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  • Juan Santana Bolaños, empresario zalameño que arrendó las Minas de Rio-Tinto en 1823

    Juan Santana Bolaños, empresario zalameño que arrendó las Minas de Rio-Tinto en 1823

    Combatió contra las tropas francesas de Napoleón, suministró alimentos al ejército español destinado en Cádiz y le dieron crédito para el aprovechamiento de las aguas vitriólicas de las Reales Minas de Rio-Tinto

    En 1810 España estaba inmersa en plena Guerra de la Independencia, los franceses habían tomado Sevilla y tan solo le faltaba por llegar a los pueblos mineros de Riotinto. En febrero de ese mismo año un destacamento francés que había salido de Sevilla, se dirigía a Badajoz por el camino de Santa Olalla. Enseguida el Ayuntamiento de Zalamea la Real, tras conocer estos movimientos, convocó a los vecinos de la población y un grupo de ellos capitaneados por Juan Santana Bolaños salió con una partida compuesta con numerosos milicianos para interceptar a las tropas francesas. La munición y el armamento necesario lo proporcionó del arsenal de la compañía Vicente de Letona, director de las Reales Minas de Rio-Tinto, quedando abatido la totalidad de los soldados franceses.

    Un mes más tarde ocurrió otro de los enfrentamientos que tuvo que soportar la población, conocida como la Batalla de Palanco. Según nos ha contado Carmen López Tatay, una de las descendientes de Juan Santana Bolaños, ante la llegada de un destacamento del ejército francés, procedente de Valverde del Camino, se formó de nuevo una partida de vecinos, operarios de las minas y otros voluntarios de los pueblos de alrededor, entre los que se encontraba Santana Bolaños. La confrontación tuvo lugar en el Barranco de Palanco, donde se producen una serie de descargas actuando los milicianos de manera valerosa y que hacen retroceder a los franceses de nuevo hacia Valverde.

    Una vez terminada la guerra y retirado el ejército francés de territorio español, durante los años siguientes la población tuvo que atravesar una difícil situación económica al verse obligada a abastecer a las tropas españolas de comida para su subsistencia: carne del ganado y cosechas de cereales para la elaboración de pan. De esta forma, en 1817 Juan Santana Bolaños suministró a las tropas españolas de la provincia marítima de Cádiz una cantidad de trigo que se elevó a la no despreciable cifra de 396.738 reales de vellón, y que, como las arcas del estado no pudieron pagarle, se quedó este crédito a su favor frente a la Real Hacienda.

    Mientras tanto, en las Minas de Rio-Tinto la labor de cementación, que era como se conocía el Aprovechamiento de las Aguas Vitriólicas, estuvo abandonada.

    Vitriolas de las minas de Riotinto

    Estos trabajos consistían en colocar en el interior de la mina unos canales de madera en los que se metía unas planchas o desechos de hierro por los que circulaban las aguas vitriólicas y por las que se precipitaba el cobre. De esta forma se obtenía, lo que aún hoy día se conoce como “cáscara de cobre” adherida a los pedazos de hierro. Depositada esta cáscara en cajones de madera se llevaban a la Fábrica de Afino para convertirse, en menos tiempo y con menor cantidad de carbón de brezo que el mineral explotado en las minas, en cobre fino “a punto de martinete” que se vendía a la Casa de la Moneda de Segovia y si el cobre recibía un segundo afino, se convertiría en cobre “a boca de fuego” o “a punto de artillería” que se enviaba directamente a la Real Maestranza de Artillería de Sevilla, en un carro tirado por mulas a través de los caminos romanos que partiendo de la Aldea de Riotinto, hoy Nerva, pasaba por las minas del Castillo de las Guardas, Itálica en Santiponce y Sevilla.

    Viendo los beneficios que podía obtener de las labores de cementación, Juan Santana Bolaños solicitó licencia para la explotación de estas aguas, y el 4 de marzo de 1823 se le otorgó crédito público para el aprovechamiento de las aguas vitriólicas de las minas. De esta forma Juan Santana Bolaños se convirtió en el primero y único empresario de la cuenca minera de Riotinto al que se le concediera el privilegio de explotar las milenarias Minas de Rio-Tinto o, al menos, parte de ellas.

    Por esta concesión Santana Bolaños pagaría 500 reales diarios, que le serían descontados de la deuda, que por 396.738 reales tenía con la Hacienda Pública por las ventas de trigo que hizo en 1817.

    Precintos de plomo minas de Riotinto

    Pero, como en todas las concesiones que la Real Hacienda hiciera de las Minas de Rio-Tinto, iba a dar más problemas que satisfacciones, teniendo que cesar sus actividades dos años más tarde en 1825, aunque volviendo a ser autorizado dentro del mismo año a beneficiar las aguas y afinar las cáscaras de cobre producidas de su propia cementación. En estos dos periodos Juan Santana Bolaños obtuvo 1.657 arrobas de cobre (19.059 kg) en sus explotaciones.

