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  • Fuentes, Historia y los sucesos de la cárcel de Salvochea

    Fuentes, Historia y los sucesos de la cárcel de Salvochea

    Aunque pueda parecer lo contrario, la investigación histórica requiere de cierta preparación intelectual que, pese a que no tenga que adquirirse necesariamente en la Universidad, asegure que los textos que salgan de ella cumplan con unos mínimos de rigurosidad.

    Así, no es concebible que un historiador digno de tal nombre se limite a reproducir los documentos que, efectivamente, son la base de su trabajo. Muy al contrario, quien pretende escribir Historia tiene la obligación de someter sus fuentes a una revisión profunda, en la que se las critica y contextualiza en el momento en el que fueron producidas.

    Si no fuera así, seguiríamos pensando que Roma fue fundada por dos gemelos que fueron amamantados por una loba, que Santiago Apóstol guiaba a las huestes cristianas durante la Reconquista o que los sevillanos del s. XVII terminaron con la epidemia de peste por haberse encomendado a la Virgen.

    Por otra parte, además de la revisión documental, los historiadores están obligados a conocer la bibliografía referente a su tema de estudio para, de un lado, evitar creer que han descubierto unos documentos que ya han sido usados por otros y, por otro, impregnarse de las posibles interpretaciones a las que se puede llegar en base a ellos. Si además controlan la literatura que les afecta más lateralmente, sin lugar a dudas, sus obras serán mucho más ricas en todos los sentidos.

    Por último, siendo la Historia una disciplina que aspira a ser científica, nadie que la practique puede dar sus relatos como definitivos, porque la verdad histórica es algo así como la utopía de Galeano:

    «La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar.».

    Es decir, que la labor del historiador, aparte de requerir unas dotes intelectuales que aseguren un mínimo de calidad a sus producciones, también necesita de una honestidad mínima para no creer en ningún momento que sus relatos son definitivos o que son poseedores de una verdad absoluta que, por cierto, sólo está en manos de las deidades.

    La razón de que haya descrito, aunque haya sido sucintamente, cuáles son las premisas básicas de la labor historiográfica no es otra que salir al paso de un artículo, aparecido hace poco más de una semana en este mismo medio, en el que los autores se refirman en el relato tradicional acerca del incendio de la cárcel de Salvochea durante el 25 de agosto de 1936.

    En su artículo, Moreno Bolaños y Hernández Vallecillo no sólo utilizan una documentación que es sobradamente conocida por los investigadores desde hace años, sino que además la dotan de una legitimidad que está muy lejos de tener.

    En el segundo de los aspectos, el referente al contenido de la documentación utilizada, los autores hacen uso de los expedientes resultantes de los Consejos Sumarísimos a los que algunos salvocheanos fueron sometidos después de que su pueblo “cayera” en manos de los golpistas. Estos documentos, lo sabe cualquiera que haya tenido un acercamiento aunque sea lateral a la justicia del primer franquismo, pueden ser utilizados para estudiar muchos aspectos de la vida durante la II República y el periodo abierto tras el golpe de Estado, pero siempre teniendo en cuenta que en aquél momento no puede hablarse de una justicia “independiente” y muchísimo menos carente de intencionalidad política: se estaba produciendo un genocidio y los jueces, que además solían ser militares sin ningún tipo de preparación jurídica, estaban plenamente implicados en él. Es decir, que la separación de poderes y la independencia judicial que, como se suele decir, caracteriza a los regímenes liberal-democráticos, simplemente, no existía en la España de Franco.

    Esta circunstancia, que no es baladí, no es la única a considerar en la documentación judicial empleada por Moreno Bolaños y Hernández Vallecillo, sino que también hay que considerar otras que imponen que esos expedientes tengan que ser considerados con la mayor de las cautelas:

    • 1. Que el clima en el que se vivía era del terror más absoluto, lo que sin lugar a dudas condicionaría de forma determinante las declaraciones de los testigos en los procesos judiciales.
    • 2. Que esas declaraciones tenían lugar en los mismos cuartelillos de la Guardia Civil en los que se torturaba y muchas veces se asesinaba a los detenidos, lo que imponía adaptar lo que se dijese a la necesidad de evitar ser víctimas de la “justicia”.
    • 3. Que la mayoría de las declaraciones que utilizan los autores repiten, casi literalmente, el mismo relato. Circunstancia esta que evidencia que hay “algo” detrás de las mismas.
    • 4. Que los acusados declaraban después de haber sido coaccionados, muchas veces de forma violenta, y sin las más mínimas garantías de defensa: presunción de inocencia, presencia del abogado defensor, etc.
    • 5. Que los “juzgados” solían serlo por prácticamente todo lo que hubiera ocurrido en sus municipios, desde los incendios de las iglesias hasta los insultos proferidos a los derechistas, independientemente de que estuviera demostrada su participación en todos ellos.

