Categoría: Opinión

  • Todos con Peña de Hierro, impresiones tras el incendio de Nerva

    Todos con Peña de Hierro, impresiones tras el incendio de Nerva

    Es difícil no dejarse llevar por los sentimientos cuando se trata de valorar y analizar algo que nos produce un impacto brutal. He podido comprobarlo personalmente con motivo del incendio que ha arrasado esta semana uno de los espacios más emblemáticos de la Cuenca Minera de Riotinto, el entorno de la Sierra de San Cristóbal y el paraje de Peña de Hierro.

    Desde que el fuego arrancó en Nerva alrededor de las cuatro de la tarde del jueves 2 de agosto hasta que se ha dado por controlado a mediodía del domingo 5, se han sucedido una serie de acontecimientos que me han causado una profunda impresión y me han hecho reflexionar acerca de valores, de prioridades y, sobre todo, de la condición humana. Ha sido un cúmulo de impresiones y sensaciones que en su mayoría prefiero asimilarlas en un plano personal, pero no me resisto a aprovechar este espacio para compartir algunas con quien pueda estar interesado. Son seis; todas están relacionadas con personas y con profesionales.

    1.- Héroes. Este es el calificativo que más se repite para referirse a las personas que han trabajado en la extinción del fuego. Se queda corto. Verlos en acción te deja sin palabras y provoca una mezcla de admiración y agradecimiento infinito. Arriesgan su vida. No es un eslogan, es la pura verdad. INFOCA, UME, efectivos provinciales y comarcales, agentes forestales… da lo mismo. No es una cuestión de siglas ni de tareas. Y no quiero olvidar a otros profesionales no directamente implicados en la extinción pero sí en labores imprescindibles: Policía Local, Guardia Civil, Protección Civil…

    2.- Eficaces. Nunca había asistido en primera línea a la labor de coordinación y seguimiento de un operativo de extinción de incendios. Es impresionante. Mi conclusión no puede ser más optimista: estamos en buenas manos. Las horas que he pasado en el Puesto de Mando Avanzado contemplando a los técnicos responsables de la toma de decisiones me han hecho sentir orgulloso de la calidad, la eficacia y la dedicación del Grupo de Emergencias de Andalucía (GREA) y resto de organismos y entidades implicadas. Sin duda lo más llamativo es la aportación de los efectivos aéreos. La espectacularidad de sus intervenciones es innegable, pero no lo es menos la complejidad, la coordinación, la precisión, la velocidad de respuesta…

    3.- Políticos. Son incontables los comentarios en redes sociales críticos con la presencia de políticos para “salir en las fotos”. Son injustos y parciales. He “convivido” muchos años con políticos y lo sigo haciendo. Sé cómo se comportan. En el caso que nos ocupa es cierto que salen en las fotos, pero no solo han hecho eso. Si aceptamos que muchas veces se usa el término “políticos” en sentido peyorativo, debo decir que yo no he visto “políticos” en el incendio de Nerva; he visto personas ejerciendo las responsabilidades de su cargo con seriedad y dedicación. El lucimiento mediático es cuestión de minutos. Las “personas con cargos” que he visto de cerca estos días han estado ocupados y preocupados muchas horas, de día y de noche, fuera de focos y micrófonos. Alguno de ellos incluso luchando personalmente con las llamas, anteponiendo su profesión a su cargo. Incluso he visto alcaldes de diferente signo político colaborando entre ellos y ofreciéndose.

    4.- Oportunistas. Lamento mencionar una excepción a lo comentado en el punto anterior, precisamente por el contraste con el tono general. No han faltado quienes han querido aprovechar la tragedia para tratar de sacar rédito político con críticas inapropiadas, inoportunas y sin fundamento. No era el momento ni el lugar. Sé –porque me lo han comentado personalmente- que en sus propias filas se sienten avergonzados. El culpable de lo ocurrido es el desalmado que pendió la mecha. No hay que buscar más.

    5.- Necesarios. En acontecimientos como éste se pone de manifiesto el importante papel y la necesidad de los medios de comunicación locales, entendiendo el término local en su máxima expresión: comarcal, de pueblo. Hay en la zona del incendio una emisora de radio y televisión, Onda Minera RTV Nerva y varios valientes que tratan de consolidar proyectos informativos online, como Tinto Noticias. Inmenso el trabajo realizado, que ha servido de fuente y referencia para medios de todo el país, incluyendo imágenes emitidas en telediarios nacionales (no siempre citando la procedencia). Mi enhorabuena a estos profesionales.

    6.- Unidos. No puedo terminar estas líneas sin referirme al personal de Fundación Río Tinto. Baste decir que en la primera noche, en cuanto pudimos pasar a evaluar el impacto en nuestras instalaciones de Peña de Hierro, me sorprendió la reacción espontánea de varios compañeros acarreando cubos de agua y sofocando llamas a varetazos, junto a varios policías municipales de Nerva. A la mañana siguiente citamos a todo el personal en el Museo Minero para informarles del alcance de los daños. Había preocupación en sus rostros; se ha visto afectado uno de los enclaves más atractivos del Parque Minero y ello nos obligará a recomponer nuestra actividad hasta que podamos volver a la normalidad. Pero se notaba por encima de todo la unión de un equipo dispuesto a superar dificultades. Un lujo trabajar con gente así. Es la misma unión que se percibe en toda la buena gente de la comarca.

    Concluyo refiriéndome a los dos hashtags que circulan en relación con el incendio #SEMEQUEMAELCORAZON y #TodosconPeñadeHierro Es obvio que este partido lo vamos a ganar.

