Categoría: Mineros por el mundo
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Javier Candón, de Minas de Riotinto a conquistar Washington con sus propios restaurantes
Natural de Minas de Riotinto, Javier Candón lleva más de 18 años afincado en Estados Unidos, donde ha conquistado a todos con su apuesta por la gastronomía española y, en concreto, onubense. Un amante del sector de la restauración, que comenzó su trayectoria en la Escuela de Hostelería de Sevilla.
Esta formación le permitió comenzar a trabajar en diversos establecimientos hoteleros y restaurantes de diferentes puntos de Europa e, incluso, de América, puesto que formó parte de la plantilla de hoteles, como el Meliá de Sevilla, Relais & Chateau Mas d’Artiny en Francia y RIU Melao y RIU Palacio de Macao, en la República Dominicana.
Tras estos primeros pasos, a Javier le ofrecieron dirigir un conocido restaurante en Washington, ‘El Alabardero’, una propuesta interesante que “acepté con la condición de que sólo me quedaría un año. Sin embargo, en este periodo de tiempo conocí a la que hoy es mi mujer, Christiana Campos. Ella era clienta del restaurante y, ahora, tenemos dos hijos, un niño y una niña”, nos confiesa. Un aspecto de su vida personal que ha sido determinante para que se asentara en esta ciudad norteamericana.

En América, Candón ha ido adquiriendo una gran experiencia en el sector de la hostelería, al haber trabajando en grandes restaurantes, como sucedió durante cinco años en la cadena de comida española estadounidense llamada ‘La Tasca’. Este bagaje le animó a montar su propio restaurante, lo que consiguió cuando creó SER, que respondía a las siglas de ‘Sencillo, Fácil, Real’, su primer establecimiento.
“Al principio de abrir ‘SER’ mantuve mi actividad en ‘La Tasca’, pero ante la consolidación de mi restaurante, me lancé a la gestión de forma independiente. Nuestra propuesta, basada en comida sana española, ha gustado mucho. De hecho, estamos teniendo un gran éxito”, nos comenta este restaurador de Minas de Riotinto. En concreto, ‘SER’ se encuentra situado en Arlington, un condado urbano de la Mancomunidad de Virginia, separado de Washington D.C. por el río Potomac.
Ante la buena acogida de su propuesta basada en comida española, Javier Candón abría el pasado año 2017 otro restaurante en Washington: ‘Joselito’, un nombre con el que quiso hacer un homenaje a su padre, que se llamaba así. Y es que, para Javier, el menor de ocho hermanos, su familia es fundamental. De hecho, su esposa trabaja con él en la gestión de sus establecimientos.

En su nuevo restaurante, Javier ha apostado por trasladar la cocina onubense al corazón de Washington, un dato que convierten a este restaurador y a su establecimiento en unos excelentes embajadores de la gastronomía de Huelva en Estados Unidos. En concreto, si en su restaurante ‘SER’ ofrece platos tan típicos y conocidos de la cocina española como la paella, en ‘Joselito’ ha querido centrarse en la cocina andaluza, con un claro protagonismo de los platos más típicos de Huelva.

Por ejemplo, en la carta de su nuevo restaurante podemos encontrar comidas tan reconocibles para nosotros como el jamón de Jabugo, las gambas de Huelva, las puntillitas, las habas con choco, las caballas, las sardinas, la mojama de Isla Cristina, el secreto ibérico o el tocino de cielo, todos ellos inspirados en la cocina de su abuela y su madre, natural de Galaroza.

Pero, además, Candón no olvida sus raíces y con ‘Joselito’ también ha querido hacer todo un homenaje a sus raíces, sin olvidar, por supuesto, a la Cuenca Minera, donde residió hasta los 10 años, pues entonces sus padres se mudaron a vivir a Sevilla.

Una fórmula que está funcionando muy bien, puesto que, según afirma, “desde que hemos abierto estamos llenos todos los días. Estamos muy contentos, porque ‘Joselito’ está gustando mucho”.

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Isabel Rodríguez Núñez, una riotinteña en Tarrasa
Hace unas semanas conocimos a su hermano, a Fernando Rodríguez Núñez, más conocido en la Cuenca Minera como Mallofret, un riotinteño nacido en Minas de Riotinto, en la calle Méndez Núñez, junto al Casino de Riotinto, en 1948. Su madre era Práxedes Rodríguez Núñez y su padre, Jesús Mallofret, aunque no lleva sus apellidos debido a que su padre había tenido un matrimonio anterior, pero convivió con él siempre, de ahí que sea conocido por todos como Fernando Mallofret.

