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  • Adamuz reúne a los familiares de la Columna Minera para «seguir haciendo fuerza»

    Adamuz reúne a los familiares de la Columna Minera para «seguir haciendo fuerza»

    La segunda edición de ‘La memoria varada’, la novela del periodista y escritor onubense Rafael Adamuz que relata los hechos acontecidos a la columna minera en los albores de la Guerra Civil española, reunió este jueves en Huelva a numerosas personas y familiares de las víctimas, que no quisieron perderse la presentación de una obra con la que, «lo más importante, es que hemos hecho piña, fuerza, y vamos a seguir haciéndola» para restablecer la dignidad de las víctimas.

    Este fue uno de los principales mensajes lanzados por el autor de la obra tras recordar que, en estos tres año de vida de la novela, «hemos conseguido muchas cosas», pues se han abierto fosas, se han recogido los restos de mineros asesinados en La Pañoleta, se han enterrado dignamente y se están haciendo catas para seguir buscando cuerpos, señaló Adamuz, quien destacó que la mayor aportación a ‘La memoria varada’ «la han hecho los familiares de las víctimas», al tiempo que indicó que esta segunda edición de la obra es «la mejor forma de que sigamos haciendo memoria».

    El escritor enumeró las novedades de esta nueva publicación revisada y ampliada, editada por Pábilo Editorial, como el prólogo, a cargo del juez Baltasar Garzón, y una reproducción real de dos documentos: la carta que una de las víctimas, el riotinteño Luis Marín Bermejo, envió a su mujer y sus hijos antes de morir, y la sentencia judicial que condenó por «rebelión» a los miembros de la Columna, la parte de la investigación que más marcó a Adamuz, al descubrir la «artimaña», la «gran mentira» a la que tuvieron que recurrir contra los detenidos al no encontrar elementos jurídicos para condenar a quienes sólo habían defendido la legalidad vigente.

    El acto, que se celebró en el Espacio Rubens de Huelva, estuvo cargado de gran emotividad, principalmente por la presencia de familiares de las víctimas, muchos de los cuales no pudieron ocultar su emoción. No pudo estar la hija de Francisco Delgado, una mujer que desgraciadamente no pudo ver cumplido su sueño de enterrar a su padre en Riotinto, pues falleció meses antes de conseguirlo, tal y como destacó el autor de la obra. Sí estuvieron muchos otros, como el riotinteño y exalcalde de Riotinto Luis Cassá Marín, un familiar clave en la gestación de la novela, pues fue quien despertó el interés de Adamuz por este tema cuando le llamó por teléfono durante un programa que el periodista conducía en Canal Sur Radio, tras lo que le entregó la carta de su abuelo que durante muchos años había permanecido oculta.

    «Adamuz ha dejado por escrito la memoria de nuestros abuelos», destacó Cassá, tras lo que recordó que su abuelo ya ha sido objeto de una «reparación moral» por parte del Ministerio de Justicia, que lo reconoció como un hombre que luchó por la libertad y no como un «criminal de guerra», como eran consideradas las víctimas.

    El acto, que estuvo conducido por la directora de Canal Sur Huelva, Inmaculada González, también contó con la intervención de Ramón Membrillo, miembro de la Fundación Baltasar Garzón, quien aplaudió la importancia de ‘La memoria varada’ por desvelar, con documentos oficiales y testimonios de familiares, unos hechos históricos en los que «los derechos humanos fueron pisoteados», al tiempo que calificó de «vergüenza» la actuación de todos los profesionales de la Justicia que participaron en aquel proceso, que cometieron «prevaricación» y «cohecho», añadió.

    Por su parte, el editor de Pábilo Editorial, Joaquín Cabanillas, calificó ‘La memoria varada’ como una «obra maestra» que «ha trascendido fronteras» y con la que Adamuz «mezcla los estilos periodístico y literario», lo que hace de este relato «uno de los libros más emocionantes que he leído en mi vida», subrayó, mientras que Inmaculada González destacó que la obra «ha devuelto la dignidad a muchas familias» a través de una «investigación solvente».

    El acto finalizó con una actuación musical del músico Gustavo Ariel Obermeller Lama, que interpretó una canción inspirada en esta exitosa novela.

