con Adelaida Pérez de León Romero, una hacendada zalameña, y pronto se codeó con los grandes terratenientes del lugar, convirtiéndose incluso en uno de los socios fundadores de la Asociación Agropecuaria de Zalamea la Real, a inicios de los años 30 del siglo pasado.

    De ideas conservadoras, consiguió el acta de concejal como integrante de la Agrupación Monárquica en las elecciones de abril de 1931, siendo nombrado poco después Primer Teniente de Alcalde del socialista David Vázquez. De su labor municipal se puede destacar su empeño en dotar al municipio de seis escuelas, cuatro para Zalamea y dos para El Campillo, siendo vocal de la Junta Local de Instrucción Pública.

    Tras la dimisión del alcalde Manuel Domínguez de la Banda, fue elegido alcalde de Zalamea en enero de 1934, cuando ya militaba en el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, donde ostentó el cargo de vocal a nivel provincial.

    Vázquez Lazo incorpora a su narración recuerdos de infancia, como los que le contaba su abuela, respecto a que Molina “había sido un hombre bueno, que dejaba dinero bajo la almohada a aquellos enfermos cuya situación económica era calamitosa”. Otros testigos del momento indican que era protector de mucha gente pobre y que repartía limosnas entre las casas más necesitadas cada quince días, gestos caritativos que nunca fueron aceptados por otros miembros de la clase acomodada zalameña, en opinión del investigador.

    El caso es que, aun siendo de ideas conservadoras, habiendo defendido la causa monárquica a inicios de la II República, y pertenecer a la élite terrateniente de la localidad, el día 28 de agosto de 1936, dos días después de ser ocupada Zalamea por las tropas nacionales, Manuel Molina Lancha fue asesinado. Según Vázquez Lazo, a pesar de que se encontraba enfermo en su cama, fue sacado de ella por la fuerza, llevado en un camión al cementerio y fusilado tras serle aplicado el Bando de Guerra por parte de las tropas franquistas.

    Estas investigaciones sirven para aflorar las aportaciones de cientos de onubenses cuyas vidas fueron segadas tan sólo por su compromiso con la Democracia y las libertades.

  • Las Fosas Comunes del cementerio de Zalamea la Real

    Las Fosas Comunes del cementerio de Zalamea la Real

    Estudio de la Memoria Histórica en la Cuenca Minera de Riotinto, por Gilberto Hernández Vallecillo y Alfredo Moreno Bolaños

    Por Marzo de 2017, dimos a conocer un adelanto de nuestras investigaciones sobre la Memoria Histórica de la Cuenca Minera de Río Tinto. Desde entonces hemos consultando varios fondos documentales, pues como expresamos en su día, nuestra investigación ha partido de “cero”, a pesar de ser conocedores de algunos buenos trabajos y libros realizados sobre el tema.

    Nuestra intención es una nueva investigación que ofrezca resultados principalmente desde los Registros Civiles de los pueblos que componen la Cuenca Minera de Río Tinto (Minas de Riotinto, El Campillo, Nerva, Zalamea la Real, Campofrío, La Granada de Río Tinto y Berrocal), el Archivo Histórico Minero de Fundación Río Tinto, los diferentes Archivos Municipales de la Comarca así como el Archivo Municipal de Valverde del Camino, además de consultas precisas en el Archivo Histórico Provincial de Huelva y el Archivo de Diputación de Huelva.

    En la información que se acompaña solo vamos a tratar lo concerniente a las posibles fosas comunes del cementerio de Zalamea la Real; y decimos bien “fosas comunes”, porque la forma de inhumar en los cementerios de la Cuenca Minera de forma general fue enterrar a las víctimas en las fosas convencionales, es decir sepulturas de 0’80 mts de ancho por 2’00 mts de largo y de 1’00 ò 2’00 mts de profundidad.

    El Registro Civil nos indica que fueron un total de 123 los fusilados entre 1936 y 1939, de los cuales 78 fueron inhumados en el cementerio de dicha población. Al igual que desde Minas de Riotinto se informa que existe un vecino de esta población, el Registro de Zalamea la Real informa que hay vecinos enterrados en otros cementerios de la Cuenca Minera, tal y como puede observarse en la tabla adjunta.

    Hemos realizado de forma minuciosa, y gracias a documentación aportada, la situación posible de albergar aún fosas con los restos de fusilados en Zalamea la Real. El cementerio de esta localidad tiene en tierra una distribución de fosas clasificadas en Manzanas, con 48 fosas cada una, y repartidas en dos filas de 24.