    Aparte de esto, es de señalar que en los expedientes judiciales a los que me estoy refiriendo suele haber informes acerca de los acusados que, además de ser casi siempre copias exactas unos de otros, estaban firmados por las cuatro figuras base del Estado franquista en los municipios: el cura, el alcalde, el jefe de FET y de las JONS y el comandante de puesto de la Guardia Civil.

    Con todo, creo que ha quedado claro que los relatos que aparecen en esa documentación son sesgados, adaptados a unos intereses políticos muy determinados e influenciados por unas circunstancias que, cuanto menos, deben ser tenidas en cuenta. Si todo ello no se considera, hay que señalarlo, se corre el riesgo de no construir un relato historiográfico mínimamente creíble y de algo mucho más grave: dotar de legitimidad a las instituciones fruto de un golpe de Estado y nacidas para amparar un genocidio.

    Para evitar caer en esto último, suele recurrirse a unos relatos alternativos que también deben ser sometidos a crítica. En el caso que me ocupa, lo autores recurren a los textos aparecidos en la prensa provincial, a las actas de los Plenos del Ayuntamiento de 1937 y a las anotaciones del sacerdote de El Campillo en el libro de bautismos. Tanto unos como los otros son producto de las consideradas “víctimas de los rojos” y, valga decirlo, reproducen la misma relación de los hechos que aparece en la documentación judicial. Además, en el caso de la prensa hay que decir que estaba sometida a censura militar, lo que significa la ausencia de cualquier versión que contradiga a la que podríamos denominar “oficial”.

    Obviamente, en la medida de que se trata de versiones dadas por la misma parte, estos relatos no demuestran que los salvocheanos fueran los responsables del incendio de la cárcel, sino que son una evidencia de que entre los afines a los alzados había unanimidad a la hora de culpabilizarlos de tal suceso. Yo no voy a decir que no lo hicieran, no creo que sea posible hacerlo al menos con la rotundidad acusadora del artículo al que vengo respondiendo, pero sí que voy a afirmar que Salvochea fue bombardeada tanto por tierra como por aire y que es posible que una de aquellas bombas callera en la cárcel, máxime cuando es de sobras conocido que sus habitantes huyeron del pueblo en aquellos mismos momentos y que se desconoce dónde cayeron los artefactos explosivos.
    En lo referente a la documentación en sí, ya he avanzado que no se trata de ningún hallazgo ni que aporte datos inéditos, sino todo lo contrario:

    • 1. Los expedientes de los Consejos Sumarísimos están digitalizados y son accesibles a cualquier persona que quiera consultarlos, por estar alojados en la web de la Diputación Provincial de Huelva desde hace varios años. Yo mismo los llevo consultando desde el año 2012 y me consta, porque así se afirma en la propia página que los alberga, que empezaron a digitalizarse 6 años antes.
    • 2. La prensa provincial de la época también está digitalizada y es de libre acceso, pudiéndose consultar tanto en la página web del Ayuntamiento de Huelva (La Provincia y El Diario de Huelva entre otras cabeceras) como en la de la ya mencionada Diputación (Odiel y alguno más).
    • 3. La colección completa de El Socialista está disponible, también desde hace años, en la web de la Fundación Pablo Iglesias (no “Fondo”, por cierto).
    • 4. El relato que el párroco de El Campillo dejó anotado en el Libro de Bautismos apareció publicado en un libro de 1968 que, para más inri, es citado con bastante frecuencia por quienes nos dedicamos al estudio de los años 30 en esta zona: Juan Ordóñez Márquez: La apostasía de las masas y la persecución religiosa en la provincia de Huelva. 1931-1936, Madrid, CSIC, 1968, p. 157.
    • 5. Los documentos albergados en los distintos Registros Civiles, además de ser de acceso público, carecen de interés sobre el particular por tratarse de meros certificados de defunción.
    • 6. Los Libros de actas capitulares del Ayuntamiento de Salvochea-El Campillo están al alcance de cualquiera y han sido utilizados en multitud de ocasiones. Por ejemplo, en el libro que escribieron varios investigadores de la Universidad de Huelva hace algunos años y que, por cierto, coincide con este artículo a la hora de culpabilizar a los salvocheanos del incendio de la cárcel (Mª Dolores Ferrero Blanco, Cristóbal García García y José Manuel Vázquez Lazo: El Campillo. De la independencia a la democracia, Huelva, Servicio de publicaciones de la Universidad de Huelva y Ayto. de El Campillo, 2007, pp. 201-210).