  • Adamuz presenta ‘La memoria varada’ el próximo 22 de marzo

    Adamuz presenta ‘La memoria varada’ el próximo 22 de marzo

    La nueva edición de ‘La memoria varada’, la novela histórica del periodista y escritor Rafael Adamuz que trata los sucesos que sufrieron los miembros de la Columna Minera al comienzo de la Guerra Civil española, será presentada el próximo 22 de marzo en el Espacio Rubens de Huelva, tras lo que el músico Gustavo Ariel Obermeller Lama cantará una canción inspirada en esta exitosa novela, cuya segunda edición, tal y como ya informó Tinto Noticias, estará disponible en las librerías este próximo 15 de marzo.

    ‘La memoria varada’ zarpó hace ya tres años contra el olvido de lo acontecido a la Columna Minera tras aquel 19 de julio de 1936, cuando este grupo de personas partió desde la Cuenca Minera de Riotinto en dirección a Sevilla para combatir el golpe militar. Vendidos los 2.000 ejemplares de la primera edición, el autor se vio obligado a reeditar su novela ante las numerosas peticiones de librerías y nuevos lectores, que ven ahora cumplidas sus expectativas gracias a esta nueva publicación, editada por Pábilo Editorial.

    La segunda edición de la obra viene cargada de nuevos contenidos, como un prólogo de Baltasar Garzón, que califica la publicación como «una obra inmensa» con la que «Rafael Adamuz consigue traernos al presente lo que nunca debe de estar ausente», añade. Además, cuenta con otras novedades como el discurso de Miami, anexos y diverso material original, entre otras.

    Todos los interesados en conocer la historia de este crucial episodio de la Guerra Civil tienen por tanto una cita ineludible con una obra que ya tiene tras de sí una veintena de presentaciones, algunas inéditas como la de la Universidad de Florida, pero, sobre todo, «el impacto entre víctimas y familiares, el verdadero alma de esta obra», como destaca su propio autor.

    ‘La memoria varada’ rescata, de forma novelística, lo acontecido a buena parte de los miembros de la columna minera, un grupo de personas compuesto en su mayoría por jóvenes mineros y campesinos que fue reclutado por políticos republicanos que lideraron la marcha, planeada desde Madrid. Sin embargo, no alcanzaron la capital hispalense. A las puertas de la ciudad, en la barriada de La Pañoleta, los mismos guardias civiles que tenían órdenes de acompañarles les tendieron una sangrienta emboscada. El resultado: más de una decena de muertos y setenta detenidos encerrados en el Cabo Carvoeiro, la prisión improvisada en un barco de cabotaje atracado en el Guadalquivir. En sus estrechas bodegas, en pleno verano, permanecieron en condiciones inhumanas y fueron sometidos al fin a un macrojuicio que fue, con toda probabilidad, el mayor Consejo de Guerra celebrado en los albores de la Guerra Civil en España.

    La obra refleja el calvario que soportaron los reclusos a través de unas cartas enviadas por uno de ellos, Luis Marín Bermejo, quien da cuenta de su presidio y arroja datos reveladores. Los textos permanecieron ocultos hasta la muerte reciente de su único hijo varón, encargado de custodiarlos.

  • Adamuz publica una nueva edición de ‘La memoria varada’, la novela sobre la Columna Minera

    Adamuz publica una nueva edición de ‘La memoria varada’, la novela sobre la Columna Minera

    El periodista y escritor Rafael Adamuz, autor de la novela histórica ‘La memoria varada’, saca a la luz una nueva edición de esta obra que zarpó hace ya tres años contra el olvido de lo acontecido a la Columna Minera durante los albores de la Guerra Civil española. Vendidos los 2.000 ejemplares de la primera edición, el autor se ha visto obligado a reeditar su novela ante las numerosas peticiones de librerías y nuevos lectores, que podrán adquirir la nueva obra a partir del próximo 15 de marzo.

    Editada por Pábilo Editorial, esta segunda edición de ‘La memoria varada’ viene cargada de nuevos contenidos, como un prólogo de Baltasar Garzón, que califica la publicación como «una obra inmensa» con la que «Rafael Adamuz consigue traernos al presente lo que nunca debe de estar ausente», añade. Además, cuenta con otras novedades como el discurso de Miami, anexos y diverso material original, entre otras. 