    Fallecido Juan Santana Bolaños, su hijo Bruno Bolaños presentó el 2 de mayo de 1829 una reclamación sobre la liquidación que tenía pendiente su padre con la Hacienda. De esta forma, la Contaduría de las Minas de Rio-Tinto realizó la siguiente liquidación de gastos e ingresos por los trabajos ejecutados:

                                                                                        Reales de Vellón
    Total valor del crédito a descontar………………………….. 396.738
    Por el disfrute de dichas aguas a razón de 500 rs diarios
    del 1 de julio de 1824 al 10 de enero de 1825 ……………………….. 96.500
    Por 1.434 arrobas de hierro a 26 reales ……………………………… 37.284
    Por 123 jornales a Juan Real a 6 reales ………………………………. 738
    Por jornales pagados al Guarda que custodia la cañería…………… 2.070
    Por los pagados a un Maestro que vino de Huelva a embrear los cajones. 320
    Por el carbón consumido y jornales para la afinación de la
    cáscara de cobre…………………………………………………………. 4.578
    Por el porte de 387 arrobas de cobre afinado desde estas Minas a la Casa
    de la Moneda de Segovia a 15 rs la arroba según Hilarion de la Banda… 5.805
    Por el porte de 46.000 rs en monedas de vellón desde dicha Casa a
    Zalamea la Real, según recibo del mismo Banda ………………………… 2.172

    Por la venta de 387 arrobas de cobre fino roseta a punto de martinete
    vendido a la Casa de la Moneda de Segovia a 5 ¼ rs libra ………….. 50.793

    Y el total valor del crédito resulta ser de…………………………………………….. 300.238

    La Dirección de las Minas aprobó la referida liquidación a favor de Santana Bolaños en Madrid a 28 de Mayo de 1831. Desconocemos si esta liquidación fue pagada por la Real Hacienda a su hijo Bruno.

    Posteriormente los trabajos de Aprovechamiento de las Aguas Vitriólicas continuaron mejorándose, ampliándose la longitud del canaleo, el modo de colocar las planchas de hierro, la cubrición de los canales, la utilización de vitriolos, etc.

    Hoy, después de 200 años, las Labores de Cementación continúan desarrollándose en las empresas mineras, que junto con los trabajos de lixiviación se obtiene Cáscara de Cobre como producto secundario de una actividad minera complementaria.

    Por Juan Carlos Domínguez Vázquez

  • Comienzan el rodaje de un documental sobre la historia de la Cuenca Minera

    Comienzan el rodaje de un documental sobre la historia de la Cuenca Minera

    El film contará con entrevistas a mineros, historiadores y científicos

    La productora sevillana Playmedia Producciones inició este jueves el rodaje del documental ‘Minas de Riotinto, de los fenicios a Marte’, que tratará sobre la historia de la Cuenca Minera.

    «La cara más visible y el eje del documental será el escritor riotinteño Juan Cobos Wilkins«, autor de la novela ‘El corazón de la tierra’, que es el presentador y conductor de este film, que contará con entrevistas a mineros, historiadores y científicos que han realizado estudios sobre la zona, según han informado desde la propia productora.

    Entre los entrevistados están los historiadores Consuelo Domínguez, Aquilino Delgado, Miguel Ángel Collado y José Manuel Delgado, el catedrático de Microbiología Ricardo Amils, el investigador de la Universidad de Huelva Juan Aurelio Pérez y el director de Atalaya Riotinto Minera, Enrique Delgado, según han informado desde Playmedia Producciones en declaraciones a TINTO NOTICIAS -El periódico de la Cuenca Minera de Riotinto-.

  • Las Minas de Río Tinto y El Hoyo de D. Liberto, caballero de nación sueco

    Las Minas de Río Tinto y El Hoyo de D. Liberto, caballero de nación sueco

    Una de las figuras imprescindibles en la de la explotación de las Minas de Río Tinto ha sido LIEBERTO WOLTERS VONSIOHIELM – (Estocolmo, 1665 – Riotinto, 1727).

    Las minas llevaban unos 1.300 años sin trabajarse, desde el tiempo de los romanos, y Lieberto Wolters solicitó al Rey Felipe V la concesión para la explotación de las minas, creando una sociedad denominada “COMPAÑÍA DE LAS MINAS DE RIO TINTO Y ARACENA”.

    Su nombre original era LIEBERT WOLTERS VON SJÖHJELM y al transcribirse al castellano se le modificó el apellido materno por otro más legible, Vonsiohielm.

    Se ignora la causa que de haber venido a España a principios del siglo XVIII, pero lo que se sabe es que formó parte en la guerra de Sucesión española.

    En 1719 se hallaba en Vigo ejerciendo el oficio de buzo, a través de una compañía que pretendía extraer del fondo de las Rías Bajas, las riquezas que aportara desde América la Flota de Nueva España al mando del general Manuel Velasco, hundida en 1702; la más rica que había venido de América, con 20 millones de pesos en plata y otros tantos en valor de las mercancías.