Fernando Mallofret, hermano de Isabel Un riotinteño que recuerda mucho su tierra, de ahí que hayamos querido conocer también a su hermana, a Isabel Rodríguez Núñez, nacida en Minas de Riotinto hace 71 años. En su caso, nació en La Posada, para luego pasar toda su niñez en la calle Méndez Núñez. Una etapa que se desarrolló feliz y de la que recuerda a muchas personas, como, por ejemplo, la educación que recibió de Doña Felisa.
Una vida que cambió de forma radical cuando, con 19 años, se marchó a Cataluña “por una decisión de mis padres”, nos cuenta Isabel, que asegura que “me vine muy feliz y contenta, porque siempre había tenido mucha admiración por Cataluña. Era una tierra que siempre me había gustado mucho”.
En concreto, el nuevo destino de la familia de Isabel fue Sant Joan Despí, una ciudad donde conoció a su marido, natural de Castilla la Mancha. Con su marido se marchó a Tarrasa por motivos de trabajo, una ciudad en la que vive desde hace 47 años, aunque en Cataluña lleva ya un total de 53 años.

Sant Joan Despí Tras casarse, esta riotinteña tuvo dos hijos, con los que ha visitado en diversas ocasiones la Cuenca Minera, para que pudieran conocer las raíces de su madre. No en vano, Isabel tiene todavía muchos conocidos y familiares en la comarca, no sólo en Minas de Riotinto, sino también en otros municipios vecinos, como Nerva.
Unos lazos que le unen con su tierra natal, a la que no olvida, a pesar de que se encuentre bien y feliz en Tarrasa. De hecho, “desde hace una década, voy todos los años a Minas de Riotinto durante las fiestas de la Virgen del Rosario”, nos confiesa Isabel. Unos días festivos que suponen para ella un momento de reencuentro con sus familiares y amigos de la zona. Jornadas muy intensas para la localidad, al recibir a mucha gente que vive fuera todo el año y que regresan por unos días.

Fiestas de la Virgen del Rosario Eso sí, Rodríguez Núñez considera que Minas de Riotinto estaba mucho más bonito durante su niñez y juventud, porque se notaba que había más movimiento económico. Por este motivo, como mensaje final, Isabel desea que “ojalá el pueblo vuelva a contar con un desarrollo económico importante, que permita que haya trabajo para toda la gente de la zona”.
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El historiador Miguel Burguillos Peña, del IES Cuenca Minera a dar clases en Noruega
Aunque nació en Huelva, Miguel Burguillos Peña es un historiador que se crió en Minas de Riotinto, donde pasó su infancia y juventud, por lo que son muchas las vivencias que tiene de esos años en la Cuenca Minera. De hecho, su vida se desarrolló en el municipio riotinteño, donde estudió en el IES Cuenca Minera, hasta que se marchó a Huelva para estudiar la Licenciatura de Historia en la Onubense.
Una formación universitaria que completó luego con dos posgrados, el Máster de Formación del Profesorado (el antiguo CAP) y el Máster Universitario Iberoamericano de Historia Comparada.Un amante de la historia que mantiene una constante labor investigadora, que ha dado lugar a la edición de numerosas publicaciones científicas, como sucede con la historia de la villa de Campofrío, que apareció en la colección ‘La Provincia de Huelva, Historia de sus Villas y Ciudades’, editada por la Diputación de Huelva, además de mantener un blog muy activo, donde lanza episodios muy atractivos del pasado de la provincia onubense (historiadelaprovinciadehuelva.blogspot.com.es).
Sin embargo, a pesar de su destacada formación universitaria, las expectativas laborales en Huelva no acababan de cuajar, por lo que decidió sacarse el título oficial de Español como Lengua Extranjera (ELE) por el Instituto Cervantes, que le permitía dar clases de nuestro idioma fuera de las fronteras españolas.
Fue así cómo, después de una estancia en Inglaterra para mejorar inglés, no dudó en aceptar una oportunidad para dar clases en la ciudad noruega de Oslo, en gran parte porque siempre le atrajo la cultura escandinava. Según nos cuenta Miguel, “mi experiencia en Noruega ha sido muy buena, porque me encanta el país y me acogieron muy bien desde el primer día. Además, siempre quise visitar las tierras escandinavas”.Una experiencia muy positiva, puesto que, además de dar clases de español, durante su estancia estuvo también desarrollando actividades culturales y aprendiendo noruego, sin olvidar la elaboración de su tesis doctoral.
Ahora, después de una larga estancia en Noruega, se encuentra de nuevo en Huelva, junto a su familia, aunque se lo toma con un paréntesis hasta que se retomen los módulos de español en el país escandinavo, para poder regresar.
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Israel Millán, de Zalamea a la meca del cine español
Natural de Zalema la Real, Israel Millán es un nombre que cada vez suena con más fuerza en el mundo cinematográfico made in Spain, después de participar en grandes proyectos audiovisuales tan conocidos como ‘Grupo 7’ o ‘La isla mínima’, ambos del cineasta sevillano Alberto Rodríguez.