    Existe referencia fidedigna en cuanto a la utilización de cuatro manzanas para llevar a cabo 107 inhumaciones de fusilados en 47 fosas comunes; concretamente las denominadas “A” con 27 entierros en 9 fosas, la “B” con 50 en 21 fosas, la “C” con 28 en 16 fosas y la “D” con 2 en 1 fosa. Información muy precisa de las inhumaciones nos indican que las fosas fueron empleadas de forma unitaria para enterrar en algunos casos hasta 8 fusilados, como fue la nº 39 de la Manzana “A”; de forma general eran sepultados 2, 3 y hasta 4 en la misma fosa.

    En el plano adjunto se muestran las cuatro manzanas usadas con sus respectivas fosas, dando a conocer las que eran propiedad (P) y las que se usaron para las inhumaciones.

    El sepulturero de Zalamea la Real, confeccionó unas notas y a posteriori un vecino del pueblo un documento que ha llegado a nuestras manos, donde escribe con nombres y apellidos casi en su totalidad 107 inhumaciones que se llevaron a cabo en el cementerio de dicha población desde el 25 de Agosto hasta el 20 de Noviembre de 1936.

    Comparando con el resultado de inscripciones realizadas “fuera de plazo” en el Registro Civil, observamos que son 48 las defunciones comunes citadas en ambos documentos, por lo que un total de 59 víctimas no aparecen anotadas en el Juzgado de Paz de Zalamea la Real; que sumados a los 79 casos (Se encuentra incluido en este total Miguel García López del Registro Civil de Minas de Riotinto) mostrados en el análisis de los fusilados y enterrados en el cementerio y según el propio Registro Civil, asciende a 138, el número de fusilados que en su momento estuvieron ocupando fosas en el cementerio de esta población.

    Sin embargo, podemos asegurar que las 107 inhumaciones anotadas por el sepulturero, y ubicadas en las manzanas “A”, “B”, “C” y “D”, fueron exhumadas entre el 22 de febrero de 1942 y el 5 de Marzo de 1943, según consta en los libros municipales del cementerio. Por tanto, nos pusimos a indagar donde se enterraron el resto de fusilados de 1937, 1938 y 1939. Para ello, primeramente hubo que localizar el paradero de las 64 víctimas de los años mencionados inscritas en el Registro Civil e inhumadas en lugares diversos y extraer aquellas que fueron realizadas en el cementerio de Zalamea la Real, quedando por tanto el número de fusilados en 30, (Víctimas registradas e inhumadas en el cementerio de Zalamea la Real menos las comunes entre el Listado del Sepulturero y el Registro Civil) pero, sin emplazamiento exacto en fosas; seguidamente analizamos el movimiento del resto de sepulturas y no citadas por el sepulturero en las cuatro manzanas elegidas como “fosas comunes”, ya que si se mantienen los mismos espacios de tiempo de inhumación/exhumación (1927 / 1942) en fosas sin propiedad, es decir, en el entorno de 15 años como ha ocurrido en las 107 analizadas, y por tanto con una posibilidad alta de que sean fosas que se utilizaron para el resto de dichos enterramientos.

    Sin tener en cuenta las fosas en Propiedad, aún teniendo algunas el intervalo de tiempo expuesto y ¿por qué no pensar que se utilizaran algunas?, existen fosas libres de posesión y que sí tienen el espacio de tiempo indicado, y son: B24, B37, C33 y C45, que muy probablemente fueran usadas también como fosas comunes, llevándose a cabo las exhumaciones de los restos el 22 de Mayo de 1942, 5 de Julio de 1942, 20 de Octubre de 1942 y 13 de Febrero de 1943 respectivamente.

    Otro dato irrefutable sobre la inexistencia de algunas “fosas comunes” es la desaparición de todas las fosas pares de la manzana “A”, ya que en las postrimerías de la década de 70’s e inicio de la de 80’s se proyectaron y construyeron nichos en el área que ocupaba dicha fila de sepulturas, donde cuatro de ellas se utilizaron para la inhumación de fusilados en 1936.

    Como nota interesante del uso de fosas para fusilados en el cementerio de Zalamea la Real, destaca la nº 40 de la Manzana “B”, la cual fue utilizada para inhumar a Miguel García López y Julián Muñiz Marra en Septiembre de 1936 y exhumarlos el 10 de Julio de 1942 para dar sepultura a “Dos fugitivos en la Sierra” (Referencia literal que aparece en el Registro Civil de Zalamea la Real, Libro nº 1, página 44V de la sepultura nº 40 de la manzana “B”) ; estos dos fugitivos eran Mario Marchello Palomo (Libro nº 55, defunción nº 116. Registro Civil de Zalamea la Real) de Minas de Riotinto y Manuel Ramos Acuña (a) El Cano (Libro nº 55, defunción nº 117. Registro Civil de Zalamea la Real) de Valverde del Camino; ambos se fugaron de la Colonia Penitenciaria de Montijo (Badajoz) el día 9 de Mayo de 1942. Más tarde se encuentran en la finca de El Robladito (Zalamea la Real) en la tarde del día 6 de Julio de 1942, por el camino que va desde las fincas de “El Legito” a “El Robladito”, donde fallecen en un enfrentamiento con la Guardia Civil. Los restos de Mario y Manuel fueron exhumados el día 22 de Noviembre de 1956.