    El hundimiento de la flota de barcos llegado desde las Indias Occidentales se conoce como la Batalla de Rande, situada en el estrecho de Rande, en Redondela, en la ría gallega de Vigo. Una batalla entre la flota anglo-holandesa contra la flota hispano-francesa, ocurrida el 23 de octubre de 1702, y en la que participaron 90 navíos, más de 3.000 cañones y murieron unas 2.000 personas entre los dos bandos. Tal fue la repercusión que tuvo esta batalla, que cuando la noticia del Desastre de Vigo se extendió por todo el país, provocó que cundiese el pánico entre la ciudadanía. Casi todos pensaron que toda la plata se había perdido y por ese motivo se crearon las “Cajas de Socorro y Montes de Piedad”, como es el caso de CajaMadrid, creada el 3 de diciembre de 1702.

    Flota hundida en el estrecho de Rande. Grabado de la época. Archivo General de Indias. Publicada por Instituto de Estudios Vigueses.

    Pasados los años de esa batalla, el 25 de marzo de 1719 Lieberto Wolters, que tenía conocimientos de mecánica y era de carácter emprendedor y atrevido, elevó al Rey Felipe V solicitud de Autorización para buscar y extraer el gran caudal oculto bajo las aguas; Concesión que se le otorgó por 300 ducados.

    Se formalizó el asiento escritura por término de tres años, con el compromiso de entregar a las Cajas Reales la tercera parte del valor de cuanto sacara del fondo de la bahía.

    Para los trabajos, Wolters adquiere el navío “Duque de Gloston” que le costó 630 reales, barato para la época. En este barco instala una plataforma y la maquinaria necesaria para la inmersión de 3 buceadores, llegados desde Suecia. De esta forma, desde la plataforma trabaja con una campana de madera forrada de cobre. Wolters había ideado un traje de cuero para bucear y un casco conectado a una larga manga que llegaba hasta la superficie.

    Placa de cobre con instrucciones. Museo del Mar de Galicia. Publicada por Instituto de Estudios Vigueses.

    La fotografía anterior es una placa de cobre que estaba en la campana que utilizaron los buceadores de Wolters. Está escrita en ruso antiguo y en ella están grabadas las indicaciones para comunicarse los buzos con la superficie.

    En 1721 Wolters es denunciado tanto por vender mercancía que luego no saca de la ría, como por emitir acciones de su compañía que no obtiene beneficios. Durante esos años había extraído de las profundidades varios cañones de bronce y de hierro, anclas, tablas, balas y palanquetas, con alguna que otra moneda suelta adherida, tasándose en 3.068 reales de vellón los efectos que se habían de repartir.

    Grabado de 1871. Los Galeones de Vigo. Ediciones RP 2005. Yago Abilleira Crespo

    A pesar de ello, sus problemas económicos se acentuaron y LIEBERTO WOLTERS traspasó los derechos de la cédula de concesión a uno de sus socios.

    Después de este infructuoso éxito, a finales de 1722 LIEBERTO WOLTERS se retiró a Madrid viviendo pobremente bajo la protección del embajador de Baviera, al cual le había conocido en Vigo, prendándose de la honradez y excelente trato.

    Durante esa época WOLTERS se había quedado sorprendido de la cantidad de minas de oro y de plata que había en España y quiso seguir la huella de las incalculables riquezas que habían conseguido los Condes Fúcares que con Felipe II abrieron las minas de Guadalcanal.

    De esta forma, LIEBERTO WOLTERS a sus 60 años de edad, solicitó en 1725, a su majestad el Rey Felipe V, el arriendo por 30 años de las Minas de oro y plata de Guadalcanal, Rio Tinto, Cazalla, Aracena y Galaroza.

    LIEBERTO WOLTERS se fue a vivir a la Aldea de Rio Tinto, hoy Nerva, que en aquella época contaba con 80 habitantes y logró el objeto de su instancia; Como decía Rúa Figueroa, se creía con suficiente inteligencia, práctica y capacidad para el desagüe de las minas inundadas y formó las bases para la creación de una compañía para la explotación de las citadas minas.

    El Asiento o Real Cédula de concesión de las minas fue suscrito el 16 de junio de 1725 por el Rey con la sola condición de que a su término pasasen a la Real Hacienda todos los edificios, ingenios y demás utensilios que allí se hubiesen establecido.

    En septiembre de ese mismo año Wolters publicó un folleto de 25 páginas que tituló MANIFIESTO en el que insertaba el Asiento celebrado con el Gobierno precedido de las riquezas de las 5 minas y así llamar la atención a posibles socios para la creación de su empresa y explotación de las minas.

    A este Manifiesto acompañaba Wolters las condiciones para la formación de la compañía compuesta de 2.000 acciones a 50 doblones de a dos escudos de oro cada una, reservándose el asentista 700 acciones (libres de todos gastos) y con ellas la presidencia de la Sociedad y la facultad de nombrar un Director, un Veedor, un Contador y un Tesorero.