Una intensa trayectoria profesional que se inició cuando en el año 2001 se marchó a Madrid para realizar un curso de 3D. Una experiencia que le permitió darse cuenta de que la carrera de Informática que estaba realizando no era lo suyo, de ahí que, a su regreso a Huelva, decidió buscar un hueco en diferentes empresas y medios de comunicación, como sucedió con Atlántico Televisión y D2 Audiovisuales.

Desde Huelva, su salto a la gran pantalla se produjo a partir de 2007, cuando se marchó a vivir a Sevilla, donde tuvo la oportunidad de trabajar en una empresa dedicada a la postproducción, al tiempo que estudiaba el Título de Técnico Superior en Realización de Audiovisuales y Espectáculos. Fue así cómo se introdujo en estos grandes proyectos cinematográficos, donde se encarga del área de los efectos especiales.

“A grandes rasgos, todo plano que lleve efectos visuales en una película pasa por nosotros, por mí. Por ejemplo, cuando los actores hacen escenas de acción arriesgadas y van sujetos por arneses con cables nosotros los borramos. Otras veces nos toca agregar elementos que son peligrosos para hacerlos de verdad en rodaje, como fuego, o reforzar otros como la lluvia, entre otros”, nos comenta este zalameño.

En concreto, tras dirigir dos cortometrajes, su gran oportunidad en el cine le llegó en 2011 cuando la productora ‘La Zanfoña’ de Sevilla lo llamó para que participara en su primera película. Se trataba de ‘Grupo 7′, de Alberto Domínguez, protagonizada por Antonio de la Torre y Mario Casas, una cinta que ha obtenido numerosos premios, como el Goya al Mejor Actor de Reparto y al Actor Revelación, además del respaldo del público en las salas.

Fue su gran oportunidad, sin duda, puesto que después llegaron otros muchos proyectos, tanto de películas, series o cortometrajes, entre las que se encontraron ‘Carmina y Amén’ de Paco León. Y, de hecho, su buen trabajo le permitió que, tras varios proyectos como documentales o cortos, Alberto Domínguez volviera a contar con Israel Millán en ‘La Isla Mínima’, un thriller policíaco protagonizado por Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez, que también obtuvo un gran éxito.