    José Luis Bonilla, director general de la Fundación Río Tinto

  • La locomotora número 51

    La locomotora número 51

    ‘La locomotora número 51’, relato de Chema García ganador del III Concurso de Relatos Cortos ‘1888, Año de los Tiros’, convocado por la Asociación ‘El Doblao’ de Minas de Riotinto:

    Los pocos que la conocían comenzaron a llamarla “Manguara” por el color de su pelo, de un blanco como lechoso y turbio. La pequeña perrita apareció en Zarandas el lunes 6 de febrero, dos días después de la masacre que tuvo lugar en la plaza del ayuntamiento de Minas de Riotinto. De aquello habían pasado ya varios meses y, asustadiza y esquiva, apenas se movía de aquel terreno en el que se rumoreaba que la Compañía tenía intención de construir un cementerio para los vecinos de la aldea de Naya.

    Arcadia, vecina de la pedanía, había sido barcaleadora, prueba de ello era la calvicie que, a modo de tonsura, se podía adivinar en su cabeza. Esposa y madre de mineros, había perdido a Manuel, su querido Manuel, aquella fatídica tarde del sábado cuatro de febrero, su nombre no aparecía en la lista de fallecidos que había publicado la Compañía en la que aparecían trece nombres. ¡Trece nombres!, ¡todos sabían que habían sido muchos más los que perdieron la vida aquella tarde! De hecho, fueron muchas las casas en cada villa de la cuenca minera, cuyas puertas jamás volvieron a abrirse. ¿Qué habían hecho con tanta muerte? Nadie lo sabía, nadie sabía dónde llorar a los cuerpos de sus seres queridos que lo único que hicieron fue reclamar unas míseras mejoras laborales. Tampoco Arcadia lo sabía. Sus hijos pasaron a formar parte de una lista roja y ya les habían comunicado que debían abandonar la casa que la propia empresa les había facilitado y, como tampoco tenían tanto que llevarse, hacía varios días que tenía preparado el escueto equipaje. Se había encariñado con la perrita y, cuando partieran, se la llevarían a su tierra. Volverían a León, sin su Manuel, con menos aún de lo que trajeron.

    Conforme salía de la aldea, se extrañó de que “Manguara” no saliera a su encuentro. Había logrado ganarse su cariño y confianza a base de llevarle algunos restos de comida y agua. Aquella mañana le llevaba un hueso de espinazo que, de tanto como lo había cocido, más bien parecía un trozo de madera. Cuando llegó hasta el terreno donde ya habían delimitado las dimensiones del futuro cementerio de San Andrés, más le extrañó aún ver a la perra en brazos de una niña, como si realmente la conociera.

    • ¡Buenos días, chiquilla!, ¿qué haces aquí, solita?, ¿te gusta esta perrita?, se llama “Manguara” –le dijo a la pequeña, con voz dulce, tratando de no asustarla.

    La pequeña levantó su rostro gris y sucio. Sus oscuros ojos parecían dos abismos infinitos, llenos de dolor y silencio, como los ojos de muchos vecinos de la cuenca minera después de lo que había sucedido.

    Mientras acariciaba a la perra, sin dejar de mirar a Arcadia, comenzó a hablar, con una voz débil.

    • No se llama Manguara, se llama Lunera y siempre estaba junto a mi padre, incluso cuando iba a la mina lo esperaba paciente y fielmente, en la boca del pozo, hasta que papá terminaba su faena. Allí donde estaba papá, allí estaba Lunera, siempre, siempre…
    • Y, ¿dónde está tu papá, pequeña? –la interrumpió Arcadia, mirando a su alrededor, tratando de comprobar si alguien la acompañaba. Era una niña demasiado pequeña para estar sola allí, en medio de ninguna parte.
    • No lo sé, nadie lo sabe –contestó la pequeña con toda la naturalidad del mundo–. Lo mataron los soldados, en Riotinto. Me separaron de él y me llevaron a una casa, junto a la estación del tren. Lunera permaneció junto a él, como siempre hacía, hasta que se lo llevaron. Hay quien dice que enterraron a papá, y a muchos otros, en algunos de los pozos que ya no utilizan, otros dicen que los llevaron hasta el mar y que allí, desde el muelle de la compañía, arrojaron los cuerpos al mar…

    Arcadia ya había escuchado mil versiones sobre lo ocurrido, pero escuchar hablar de aquello a una niña tan pequeña, con tanta naturalidad, la estremeció.

    • …Aquella noche, desde la ventana de la casa, cerca de la estación, fue la última vez que vi a Lunera. Corría, ladrando, como desesperada, detrás de una locomotora que arrastraba una batea. Era muy tarde y no me atreví a llamar a Lunera por temor a despertar a alguien. Fue la última vez que la vi, creía que nunca más volvería a verla…

    Arcadia comenzó a temblar y una macabra idea comenzó a formarse en su cabeza. Junto al yermo solar en el que estaban había una vía de tren, por ella pasaban numerosos trenes cada día, arrastrando vagones cargados de mineral en un sentido y vacíos a su vuelta. Había comprobado que “Manguara”, cada vez que pasaba la locomotora número 51, salía corriendo tras ella. Le resultaba extraño que tan sólo reaccionara así con esa locomotora, de entre todas las que por allí pasaban. Se arrodilló junto a la niña, puso sus manos en sus hombros y, con sus ojos bañados por las lágrimas que creía que ya no le quedaban, reunió el coraje suficiente para formular una pregunta cuya respuesta temía:

    • ¿Por casualidad, viste el número de aquella locomotora, aquella noche?

    La pequeña le sostuvo la mirada, no tardó en contestar pero aquellos segundos le parecieron eternos.

    • Estaba oscuro pero, al pasar por la estación, pude ver claramente su número, era la locomotora número 51…

    Arcadia se abrazó con fuerza a la pequeña y comenzó a llorar, como creía que jamás podría volver a hacerlo. Y sus lágrimas cayeron sobre una tierra manchada de sangre que en sus entrañas guardaban a su Manuel y a cientos de las víctimas de aquella aciaga tarde del sábado 4 de febrero de 1888.

    “Manguara”no viajaría con ella y sus hijos a León, se quedaría allí, junto a su dueño.