    El análisis expuesto es el que nos lleva a la conclusión: “que el cementerio de Zalamea la Real, no tiene ninguna fosa común de los fusilados correspondientes al período de la guerra civil (1936-1939)”, al menos este es nuestro criterio tras la analítica minuciosa y respetuosa que hemos intentado siempre y en todo momento dar al estudio e investigación de las Fosas Comunes de la Cuenca Minera de Río Tinto.

    Para la culminación de los resultados expuestos, no podemos dejar de mostrar una vez más nuestra gratitud a las personas que forman parte de la salvaguarda documental consultada en el Ayuntamiento de Zalamea la Real:

    • Domingo Castillo Serrano, Juez de Paz.
    • Purificación Mora Contioso, Secretaria del Juzgado de Paz.
    • Rafael Pichardo Pulido, Secretario del Ayuntamiento.
    • José Manuel Vázquez Lazo, Archivero

    A fecha de hoy seguimos elaborando nuestro proyecto de libro: «Memoria Vindicada. 1936-1939. Estudio de la “Memoria Histórica” en la Cuenca Minera de Río Tinto. A la luz de las fuentes documentales».

    Centrados en la información que aportan los Registros Civiles de la Cuenca Minera de Río Tinto, tenemos cerrado un cuadro estadístico que muestra todas aquellas inscripciones registrales de fusilados en cada uno de los pueblos y por tanto en cada una de las posibles fosas comunes que se encuentran en sus respectivos cementerios.

    En esta tabla se informa de los 548 fusilados e inhumados en los cementerios de cada pueblo, según la documentación aportada por las diferentes “inscripciones fuera de plazo” de un total de 695 notificaciones en los Registros Civiles.

    De todos es conocido la intervención llevada a cabo en el Cementerio de Nerva, donde los trabajos de la fase de investigación se iniciaron el día 23 de Octubre del año 2017 y finalizaron el día 15 de Diciembre 2017; intervención que se llevó a cabo tras la publicación de la “Orden de 2 de agosto de 2017, por la que se acuerdan actuaciones específicas en memoria democrática en determinados municipios andaluces” (BOJA Número 150 – Lunes, 7 de agosto de 2017).

    Un paso más se ha dado desde la Junta de Andalucía en la Indagaciónlocalización de fosas comunes en la Cuenca Minera, primeramente con el “Anuncio de 16 de marzo de 2018, de la Dirección General de Memoria Democrática, por el que se publican actuaciones específicas en materia de recuperación de la Memoria Histórica en diferentes municipios andaluces”, donde se incluye Minas de Riotinto, (BOJA Número 61 – Miércoles, 28 de marzo de 2018) y seguido de El Campillo que está incluido en el “Anuncio de 9 de agosto de 2018” (BOJA Número 158 – Jueves, 16 de agosto de 2018).

  • El Campillo deja de ser el penúltimo municipio de Huelva

    El Campillo deja de ser el penúltimo municipio de Huelva

    La localidad minera de El Campillo ya no es el penúltimo municipio de la provincia de Huelva que se constituyó como tal, una posición que ocupaba desde hace 55 años, concretamente desde 1963, cuando Punta Umbría, hasta ahora el municipio onubense más joven, se segregó de Cartaya.

    Hasta ese momento, el municipio más joven de la provincia era El Campillo, una condición que le acompañó durante 32 años, desde que se emancipó de Zalamea la Real, el 22 de agosto de 1931, hasta que se produjo la segregación de Punta Umbría, el 26 de abril de 1963.

    Ahora, 55 años después, los campilleros y campilleras retroceden otras dos posiciones tras aprobarse, este 2 de octubre de 2018, la segregación de otras dos poblaciones de la provincia de Huelva: Tharsis y La Zarza-El Perrunal, que hasta ahora pertenecían a los municipios andevaleños de Alosno y Calañas, respectivamente.

    La decisión fue adoptada por el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía en base a la «prolongada experiencia de autogobierno» de estas poblaciones como Entidades Locales Autónomas (ELA) y a que «cumplen con todos los requisitos que marca la legislación andaluza de autonomía local», según han destacado desde la Administración autonómica.

    Los decretos por los que se aprueban estas segregaciones, según han añadido desde el Gobierno andaluz, han tenido en cuenta los pronunciamientos a favor por mayoría absoluta de los ayuntamientos matrices, de las diputaciones provinciales y del Consejo Andaluz de Concertación Local, así como de los municipios colindantes.