    Todos los interesados en conocer la historia de este crucial episodio de la Guerra Civil tienen por tanto una cita ineludible con una obra que ya tiene tras de sí una veintena de presentaciones, algunas inéditas como la de la Universidad de Florida, pero, sobre todo, «el impacto entre víctimas y familiares, el verdadero alma de esta obra», como destaca su propio autor.

    ‘La memoria varada’ rescata, de forma novelística, lo acontecido a buena parte de los miembros de la columna minera que, el 19 de julio de 1936, se dirigió a Sevilla para combatir el golpe militar. El grupo, compuesto en su mayoría por jóvenes mineros y campesinos, fue reclutado por políticos republicanos que lideraron la marcha, planeada desde Madrid. Sin embargo, no alcanzaron la capital hispalense. A las puertas de la ciudad, en la barriada de La Pañoleta, los mismos guardias civiles que tenían órdenes de acompañarles les tendieron una sangrienta emboscada. El resultado: más de una decena de muertos y setenta detenidos encerrados en el Cabo Carvoeiro, la prisión improvisada en un barco de cabotaje atracado en el Guadalquivir. En sus estrechas bodegas, en pleno verano, permanecieron en condiciones inhumanas y fueron sometidos al fin a un macrojuicio que fue, con toda probabilidad, el mayor Consejo de Guerra celebrado en los albores de la Guerra Civil en España.

    La obra refleja el calvario que soportaron los reclusos a través de unas cartas enviadas por uno de ellos, Luis Marín Bermejo, quien da cuenta de su presidio y arroja datos reveladores. Los textos permanecieron ocultos hasta la muerte reciente de su único hijo varón, encargado de custodiarlos.

  • Nerva 1936. Historias de vida: Tres hermanos, tres suertes, tres muertes

    Nerva 1936. Historias de vida: Tres hermanos, tres suertes, tres muertes

    Al andar se hace camino
    y al volver la vista atrás,
    se ve la senda que nunca,
    se ha de volver a pisar
    (Antonio Machado)

    Aquel fatídico día del 18-7-1936 supuso el comienzo de un amplísimo periodo, en el que miles de familias nervenses y de toda la Cuenca Minera, a imagen y semejanza de tantas y tantas otras en otras tierras de España, vieron truncadas sus vidas, sus expectativas, sus destinos. De repente, un brutal hachazo cercenó sus corazones ….

    En la madrugada de ese día, entrando el 19, Miguel Guerrero González acababa de abandonar el domicilio familiar de sus padres en Nerva, en la calle Viriato, 37, a donde había acudido para visitar a su madre enferma.

    Miguel, de 41 años, casado con una nervense, Isabel Carballo Bernal, con quien tuvo dos hijos, Manuel e Isabel, residía en la calle San Bartolomé, 27. Era capataz de la RTCL, en la Corta Filón Sur. Había nacido en el Cerro de Andévalo, aunque pronto se avecindó en Nerva junto a sus progenitores. Su padre se llamaba Manuel Antonio Guerrero, portugués de Santa Barbara de Nexe, el cual también había trabajado en la RTCL, y su madre, Milagros González Fernández, natural de Carmona (Sevilla). Estos tuvieron seis hijos: Miguel, Carmen, Antonio, Pilar, Elena y Ubaldo.

    Había ingresado en la Compañía con 13 años en 1907, como pinche. Desde entonces había pasado por una serie de clases de trabajos y destinos en las minas, hasta alcanzar la categoría de capataz que desempeñaba en 1936.

    Como decíamos, Miguel, una vez en la calle, en torno a las 12 de la noche, fue abordado por un grupo de personas que (según su declaración en el Consejo de Guerra de 9-8-1936) le obligaron “a ir con ellos a Huelva”…. Se estaban reclutando hombres en la Cuenca para constituir la llamada Columna Minera y marchar en apoyo de la Sevilla resistente al golpe de estado militar. Columna que comandaban los diputados onubenses en el Congreso Luis Cordero Bel (Partido Republicano Federal) y Juan Gutiérrez Prieto (PSOE).

    Columna Minera en estos tiempos, en cierta medida, rescatada del olvido gracias al magnífico libro de Rafael Adamuz, titulado ‘La Memoria Varada’, publicado en 2014, que nos acercó a la identidad individual de sus componentes. Por cierto, que Rafael nos anuncia para muy pronto la aparición de una versión ampliada de su obra con aporte de nuevos contenidos.