    Llegaron a inscribirse más de 60 interesados, entre ellas muchas damas de la corte. Aunque este proyecto fue rudamente impugnado, prodigando a su autor toda clase de epítetos y punzantes epigramas, calificándolo de embustero, estafador y hereje (por ser de otra religión distinta a la católica).

    Folletos publicados en noviembre de 1725 en contra del proyecto de Wolters.

    La empresa creada, una de las primeras sociedades anónimas españolas se llamaba “COMPAÑÍA Y ASIENTO DE LAS MINAS DE GUADALCANAL, CAZALLA, ARACENA, GALAROZA Y RIO TINTO”.

    Con las 700 acciones que tenía Wolters le establecía el derecho a poder contratar a los empleados. En diciembre de 1725 solo había podido colocar la mitad de las 2.000 acciones ofrecidas.

    Una vez colocadas todas las acciones, en tan solo 5 meses de 1726 se convocaron más de 28 Juntas Generales de Accionistas de la Compañía; los socios rivalizaron para ser elegidos directivos y estaban en contra de Wolters por que tenía el poder de una de las minas más valiosas de España. Para ello contrataron al ingeniero alemán Roberto Shee para realizar un informe sobre las diferentes minas del Asiento y emitir una valoración sobre la Concesión.

    Wolters había comprado en el extranjero dos bombas para desaguar las minas y comenzar la explotación junto con varios trabajadores llegados desde las minas de Shala en Suecia, pero como los accionistas no se ponían de acuerdo y no tenía dinero para pagar el transporte de la maquinaria ni los salarios de los trabajadores, tuvo que empeñar sus joyas para realizar estos pagos y comenzar los trabajos.

    En medio de todo este desorden, desesperado Wolters pidió la intervención al Consejo de Hacienda para resolver las continuas disputas y la respuesta fue a través de un real decreto del 4 de julio de 1727 por el que se disolvía la compañía y se creaban dos empresas nuevas. Una compuesta por todos los socios menos Wolters, que le concedían las minas de Guadalcanal, Cazalla y Galaroza, denominándose “COMPAÑÍA ESPAÑOLA”.

    La otra compañía estaba formada solo por Wolters con las 700 acciones que poseía, constituyéndose la empresa que llevaría por nombre “COMPAÑÍA DE MINAS DE RIO TINTO Y ARACENA”.

    Pueblo de Riotinto a principios del S.XX

    Una copia de este decreto llegó a manos de LIEBERTO WOLTERS pocos días antes de su muerte ocurrida el 26 de julio de 1727 y al conocer su contenido nombró a su sobrino Samuel Tiquet (uno de los obreros llegados desde Suecia) heredero y sucesor de la compañía. Tiquet, al igual que su tío Wolters, no llegó a casarse, ni a tener descendencia.

    A pesar de que Samuel Tiquet tuvo un comienzo muy difícil respecto a las propiedades de los terrenos, la producción y el accionariado, en 1747 contrata como administrador a Francisco Tomás Sanz y reinicia la producción de cobre a unos niveles espectaculares.

    LIEBERTO WOLTERS VONSIOHIELM fue sepultado en la falda sur del Cerro de Salomón, en el camino que conduce desde el Cerro de las Vacas a la fábrica de Planes. Hasta la llegada de los ingleses en 1873, el sitio de su sepultura era conocido como El Hoyo de D. Liberto.

    Cerro de las Vacas. Joaquín Ezquerra del Bayo – 1852

    LIEBERTO WOLTERS puso las bases hace 295 años para la creación de una gran empresa y aunque no llegó a conocer el gran potencial que suponía Rio Tinto, con el tiempo se transformó en una de las mayores empresas mineras del mundo y su nombre sonaría y aún suena por toda la esfera mundial.

    BIBLIOGRAFÍA

    – Abilleira Crespo, Y. – 2005. Los Galeones de Vigo. RP Ediciones.
    – Aldana, L. – 1875. Las minas de Rio Tinto en el transcurso de siglo y medio. Estab. Tipográfico de Pedro Núñez. Madrid
    – Avery, D. – 1985. Nunca en el cumpleaños de la reina Victoria. Editorial Labor.
    – Instituto de Historia y Cultura Naval. Tomo 6 -Desastre en Vigo.
    – Maffei, E. y Rúa Figueroa, R. – 1872. Apuntes para una Biblioteca Española. Imprenta J.M. Lapuente. Madrid
    – Patiño Gómez, R. – 2019. Instituto de Estudios Vigueses. Revista nº 24 diciembre 2019. Personajes de Rande.
    – Rúa Figueroa, R. – 1859. Ensayo sobre la historia de las Minas de Rio-Tinto. Imprenta viuda Antonio Yenes.