    Chema García, escritor

  • El amor de Jurita y Zatel hace 5.500 años

    Cuento de primavera ‘El amor de Jurita y Zatel hace 5.500 años’, de Francisco José Martínez lópez, catedrático de la Universidad de Huelva

    Faltaban dos lunas para la fiesta del equinoccio primaveral y a la joven Jurita no la dejaban salir, pues su padre, el todopoderoso Antolu, Señor del Cobre, la había castigado.

    No sabía muy bien la causa de su afrenta. No había dejado de hacer sus labores y su madre Rosula, no le había dicho nada. Le preguntó a una amiga que vino a verla y ésta le dijo que al parecer el escarmiento era debido a que la habían visto hablando con un chico de la mina próxima del país del mago, un hijo de un simple escoriador, que llevaba el mineral al monte para hacer la metalurgia y luego hacia caminos diseminando las escorias para poder seguir llevando minerales a donde estaban los árboles, que, al cortarse muchos, cada vez crecían más lejos de las minas.

    Jurita se había enamorado de un joven de la clase baja, y era la hija del más opulento de los señores mineros, y su familia no permitiría que se uniera con él. Ella era una niña llena de sofisticación, que vestía con ropas confeccionadas con tejidos nobles y que siempre se adornaba de pendientes, collares, anillos de cobre, plata y oro, y que tenía el cinturón más bonito de la comarca, hecho de cobre, en el que estaba grabada la preciosa figura de un cervatillo. Además, era culta y había viajado con su familia incluso más allá de los grandes ríos el Anás y el Certis, y era de las pocas jóvenes de la región que había visto el mar.

    Su padre comentaba con los amigos que no la dejaría salir de su fortificada casa hasta que no le encontrara un marido apropiado y que iba a enviar un emisario a los señores de las otras minas, incluso al otro lado del rio Anás, para que anunciase que convocaría una prueba a la que se sólo se podrían presentar los hijos de señores y que quien la ganara se casaría con ella.

    Fijó la prueba precisamente para el día de la fiesta del equinoccio primaveral, cuando la noche y el día eran iguales. La noticia se propagó rápidamente y los jóvenes herederos de las minas se empezaron a preparar, no sabían qué prueba era, pero había que estar prevenidos.

    Cuando Jurita se enteró, lloró desconsoladamente. Sólo pensaba en Zatel, su adorado amor, que era inteligente, sensible y con mucha determinación. Y él se enteró también, y sabía que no podría participar ya que era hijo de un pobre, no de un rico Señor de la metalurgia.

    Zatel era soñador, inteligente y adoraba la naturaleza, se peleaba con su padre porque cortaba árboles para hacer grandes piras en las que fundir los metales y, según iba observando, los bosques se acabarían y tendrían que emigrar de allí. La necesidad de energía en forma de madera para quemar, hacía que la mitad de los bosques estuvieran ya totalmente desaparecidos.

    De eso hablaba con Jurita, de un mundo idílico en comunión entre el hombre y la naturaleza, en la que no se destruyera su entorno. No veían claro su futuro sin árboles y pensaban que el Dios de la naturaleza se rebelaría.

    Zatel había estado viendo muchas veces los fuegos para fundir metales y había estado en otras minas próximas trabajando con su padre. Después de observarlos, se dio cuenta que si se concentrara el calor en un solo punto quizás se alcanzaría más fácilmente la altísima temperatura necesaria y se precisaría utilizar menos cantidad de madera, con lo que se evitarían cortar tantos árboles. Pensó en hacer un horno con piedras y con una tobera para la ventilación. El horno estaría en un hueco en el suelo y tendría una entrada de aire y este saldría sólo por arriba para controlar la temperatura. Lo probó en un sitio apartado y vio que funcionaba mejor que los fuegos al aire libre que todos hacían. Se dedicó a perfeccionarlo y no se lo contó a nadie.

    En cuanto se enteró Zatel de la reclusión de su amada habló con una de sus amigas y le dio un ídolo oculado que él mismo había hecho en una pequeña piedra blanca casi transparente. La amiga se lo llevó a Jurita con el mensaje de que intentara escaparse, que él la esperaría en la luna llena anterior a la fiesta del equinoccio.

    Ella le dijo a su amiga que así lo haría y empezó a ver la forma de salir de su casa. Primero pensó en simular una enfermedad y que tenía que salir a respirar mejor al aire libre, pero no surtió efecto. Luego al comer las almejas y coquinas muy apreciadas en el Andévalo y que ella tanto detestaba, hizo como que le había sentado mal y debía ir a hacer constantemente sus necesidades y así poder en alguna ocasión sin vigilancia y escaparse. Tampoco dio resultado y en la luna llena Zatel se quedó esperando inútilmente a su amada. Su tristeza fue enorme, pero no desistió en buscar la forma de estar con ella.

    La prueba que había ideado el padre para buscarle marido consistía en que el participante debería hacer un enorme fuego y alcanzar la temperatura suficiente como para poder fundir mineral y obtener los metales, sobre todo el cobre. Eso era algo muy difícil, pues se necesitaba muchísima cantidad de madera. Cada pretendiente podría traer a cinco sirvientes para que lo ayudaran.

    Zatel sólo pensaba cómo participar en la prueba y ganarla para poder unirse a su amada. Pensó en hacerse pasar por el hijo de un Señor del Cobre de más allá del Certis, pero como ya lo conocían no creía que el engaño resultara.

    Al final decidió ir por derecho, se presentó a la prueba, pero no lo dejaban participar. Habían llegado siete pretendientes con sus cinco sirvientes cada uno para ayudarles. Entonces decidió jugársela a una carta.

    Gritó en todo el poblado que él era capaz de fundir más metales que todos los demás juntos y que si perdía daría su vida a cambio y si ganaba se podría casar con su amada la bella Jurita. Antolu, el padre, vio una oportunidad de quitarse definitivamente al joven Zatel, y que no se entremetiera en el futuro de su hija. Así que, después de meditarlo, decidió dejarlo participar, con la esperanza de poderlo eliminar quemándolo en la misma hoguera de los metales.