    Y también como no, agradecer al Grupo de Camas de la Asociación ‘Memoria, Libertad y Cultura Democrática’, quienes junto a la Coordinadora de la Cuenca Minera de Riotinto para la Memoria Histórica organizan cada 19 de Julio, desde hace unos años, un homenaje a la Columna Minera en La Pañoleta, y por tanto dan memoria a aquellos sucesos.

    La Columna Minera fue traicionada por el siniestro comandante de la Guardia Civil y posterior Gobernador Civil y Militar de Huelva Gregorio Haro Lumbreras, que aparentaba ser fiel a la república y, sin embargo, advirtió a Queipo de su llegada. Cayeron emboscados en La Pañoleta donde murieron muchos de ellos y apresaron a 68. En el Consejo de Guerra, celebrado en la Audiencia de Sevilla (sin garantías legales), fueron decretadas 67 condenas a muerte (Miguel fue uno de ellos) y una de 20 años de reclusión a Manuel Rodríguez Méndez, salvado por el atenuante de ser menor de 18 años.

    Miguel Guerrero González, encerrado junto a sus compañeros, y después de permanecer en unas condiciones paupérrimas en el barco Cabo Carvoeiro, anclado en el Guadalquivir, fue fusilado el 31 de Agosto de 1936 en Sevilla, junto a los demás miembros de la Columna en diferentes puntos de la ciudad y La Pañoleta. Eso sí, se aseguraron de asesinarlos después de haber tomado el total control de la Cuenca Minera. Sus cuerpos fueron arrojados en una fosa común del cementerio sevillano. Ochenta y dos años después, en 2018, parece que se iniciarán los trabajos para proceder a la búsqueda y exhumación de sus restos. Surge una lucecita de esperanza.

    No acabó aquí la tragedia de la familia Guerrero González. Pocos días antes, el 26 de agosto, día en el que las tropas del ejército sublevado toman Nerva, apresan a su hijo menor, Ubaldo, nacido en Nerva, de 26 años, barbero de profesión, soltero, y sin más delito que pertenecer a una familia reconocidamente de izquierdas. Ese mismo día, también se llevaron al marido de la hija mayor de la familia, Carmen. Se llamaba Enrique Moya Núñez, de 40 años, barrenero en la RTCL y natural de Castillo de las Guardas (Sevilla). Carmen y Enrique eran padres de una hija, Carmen.

    Según testimonios orales transmitidos por familiares ya fallecidos, vieron cómo a Ubaldo y Enrique los sacaron las tropas fascistas ensangrentados y con señales evidentes de haber sido torturados, y fueron montados en una camioneta, junto a otros presos, camino de su trágico destino. ¿Dónde fueron asesinados y dónde arrojados sus cuerpos?…. Las dos cármenes quedarían tristemente inscritas aquel día, como viuda y huérfana de padre. A día de hoy, 82 años después, seguimos sin tener noticias de donde fueron asesinados y arrojados sus cuerpos, si en Nerva o en cualquier cuneta de la provincia. A finales del 2017 se procedió al inicio de trabajos en las fosas comunes del cementerio de Nerva. Albergamos esperanzas (aun siendo conscientes de la dificultad que entrañan estos procesos) de que su destino fuera el cementerio nervense y de que esos trabajos nos puedan dar alguna luz sobre estos seres queridos para que sus restos puedan ser enterrados dignamente.

    El único miembro varón de la familia Guerrero González, aun con vida después del 31 de agosto, era Antonio.

    Antonio Guerrero González (1903), natural de Nerva, más conocido como ‘el Sastre’, afiliado a CNT-FAI, a la sazón en 1936 empleado del Ayuntamiento de Nerva y extrabajador de la RTCL (con 16 años trabajaba en el departamento de Fundición), tras la toma de Nerva por las tropas fascistas, huye con una columna denominada Rio Tinto-Nerva, vía Extremadura. Columna en la que ejerció el mando Antonio Molina Vázquez (secretario de la CNT nervense), y él como lugarteniente, alcanzando finalmente Madrid. Allí formó parte (entre otras unidades) de la 77 Brigada Mixta, alcanzando el grado de comandante, y en el estertor de la contienda estuvo al mando de la 9ª División del Ejército Republicano. Alcanzó el grado de Mayor de Milicias, junto a Antonio Molina Vázquez.