    En conclusión, sin entrar en los aspectos formales de un artículo que más bien parece una mera relación de nombres y datos, creo que está bien claro que el texto de Moreno Bolaños y Hernández Vallecillo no puede considerarse, ni de lejos, como algo novedoso y muchísimo menos como la obra de historiadores propiamente dichos. Todo ello no tiene por qué suponer algo negativo, de hecho me parece muy loable que alguien dedique su tiempo a la investigación histórica sin ser esta su profesión, pero en este caso existe una carencia interpretativa que no podía pasar por alto, la de considerar legítimos los juicios franquistas.

    Por este motivo he decidido contestar, pero también porque estoy plenamente convencido de que la labor del historiador pasa por la búsqueda de una verdad inalcanzable, pero cercana si se emplean los medios adecuados. Lo he hecho sin acritud, no puedo tenerla hacia personas a las que ni siquiera conozco, y espero no haberla generado.

    Por Miguel Ángel Collado, historiador

  • Convocan unas jornadas sobre la represión franquista en la Cuenca Minera

    Convocan unas jornadas sobre la represión franquista en la Cuenca Minera

    El evento contará con la participación de los historiadores e investigadores Miguel Ángel Collado, Cristóbal García, Fernando Pineda, Jesús Ramírez Copeiro del Villar y Félix Ramos Toscano

    Todas las personas interesadas en conocer la historia del franquismo en la Cuenca Minera de Riotinto tienen una cita en los próximas días en Nerva, concretamente el 17 y 18 de julio, coincidiendo con el 83 aniversario del golpe de estado franquista.

    Es gracias a unas Jornadas de Memoria Democrática organizadas de forma conjunta por el Foro por la Memoria de Huelva y la Asociación de Memoria Histórica de la provincia onubense, dos organizaciones memorialistas que pretenden con ello promover la difusión de la historia de la comarca y rendir homenaje a las víctimas del franquismo.

    Las jornadas contarán para ello con la participación de cinco historiadores e investigadores sobre esa etapa en la Cuenca Minera de Riotinto, como Miguel Ángel Collado Aguilar, Cristóbal García García, Fernando Pineda Luna, Jesús Ramírez Copeiro del Villar y Félix Ramos Toscano.

    La apertura de las jornadas, que se celebran en el Museo Daniel Vázquez Díaz de Nerva, tendrá lugar con una charla sobre ‘Golpe de Estado, resistencia y represión en la Cuenca Minera’, que será impartida por los citados historiadores Collado y García y por el investigador y presidente de la Asociación de Memoria Histórica de la Provincia de Huelva, Fernando Pineda.

    Eso será el miércoles día 17 a las 19.00 horas, tras lo que, un día después, el jueves 18, las jornadas proseguirán, a la misma hora, con un análisis sobre ‘Exilio republicano y represión al magisterio onubense: los casos de Antonio y Maravillas Llordén’, que correrá a cargo de Jesús Ramírez Copeiro del Villar y Félix Ramos Toscano.

    Las jornadas concluirán a las 21.00 horas con un homenaje a las víctimas del franquismo en el cementerio de Nerva, donde precisamente se encuentran las fosas comunes que actualmente son objeto de los trabajos de exhumación iniciados recientemente.