    Llegó el día de la prueba, en las fiestas del equinoccio de primavera y cada uno de los participantes se presentó con sus cinco sirvientes y Zatel también con 5 amigos. Pero Antolu, el padre, Señor del Cobre, había pensado como eliminar a Zatel y le dijo que lo tenía que hacer él sólo, ya que los que traía no eran sus sirvientes. Zatel se vio ya perdiendo la prueba y muriendo en el fuego.

    Pero ya no se podía echar atrás, tenía que seguir y se puso manos a la obra. Necesitaba conseguir fundir más mineral que la suma de los otros siete contendientes. Para realizar la prueba les habían traído las piedras de mineral para obtener lo metales y las tenían en un cúmulo muy grande donde cada uno de los participantes podía coger lo que necesitara y en otro gran montón tenían las maderas de los árboles.

    Empezó la prueba, que duraría un día completo y luego esperarían a que se enfriaran los metales para pesarlos. La pobre Jurita lo presenciaba todo atenazada por el miedo, su amado casi seguro que iba a perder la vida. Todos empezaron a hacer una gran plataforma de leña al aire libre, poniendo muchos palos unos encima de otros. Zatel, en cambio, empezó a poner piedras en un hueco en el suelo en forma de horno y a dejar una entrada de aire, además se había traído restos de cerámicas para ponerlas en la pared interna del horno. Cuando los siete contrincantes ya tenían la pila encendida, él todavía no había podido meter la madera, pues estaba terminando la salida del aire a través de una pequeña chimenea que permitía salir el aire que entraba por la tobera. Cuando empezaban a poner los minerales los contrincantes, Zatel no había ni puesto la madera.

    Ya había siete grandes fuegos quemando mucha madera y los sirvientes constantemente echando más leña. En cambio, después de varias horas de arduo trabajo, Zatel empezó a meter madera y, en tandas, a poner piedras de mineral con otras de madera encima, de forma que cuando encendió el horno empezó a funcionar muy lentamente.

    Toda la gente estaba segura que Zatel perdería y el Señor del Cobre también, incluso se reían de él. La única con esperanzas, aunque no dejaba de llorar era Jurita.

    Zatel, no obstante, no paraba en su quehacer, había usado menos leña que sus contrincantes, pero más mineral, mucho más. Para avivar el fuego había hecho un artilugio muy eficaz, con piel de cabra había hecho una especie de fuelle y empezó a bombear con él aire por la tobera y el horno empezó a funcionar, alcanzando interiormente una enorme temperatura que fundía sin problemas el mineral y obtenía el cobre derretido abajo. Los demás seguían echando muchísima leña con el mineral fundiéndose muy muy lentamente.

    Terminó el día y el Señor del Cobre ordenó pararse a todo el mundo. Esperarían al día siguiente para pesar le cobre obtenido. Estaba seguro que el joven Zatel perdería, así que mandó detenerlo y encerrarlo para que no escapara. Ya estaba festejando que iba a conseguir un marido para su hija y se iba a quitar de en medio a ese joven pobre al que su hija amaba.

    Al día siguiente se reunieron todos para festejar la salida del sol del equinoccio y la entrada del primer rayo de luz en el fondo del dolmen cercano al poblado, cosa que sólo ocurría ese día y en el del equinoccio de otoño, y luego fueron a medir el cobre obtenido.

    Empezaron por los siete pretendientes y pesaron lo obtenido por cada uno, en general poca cosa, aunque uno, el hijo del Señor del Urium, había conseguido la mayor cantidad de ellos, y ya Antolu lo había abrazado y todo.

    Por último, fueron a ver el horno de Zatel y cuando sacaron el cobre obtenido todos quedaron perplejos, había una cantidad enorme. Era el que más tenía, pero él necesitaba obtener más que todos los demás juntos. Pusieron en un gran madero a modo de balanza en una parte lo de Zatel y en otra la de los demás y la pusieron en equilibrio sobre una piedra, si se inclinaba para Zatel viviría y se casaría con Jurita, si iba para el otro lado moriría.

    Zatel temblaba, Jurita lloraba, y al terminar de poner el cobre y ponerlo en contrapeso en la balanza, ésta se quedó sin moverse un pequeño momento, que para Zatel y Jurita fue casi infinito, hasta que se inclinó para el lado de Zatel. La gente pobre del poblado y los trabajadores que habían venido de lejos gritaron de alegría, los señores del cobre invitados enmudecieron.

    Zatel había ganado, pero la prueba no había terminado. El Señor del Cobre, padre de Jurita, dijo que él cumpliría su palabra y que lo dejaría casarse con su hija. Entonces, uno de los padres de un participante, el Señor del Tamur, se fue a por el joven ganador y le dijo que había hecho hechicería. Sacó su daga y fue a matarlo. Entonces el padre de Jurita, se interpuso y recibió él la punzada del puñal, que lo hirió mortalmente.

    Las gentes se abalanzaron contra el atacante hasta reducirlo y Antolu, ya moribundo llamó a su hija y a Zatel, y antes de morir les dio su bendición. Zatel se convirtió en marido de Jurita y en el Señor del Cobre y de los metales y modernizó la metalurgia hasta niveles nunca vistos en esta parte del mundo.

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    PD. En la faja pirítica de Huelva vivió hace 5500 años una de las civilizaciones más avanzadas de todo el mundo de su época y sin parangón en Europa. Su principal avance eran las técnicas metalúrgicas, sobre todo gracias a la invención de los hornos con toberas que permitían conseguir más 1.000° grados centígrados con facilidad. Era una sociedad con clases sociales y muy avanzada en su nivel de vida, con alimentación variada de carnes, peces y moluscos y productos del campo, así como unas normas sociales diferenciadas del resto de sociedades de la península Ibérica. Este cuento se ha realizado para recordar a estos míticos metalúrgicos y se publicó en el Cerro del Andévalo en la Revista de la Romería de San Antonio Abad de 2018.