    Durante la Guerra, actuó en los frentes de Ciudad Universitaria, Usera, Pingarrrón, Arganda y Cuesta de la Reina. Al final de ella llegó al puerto de Alicante, intentando salir de España, donde, junto a miles de republicanos, fue capturado. Pasó por los campos de concentración de los Almendros y Albatera (en Alicante) y de allí a la cárcel de Orihuela. Más tarde fue conducido a Madrid y durante tres años recluido en las cárceles de Santa Engracia, Santa Rita y Yeserías, donde fue puesto en libertad el 4-2-1942.

    En Septiembre de 1942, fue detenido nuevamente en Madrid y encarcelado en la prisión de Porlier junto a otro nervense, José Noja Diañez, teniente y ayudante suyo en la 77 B.M. Ambos fueron juzgados en consejo sumarísimo y resultaron condenados a muerte por el delito de adhesión a la rebelión militar, siendo ejecutados el 12-8-1944 en Carabanchel Alto (Madrid).

    Ambos fueron culpados, junto a otros, entre los días posteriores al 18-7 y la toma de Nerva el 26-8, de tomar parte activa y directa en la destrucción de la iglesia de Nerva, de saqueos en casas particulares, así como en detenciones de personas. Asimismo, de marchar con un numeroso grupo de milicianos a pueblos donde “sembraron la desolación y el crimen”. Dichos pueblos fueron Castillo de las Guardas, Aracena, Aroche, Higuera de la Sierra, Alájar, Rosal de la Frontera y la Palma del Condado, así como Huelva capital.

    Antonio (el Sastre) estaba casado con Luisa Almaraz Vázquez, natural de Valverde del Camino, con quien tuvo dos hijos: Antonio y otro fallecido a temprana edad. Cabría señalar como dato a conocer igualmente en el relato de esta tragedia de hechos concatenados que un hermano de Luisa, y por tanto cuñado del Sastre, Juan Almaraz Vázquez, de 19 años, igualmente de Valverde, fue también integrante de la Columna Minera, ejecutado en Sevilla el 31 de agosto de 1936.

    En la familia no tuvimos noticia alguna del final de Antonio, ni de su periplo en la Guerra Civil, si había muerto, ni cómo ni dónde, hasta el año 2010, y ello después de numerosas indagaciones en archivos militares y estatales. Empezamos a conocer su “historia de vida y muerte”, gracias al magnífico historiador Jose Mª García Márquez, que nos puso en camino, remitiéndonos a la noticia de su detención en Madrid (ABC de Madrid, Septiembre 1942), junto a otro nervense, José Noja Diáñez. De ese hilo tiramos hasta alcanzar a conocer su trágico final.

    Así pues, el curso de las vidas de cientos de miles de hogares deshechos por tanta represión, por tantas víctimas, quedaron marcadas diametralmente, y todos (en su condición de vencidos) afrontaron el trance, buscando, cada uno a su forma, el retomar sus vidas, y pelearon lo indecible por seguir adelante.

    Ochenta y dos años después, los descendientes de aquellos hombres y mujeres, defensores de la causa republicana y del gobierno legal constituido, seguimos portando su antorcha, la de la libertad y la justicia. Aspiramos a que se conozcan sus historias, para que nunca caigan en el olvido sus vidas, sus luchas, que no fueron en vano y por ende, a desenterrar sus maltrechos huesos arrojados en cualquier fosa, en cualquier cuneta.

    Gracias al impagable trabajo de tantos y tan abnegados y buenos historiadores e investigadores, buceando en las fuentes, en la jungla del marasmo laberíntico de los archivos españoles, y a los ímprobos esfuerzos del movimiento memorialista, es seguro que ese olvido nunca se producirá.

    Quisiera aprovechar la tribuna de Tinto Noticias para ejemplificar el esfuerzo de estas asociaciones en la figura de varios compañeros de los que siempre van en vanguardia: Cecilio Gordillo, Paqui Maqueda y Raúl Sánchez (en Sevilla y tantos y tantos lugares de nuestra Andalucía); y en Huelva y su Cuenca Minera, a Fernando Pineda, Miguel Ángel Harriero y Juan Barba. Gracias a todos ellos, extensible a miles de compañeros más. Sin todos ellos, sin su empeño diario, no habríamos llegado hasta aquí.