  • Nieves Verdugo descubre a los mineros de Riotinto que emigraron a Estados Unidos

    Nieves Verdugo descubre a los mineros de Riotinto que emigraron a Estados Unidos

    Natural de Las Delgadas, esta investigadora ha realizado el trabajo titulado ‘Desde las rojas aguas del Tinto al condado de Stark, Ohio: la emigración de mineros de Huelva a Estados Unidos durante la crisis de 1920’, un episodio poco conocido de la Cuenca Minera que ahora sale a la luz

    Debido a la Huelga de 1920, registrada en Minas de Riotinto, muchos trabajadores de la Cuenca Minera tuvieron que emigrar a Estados Unidos, especialmente a Ohio. Un episodio poco conocido que ahora ha sido investigado por la historiadora Nieves Verdugo Álvez, que ha presentado en la Universidad de Huelva el Trabajo Fin de Máster (TFM) titulado ‘Desde las rojas aguas del Tinto al condado de Stark, Ohio: la emigración de mineros de Huelva a Estados Unidos durante la crisis de 1920’.

    Nacida en la aldea de Las Delgadas (Zalamea la Real), Nieves Verdugo es auxiliar de enfermería en el Hospital Vázquez Díaz de Huelva, una actividad profesional que compagina con su pasión por la historia y la investigación, lo que le ha llegado a licenciarse en Historia y, de hecho, en la actualidad, es profesora sustituta interina en el Área de Historia Contemporánea en la Facultad de Humanidades de la Onubense, donde también es colaboradora honoraria de investigación, adscrita al Área de Historia de América. A lo largo de su trayectoria, Verdugo ha cursado en la Universidad de Huelva el Máster Universitario oficial de Género, Identidad y Ciudadanía (2014) y el Máster Universitario de Análisis Histórico del Mundo Actual, en el marco del cual, el pasado mes de septiembre, presentaba su TFM. En la actualidad, está matriculada en el Doctorado de Patrimonio de la UHU, donde está haciendo su tesis doctoral. En materia de investigación, ha realizado diversas publicaciones, participado en simposios y congresos internacionales, así como en jornadas de historia relacionadas con las relaciones España-América, habiendo logrado el premio Iniciación a la Investigación en 2013, otorgado por la Universidad de Huelva, y el premio de la Asociación Española de Americanistas en la categoría ‘Investigadores en formación’ en 2016.

    Una amplia actividad que completa con este trabajo sobre la emigración de obreros onubenses a Estados Unidos, que le ha permitido sacar a la luz el nombre de esos mineros de la Cuenca de Riotinto que partieron a Ohio, dando a conocer sus historias de vida a partir de las fuentes disponibles. Una interesante investigación de la que nos habla en esta entrevista.

    -Nieves, ¿por qué has decidido indagar sobre la emigración de mineros de Huelva a Ohio?

    -Es un tema que llevo investigando desde hace varios años, desde 2015, cuando pretendía realizar mi tema de tesis doctoral sobre la emigración de españoles a Estados Unidos. Después, al hilo de mis trabajos sobre el hispanoamericanismo, derivé la tesis a esta otra línea, pues dispuse de unas ricas fuentes primarias inéditas, así que cambié de tema. No obstante, siempre me interesaron los estudios migratorios y las relaciones España-EE.UU., por lo que nunca abandoné la idea de trabajarlo algún día. A raíz de los trabajos del profesor James D. Fernández, de la New York University, y del documentalista Luis Argeo, sobre la emigración española en Estados Unidos a través de su importante proyecto ‘Emigrantes Invisibles’ y su libro Invisible immigrants. Spaniards in the US (1868-1945) volví a ilusionarme con esta investigación. Todo surgió a partir de una nota de prensa histórica norteamericana de 1920 dónde anunciaban la llegada de 3.000 mineros de las minas de Rio Tinto a trabajar a Ohio, así que, como me encontraba realizando el Máster sobre Análisis Histórico, decidí presentarlo como tema de mi TFM.

    Además, para mí también ha sido un asunto personal, ya que soy de la aldea de Las Delgadas, donde todos nuestros padres y abuelos mayoritariamente han trabajado en estas minas, por lo que el conocimiento de los hechos históricos estudiados y la emotividad que me ha producido tratarlos me ha facilitado mucho las cosas. Además, es un estudio inédito hasta ahora, así que ha sido necesario sacarlo a la luz a partir de las fuentes.

    -¿De qué fuentes has bebido?

    -No tenía nombres, pero comencé a investigar en los archivos norteamericanos y en los expedientes mineros del Archivo de la Fundación Rio Tinto y conseguí localizar a mas de 600 emigrantes de toda la Cuenca Minera, hombres adultos mayoritariamente, aunque también mujeres y algunos menores. Estas fuentes, unidas a la prensa histórica y a la bibliografía, han permitido llevar a cabo esta investigación. Sin duda, la aportación del proyecto del profesor Fernández y de Luis Argeo ha sido esencial, ya que me han facilitado el conocimiento de la vida cotidiana de los emigrantes en Ohio y el acercamiento a los descendientes, que, a través de su testimonio oral, han propiciado los resultados del estudio realizado.

    -¿Cuáles son las principales conclusiones de la investigación?