  • Polémica entre el Gobierno y el Ayuntamiento de Zalamea por la simbología franquista

    Polémica entre el Gobierno y el Ayuntamiento de Zalamea por la simbología franquista

    El Ministerio de Justicia comunica que la localidad zalameña incumple la Ley de Memoria Histórica y el alcalde critica su «falta de rigor»

    La obligatoriedad de eliminar la simbología franquista del callejero de los municipios españoles, en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, ha provocado cierta polémica entre el Gobierno de España y el Ayuntamiento de Zalamea la Real, municipio que aparece en un listado de localidades incumplidoras hecho público recientemente por el Ministerio de Justicia a través de una nota de prensa en la que, además, se asegura que se han enviado cartas a los ayuntamientos afectados instándoles a que realicen los cambios pertinentes en el callejero.

    Sin embargo, esta situación no afecta a Zalamea la Real, en primer lugar porque no ha recibido esa carta y, en segundo lugar, porque ninguna calle del municipio tiene ya ningún nombre asociado al franquismo, tal y como ha aclarado el alcalde de Zalamea la Real, Marcos Toti, en declaraciones a Tinto Noticias -el periódico de la Cuenca Minera de Riotinto-, que además ha tenido acceso a la documentación que así lo atestigua.

    En concreto, Toti ha explicado que el Ministerio remitió una carta al Ayuntamiento de Zalamea en la que le pedía que informara si aún mantiene algún símbolo franquista en el callejero, pero «en ningún momento nos dicen que no cumplimos ni nos piden que procedamos a realizar algún cambio», señala Toti, al tiempo que lamenta que el Ministerio haya dado esa información «errónea» antes de recibir la respuesta del Consistorio zalameño.

    Lo que sí es cierto, señala el alcalde, es que el año pasado recibieron una carta del Senado en la que se les indicaba que había dos calles que no cumplían, de las que «una sí cumplía, pero no se había cambiado en el catastro», aclara Toti. Sobre la otra, el alcalde admite que no se cumplía, algo que atribuye a un error, pues más que una calle es un callejón en el que no se accede a ninguna vivienda y que carecía de rótulo, por lo que entiende que «se le pudo pasar» a los primeros gobiernos socialistas de la democracia, que «hicieron bien» ese trabajo de eliminación de la simbología franquista, añade.

    No obstante, tras recibir esa comunicación, el Ayuntamiento procedió a realizar los cambios pertinentes, tal y como se atestigua en la documentación a la que ha tenido acceso este periódico, por lo que el alcalde ha criticado, en declaraciones a Tinto Noticias, lo que califica de «falta de rigor del Ministerio de Justicia a la hora de sacar una nota diciendo que no cumplimos. Antes debería informarse», le recrimina Toti.

    De hecho, tal y como se recoge en el acta de un Pleno celebrado el 26 de julio de 2018, la sesión plenaria aprobó por unanimidad «dar de baja a la calle General Franco, en la aldea de Las Delgadas, ya que no existen en la actualidad secciones ni viviendas dadas de alta», así como dar traslado del acuerdo al Instituto Nacional de Estadística (INE) y al Senado.

    Asimismo, tal y como se recoge en otro acta de un Pleno celebrado hace más de 20 años, concretamente el 22 de septiembre de 1998, la sesión aprobó una nueva relación de calles, en la que se incluye la nueva denominación de la otra calle que ha sido cuestionada, llamada antiguamente Sanjurjo, y que desde ese momento pasó a llamarse Mirador de la Sierra.

    Estos documentos fueron trasladados además al Senado en una carta a la que también ha accedido este periódico y con la que el Ayuntamiento contestaba al escrito anterior remitido por la Cámara Alta.

  • Los pozos mineros pueden albergar a víctimas del franquismo

    Los pozos mineros pueden albergar a víctimas del franquismo

    Los falangistas tiraban a muchos de los asesinados al interior de estas perforaciones que aún permanecen sin tapar y camufladas por ramas en el campo, cuya existencia fue noticia recientemente por el caso de Julen

    Los numerosos pozos o prospecciones mineras con los que cuenta la provincia de Huelva, muchos de ellos sin tapar y camuflados sólo con ramas, no se utilizaron sólo para ventilar las galerías mineras, que es el fin con el que se abrían estas zanjas principalmente verticales que se encuentran situadas en las cimas y laderas de los montes.