A pesar de estos triunfos, Israel reconoce que no es nada fácil dedicarse a este sector, porque, en muchas ocasiones, debe trabajar como freelance, una circunstancia que ha provocado que, en la actualidad, haya hecho un pequeño paréntesis en el mundo del cine para dedicarse a otros ámbitos.
Pero, siempre, tiene la vista puesta en el ámbito cinematográfico. Un sector que le apasiona, si bien, reconoce que “a mí lo que más me llena es la dirección”. Un mundo, el del cine, en el que cree que Huelva “tiene un gran potencial como plató natural brutal”. La Cuenca Minera es un buen ejemplo de ello.
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El riotinteño Fabián Jowers, toda una vida dedicada a ayudar a los niños huérfanos de Uganda
La Cuenca Minera es una comarca muy solidaria. Una solidaridad que cruza fronteras y que llega a lugares tan insospechados como África, gracias a la labor que viene desarrollando desde el año 2005 el riotinteño Fabian Jowers, fundador de la ONG ‘Música para salvar vidas’. Un auténtico minero por el mundo que, a pesar de la distancia, no ha perdido el contacto con su tierra.
La puesta en marcha de esta entidad, tal y como nos cuenta Fabián, “surgió casi por casualidad, cuando mi mujer comenzó a encargarse de buscar a grupos para un festival de música étnica y localizó a un grupo de niños ugandeses que vivían en un orfanato al que conseguimos traer a España. De vuelta a su país, nos informaron de que el orfanato había sido cerrado y los niños se encontraban en la calle y sin recursos, por lo que decidimos ir allí para ver cómo podíamos ayudarles. Una vez en Uganda, comprendimos que la única manera de mantenerlos seguros era creando nuestro propio hogar para ellos. Y fue así nació nuestra ONG, llamada ‘Música para salvar vidas’”. Por ello, su traslado a África, que en principio iba a tener un carácter provisional, se ha mantenido desde entonces hasta ahora.
Ayudar a estos niños fue la motivación de Fabián Jowers y su familia para cambiar su vida y asentarse en Uganda, donde, desde entonces, trabajan en ‘Música para salvar vidas’ con el objetivo de salvar a niños que han sufrido abusos y abandono a través de un orfanato situado a las afueras de Kampala, capital de Uganda. En su orfanato reciben un hogar y una educación, que complementan con una “formación musical y hemos creado un coro llamado ‘Uganda Natumayini’ de canto y danzas tribales, que ha actuado en España en muchas ocasiones. Estas actuaciones y los apadrinamientos y contribuciones que recibimos nos ayudan a mantener nuestro hogar. En estos momentos todos los pequeños están escolarizados y, en el caso de los mayores, algunos siguen estudios superiores, hacen cursos formativos, musicales y otros están creando sus propias empresas. Todo esto conlleva un esfuerzo económico importante”, nos cuenta Fabián. Es más, el proyecto ha conseguido madurar de tal forma que ya tiene cuatro grupos de música: Uganda Natumayini, Aba Taano, Af NDanza y Kawa.Una labor que ahora han complementado con otro proyecto. Se trata de ‘Tunga’, con el que Fabián pretende cambiar la vida de los niños vulnerables infestados por tungiasis, una enfermedad parasitaria cutánea que afecta a los niños en las regiones central y oriental de Uganda. Inicialmente, “el alcance del proyecto llegará a la pequeña aldea remota de Kikuta en el distrito de Mityana, del centro de Uganda”, nos comenta.
Una infección muy grave que puede afectar muy duramente a sus afectados, además de provocarle infecciones, de ahí que este onubense lanza un mensaje de solidaridad a todos aquellos que quieran colaborar con su propuesta, bien como voluntarios, con donaciones o con material sanitario. Es más, para los interesados en recabar más información del tema pueden contactar con él en el correo electrónico fabian.jowers@gmail.comCon esta nueva propuesta, el riotinteño Fabián Jowers, de padres ingleses, vuelve a demostrar su desinteresada labor humanitaria en favor de aquellos que más lo necesitan. Una loable labor para un auténtico minero por el mundo, puesto que, aunque la mayor parte de su infancia y adolescencia se desarrolló en la provincia de Huelva, fundamentalmente en Minas de Riotinto, a lo largo de su vida también tuvo la oportunidad de vivir en Inglaterra, hasta donde sus padres lo mandaron a estudiar.
Su regreso a España se produjo cuando tenía 22 años, donde, según nos explica, “tiempo después, me casé y formé mi familia”, permaneciendo en nuestro país hasta que se trasladó a Uganda en 2005. Curiosamente, sus dos hijos viven en diferentes países, puesto que residen en Israel y Holanda.