  • Tú eliges

    “En el segundo día de mis anheladas holidays me acordé, antes del brunch, de que le tenía que hacer un favor al VIP de mis amigos, Manolo, the best. Como sé que siempre está online, le mandé un email para que me lo explicara. Él me aconsejó que chateáramos por su web, y así lo hice:

    MANOLO: Quillo, tengo que redactarle a mi manager un estudio de marketing sobre el boom de las mountainbikes entre los urbanitas. Clikea este link y verás un ranking de ventas de bicis. Hazme tú el sumario de estos datos, ¿no?

    YO: ¿Y tú mientras, qué, darling? A leer cómics, ¿no?

    MANOLO: ¡Qué va, chaval! Tengo que hacer una comparativa entre los hobbys deportivos actuales: el gym, el running, el dancing, la play, el camping, el yoging… Y demostrar que las bikes están en alza. Por cierto, ¿vas a ir luego al self service de la facultad? Allí estará seguro tu showgirl preferida, Lola, la chica más fashion y más cool del campus, con su look total.

    YO: No creo, tío. He quedado con Luis, el discjokey de la party del otro día. Quiere hacer una performance ochentera, y me pidió ayuda. Me llevaré mis Long plays, para que el flashback sea más auténtico. Y luego iré de shopping, ¿sabes con quién?

    MANOLO: ¿Con Lola?

    YO: ¡Digo! Pero, como siempre, yo iré en plan casual.

    MANOLO: Entonces, me olvido de lo mío, ¿no?”

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    “En el segundo día de mis anheladas vacaciones me acordé, antes del salir a tapear, de que le tenía que hacer un favor a Manolo, el mejor de mis amigos. Como sé que siempre está conectado, le mandé un correo para que me lo explicara. Él me aconsejó que habláramos por su página, y así lo hice:

    MANOLO: Quillo, tengo que redactarle a mi gerente un estudio de mercado sobre el auge de las bicis de montaña entre los urbanitas. Pulsa este enlace y verás una clasificación de ventas de bicis. Hazme tú el resumen de estos datos, ¿no?

    YO: ¿Y tú mientras, qué, querido? A leer tebeos, ¿no?

    MANOLO: ¡Qué va, chaval! Tengo que hacer una comparativa entre las aficiones deportivas actuales: la gimnasia, las carreras, el baile, las videoconsolas, las acampadas, el yoga… Y demostrar que las bicis están en alza. Por cierto, ¿vas a ir luego al autoservicio de la facultad? Allí estará seguro tu chica espectacular preferida, Lola, la chica más a la moda y más bonita de la Universidad, con su imagen rompedora.

    YO: No creo, tío. He quedado con Luis, el pinchadiscos de la fiesta del otro día. Quiere hacer una función ochentera, y me pidió ayuda. Me llevaré mis elepés, para que la retrospectiva sea más auténtica. Y luego iré de tiendas, ¿sabes con quién?

    MANOLO: ¿Con Lola?

    YO: ¡Digo! Pero, como siempre, yo iré con ropa informal.

    MANOLO: Entonces, me olvido de lo mío, ¿no?”

    MENOS BANDERITAS EN LOS BALCONES Y MÁS DEFENSA DEL IDIOMA, AUNQUE YA SEA TARDE.

    José Enrique Santana, Licenciado en Filología Hispánica

  • Raíces

    En Fahrenheit 451, Ray Bradbury nos presenta una sociedad que quema libros y castiga a quienes los utiliza. Yo no soy capaz de imaginar una sociedad así. Los libros forman parte de mis raíces, de mis orígenes, y considero que son inherentes a la evolución racional del ser humano. Da igual la forma en que el ser humano los escriba y las distintas posibilidades de recepción que se empleen. La necesidad de comunicar o de conocer, la búsqueda de la aquiescencia colectiva, del desahogo personal, de la catarsis reponedora, de la evasión confortable, y sobre todo la urgencia de la denuncia valiente… Son todos caminos sin los que no seríamos lo que somos. Sin semejantes raíces nada sería igual.

    En esta novela, el personaje principal, Guy Montag, termina adentrándose en el bosque de los hombres-libro para ser ayudado en su huida. Los hombres-libro habían memorizado textos de libros para que estos no se perdieran. Eran antiguos profesores. Eran héroes que decidieron poner sus capacidades al servicio de la especie. Mantuvieron con su memoria nuestras raíces.

    Muchas de las personas mayores y ancianas que nos acompañan son especies de “hombres-libro” o “mujeres-libro”, cuyo valor reside, más allá del cariño, en su experiencia: sus ojos han visto cosas que apenas podríamos creer (como diría el replicante Roy Batty). Por ello, entre otras muchas razones, debemos cuidarlas. Son tesoros cuyo legado depende de nosotros, de cómo lo recibamos y de cómo lo hagamos perdurar. Nuestras raíces permanecerán firmes si logramos que ese tesoro nos acompañe en nuestras vidas.

    Por desgracia, últimamente los mayores y los ancianos son noticias única y exclusivamente por motivos económicos. Ya he leído y oído en varios medios el término “viejenials”, para referirse a personas mayores jubiladas o prejubiladas. Se los trata como a consumidores seniors, a los que su creciente peso demográfico y económico lo convierten en manjares para las marcas alimenticias y tecnológicas, y para las agencias de viaje, principalmente. Son pensionistas con dinero y mucho tiempo libre. La salud, la preocupación por una alimentación sana, y las urgencias temporales los convierten en objetivo comercial fácil y prioritario.

    Pero, evidentemente, cuando las élites políticas les tocan sus pensiones, esos viejenials estadísticos y numerados se muestran como realmente son: personas de vuelta de todo, luchadores y luchadoras que saben que para lograr algo hay que esforzarse. Con su protesta hacen visible la tremenda brecha entre los gobiernos deshumanizados que les ha tocado vivir (no pensemos que solo el PP los ha maltratado) y lo que su realidad esconde. Son rostros arrugados, pero firmes. Ponen cara cercana y justa a las reivindicaciones. Son mis padres, tus tíos, sus abuelos.