    Estos socavones, que en las últimas semanas coparon parte de la actualidad informativa por el caso del pequeño Julen, también fueron muy utilizados para otro fin durante la guerra civil española, concretamente por parte de los falangistas, que tiraban en su interior algunos cuerpos de víctimas del franquismo a las que previamente habían fusilado.

    Se desconoce el número de personas que acabaron en el interior de estos pozos y cuáles de ellos fueron utilizados para ese fin, pero no hay duda de que algunas de las víctimas de la represión franquista fueron tiradas por esas zanjas, pues así fue contado por muchos vecinos de varias poblaciones mineras, lo que propició que esa información se transmitiera de generación en generación.

    El presidente de la Asociación de Memoria Histórica de la Provincia de Huelva (AMHPH), Fernando Pineda, asegura que las personas a las que los franquistas tiraban por esos pozos eran principalmente aquellas que se encontraban huídas en el campo y eran buscadas por los franquistas y guardias civiles a través de lo que se conocía como «batidas».

    «Normalmente las personas a las que detenían dentro de los pueblos eran fusiladas junto a las fosas comunes de los cementerios, donde después depositaban los cuerpos», explica el también exalcalde de uno de los municipios de la Cuenca Minera de Riotinto, El Campillo. Sin embargo, «a muchos otros los encontraban en el campo, durante las batidas que hacían en busca de personas que estaban huídas, y a éstos, tras fusilarlos, los dejaban en el suelo, allí mismo, o, si había algún pozo minero cercano, los tiraban por ahí», añade.

    Además, tal y como detalla Pineda, en La Atalaya, la antigua población minera donde se encuentra la famosa corta que lleva el mismo nombre de esa desaparecida pedanía, «siempre se dijo que un grupo de personas que eran miembros de una asociación cultural, a los que se llevaron en un camión, fueron tirados en un pozo minero de la zona del túnel 5».

    El presidente de la AMHPH no cree que en el fondo de estos pozos mineros puedan quedar aún restos mortales de esas víctimas del franquismo, pues los cuerpos desembocarían en «aguas cobrizas», asegura. Sin embargo, tal y como explica el portavoz de Ecologistas en Acción en Huelva, Juan Romero, «muchos de estos pozos mineros son secos», por lo que «todavía deben conservarse» parte de los restos de quienes fuesen tirados por ellos, añade.

    Pozos mineros

    La existencia de estos de pozos o prospecciones mineras sin tapar, camuflados sólo con ramas, fue noticia en las últimas semanas como consecuencia del caso del pequeño Julen, el niño de dos años de la barriada malagueña de El Palo que el pasado 13 de enero cayó a un pozo de la localidad de Totalán, donde fue localizado sin vida el pasado día 26.

    Al igual que el pozo en el que cayó Julen, los pozos mineros suponen un peligro para las personas, principalmente para senderistas, cazadores, trabajadores agrícolas y forestales, buscadores de setas o, simplemente, personas que salen a pasear por el campo.

    Son básicamente registros mineros antiguos realizados entre la época de los romanos y principios del siglo XX y situados en las cimas y laderas de los montes, donde se abrían zanjas principalmente verticales con el objetivo de ventilar las galerías mineras.

    La mayoría tienen un metro cuadrado de ancho, como uno situado en El Pozuelo, donde hace unos diez años estuvo a punto de caer un trabajador que se encontraba realizando labores forestales en el interior de una máquina.

    Peor suerte han corrido algunos perros utilizados por los cazadores en las monterías, pues algunos han caído en los últimos años en un pozo de la mina de El Buitrón, situado en esta aldea de Zalamea la Real.

    Son casos que ponen de manifiesto el peligro de este tipo de socavones que se encuentran en toda la Faja Pirítica, como uno situado en la vecina localidad sevillana de El Madroño, en el que un trabajador perdió la vida tras caer con su maquinaria forestal el 4 de julio de 1990.

    Desde Ecologistas en Acción explicaron que no existe un inventario de pozos de estas características, pero tienen claro que hay “muchos” y que se encuentran repartidos en prácticamente toda la comarca minera.

    Además de los ya citados de El Buitrón y El Pozuelo, pertenecientes a Zalamea, aseguran que los hay en Berrocal, como el que ilustra esta información, en El Campillo, en Minas de Riotinto y en Nerva. En este último municipio, en la zona de Peña del Hierro, hay algunos “muy peligrosos”, advirtieron.