Dos años después de trasladarse a Uganda, Fabian Jowers obtuvo el galardón de Onubense del Año que otorga el diario Huelva Infornacion en la categoría de Solidaridad y Valores Humanos. La propuesta para su nominación fue del también riotinteño Jesús Chaparro. Ese mismo año, Jowers y su esposa, Elisabeth Michot, estuvieron en Minas de Riotinto con el grupo ‘Música para salvar vidas’.
Un ejemplo muy llamativo que pone de manifiesto, una vez más, que la solidaridad no entiende de fronteras. La experiencia del riotinteño Fabián Jowers así lo demuestra. Enhorabuena.
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De Huelva al País Vasco, la historia del campillero José Martínez
José Martínez Domínguez, nacido en Minas de Riotinto en 1969, aunque es de El Campillo, -el pueblo de sus padres, Godofredo y Prudencia-, reside desde muy joven en el País Vasco. A pesar de ello, no se olvida en ningún momento de su tierra, de Huelva.En concreto, este onubense de 49 años vivió en El Campillo durante su niñez, hasta que se marchó con su familia buscando un futuro laboral a Galdácano, ciudad vasca en la que residía su tío. “Mi padre trabajaba en el ferrocarril minero, pero pidió traslado y nos vinimos al País Vasco, donde comenzó a trabajar en Explosivos Riotinto”, nos comenta José.
En la actualidad, Martínez, que trabaja como guardia de seguridad, vive en la ciudad de Zaratamo, donde ha formado una familia, con dos hijos, un niño y una niña, puesto que “me casé con una vasca, aunque sus padres son de Jaén, por lo que los dos tenemos raíces andaluzas”.Una vida en el norte de España que no ha impedido, sin embargo, que “me haya desvinculado de mi tierra. No sé qué tiene Huelva, pero echo mucho en falta todo aquello. Me encanta ir a la provincia. De hecho, para mí, mi tierra es Huelva, El Campillo, porque las raíces siempre tiran mucho. Además, en Huelva siempre hay muchas cosas que hacer”.
Tanto es así que José no falta ningún año a su visita a la provincia. Suele venir todos los veranos a Huelva. Y así lo hace desde 1971, aprovechando también para disfrutar de las playas onubenses. En concreto, le gusta pasar unos días en La Antilla, además de visitar frecuentemente la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. “En nuestra ruta de todos los años no puede faltar una visita a Alájar y a Aracena”, asegura.Y no sólo a él. Porque su mujer y sus hijos también son unos amantes de la Cuenca Minera. Según nos cuenta, “ellos vienen a Huelva conmigo y les gusta mucho. Mi hija, que tiene unos 7 años, siempre me dice que le encanta el río rojo, Riotinto, La Antilla… Y, claro, a todos les gusta mucho la playa”. Así que vienen todos los años. Y eso que no tienen casa aquí, sino que vienen de alquiler.
Visitas que realizan de forma habitual, porque José Martínez conserva a toda su familia en la provincia de Huelva: “Aquí tengo a muchos familiares. Mis primos viven aquí, tanto en Huelva como en El Campillo, sin olvidar que conozco a mucha gente, a muchos amigos, vecinos y otros conocidos. Con todos ellos mantengo un contacto continuo gracias a las redes sociales”.En fin, este vasco de residencia, pero campillero de corazón, lanza un mensaje a todos los onubenses, a los que les dice que “aunque estemos lejos, nuestras raíces, nuestra tierra, siempre se echa de menos. Yo me acuerdo mucho de Huelva. Lo echo todo de menos. Desde la playa, el ambiente que se vive en su día a día, su luz…, todo”.
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Fernando Mallofret: «Si pudiera estaría ahora mismo en mi pueblo, Riotinto»
Fernando Rodríguez Núñez, más conocido en la Cuenca Minera como Mallofret, es un riotinteño nacido en Minas de Riotinto, en la calle Méndez Núñez, junto al Casino de Riotinto, en 1948, por lo que, en la actualidad, tiene 69 años. Su madre era Práxedes Rodríguez Núñez y su padre, Jesús Mallofret Mallofret, aunque no lleva sus apellidos debido a que su padre había tenido un matrimonio anterior, pero convivió con él siempre, de ahí que sea conocido por todos como Fernando Mallofret.
Un onubense que, en 1967, con 17 años, emigró a Barcelona, ciudad que le ha acogido desde entonces, puesto que continúa viviendo en el entorno en la ciudad condal. En concreto, su lugar de residencia es San Baudilio de Llobregat, situada a cinco minutos del centro de Barcelona y a cinco kilómetros del Aeropuerto de El Prat. Una zona en la que hay mucha gente de la comarca, como sucede con Nicolás Vargas, otro minero por el mundo que ha entrevistado Tinto Noticias, amigo de la infancia de Fernando.