    Lo que no cambia es que El Campillo es el municipio número 78 que se constituyó en la provincia de Huelva, un hecho que se consumó el 22 de agosto de 1931 tras una larga lucha de la población campillera que comenzó a finales del siglo XIX.

    Lo que desencadenó su declaración como municipio fue, por un lado, la proclamación de la II República, y por otro, las primeras elecciones municipales que se celebraron bajo el paraguas de aquel régimen, tras lo que el Pleno del Ayuntamiento de Zalamea la Real dio su visto bueno a la segregación de El Campillo con los votos a favor de todos sus concejales, tanto los que eran zalameños como los cuatro que eran campilleros: Virgilio Pernil Macías, Antonio Chaparro García, Antonio Alvera Romero y Manuel Marín González.

    Tras aquel trámite, El Campillo se constituyó como municipio con el nombre de Salvochea, en homenaje al líder anarquista gaditano Fermín Salvochea, y con una extensión 90,72 kilómetros cuadrados, más del doble de la extensión que componen los términos municipales del resto de municipios de la Cuenca Minera, con la excepción de la propia Zalamea la Real y de Berrocal.

    La denominación de Salvochea le duró sólo unos años, pues el régimen franquista se la quitó en 1936, momento en el que volvió a denominarle con el nombre que tenía cuando era aldea de Zalamea: El Campillo.

  • Se cumplen 82 años de la entrada de las tropas franquistas en la Cuenca

    Se cumplen 82 años de la entrada de las tropas franquistas en la Cuenca

    La Cuenca Minera de Riotinto asiste este sábado al 82 aniversario de la entrada de las tropas franquistas en la comarca, que se produjo el 25 de agosto de 1936 tras varios días en los que ya previamente habían estado bombardeando la zona desde el aire a través de la aviación.

    De esta manera se consumaba lo que los rebeldes fascistas denominaron el ‘Plan para la ocupación de la Cuenca Minera de Riotinto’, diseñado de forma concienzuda para llevar a cabo un asalto militar que consideraban «tan difícil e importante para toda la provincia», tal y como expone Francisco Espinosa Maestre en su libro ‘La guerra civil en Huelva’.

    El plan consideraba «peligroso» el enemigo a batir, así como que Salvochea -ahora El Campillo- La Atalaya, La Dehesa y Nerva eran «las poblaciones más fieles al Gobierno republicano». «Sin embargo -añadía- no existen en ellas elementos que puedan coartar la aviación» y, «como podían tener protegidos los accesos con minas, habría que desconectar la central eléctrica de la Riotinto Company Limited».

    Y así lo hicieron. El asalto fascista a la Cuenca Minera de Riotinto comenzó con un bombardeo aéreo «indiscriminado» sobre Salvochea el 20 de agosto de 1936 a las 9.00 horas, expone el investigador Fernando Pineda Luna en su libro ‘Memorias Recuperadas. El Campillo – Salvochea’, donde se explica que este primer bombardeo acabó con la vida de seis personas: Elena Domínguez Castaño, de 23 años; su hija Dolores González Domínguez, de seis meses; Rafaela López Carrera de 44 años; Rafaela López Yuvero, de 45 años; Baldomera López Rodríguez, de 38 años; y Jacinto López Zarza, de 36 años.

    «Al día siguiente, a las 12.00 horas -continúa esta publicación-, se bombardeó La Atalaya y, un día después, fueron bombardeadas de nuevo Salvochea, La Atalaya y La Dehesa», tras lo que, dos días después, el 24 de agosto, un avión recorrió la comarca lanzando octavillas en las que alertaban a la población, textualmente, de que «podéis salvar vuestras vidas si antes de 24 horas, a partir de las cinco de la tarde de hoy, nos entregáis rehenes en cantidad suficiente para garantizar la entrega de armas, rehenes que serán puestos en libertad tan pronto como dichas armas sean recogidas».

    Un día después, el 25 de agosto de 1936, miembros de una columna fascista comandada por Gumersindo Varela Paz, que venía de conquistar Valverde del Camino, unida, como explica el investigador Joaquín Gil Honduvilla, a tres grupos de guardias de asalto, guardias civiles y falangistas y requetés, «asaltaron Zalamea la Real con la artillería y entraron en sus calles, provocando la huida de los milicianos republicanos, que sólo tenían una ametralladora en la torre de la Iglesia Parroquial», continúa la obra de Pineda, que indica que los asaltantes «abrieron puertas a patadas, registraron multitud de viviendas y asesinaron a muchos vecinos», momento que se refleja en la imagen que ilustra esta información.