    -Poner de manifiesto las causas de esta emigración, que, a la luz de los resultados, nos indica que el principal motivo fueron las huelgas, pero que también influyeron otros factores, como la atracción económica de EE.UU. en ese momento y la importancia de las redes migratorias, que facilitaron la salida de familias completas, muchas de las cuales no volvieron nunca.

    -¿Quién ha dirigido este trabajo?

    -El TFM ha sido dirigido por la profesora María Antonia Peña. Su dirección y recomendaciones han sido primordiales para poder terminar este trabajo. Pero, sin duda, la aportación del testimonio oral de algunos descendientes, así como los documentos personales de estos, han resultado fundamentales de igual manera. Por ello, doy las gracias a Francisca y Manuela Medina, por su generosidad y testimonio sobre la vida en Estados Unidos de su abuelo. Especial relevancia tiene también la participación de Kathy Pujazón Meers, residente en Ohio y nieta de Juan Pujazón y Adelaida Justo, pareja de emigrantes de Nerva que se asentaron en el condado de Stark, Ohio, y allí formaron su familia. Kathy es una de las importantes colaboradoras del proyecto ‘Emigrantes Invisibles’ y, en la actualidad, trabajamos juntas este tema.

    -El tribunal ha estado conformado por profesores de la Onubense especializados en Migraciones, como son Encarnación Lemus López, Rosario Márquez Macías y Francisco Contreras Pérez. ¿Cómo han valorado tu trabajo?

    -El gran valor de este trabajo, a juicio del tribunal, ha sido la importante aportación de fuentes inéditas y el cruce de información de éstas, lo que ha permitido cumplir los objetivos marcados, por lo que el tribunal lo ha valorado con una nota de un 9, un Sobresaliente.

    -¿Tienes previsto publicarlo?

    -Sí, aunque la publicación del libro se va a llevar a cabo a través de una monografía de importantes especialistas que ya están trabajando sus diferentes bloques temáticos. El libro está en proceso y va a ser coordinado por el profesor James Fernández y por mí. Además, ya he asistido a dos congresos internacionales sobre las relaciones entre España y Estados Unidos con este tema, encuentros organizados por el Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares. En concreto, en el último de ellos, en abril de este año 2019, compartí un panel con la profesora María Antonia Peña y el profesor James Fernández.

    -¿Qué ha supuesto para ti presentar este TFM?

    -Este trabajo ha sido muy importante, ya que me ha acercado a un contexto histórico muy personal: la vida de nuestras familias en mi querida Cuenca Minera de Rio Tinto.

  • Adriano Gómez y Aquilino Delgado desmontan los bulos sobre la historia de Zalamea

    Adriano Gómez y Aquilino Delgado desmontan los bulos sobre la historia de Zalamea

    Los investigadores zalameño y nervense presentan este jueves su libro ‘Zalamea Romana’

    El Hall del Teatro Ruiz Tatay de Zalamea la Real acogerá este jueves 26 de septiembre, a las 20.00 horas, la presentación del nuevo trabajo de investigación histórica del zalameño Adriano Gómez y el nervense Aquilino Delgado, un estudio que pone al descubierto el profuso pasado romano de la Cuenca Minera de Riotinto y, muy especialmente, de la localidad zalameña.

    Los autores explicaran durante la presentación las inquietudes y motivaciones que les han llevado a realizar este trabajo que se inicia refutando los bulos extendidos acerca de los orígenes de Zalamea, sus inventados fundadores y, sobre todo, las diversas denominaciones de la villa por personajes casi mitológicos.

    Son bulos extendidos por quienes han llegado a ser calificados como «pseudointelectuales» de la primera mitad del siglo XX que, sin ningún rigor histórico, basaron los orígenes de Zalamea en la toponimia que reflejaban en sus escritos autores antiguos y falsificadores apologistas religiosos, empeñados en demostrar la veracidad de la Biblia, adaptando interesadamente e inventando la dudosa etimología de autores clásicos a lugares geográficos de la actualidad para entrelazar el Viejo Testamento judeocristiano a los intereses (nunca altruistas) de la iglesia contrarreformista y belicosa, en pugna con cualquier ideario ajeno a las verdades eternas propagadas por una Roma ecuménica.

    Adriano Gómez y Aquilino Delgado analizan con seriedad la veracidad o la burda falsedad de los diferentes topónimos atribuidos a Zalamea basándose, con crítica científica, en recientes estudios realizados por profesionales actuales, procurando destruir leyendas que no por ser halagadoras y atractivas son ciertas.

    Los autores del presente trabajo, profesionales en arqueología y la cultura grecolatina, licenciados en Historia, dedican un segundo apartado a investigar y situar todos los vestigios arqueológicos romanos aparecidos en el actual término zalameño, tomando, además de sus experiencias personales, las citas y las publicaciones anteriores realizadas por historiadores contemporáneos.

    En definitiva, Gómez y Delgado han confeccionado un necesario y útil inventario-guía de la Zalamea Romana, ofreciendo un mayor conocimiento de la patria chica y que desde ahora podrán disfrutar quienes aman la historia de su tierra.