Su vida en Barcelona ha sido buena, puesto que, como había estudiado temas de administración en el instituto, estuvo trabajando como administrativo e, incluso, tuvo una empresa propia, formada por una serie de compañeros con los que formó una cooperativa, en la que realizaba tareas de administración, contabilidad y economía. Una entidad en la que estuvo durante 16 años, hasta que se jubiló, coincidiendo, además, con el cierre de la empresa, debido en parte a la crisis económica. Era una organización de calderería, dedicada a aparatos a presión, grandes depósitos o construcciones metálicas a niveles industriales, realizando trabajos, incluso, para la Sociedad General de Aguas de Barcelona o para firmas tan conocidas como Siemens.Pero en Barcelona no sólo encontró trabajo, sino también el amor, porque, según nos cuenta, “me casé con una catalana, aunque sus padres son andaluces, porque su padre es de Jaén y su madre, de Córdoba”. Mallofret se casó en 1975, un matrimonio del que nacieron sus tres hijos, de 41, 39 y 32 años, aunque “todavía no tengo nietos, a pesar de que a mi mujer y a mí nos encantan los niños, así que a ver si mis hijos se animan”.
Como se puede comprobar, una vida completa en Barcelona que no ha impedido, sin embargo, que se acuerde constantemente de su tierra, de Minas de Riotinto. “Donde voy, presumo de pertenecer a la Cuna del Fútbol Español, además de que sigo por Facebook todas las páginas que hay de mi pueblo y de la comarca, especialmente a través de Jesús Chaparro y de mi primo Rafael Cortés García, que vive en Bellavista, además de estar muy pendiente del fútbol”.
De sus años en la Cuenca Minera, Fernando echa de menos “todo, porque viví allí toda mi infancia y juventud y son años que nunca se olvidan. Es verdad que ahora con las redes sociales estoy recordando muchas más cosas, que echo mucho en falta. Por eso, siempre que puedo, voy a Huelva. Suelo ir para las fiestas, que son unos días de reencuentro para muchos que estamos fuera, no sólo en Cataluña, sino también en Madrid o Valencia. Tanto es así que, si pudiera, si no fuera por mis hijos, me iba a vivir allí ahora mismo. Es el lugar en el que me gustaría estar”.Eso sí, este minero por el mundo reconoce que “durante su juventud, la mina estaba en todo su apogeo, por lo que había mucha actividad en la comarca, cosas que se han perdido. Se me parte el alma cuando veo cómo ha cambiado la zona. No puedo olvidar cuando iba con mi padre recorriendo los diferentes pueblos cargados de cosas para la venta ambulante y yo, desde niño, lo acompañaba desde bien temprano”.
Por este motivo, nos cuenta que “se me partió el corazón cuando hace veinte años vinimos a la Feria de San Roque en agosto y, después de que yo estuviera acostumbrado a una gran fiesta con todo abarrotado, con muchas terrazas y bailes con orquesta, había mucho menos ambiente, al tiempo que mucha gente no estaba porque se había marchado esos días a la playa”.
A eso se añadió también los cambios en el mismo Riotinto, puesto que “cuando nos vinimos a Barcelona, mis padres y mis dos hermanas nos quedamos sin casa en Minas de Riotinto, porque la vivienda era de la compañía. Pero, además, todo lo que se conocía de la mina de abajo ha desaparecido, por lo que todo lo que había vivido durante mi niñez y mi juventud ya no existe, así que cuando lo vi me dio muchísima pena, pero es lo que hay. Las explotaciones mineras van comiendo terreno y es así”.Este hecho unido a que tiene poca familia en la comarca ha provocado que no venga todo lo que le gustaría a la Cuenca Minera, sobre todo, desde que sus padres fallecieron. A pesar de ello, durante años, ha estado viniendo a las fiestas de la Virgen del Rosario, que se celebran durante el mes de octubre, “una festividad muy famosa a la que, siempre que podemos, vamos y nos alojamos en el Hostal Atalaya. De hecho, mis hermanas van todos los años”. Eso sí, “mis hijos van poco, porque, aunque los llevábamos mucho cuando pequeños para que conocieran el pueblo, como no tenemos casa allí, al final se va perdiendo el contacto”.
Mallofret también tiene familiares en Nerva, tanto por parte de madre como de padre, siendo una persona muy conocida en la zona, porque su familia ha tenido varios negocios, al ser personas comerciantes, tanto en la plaza de abastos, como con una tienda de ultramarinos, mientras que su madre tenía una mercería.