    A continuación, tal y como se relata en ‘Memorias Recuperadas’, la columna fascista fue sorprendida «por una numerosa columna minera procedente de Salvochea que provocó la huida de los retenes militares golpistas, apostados en las salidas de Zalamea», mientras que «los republicanos explotaron las minas colocadas en la zona para dificultar el avance por la parte nordeste de Zalamea la Real hacia Salvochea y el corazón de la Cuenca Minera», operaciones que «produjeron bajas en ambos frentes», añade. Sin embargo, a continuación, «la aviación, que volvía para facilitar el asalto a Salvochea, bombardeó la columna miliciana y la obligó a replegarse definitivamente».

    «Con el camino ya expedito» y «con más de mil hombres», el capitán Gumersindo Varela Paz comenzó el avance hacia Salvochea el 26 de agosto de 1936 a las 7.00 horas, tras lo que, a las 8.00 horas, de nuevo apareció un avión que «bombardeó la localidad durante horas», informaba el periódico Odiel, mientras que la columna fascista del comandante Eduardo Álvarez de Rementería-Martínez, que procedía de El Castillo de las Guardas, entraba en Nerva. Por su parte, la columna del comandante de los requetés Luis Redondo García, que había llegado el día 25 a Campofrío procedente de Aracena, avanzaba «sin oposición» hacia La Dehesa, donde «desconectó la central térmica de la RTCL, como estaba previsto, pasó por la barriada de Mesa de los Pinos, también denominada Alto de la Mesa, donde dejó dos cañones orientados hacia Nerva, y llegó a Salvochea».

  • La locomotora 110 del parque de El Campillo, una joya de la industria minera

    La locomotora 110 del parque de El Campillo, una joya de la industria minera

    La Locomotora 110 que está instalada en el parque de Los Cipreses en El Campillo pertenece a la Clase K y fue adquirida por la compañía en 1907 junto a otras 25 locomotoras de esta misma clase, por tanto, este año de 2018 se cumplen el 111 aniversario de su construcción.

    Con la nueva explotación a cielo abierto iniciada a principios del siglo XX, “Corta Atalaya”, la Rio Tinto Company Ltd solicitó a la firma North British un pedido de 26 locomotoras de la clase K, a un precio de 1.875 libras esterlinas cada una. Se las conocían como “Gordas” o “de 40 toneladas” ya Locomotora 110 Clase K de 1907 que tenían la misma estética que las locomotoras de la clase I pero eran más altas (1).

    Entre 1907 y 1908 se entregaron 18 locomotoras que fueron numeradas del 101 al 118. En 1910 se recibieron seis más y en 1912 las dos últimas, algo más modernas.

    Las características principales son las siguientes: Diámetros ruedas tractoras: 991 mm, Capacidad carbón: 1.000 Kg, Capacidad agua: 3.612 L, Peso adherente: 40.000 Kg

    Se compraron expresamente para trabajar en Corta Atalaya, donde lo hicieron por Caja de fuego y mandos espacio de años y construyéndose allí una cochera en el año 1910 para que no reguladores de la 110 bajasen a dormir a la cochera de Reverbero.

    Por los años veinte el Sr.Kenworthy pensó en utilizarlas en la vía general, retirando dos locomotoras de la clase C; esto produjo una gran economía en la empresa y fue felicitado por tal decisión.

    Una sola máquina de la clase K podía remolcar hasta 50 vagones del tipo A, que eran unas tolvas de 10 toneladas de carga máxima.

    Aún con la llegada de las Garratts (en 1928 se adquirieron dos, la 145 y la 146, las cuales podían remolcar hasta 50 vagones de tipo M –que tenían 30 toneladas de capacidad-) las máquinas de la clase K hacían servicio de trenes, llamados de Materiales, con resto de vagones desde Los Frailes hasta Riotinto Estación.

    A la locomotora nº 118 se le amplió el ténder o depósito para asegurar la reserva de carbón en la máquina, pero no dio resultado ya que esta perdía adherencia en las vías.

    Las máquinas de la clase K hicieron servicio en doble tracción hasta que en 1953 vinieron las tipos Mogul con ténder remolcado (serie 200; en la rotonda de Riotinto podemos ver la locomotora nº 201. Se las conocían como Gildas ya que “era un auténtico canto del cisne (…) oir sus acompasadas pulsaciones”), quedando relegadas a tareas de maniobras, como subir el mineral de Zarandas a Fundición, al Muelle San Dionisio, al Concentrador y trenes obreros hasta los últimos tiempos como las números 134,135 y 137.

    La construcción del ferrocarril desde las minas de Riotinto hasta el puerto de Huelva se realizó, siguiendo el curso del Río Tinto ¡en tan solo 25 meses! que se levantaron los 84 km de vías, se construyeron 8 puentes, 5 túneles y 12 estaciones con la anchura inglesa de 1,067 m (vía estrecha). El proyecto del ingeniero George Barclay Bruce se inició en junio de 1873 por cinco puntos simultáneos y en julio de 1875 estaba finalizado.