    Una vez finalizada la presentación, Adriano Gómez y Aquilino Delgado se pondrán a disposición de las personas asistentes para la firma de ejemplares.

  • Gabriel Alejandro Sanz y las reales minas de cobre de Río-Tinto

    Gabriel Alejandro Sanz y las reales minas de cobre de Río-Tinto

    En 1859 Ramón Rúa Figueroa, Ingeniero del Cuerpo de Minas, escribió en su libro “Ensayo sobre la historia de las minas de Rio-Tinto”: – El origen de las explotaciones minero-metalúrgicas del término de Minas de Rio-Tinto se pierde en la noche de los tiempos. Examinadas con detenimiento las escorias se descubren dos edades de producción distintas, que representan otras tantas dominaciones: la de los fenicios, que cargaba sus naves con la plata de la Bética y la de los romanos, ese pueblo que sitiado por Alarico reducía sus ídolos a moneda para comprar la libertad-.

    Desde que los romanos abandonaron las minas en el siglo V hasta que se reanudó de nuevo la explotación en el siglo XVIII, pasaron más de 13 siglos en el olvido y apenas hay constancia de trabajos en las minas por parte de otros pueblos.

    Mas tarde, en 1725 una Real Orden de Felipe V le concede Asiento y concierta con Lieberto Wolters Vonsiohielm caballero sueco de nación, que se encargue del trabajo y beneficio de las Minas de plata de Rio-Tinto, Guadalcanal, Cazalla, Aracena y Galarosa por un periodo de 30 años. Sin embargo, Lieberto Wolters no pudo ver cumplido su sueño ya que tan solo dos años más tarde falleció, dejando su legado a su sobrino Samuel Manuel Tiquet.

    Pero en 1747 llega a las minas uno de los más controvertidos personajes de la historia de Rio-Tinto, Francisco Thomas Sanz, el sastre de Valencia. Para unos el impulsor de la primera minería subterránea moderna de Rio-Tinto y principal responsable del incremento de producción de cobre, que lo consideran como el verdadero “reformador”. (3). Para otros, un personaje que sembró el desorden con su más que dudosa honradez y que practicó el nepotismo e injustificadas reclamaciones hasta su muerte en 1800. Sufrió, además, varios intentos de asesinatos de los cuales salió airoso.

    El hecho es que contribuyó notablemente a poner en funcionamiento la empresa minera. Y así lo reconoció Samuel Tiquet, ya que a su muerte nombró a Sanz albaceas y administrador de las minas. Y así se lo reconoció también el antiguo pueblo de Riotinto al rotularle una calle con su nombre, la calle principal del pueblo donde estaba el club de los ingleses, la calle Sanz.

    Como administrador de las minas se hizo cargo en 1758 cuando tenía 14 trabajadores y las revertió a la Corona en 1778 con 780 trabajadores.

    El 31 de julio de 1762 trabajando los operarios de Rio-Tinto en una antigua galería, se encontraron una lámina de cobre con una inscripción dedicada al emperador romano Nerva. Este sería el nombre que le pondrían a la aldea de Rio-Tinto cuando se segregó de Zalamea en 1885.

    Pero en lo que estuvo francamente desafortunado Sanz, fue en su mencionado nepotismo. Sus colaboradores familiares no poseían la capacidad y la habilidad que él demostró. Su hermano Gabriel, impulsor de la construcción del Sepulcro de Zalamea en 1776, llegó a ser tachado de “charlatán presuntuoso”; su yerno Atanasio José Rodríguez, tesorero, fue conocido como “el satanás de las minas”, por su prepotencia y abuso de poder; y su nieto Vicente de Letona, contable y después gerente de las minas, no pudo desvincularse de las presiones negativas que ejercía sobre él el clan familiar.

    Llamado ante el éxito de su hermano Francisco Thomas Sanz, Gabriel Alejandro Sanz empezó a trabajar de Fiel en la entrada del carbón, Pagador de operarios y Capataz de barrenería en el año 1750, nombrado por el asentista Samuel Tiquet.

    Seis años después, en 1756, le despachó el título de Contador y Pagador con el sueldo de 250 ducados, el cual no fue efectivo, ya que las minas no producían para sufragar estos gastos. Además se le agregó durante 4 años el trabajo de Escribano habilitado para las minas por el Juez conservador D. Martín Alonso Bolaños. Aparte de ello, también hacía otros trabajos solicitados por Tiquet como Correos y correspondencia o asistirle en su larga enfermedad.

    En 1760 siendo administrador de las minas su hermano Francisco Thomas, le confirió a Gabriel Alejandro amplios poderes, ya que estaba en la necesidad de adquirir fondos con que sostener las minas y seguir sus pleitos; de esta forma, le aumentó su sueldo a 300 ducados anuales.

    Posteriormente en 1770, viendo como trabajaba Gabriel, le volvió a otorgar el título de Director de las minas, pero con el desempeño también de la Contaduría, habiendo de servir uno y otro cargo por el sueldo de 500 ducados anuales.