    Pero no hay que cejar en estas tareas, voluntad no nos falta. Es imprescindible, como decía Antonio Machado, aprender de “la senda que nunca se ha de volver a pisar”. Y que esa enseñanza se trasmita a los jóvenes de este país desde las escuelas, como una asignatura fundamental. En estos tiempos de tanta incertidumbre y retroceso se hace vital este mensaje.

    Quisiera terminar apelando a la esperanza, que nos impulsa a seguir trabajando para que la memoria de nuestros antepasados salga a la luz, que sus nombres se dignifiquen. Este país tiene una deuda profunda con ellos. Que la Verdad resplandezca, que se les haga Justicia y sus nombres e historias sean Reparados.

    Dice la esperanza: un día
    la verás, si bien esperas.
    Dice la desesperanza:
    sólo tu amargura es ella.
    Late, corazón… No todo
    se lo ha tragado la tierra

    (Antonio Machado)

    Luchemos con esperanza. De la tierra aflorará la Verdad.

    Miguel Guerrero Larios

  • Fallece el escritor que desveló el relato de Romero de Tejada sobre el fusilamiento de la columna minera

    Fallece el escritor que desveló el relato de Romero de Tejada sobre el fusilamiento de la columna minera

    Nicolás Salas, el periodista y escritor sevillano que desveló el testimonio del médico Pedro de Seras Romero de Tejada sobre el fusilamiento de la columna minera el 31 de agosto de 1.936, falleció este martes a los 84 años de edad en el Hospital San Juan de Dios de Bormujos (Sevilla), donde ingresó hace unos días con problemas respiratorios.y cardíacos.

    Aunque como escritor es más conocido por su novela ‘Morir en Sevilla’, con la que ganó el Premio Ateneo de Sevilla en 1986, su labor es fundamental para la historia de la Cuenca Minera de Riotinto gracias a su obra ‘Sevilla en sepia’, donde el autor dio a conocer el llamado ‘relato de un testigo’, redactado por el citado facultativo encargado de certificar las muertes de parte de los mineros de la compañía Riotinto que fueron fusilados en las murallas de la Macarena de Sevilla.

    Tal y como expone el propio Salas en este libro, el ‘Relato de un testigo’ le fue entregado por el propio hijo del médico, Pedro de Seras Ledesma, quien quiso así «cumplir la voluntad de su padre, que pidió que se publicara después de su muerte», señala el autor, quien consideró que tal relato, con una extensión de tres folios, es un «documento único» y «de excepcional valor histórico», así como «un testimonio fiel de la tragedia vivida por los españoles en la guerra civil».

    Tinto Noticias -el periódico digital de la Cuenca Minera de Riotinto- ha querido trasladar a sus lectores la siguiente selección de algunos de los fragmentos más destacados del relato:

    …Yo es la primera vez que asisto a una ejecución, pero tan enorme como solo se recuerda en la invasión francesa con los fusilamientos ordenados por Murat. Un oficial del Ejército se coloca junto a la puerta de la celda, lleva un papel en la mano y comienza a leer en voz alta unos nombres; los llamados van apareciendo en la puerta y alineándose en el patio, así hasta 67, sus aspectos son indescriptibles, gente campesina de rostros tostados por el sol, van pelados al rape, con barba de quince días, la palidez de sus rostros y el descuido de sus barbas hacen de ellos espectros. Yo los admito en su valor, pues valor es poder permanecer de pie y alinearse a la voz del oficial. De pronto uno de ellos no pudiendo aguantar más la angustia de su pecho, rompe a llorar con un llanto nervioso y desgarrador. El llanto, como la risa, es contagioso, y aquel primer grupo de 12 mineros llora ante la proximidad de la muerte. Alguno con más espíritu quiere infundir entereza al grupo y me pide un cigarro, lo enciende y empieza a fumar aparentando despreocupación, es solo un momento, pronto empieza también a acongojarse. Piden agua, beben con avidez. Con resignación se dejan poner las esposas. Se pasa lista una y otra vez. De ellos se hace cargo un piquete de la guardia civil que firma la entrega. Se abre una espesa reja y el grupo desaparece entre los duros barrotes. Los van a fusilar en el sector de Amate. Es en ese momento las 4 y cuarto de la mañana.