    El incumplimiento del artículo 50 de nuestra constitución ya bastaría para legitimar sus protestas: “Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad”. Pero si añadimos a ello el argumento humanístico, el que debería tener una validez universal por encima de cualquier trozo de papel, solo queda una posibilidad para mí: todo gobierno que no cuide o perjudique a sus mayores y ancianos deberá ser inmediatamente sometido a referéndum popular para ser o no cesado. Solo así lograremos ser mejores personas, porque ellos son nuestras raíces y, no lo olvidemos, la belleza de una flor depende del cuidado de sus raíces.

    José Enrique Santana, Licenciado en Filología Hispánica

  • Primera gala, comienza el espectáculo

    Primera gala, comienza el espectáculo

    Como era de esperar, el estreno de Supervivientes no dejó indiferente a nadie. Pasadas las diez de la noche aparecía en primer plano un Jorge Javier enérgico y lleno de alegría dando el pistoletazo de salida a lo que prometía ser una gran gala. A los cinco minutos ya se hizo notar la tensión en plató debido al impagable encontronazo que tuvieron Chabelita y su todavía marido Alejandro Albalá. Ambos acudieron para defender a sus nuevas parejas, Alberto Isla y Sofía Suescun.

    Los espectadores pudimos ver de qué manera la expareja se pasó la noche como el perro y el gato, un nuevo Alejandro reconvertido en estrella televisiva con actitud chulesca, vacilante, atacando y buscando constantemente el enfrentamiento con la hija de Isabel Pantoja e incluso bromeando sobre ella con el presentador. Para mi asombro, anoche no había ni rastro del Alejandro que se mostraba tímido ante las cámaras y en ocasiones llegaba a taparse la cara. Todo empezó cuando éste aseguraba que Chabelita todavía sentía cosas por él. “Yo creo que sigue enamorada de mí la chiquilla”, explicó el hijo de Paz Guerra, a lo que la hija de la tonadillera respondió que él había parado el proceso de divorcio. Lejos de mantener la boca cerrada, Albalá no dudó en ironizar sobre los kilos que había cogido el novio de Isabel. La contestación de la pequeña de los Pantoja no se hizo esperar y se la devolvió afirmando “que estaba llenito de amor”, a lo que entre risas Alejandro comentó, con tono jocoso, “como sea del mismo del que me daba a mí”.

    Durante el programa también pudimos escuchar a Mayte Zaldívar hablando sin tapujos de su estancia en prisión, con actitud desafiante y refiriéndose a Isabel Pantoja como “la que canta”. Lo que tampoco pasó desapercibido fue la buena relación que se pudo ver entre la ex de Julián Muñoz y el novio de Chabelita, al que poco parecía importarle que la malagueña hubiese sido una gran enemiga de su suegra en el pasado.

    Finalmente, los supervivientes quedaron divididos en dos equipos. Uno ocuparía el “lado bueno” de la isla con mayores comodidades y recursos y otro el “lado salvaje”. Tras las nominaciones, fueron cuatro mujeres las que salieron a la palestra: Mayte Zaldívar, Saray Montoya, Isabel Castell y Melissa Vargas, se juegan esta semana su estancia en el concurso. ¿Quiénes serán las dos primeras expulsadas?

    Isabel Gómez Rodríguez, periodista

  • Las pensiones en España: ni generosas ni insostenibles

    Las pensiones en España: ni generosas ni insostenibles

    El gobierno de Mariano Rajoy sigue insistiendo en su política de recortes en el poder adquisitivo de nuestros mayores. Según el último informe de la OCDE sobre el sistema de pensiones español ofrecía unos datos intencionadamente sesgados sobre el cálculo de la tasa de reemplazo.

    En primer lugar, ofrecía un cálculo sobre la base de un supuesto casi descartable precisamente por su bajísima probabilidad. El resultado de esta tasa era de un 82% basándose en un joven de 20 años que comenzaba su vida laboral en 2016 y llegaba a la jubilación con un periodo completo de cotización. Lo que la OCDE no ha tenido en cuenta, o no ha querido tenerlo, es que en España hay una tasa de paro del 16,5% de la que el 37,4% corresponde a paro juvenil. Si nos centramos en la provincia de Huelva, el dato del paro corresponde a un 23,4% con casi un 10% de paro juvenil menor de 25 años. No habla de la calidad del empleo que se está generando, un empleo precario (que enmascara las cifras del paro) con precarias cotizaciones a la Seguridad Social y numerosas entradas y salidas del empleo al paro y viceversa. Tampoco habla de la probabilidad de que en caso de conseguir un empleo indefinido lo pierda en futuras crisis y pase largos períodos de tiempo en el desempleo llegando a agotar la protección frente al mismo. Como tampoco habla de la probabilidad de que pierda su empleo con 50 años o más y no encuentre otro o inicie un período laboral devaluado salarialmente y con fuertes discontinuidades. Todos estos ingredientes no hacen más que demostrar que esa “generosidad” de nuestro sistema de pensiones no está basada en una realidad laboral española sino en una mera hipótesis errónea desde principio.

    En segundo lugar, la presentación de la OCDE sobre el sistema de pensiones español, sorprendentemente, no tiene en cuenta la previsión a largo plazo de la tasa de reemplazo, facilitada por el gobierno tras la reforma de las pensiones de 2013. Según estos datos oficiales, el índice de revalorización y el factor de sostenibilidad hará que la tasa de reemplazo de las pensiones se vea reducida de un 81% actual al 48% en 2060.

    Por segundo año consecutivo, las pensiones sufren un recorte y el gobierno ha empezado a enviar cartas “de la vergüenza”, la misma que le falta al gobierno, a los pensionistas para informarles que su pensión se verá incrementada en un 0,25%, menos de 2€ de media al mes.