    La máxima dificultad se presentó en el km 51 que obligaba por el río a describir un meandro de más de un kilómetro de longitud y para ahorrarse esta vuelta se construyó un puente para pasar a la otra orilla del río y un túnel de 140 metros, llamados de Salomón.

    El Puente de Salomón original fue arrasado por una gran riada en diciembre de 1888 y el encargado de reconstruirlo y que hoy día podemos ver con sus 68 metros, fue el ingeniero Thomas Gibson, el mismo que dirigiría la construcción del muelle de Huelva.

    En el año 1935 entró a trabajar en la RTC George Trevor Lewis y años más tarde mandó a pintar en el flanco de las locomotoras los grandes y característicos números blancos para distinguirlas de lejos. Todas las locomotoras de vapor estuvieron siempre pintadas de negro y la traviesa de topera con un ribete rojo, incluso algunas lucían las placas del fabricante pulimentadas en latón. La Compañía aunque numeró desde el principio todas sus locomotoras, el Sr. Lewis propuso la clasificación también dentro de una serie de grandes grupos diferenciados por letras, desde la A hasta la O.

    Por otra parte, las Tolvas, aunque eran vagones de mercancías, se catalogaron en vagones Tipo A, utilizados en la primera época de la RTC, con 10 toneladas de capacidad y de los que se llegaron a contar hasta 2.000 unidades. Y los vagones tolva Tipo M, adquiridos a principios de los años 30, con un peso de más de 10 toneladas y una capacidad de 30 toneladas, los cuales se construyeron más de 300 ejemplares.

    También había otros vagones como los tipos B, llamados Bruce; los tipos C, Cuartillas; o los tipos E, Moros.

    Comúnmente son conocidos por nosotros los Continos, unas vagonetas de media tonelada de capacidad empleadas en la mina y que eran empujadas a mano en los tajos de zafreo.

    En pleno apogeo, la RTC llegó a contar con 147 locomotoras a vapor, 9 locomotoras diésel hidráulicas, 6 automotores, 21 locomotoras eléctricas, 1.300 Contino de media tn para zafrear en la Corta vagones, 2.000 vagonetas y 36 coches de viajeros, todo ello para 264 km (2) de ramales de vías que servían de unión entre los talleres, los almacenes, los tajos, las distintas poblaciones y los poblados mineros, además de los 84 km del ferrocarril Riotinto-Huelva.

    En 1910 la Cuenca Minera de Riotinto alcanzó su máximo poblacional con 45.646 habitantes, de los cuales 16.087 vivían en Nerva (3); en esa época Nerva tenía la misma población que tiene actualmente toda la Cuenca Minera en su conjunto. En 1914 la Compañía tenía 14.208 trabajadores.

    La Locomotora 110 de clase K, patrimonio industrial minero que tenemos que valorar, cuidar y mantener como recuerdo del esplendor económico que tuvo nuestra Cuenca Minera de Riotinto.

    Fuentes consultadas:
    (1) García Mateo, José Luis y Prieto Tur, Lluís – “El Ferrocarril minero de Riotinto”- Ediciones Lluís Prieto Tur – 2012
    (2) González Vilches, Miguel – “Historia de la arquitectura inglesa en Huelva” – Universidad de Sevilla y Diputación Provincial de Huelva – 2000
    (3) http://www.revistalacomuna.com

  • Me gustaría poder contarte que apareció, abuela

    Me gustaría poder contarte, abuela, que apareció. Que ya podemos cerrar la puerta por las noches, que no va a venir. Que descansa a tu lado, que deja de ser un montón de huesos y recupera su nombre, apellidos y familia.

    Me gustaría poder contarte, abuela, que van a exhumar los restos de la fosa común de El Campillo y vamos a saber si tu padre, Natalio Cobo Santiago, está ahí, en el camposanto a unos metros de ti, donde tú elegiste descansar para tenerlo cerca.

    Porque mi abuela Leandra se crió con esa ausencia, la de su padre asesinado, un minero afiliado a la UGT al que un día pillaron almorzando en casa y le pidieron salir para hacerle unas preguntas. Y no volvió. Desde entonces, mi abuela siempre repetía que se había quedado sin padre con cinco años. De la infancia recordamos juegos y risas y ella recordaba eso, la presente ausencia de su padre, un extremeño al que habían asesinado en las afueras del pueblo con 49 años.

    Cuando tuvo edad de poder coger niños en brazos, mi abuela dejó de ser una niña y cuidó hijos de Guardias Civiles (vivía junto al Cuartel) hasta que con 12 o 13 años se fue interna a una finca en Zalamea la Real. Y fuera de su pueblo natal hizo su vida, se casó y crió a sus tres hijos en El Membrillo Alto. Durante toda su vida sólo nos pidió una cosa (mi abuela daba mucho pero nunca pedía nada para ella): poder yacer a unos metros de donde quizá estuviera su padre, en el cementerio de El Campillo. ¿Existe algo más triste que eso?