    Instantes después aparece el segundo grupo de mineros, este es de once individuos. El mismo aspecto que el anterior, pero contrasta su gran serenidad. Se alinean silenciosos. Destaca del grupo por su aparente tranquilidad el que hace el tercero de la fila. Es un hombre delgado, alto, con el pelo sin cortar. Tiene apariencia de dirigente. No deja de mirarnos fijamente, como desafiando. Debe ser un verdadero idealista. Llama a un oficial con el que cambia algunas palabras que no oímos. La aparente entereza de este grupo me devuelve la tranquilidad. Todos son esposados. Cumplidos los trámites de la entrega, el grupo se pone en marcha. Al desfilar delante de nosotros, el tercero de la fila nos dedica una mirada despreciativa al tiempo que dice, «¡Qué vivan ustedes muchos años, para hacer muchas cosas como esta!». Pobre hombre, marchó a la muerte con un valor y una serenidad digna de mejor causa. Dios lo haya perdonado.

    Cuando nos vemos solos respiramos, aun quedan cuatro grupos y yo tengo que presenciarlo todo, pues mi grupo es el último. Aparecen sucesivamente el grupo 3º, 4º y 5º, más o menos lo mismo, pero con mucha menos entereza que el segundo. En todos las mismas caras de atontados, con el mismo mirar vago e inexpresivo. Parecen que son los mismos que los traen de nuevo…

    …Por fin aparece el que yo llamo mi grupo. Destaca de seguida de entre los once un hombre de mediana estatura, con una blusa blanca como las que usan los camareros, que en tiempos fue blanca. Es un pobre hombre, que seguramente inocente, no se resigna a morir. Al verme a mi que soy de entre el grupo el único que viste de paisano, el hombre se dirige a mi para contarme su historia, me dice que no tiene nada que ver con este asunto, que es de Valverde del Camino, y que estando a las puerta de su casa, vio pasar unos camiones que lo invitaron a subir, pero que él ni sabía a lo que venía ni siquiera estaba enterado que había estallado la revolución. Tiene un recuerdo para su mujer y dos niños pequeños, y pide clemencia. Todo esto dicho con palabras atropelladas entremezcladas con sollozos. Yo procuro calmarle, profundamente conmovido por el relato de este infeliz engañado por dirigentes que a estas horas estarán bien a salvo y con toda tranquilidad. ¿Cuándo se desengañarán los pobres obreros del crimen que con ellos cometen los jefes maexistas?…

    …Ya en el camión se les ordena por los guardias que se sienten, así lo hacen y el camión se pone en marcha. Salimos al exterior, allí espera un gran camión cargado con soldados Regulares de Ceuta encargados de la ejecución. La triste caravana se pone en marcha, primero un coche de turismo en el que vamos nosotros, después el de los mineros, por último el de los Regulares… Por fin llegamos al lugar de ejecución, las antiguas murallas romanas de la Macarena, frente al Hospital Provincial. Los camiones se detienen y los guardias ayudan a apearse a los reos. Con agilidad de felinos los Regulares saltan del camión y rápidamente forman el piquete. Hay muchos curiosos que de lejos quieren ser testigos del horrible cuadro. Los mineros son conducidos al pie de la muralla. Van con paso resuelto a la muerte. De pronto el hombrecillo de la blusa blanca se vuelve hacia nosotros y llama al religioso, éste se acerca, le pide que interceda por él, que lo manden al Tercio, pide clemencia. El instante es extraordinariamente trágico. El oficial, queriendo evitarnos esta escena da órdenes enérgicas. Entonces el hombrecillo de Valverde se vuelve a mi y me da una medalla del Sagrado Corazón de Jesús que llevaba en el pecho. Nos retiramos. Se oyen enérgicas las voces del mando. Todo está dispuesto. Miro al grupo de mineros, todos han contraído el cuerpo esperando la descarga que los destroce. ¡Fuego! Una detonación horrible nos hace estremecer. La fila de los infelices mineros se desploma a pie de la muralla vieja de veinte siglos. Así pagaron unos infelices analfabetos el absurdo intento de oponerse al movimiento militar con las solas armas de sus cartuchos de dinamita. Sevilla lunes 31 de agosto de 1936.