    La organización conservacionista alertó hace tiempo de la existencia de estos pozos, pero considera que no deben cerrarse o sellarse, sino únicamente delimitarse y vallarse, ya que estos pozos “cumplen una función ecológica como refugio de murciélagos y forman parte de nuestro patrimonio minero”, señaló el portavoz de la organización conservacionista en Huelva.

    A juicio de Juan Romero, lo primero que debe hacerse es un inventario, pues “ni los ayuntamientos conocen la existencia de estos pozos”, indicó. A continuación, “lo que debe hacerse es delimitarlos y vallarlos para alertar a las personas que pasen por la zona, como se hizo con uno que se encuentra en El Pozuelo y en otros de la comarca, que están inventariados”, explicó.

  • Dos víctimas del franquismo de Nerva y El Campillo protagonizan un programa de La Sexta

    Dos víctimas del franquismo de Nerva y El Campillo protagonizan un programa de La Sexta

    La historia de Cristóbal Roncero Piñero (‘el médico de los mineros’) y de Antonio Villanueva Márquez es contada por sus bisnieta y nieta en ‘Carretera y manta’

    Dos víctimas del franquismo de la Cuenca Minera de Riotinto protagonizaron este miércoles parte del nuevo programa ‘Carretera y manta’ de La Sexta, que estuvo dedicado a la memoria histórica y, más concretamente, a la exhumación de Franco.

    En el programa, conducido por Jesús Cintora, se dieron a conocer las historias del nervense Cristóbal Roncero Piñero, conocido como ‘el médico de los mineros’, y del campillero Antonio Villanueva Márquez, que fueron contadas por una bisnieta del primero, María Pozo Martín, y una nieta del segundo, Juana María Villanueva Chaparro, residentes actualmente en Madrid.

    Pozo, miembro de la Asociación de Memoria Histórica de la Provincia de Huelva (Amhph), narró la historia del ‘médico de los mineros’, que desapareció el 14 de agosto de 1937, con 52 años, cuando se dirigía a Huelva en autobús.

    Los falangistas detuvieron el vehículo en Valverde, entraron a por él y se lo llevaron. Sus familiares no volvieron a saber de él, ni siquiera dónde dejaron el cuerpo, y aún lo están buscando.

    Por su parte, Villanueva Chaparro, miembro también de la Amhph, contó la historia de su abuelo, Antonio Villanueva Márquez, asesinado el 27 de noviembre de 1936 en El Campillo, llamado entonces Salvochea, y tirado a la fosa común del cementerio de la localidad, donde se encuentran sus restos,

    «Lo único que queremos es que tengan una sepultura», destacó Villanueva, no sin antes recordar que «los crimenes quedaron impunes y no tuvieron ningún castigo».

     

  • Nerva conmemora el 82 aniversario de la entrada de las tropas franquistas

    Nerva conmemora el 82 aniversario de la entrada de las tropas franquistas

    La coordinadora comarcal por la memoria histórica y el Ayuntamiento del municipio realizan una ofrenda de flores en las fosas comunes

    Nerva rindió homenaje este domingo a las víctimas del franquismo de la localidad con motivo de la conmemoración del 82 aniversario de la entrada de las tropas sublevadas en el municipio, que se produjo el 26 de agosto de 1931, justo un día después de la primera incursión por tierra de las columnas fascistas en la Cuenca Minera de Riotinto, que se produjo, a través de Zalamea la Real y Campofrío, el 25 de agosto, sobre la que se aportan detalles en esta información de Tinto Noticias -el periódico digital de la Cuenca Minera de Riotinto-.

    Tal y como han informado desde Onda Minera RTV Nerva, en conmemoración de la entrada en de las tropas, que causaron cientos de víctimas en plena Guerra Civil española, representantes de la Coordinadora Cuenca Minera del Río Tinto por la Memoria Histórica y del Ayuntamiento de Nerva depositaron sendos ramos de flores en las fosas comunes existentes en el cementerio municipal, con lo que desde ambas entidades quisieron homenajear a las víctimas.

    Los actos conmemorativos se trasladaron a continuación al Museo Vázquez Díaz, que acogió, en primer lugar, la presentación del proyecto de documental sobre la guerra civil en la sierrra ‘Hogar, un camino de vuelta a casa’, en el que está muy presente la Cuenca Minera de Riotinto, pues algunos de los testimonios que se recogen narran la historia de personas que huyeron de esta comarca, tal y como puede apreciarse en esta reciente información de Tinto Noticias sobre el documental.