Por todo ello, para despedirse, Fernando Rodríguez Núñez nos dice entre lágrimas, muy emocionado, que “los llevo en el corazón. Soy muy blando y se me saltan las lágrimas cuando pienso en la Cuenca Minera. Ahora mismo, estoy llorando recordando todas las cosas de mi vida. Los echo mucho en falta. Me gusta mucho mi pueblo y lo llevaré siempre conmigo. Tanto que, si pudiera, estaría allí ahora mismo, a pesar de no ser lo que era”.
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Elisa Guijarro, una campillera residente en Cataluña que no olvida su tierra
Nacida en la calle Italia de El Campillo, donde vivió durante toda su infancia y juventud, Elisa Guijarro Castañeda es una campillera que, desde hace nueve años, vive en la costa de Tarragona. Un destino en el que se ha asentado después de haber residido en diferentes países europeos. Y es que Elisa se marchó de Huelva siendo muy joven. Se fue a Alemania con su familia, país al que primero se marchó su madre con su hermana mayor, mientras que su padre se quedó un año más trabajando en la mina.
Estando en Alemania, esta campillera conoció al que es su marido, que es asturiano, con el que se marchó a vivir a Francia, donde ha residido durante 42 años. Y es que, según nos cuenta, “aunque mi madre estaba en Alemania, cuando me casé, nos fuimos a Francia, porque la familia de mi marido estaba allí”.
De su matrimonio nacieron dos hijos, ninguno de los cuales vive en España, puesto que el mayor reside en Francia, mientras que el segundo, estando de vacaciones en nuestro país, conoció a una chica suiza con la que se casó y con la que vive en Suiza. Además, tiene tres nietos, uno de 20 años que vive en Francia, así como una niña de 6 años y un niño de 3 en Suiza.“Mis hijos sí conocen la Cuenca Minera. Han ido muchas veces, porque, cuando vivían mis padres, yo iba todos los años. La verdad que a ellos les gusta mucho Huelva, pero, desde que mi madre murió hace cinco años, no van. Ahora vienen a vernos a Tarragona, así que quizás vaya este año para Huelva”, nos comenta Elisa.
En la actualidad, con 68 años, Elisa mantiene una casa en la calle Sevilla de El Campillo, a la que suele venir de vez en cuando, porque tiene un hermano en Zalamea. Sin embargo, reconoce que no viene demasiado, porque ya no tiene a sus padres y es su hermano el que la visita en ocasiones en Tarragona. De hecho, su otra hermana vive en Barcelona.A pesar de estar lejos de su tierra, el balance de esta campillera de todos estos años es positivo, porque se siente muy contenta de la vida que ha tenido. Realmente, reconoce que “no echo mucho de menos la Cuenca Minera, porque cuando me marché de mi pueblo sólo tenía 13 – 14 años. Luego, me casé muy joven y me fui a Francia, pero sigo teniendo casa en El Campillo”.
Esto no quiere decir que Elisa no recuerde sus años de infancia y juventud en la Cuenca, una etapa de la que no se olvida de “mis amigas, como Fali, así como de mi prima Virginia de El Campillo. Fueron años muy bonitos, en los que también estuve muy contenta allí”. Eso sí, nos cuenta que le gusta más el estilo de vida de una ciudad que la de un pueblo, además de ser una enamorada del mar, de ahí que se encuentre muy bien viviendo en la costa mediterránea.De sus años en El Campillo, Guijarro recuerda cuando iba a dar paseos, a hacer la compra, a lavar la ropa, cuando salía a jugar en la calle, cuando hacía la limpieza los sábados por la mañana con su madre o, incluso, cuando iba a buscar el agua a los pozos con los cántaros en la cabeza. Recuerdos que mantiene muy vivos, teniéndolos muy presentes.
Por ello, para despedirse, manda emocionada “un saludo a todos los vecinos de El Campillo y, en especial, a mis amigos de la calle Italia y a Fali, sin olvidar a mi hermano Rafael y a mi cuñada Mari Carmen, que viven en Zalamea. A todos les mando muchos recuerdos”.
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El campillero José Manuel García Almeida, el conocido endocrino del programa ‘Saber vivir’ de TVE
A muchos les sonará la cara de José Manuel García Almeida por haber sido durante más de un año y medio el endocrino y nutricionista de cada viernes en el programa de TVE ‘Saber vivir’, durante la etapa en la que lo presentaba Mariló Montero. Lo que muchos no sabrán es que este conocido médico, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición en el Hospital Quirón de Málaga y endocrinólogo del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga, es natural de Huelva y, en concreto, de El Campillo.