    En UGT Huelva llevamos cuatro años exigiendo al gobierno que suba las pensiones con el IPC, tal como se ha venido haciendo hasta 2013, antes de la reforma impuesta por el Ejecutivo actual. De seguir con esta política de recortes de las pensiones, lo único que consigue es empobrecer a 10 millones de pensionistas. Es realmente una política cruel, recortar la pensión a quien ya no puede trabajar ni obtener ingresos de otra manera para remediar una situación que, de no prevenirse, los sume en un deterioro constante para acabar finalmente en la pobreza. Así es como paga el Gobierno a unos pensionistas que, con su trabajo, son los responsables del nivel de desarrollo y riqueza que tiene nuestro país. Con copagos farmacéuticos causantes del abandono de más de 400.000 pensionistas de sus tratamientos médicos el año pasado. Y es doblemente cruel, porque la subida del 0,25% le supone al gobierno 300 millones de euros mientras con el copago el gobierno les exprime a los ya menguados pensionistas hasta 1000 millones de euros. Si la Seguridad Social está en déficit es por culpa del gobierno de Rajoy al cual la gente le votó en base a un programa que, una vez llegado al poder hace seis años, incumplió punto por punto imponiendo una Reforma Laboral responsable de la situación de pobreza y desigualdad en la que nos encontramos.

    En Huelva hay mas de 95.000 mil pensionistas con una pensión media de 855€, eso significa que es un 7% mas baja que la pensión media española, lo cual reflejaría que es como si cobraran una paga menos, 13 en vez de 14. Igualmente el 50% de los pensionistas cobran por debajo de SMI, el 70% por debajo de 1000€ y mas de un 38% vive bajo el umbral de la pobreza. Y aun mas sangrante es que con sus pensiones de miseria son los que han posibilitado el sustento de sus familias, (hijos, nietos, etc.,), ante la perdida de sus empleos.

    Desde UGT Huelva, denunciamos esta exigua, insuficiente y paupérrima subida que se contrapone, alarmantemente, con las abusivas imposiciones en necesidades básicas como pueden ser luz, gas, alimentos de primera necesidad, etc. Todo esto, con la connivencia de los gobiernos pasados y presentes que se caracterizan por hacer la vista gorda hacia situaciones de incremento de pobreza, exclusión y desigualdad generadas con sus políticas capitalistas y neoliberales.

    Reclamamos la reforma inmediata de las fuentes de financiación, mediante una nueva recomendación del Pacto de Toledo que permita que el sistema no solo se financie a través de cotizaciones, si no también adicionalmente vía impositiva. Igualmente acabar con las bonificaciones a la contratación soportadas por la seguridad social y recayendo dichas bonificaciones en los PGE.

    Tenemos que hacer que esto pare y aún no lo hemos conseguido, pues el año que viene el recorte será mayor con la entrada en vigor del factor de sostenibilidad. Por todo esto, desde UGT Huelva hacemos un llamamiento a que todo el mundo use el lazo marrón como símbolo de la disconformidad con esta política y, al mismo tiempo, como símbolo de que sabemos lo que pasa. ¡Basta de deteriorar el sistema público de pensiones para fomentar los privados, basta de crisis falsas y forzadas del sistema de pensiones, que ya sabemos que entró en crisis en 2012 con la Reforma Laboral y en 2013 con la reforma de las pensiones!

    ¡¡CONVIRTAMOS EL LAZO MARRÓN EN EL
    SÍMBOLO DE NUESTRA LUCHA!!

    Sebastián Donaire Salas, Secretario General de UGT Huelva

  • Supervivientes 2018

    Faltan menos de 24 horas para que arranque la nueva edición del reality más salvaje de la televisión, los concursantes ya están en Honduras desde el pasado fin de semana y el equipo trabaja a contrarreloj ultimando detalles para que todo esté a punto en la primera gala, que dará comienzo hoy jueves 15 de marzo a las 22:00 horas en Telecinco de la mano de Jorge Javier Vázquez, quien la presentará mano a mano con Lara Álvarez, que traerá la última hora desde la isla, y con Sandra Barneda, que será la encargada del debate.

    Aunque para mi gusto el casting de este año es flojito, estoy convencida de que los supervivientes van a dar juego y mucho que hablar. Sin duda alguna, Mayte Zaldívar es el fichaje estrella de la edición. La que en su día fue mujer de Julián Muñoz regresa a los platós tras haber cumplido condena de cárcel por el caso Malaya. Además estoy segura de que lo hará con más fuerza que nunca y podremos verla con una actitud bastante guerrera, ya que se trata de una mujer con carácter, que no se calla ni debajo del agua y que tiene mucho que contar. ¿Aprovechará su estancia en la isla para hablar de lo que nunca ha hablado? ¿se atreverá a decir algo que pueda poner entre las cuerdas a Isabel Pantoja? Otras de las grandes incorporaciones son Raquel Mosquera y María Lapiedra, que ha adquirido un gran protagonismo mediático en los últimos meses, al verse involucrada en una trama amorosa con el paparazzi Gustavo González. Por último, cómo no mencionar al reaparecido Alberto Isla, actual pareja y padre del hijo de Chabelita. El gaditano, que no es bien recibido en el clan Pantoja, parece que viene con la lección muy bien aprendida y por supuesto aleccionado por la hija de la tonadillera.

    En definitiva, dieciséis serán los concursantes que dentro de unas horas darán el mítico salto del helicóptero marcando así el comienzo de esta nueva aventura que promete ser de todo menos aburrida.

    Isabel Gómez Rodríguez, periodista

  • Defensa de las hablas andaluzas

    El andaluz como lengua o dialecto no existe realmente. Hay que hablar mejor de las hablas andaluzas. Las diferencias entre el habla de un almeriense y un sevillano, por ejemplo, son más que evidentes. Pero no por ello deja de haber una identidad lingüística común. Eso es evidente en muchos aspectos.

    Es falso el mito de que el andaluz sea un castellano mal hablado. Ni mucho menos. Tal vez otros estereotipos sociales y culturales nos hayan perjudicado en este sentido; sobre todo la imagen del andaluz vago o inculto. No merece la pena ni pararse a desmentirlo. Lo cierto es que durante siglos nuestras formas de hablar han sido estigmatizadas. La victoria tiene prestigio, y el castellano, como lengua de los vencedores en la reconquista, se impuso, silenciando o normalizando nuestros usos personales.