    A continuación tuvo lugar un concierto musical a cargo de Gustavo Obermeller Lama en la plaza de los Hijos Ilustres de Nerva, con lo que se ponía fin a unos actos conmemorativos en los que no había «nada que celebrar», señaló el alcalde del municipio, José Antonio Ayala, en declaraciones recogidas por Onda Minera RTV Nerva. «El 26 de agosto -subrayó el primer edil- no hay nada que celebrar en esta tierra y sí mucho que conmemorar», una tesis compartida también por el coordinador para la recuperación de la memoria Histórica en la zona, Juan Alfonso Barba.

    Esta conmemoración se produce menos de un mes después de que se presentaran los resultados de los trabajos de indagación, localización y delimitación llevados a cabo por la Junta de Andalucía en las fosas comunes de la localidad, que concluyeron que estas fosas cuentan con al menos 221 víctimas del franquismo, al tiempo que resolvieron que la exhumación de los restos es posible, tal y como se explica con más detalles en esta otra información de Tinto Noticias.

    Asimismo, la Junta de Andalucía aprobó recientemente la realización de trabajos similares en El Campillo, como se indica en esta publicación, y en Minas de Riotinto, como se recoge en ésta otra.

    Foto: Onda Minera RTV

  • La Junta aprueba intervenir en la fosa común de El Campillo

    La Junta aprueba intervenir en la fosa común de El Campillo

    Da el visto bueno a la solicitud del Ayuntamiento del municipio, en el que hay documentadas 352 víctimas del franquismo

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  • Halladas 221 víctimas del franquismo en las fosas comunes de Nerva

    Halladas 221 víctimas del franquismo en las fosas comunes de Nerva

    Los trabajos desarrollados en el cementerio de la localidad concluyen que la exhumación de los restos es posible

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  • Me gustaría poder contarte que apareció, abuela

    Me gustaría poder contarte, abuela, que apareció. Que ya podemos cerrar la puerta por las noches, que no va a venir. Que descansa a tu lado, que deja de ser un montón de huesos y recupera su nombre, apellidos y familia.

    Me gustaría poder contarte, abuela, que van a exhumar los restos de la fosa común de El Campillo y vamos a saber si tu padre, Natalio Cobo Santiago, está ahí, en el camposanto a unos metros de ti, donde tú elegiste descansar para tenerlo cerca.

    Porque mi abuela Leandra se crió con esa ausencia, la de su padre asesinado, un minero afiliado a la UGT al que un día pillaron almorzando en casa y le pidieron salir para hacerle unas preguntas. Y no volvió. Desde entonces, mi abuela siempre repetía que se había quedado sin padre con cinco años. De la infancia recordamos juegos y risas y ella recordaba eso, la presente ausencia de su padre, un extremeño al que habían asesinado en las afueras del pueblo con 49 años.

    Cuando tuvo edad de poder coger niños en brazos, mi abuela dejó de ser una niña y cuidó hijos de Guardias Civiles (vivía junto al Cuartel) hasta que con 12 o 13 años se fue interna a una finca en Zalamea la Real. Y fuera de su pueblo natal hizo su vida, se casó y crió a sus tres hijos en El Membrillo Alto. Durante toda su vida sólo nos pidió una cosa (mi abuela daba mucho pero nunca pedía nada para ella): poder yacer a unos metros de donde quizá estuviera su padre, en el cementerio de El Campillo. ¿Existe algo más triste que eso?

    Ojalá pudiera contarte, abuela, que lo que no te dejó dormir en vida te dejará al menos descansar eternamente. Me gustaría poder contarte, abuela, que estáis juntos y que los dos vais por fin a descansar tranquilos.

    Leandra Moyano

  • Familiares de víctimas pueden sumarse a la petición de exhumación de la fosa común de El Campillo

    Familiares de víctimas pueden sumarse a la petición de exhumación de la fosa común de El Campillo

    La solicitud ya ha sido cursada por Francisco Javier Sánchez Rubio, María de los Ángeles Benito Oliva y Manuel Curtido Oliva 

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