    Ojalá pudiera contarte, abuela, que lo que no te dejó dormir en vida te dejará al menos descansar eternamente. Me gustaría poder contarte, abuela, que estáis juntos y que los dos vais por fin a descansar tranquilos.

    Leandra Moyano

  • Una historia en el cementerio de El Campillo

    Una historia en el cementerio de El Campillo

    Artículo publicado por el blog ‘El Ático de Jepane’ en noviembre de 2008:

    El pasado día 30, tuve , por desgracia, que asistir al cementerio de El Campillo para despedir a una persona allegada.

    Me fuí un buen rato antes de la hora al campo santo del pueblo vecino, el cual no conocía; y estuve dando un paseo por el. Había mujeres afanándose en limpiar las sepulturas o nichos a pesar del mal tiempo. Me llamo la atención un hombre mayor que «retocaba» unas flores en el monumento humilde pero importante que se le dedico a los «fusilados» en la IN civil guerra. A mi «buenas Tardes» este señor me respondió amablemente y casi sin darme cuenta entable una conversión amena con el.

    Su nombre es Carlos, Carlos Pernil; y fue concejal del ayuntamiento allá por el año 1986 en el Campillo.

    Carlos, me contaba, creo que sorprendido por mi curiosidad, cómo fue el poner este monumento.

    «Todos los que fusilaron no tenían un recordatorio; en aquella época no podíamos hacer nada»; me decía Carlos, como disculpándose aún por no haber hecho algo antes. «Aquel año 86, los que estábamos en el Ayuntamiento de El Campillo decidimos hacerlo; el pequeño monumento o monolito lo costeamos con el dinero del partido, se decidió que se inaugurara el día de andalucia, el 28 de Febrero de 1986»; me sigue contando Carlos, mientras de vez en cuando mira de reojo al monumento en cuestión.

    «Lo tapamos con una bandera de Andalucía y cuando se descubrió, los asistentes fueron depositando flores, rosas rojas principalmente, a su alrededor». Carlos Pernil hace una pausa, ha soplado un poco de viento y se agacha a comprobar que el jarrón de cristal lo haya dejado bien amarrado con una cuerda que yo no había visto hasta ese momento. Se gira hacia mi y prosigue diciéndome: «Desde entonces, yo le hago lo que le va haciendo falta………pinto las juntas, lo limpio, le cambio o retiro las flores mas estropeadas……………….Mira, ¿ves ese canasto de mimbre?, pues ese canasto tiene historia…..Vamos no el canasto en si, me refiero a que este puesto en ese lugar». Carlos, ese hombre que te gana con su simpatía a medida que vas hablando con el, parecía que me conocía de toda la vida, cuando en realidad hacia pocos minutos que nos habíamos puesto a hablar por vez primera. Y digo que parecía que me conocía, porque los que me conocen saben que basta «picarme» un poco como el acababa de hacer para interesarme mas por la historia o relato.

    Dimos unos pasos hacia atrás y Carlos me miro con esa expresión que tiene aquel que no ha olvidado, aquel que recuerda, como si hubiese sido hace poco, una etapa de su vida que sin duda le dejo marcado. Esa mirada no me era desconocida; esa expresión, esa tristeza profunda que se adivina en lo mas profundo de los ojos ya la había visto yo en los ojos de mi abuelo ‘Palomo’ durante muchas charlas en aquellos felices días de mi infancia. Carlos comenzó su relato; el cual os transcribo aquí, pero obviaremos los nombres o apellidos de sus protagonistas, pues no se si al mencionar sus nombres los podríamos molestar.

    «Yo tenía un compañero de clase- comienza a decirme Carlos-. Nos sentábamos juntos en la misma banca. El no tenía padre ni mas familia que su madre».

    «Un día, al regresar a su casa comenzó a llamar a su madre, y no la encontró por ningún lado. Un vecino le dijo que había visto cómo a su madre se la llevaban los falangistas. El pequeño, ajeno a lo que esto podía significar, siguió el camino que el vecino le había indicado. Llegó mi amigo a lo que ahora es el parque de Los Cipreses; y fue allí donde se encontró con el cadáver fusilado de su madre».

    «El pequeño reaccionó de una manera anormal, pues lo único que se le ocurrió fue comenzar a andar; sin rumbo, campo a través».

    «Al caer la noche, había llegado a un cortijo de Valdelarco. Oiga- le dijo mi amigo al dueño de la finca- ¿podría darme de comer, que llevo hambre?; pero, chuiquillo, ¿de dónde sales tu? -preguntó aquel hombre extrañado, a lo que mi amigo respondió: de El Campillo. ¿Qué te ha pasado, zagal? -volvieron a preguntarle-, a lo que el chiquillo respondió entre lágrimas que le habían matado a la madre y que más familia no tenía».