    Pero al lenguaje no se le puede poner alambradas, y, menos, trincheras. Es más, hoy por hoy las hablas andaluzas son las variantes que más le aportan al castellano en su evolución. Van por delante de él. Le aportan porque satisfacen el primer mandamiento de la evolución lingüística: la economía. Nadie como nosotras y nosotros es capaz de decir tanto con tan pocas palabras. Y no solo practicamos esa economía en nuestro vocabulario, sino también en nuestra dicción.

    Os voy a poner un ejemplo. En Andalucía está totalmente sistematizada la caída de la –d- intervocálica en los participios. Decimos “pringao”, no pringado. Decimos “Saborío”, en vez de saborido. Esta es la tendencia a la que más temprano que tarde se incorporará en el resto del territorio nacional.

    Pero por encima de estas cuestiones técnicas, debemos hacer una defensa de nuestras hablas por la riqueza de nuestro vocabulario. ¿Cómo se puede definir tan bien a un “malaje” con otra palabra? ¿Con qué otra palabra se podría nombrar al “biruji”, o a la “pelona”? ¿Existe una palabra que se pueda aplicar a más contextos que “bulla”?

    Debemos defender nuestras particulares medidas: desde una “mijita” hasta una “pechá”, pasando por “a punta pala”. Defender la manera de relacionarnos: nuestro “quillo”, nuestro “pisha”, nuestro “miarma”. Nuestras señas de identidad nos llevan al acortamiento de palabras como “Fite” o “Aro”, o a redundancias majestuosas como “No ni ná”. Tenemos arcaísmos como el “manque pierda” bético, pero también tenemos cultismos escondidos, como cuando usamos “Flama” para referirnos al excesivo calor: “¡No veas qué flama!”. También creamos neologismos como “carneperro” o “bastinazo”. Recuerdo uno que sale en un cuplé del gran Martínez Ares: “Americonao”, para definir la excesiva influencia de la cultura yanqui en nuestro día a día.

    En definitiva, debemos sentirnos orgullosos de hablar como nuestras madres nos parieron, como nuestros padres hablaban con sus amigos, como nuestras amistades se dirigen a nosotros. Porque no es más culto quien siempre habla en un nivel culto, sino quien sabe adaptarse mejor a las situaciones comunicativas. Eso sí, sin cometer errores lingüísticos o vulgarismos. Por ello, debemos leer, estudiar, formarnos. Para estar a la altura de cuantos sabios y sabias aquí habitaron. Y por mejorar nuestra tierra para sus futuros habitantes.

    Muchas gracias, y ¡Viva el andaluz!

    José Enrique Santana, licenciado en Filología Hispánica

  • Prostitución: ¿Legalizamos o perseguimos?

    Prostitución: ¿Legalizamos o perseguimos?

    Actualmente nos encontramos en un momento en el que está abierto un complicado debate social, se discute a favor o en contra de legalizar la prostitución. Lo que hace replantearnos algunas preguntas ¿La legalización traería más consecuencias positivas o negativas? ¿Conseguiría reducir la trata de personas, o por el contrario la aumentaría? La prostitución es el segundo mayor negocio del mundo, mueve millones de euros y es un gran “lobby” con una enorme capacidad de presión social y política. Con ella se fomenta la trata de personas, algo de lo que no son conscientes una gran parte de los consumidores. Por eso, es fundamental educar e informar tanto a jóvenes como a adultos, para que puedan ver que más allá del simple ocio, se cometen delitos, secuestro, violaciones y maltrato.

    Diría que precisamente la legalización no es la mejor solución para este problema, considero que es un paso atrás, ya que conseguiría empeorar la lamentable situación en la que se encuentran hoy en día muchas prostitutas. Esta medida es un regalo para los proxenetas y los traficantes. Lejos de progresar, esta opción no supone un control de la industria del sexo, sino que la expande. Además, al aumentar el número de burdeles se dispararía el tráfico de mujeres y bajarían los sueldos de estas, lo que conllevaría un incremento de la demanda y por lo tanto se estaría promoviendo el tráfico y el turismo sexual, de la misma manera que ha ocurrido en países como Ámsterdam.

    Apoyo más la idea de poner en marcha un proceso de regulación que controle dicho servicio, ofrezca seguridad a las personas que se dedican a ello y les proporcione unos derechos. Me parece que lo correcto sería controlar este oficio desde dentro y establecer sus pilares legalmente, lejos de las mafias que se aprovechan de las mujeres para favorecer sus propios intereses.

    Otro de los aspectos que refuerza la idea de regularizar la prostitución es la desigualdad, ya que sitúa a los hombres en una posición superior y con un cierto dominio sobre las mujeres, debido a que ellas hacen el trabajo, pero los beneficios van para las manos y los bolsillos de los empresarios que se dedican a este negocio. Los proxenetas no les dan a las prostitutas el dinero que les corresponde, más bien les roban, se aprovechan de su situación y de su trabajo para así enriquecerse a su costa, y ante eso ellas no pueden hacer nada, ya que se encuentran indefensas, desprotegidas ante la ley y privadas de derechos.

    En conclusión, la regulación me parece la medida más acertada, ya que hoy en día no hay ninguna vigilancia. Si existiera, los hechos llevados a cabo en esta industria quedarían registrados y los proxenetas no tendrían tanta facilidad para mover sus hilos libremente. La prostitución se debería regular como cualquier otro empleo, con sus límites de horas de trabajo, días de vacaciones necesarios, salario digno y establecido, llevando a cabo los pertinentes controles de sanidad obligatorios. Hay que dejar claro que si lo que se busca es progresar en este sector, es vital impulsar y apoyar propuestas que sí supongan un avance en cuanto a los derechos humanos, el trato digno de los trabajadores y la mejora de las condiciones laborales.

    Isabel Gómez Rodríguez, periodista