Un profesional que se decantó por la Medicina, porque “era algo que me gustaba desde siempre. Realmente, desde joven me habían atraído las ciencias, a la vez que me encantaba el trato con la gente, por lo que pensé que estudiando Medicina podía desarrollar perfectamente estas dos facetas. Es cierto que en mi familia no había ningún médico, pero, a pesar de ello, me gustó esta carrera”.Estudió en la Universidad de Sevilla, especializándose en Endocrinología y Nutrición, dos ramas muy completas y que considera fundamentales, puesto que la primera estudia el funcionamiento de las hormonas y la segunda, el metabolismo, de ahí que sea un gran conocedor de problemas tan habituales como la diabetes, la obesidad, el tiroides, el metabolismo o la celiaquía. Y, más concretamente, es experto en el tratamiento de la cirugía bariátrica, nutrición clínica y tratamiento hospitalario de la diabetes.
Pero es curioso que, anteriormente, al acabar la carrera, García Almeida realizó la especialización en Medicina Familiar vía MIR en el Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva. De hecho, estuvo tres años como médico de familia en el Juan Ramón, así como en el Centro de Salud del Molino de la Vega de la capital. En concreto, estuvo viviendo en Huelva hasta 1997, año en el que se marchó a Málaga, donde continúa residiendo en la actualidad. Fue en Málaga, en el Hospital Universitario Carlos Haya, donde se especializó en Endocrinología y Nutrición Clínica, también vía MIR.En Málaga hizo la Residencia en el Carlos Haya, para después pasar al Hospital Universitario Virgen de la Victoria, donde lleva quince años siendo el Responsable de Nutrición Clínica. Un trabajo que compagina con la Jefatura del Servicio de Endocrinología y Nutrición en el Hospital Quirón Málaga. Por este motivo, el balance que hace de todo este tiempo en la capital malagueña es muy positivo, porque “Málaga es una tierra muy acogedora. Son muy parecidos a los onubenses, me identifico mucho con esta cultura abierta, muy fenicia, de puerto, de gente que entra y sale. Es cierto que la Cuenca está más en la Sierra, pero yo estudié en el instituto en Huelva capital y eso también se nota. Y los malagueños son personas que se dejan querer”.
A todo ello hay que añadir, como hemos comentado, que este médico onubense estuvo más de un año colaborando con el conocido programa de TVE ‘Saber Vivir’, en la etapa en la que fue presentado por Mariló Montero. “Fue una experiencia muy buena, muy interesante. Mi misión era hablar de nutrición y de cuestiones como la diabetes y, aunque no era mi medio natural, la verdad es que fue positivo. Todo aporta”, según nos dice, al tiempo que nos cuenta que “siempre reivindicaba en el programa que soy de Huelva, una tierra única llena de contrastes, con mar y sierra”. Una etapa en la que se convirtió en un rostro conocido y, de hecho, aún lo reconocen por la calle.En cualquier caso, tras más de veinte años en Málaga, donde vive con su mujer, Mera Martínez Alfaro, y sus dos hijos, nacidos allí, Marina, de 17 años, y Jesús, de 12, se siente muy querido en la provincia malagueña. Eso sí, reconoce que no pierde sus raíces onubenses. Todo lo contrario. Según nos cuenta, “mi familia la tengo en El Campillo. Allí están mis padres y uno de mis hermanos, mientras que mis dos hermanas viven en Huelva. Así que ahí tengo mis raíces, por lo que paso algunas temporadas en Huelva, como, por ejemplo, en Navidad”.
En general, reconoce que “soy un gran defensor de todo lo onubense. Por ejemplo, la comida. Soy un amante del jamón y las gambas, que siempre los compro en Huelva y me los traigo a Málaga. Pero, además, la cultura minera siempre me ha atraído mucho. Es una zona que me encanta y a la que añoro, porque es un lugar donde se ha desarrollado mucho la cultura, quizás por ese espíritu británico que lo impregna. A pesar de estar alejada de la capital, son muchas las personas que han estudiado una carrera en la comarca y que desarrollan actividades de gran interés”. Es más, “en el hospital tengo dos compañeras de Huelva, Mónica y Pilar, con las que tengo muy buena relación. Los médicos choqueros nos cuidamos entre nosotros”.Por todo ello, para despedirse, José Manuel asegura que “me siento muy orgulloso de mi tierra. Creo que es fundamental defender nuestras raíces, porque hay muchos motivos para sentirse afortunado de pertenecer a la Cuenca Minera. Cuestiones como el mineral, la agricultura o el desarrollo intelectual tan notable de la zona son algunos puntos a tener en cuenta. Por este motivo, yo siempre llevo mi Huelva por delante”.