    «Aquellas buenas gentes le dieron de comer y le proporcionaron un sitio donde dormir. Le dijeron a aquel chiquillo que se quedara allí unos días».

    «Y lo que iba a ser unos días se fue prolongando en el tiempo» -me dice Carlos, y continúa contándome:

    «Las gentes de los cortijos de aquella época no sabían apenas leer ni escribir. Nosotros, los niños de la Cuenca, teníamos las escuelas de la compañía; y mi amigo se hizo mocito allí; ayudando a llevar aquel cortijo que le había abierto sus puertas». Con el paso de los años, el protagonista de esta historia (al que a partir de ahora llamaremos X, pues no sabemos si le molestaría el contar aquí esta su historia) se casí con una de las hijas del dueño de aquel cortijo, que no tenía vástagos varones; y siguió trabajando en la finca.

    Marchó a Alemania unos seis años para hacer dinero; y luego creó una empresa de Jamones, la cual aún hoy perdura.

    Los habitantes de El Campillo sabían que su vecino X seguía visitando la fosa común del cementerio, donde dejaba flores, al menos una vez al año; pues allí era donde habían ido a parar los restos mortales de su madre.

    Carlos Pernil preguntó e indagó, y descubrió que esta visita se repetía cierto día de finales de agosto. Un año; no hace mucho; decidió quedarse todo el día en el cementerio «de aguardo»; a la espera de ver a su amigo de la infancia cuando fuera a dejarle las flores a la desaparecida madre.

    «Estaba yo rondando por aquí cerca y me pareció ver a un hombre entrar con unas flores en la mano y detenerse ante el monolito»; comenta Carlos, como si estuviera reviviendo aquel día.

    «Me acerqué a este hombre y vi que no era tan mayor, no llegaba a los cuarenta años, calculó yo; y le dije: Perdone usted, ¿Tiene a alguien aquí enterrado?» Sí; le respondió aquel hombre un tanto sorprendido; aquí yace mi abuela.

    Carlos comprendió que aquel joven era hijo de su amigo X, y así se lo dijo: «¿Usted es hijo de X?» «Sí»; respondió el joven. «Pues perdóneme, yo soy un amigo de la infancia de su padre, nos sentábamos juntos en el mismo banco en el colegio y la verdad es que esperaba verle hoy a el». El joven le contestó a Carlos: «Mi padre murió el año pasado y yo le traigo las flores a mi abuela en su nombre. Mire usted, cuando yo fui lo bastante mayor para entender según que cosas, mi padre me trajo a El Campillo. Me enseñó dónde él había vivido, me llevó al parque de Los Cipreses y me señaló el sitio exacto donde fusilaron a mi abuela, donde él la encontró siendo un niño; y luego me trajo al cementerio y me hizo prometerle que cuando él no estuviera o no pudiera, yo traería las flores. Y eso es lo que haré el resto de mi vida.»

    Carlos Pernil hace una leve pero significativa pausa al llegar a este punto de su relato, y me dice: «Tan solo pude decirle que me permitiera darle un abrazo».

    Os aseguro que me quedé conmocionado por la historia, y casi no me atrevía a hablar, esperando a que Carlos me siguiera contando. Los dos nos quedamos mirando aquel canasto de mimbre que podéis observar en la foto. Yo solo pude decir que estas historias deberían darse en los colegios, para que jamás olvidemos lo que ocurrió, procurando así no volver a caer en aquellos errores, y para que valoremos TODOS lo que tenemos como se merece.

    Por poco tiempo más estuve hablando con Carlos. Llegó la hora de marcharme y le quedé muy agradecido a aquel hombre que tanto me había enseñado en un rato de conversación, algo que quizás debiéramos hacer más a menudo, hablar y escuchar a los que más experiencias tienen, pues seguro que sacaremos provecho de ellas.

    El día 1 fui a Sotiel, pero me detuve en el cementerio de El Campillo para hacer las fotos que acompañan a este Post, y en el mismo lugar me encontré a Carlos Pernil; cumpliendo con la tarea autoimpuesta de no olvidar a los que allí yacen. Estaba hablando con una señora, y cuando me vio esbozó una sonrisa. Tras el apretón de manos me dijo que estaba contándole a aquella mujer la historia de un ramo con una cinta que estaba allí, y que era en memoria de un chaval que durante un año y medio casi había estado escondido en un «doblao». Cuando él se creyó seguro salió y encontró la muerte a manos de la sin razón…………………………

    Pero esa es otra historia que espero escuchar de boca de Carlos Pernil otro día.

    Gracias Carlos Pernil por todo lo que haces e hiciste.