    En estos años, siendo director de las minas y estando casado con la zalameña Feliciana García Beato, cursó en 1776 una solicitud al Cabildo reclamando una extensión de terreno para construir en él una ermita que se llamaría del Santo Sepulcro, “para que se venere con mayor culto una imagen de Nuestro Señor Sepultado”, con la finalidad original, que aún se conserva hoy, de emular el sepulcro donde fue enterrado Jesús de Nazaret tras su muerte en la cruz.

    Esta obra se coronó con la colocación de una campana en la espadaña del sepulcro y en la intervención para su restauración en el año 2013 salió a la luz la inscripción del promotor de la obra del sepulcro y padrino de la campana Gabriel Alejandro Sanz, el cual dedicó el nombre de la misma a San José.

    El cargo de Contador Director de las minas lo tuvo por 9 años, hasta que en 1779 se le separó de la Contaduría de las Reales Minas de cobre de Rio-Tinto.

    Pero Gabriel Alejandro era muy optimista y solo cuando su hermano Francisco Thomas cesó como administrador de las minas en 1783, comenzó a sufrir apuros económicos. En una carta de las muchas que escribió al Consejo de Hacienda, fechada el 30 de junio de 1790 desde Zalamea, a Pedro de Lerena, Ministro de Hacienda con Carlos IV, le dice que desde que lo separaron de la Contaduría sin tener antecedentes, ni haber el más leve motivo, perdió la salud de tal modo que no logró restituir su robustez y le solicita un empleo al servicio del rey e incluso que pueda vestir con el uniforme oficial similar al de los ingenieros franceses.

    Su tiempo libre lo dedicó a realizar experimentos científicos y a escribir y publicar artículos como “los usos del lino”, “el cuidado de las abejas” o “una nueva forma de producir cobre por un proceso químico” en el que pretendía demostrar que el cobre de cementación era un hierro teñido de cobre lamentándose del descrédito que esto ocasionaba a los cobres españoles. No concebía que el hierro se disolviese en las aguas vitriólicas para reemplazar el cobre, quedando Gabriel Alejandro para la Real Sociedad Patriótica de Sevilla, según un informe del 12 de mayo de 1791, como un charlatán presuntuoso.

    Lo cierto es que Gabriel Alejandro Sanz contribuyó de manera positiva a la institución de una de las más arraigadas tradiciones que perduran casi 250 años después, en el viernes santo de la Semana Santa Zalameña, la Vía Sacra, que comienza en las puertas de la iglesia y termina en la ermita del Santo Sepulcro, habiendo realizado un recorrido similar al que realizó Jesús de Nazaret en su camino al calvario.

    Por Juan Carlos Domínguez Vázquez

  • Collado sale en defensa de los campilleros en el caso de la cárcel de Salvochea

    Collado sale en defensa de los campilleros en el caso de la cárcel de Salvochea

    El historiador nervense critica que se dé por probado que los habitantes del municipio fuesen los autores del suceso ocurrido el 25 de agosto del 36

    El historiador nervense Miguel Ángel Collado ha salido al paso del estudio realizado por los investigadores Gilberto Hernández Vallecillo y Alfredo Moreno Bolaños sobre los sucesos acaecidos el 25 de agosto de 1936 en la cárcel de Salvochea (ahora El Campillo), desgranado por ambos autores a través de su artículo ‘El estigma rojo de la Cuenca Minera de Río Tinto: Salvochea, Agosto 1936’, publicado en TINTO NOTICIAS -El Periódico de la Cuenca Minera de Riotinto-.

    Tras conocer este estudio, en el que se reafirma el «relato tradicional» del franquismo sobre aquellos hechos, Collado, que ya publicó una investigación sobre tales sucesos en su tesis doctoral, con la que consiguió Sobresaliente Cum Laude, incide en que los documentos en los que se basan Hernández Vallecillo y Moreno Bolaños carecen de legitimidad o, cuanto menos, deben ser considerados «con la mayor de las cautelas».

    Por un lado, el historiador nervense se refiere a los expedientes resultantes de los Consejos Sumarísimos a los que algunos salvocheanos fueron sometidos después de que su pueblo «cayera» en manos de los golpistas, expedientes «sesgados» y «adaptados a unos intereses políticos muy determinados e influenciados por unas circunstancias que, cuanto menos, deben ser tenidas en cuenta», sostiene Collado a través de este artículo, publicado también en este periódico.

    En concreto, el historiador nervense argumenta, entre otros aspectos, que la mayoría de las declaraciones judiciales «repiten, casi literalmente, el mismo relato, circunstancia esta que evidencia que hay algo detrás de las mismas», señala, al tiempo que recuerda que «los acusados declaraban después de haber sido coaccionados y sin las más mínimas garantías de defensa» y que solían ser juzgados «por prácticamente todo lo que hubiera ocurrido en sus municipios, independientemente de que estuviera demostrada su participación en todos ellos».

    De otro lado, el historiador nervense se refiere al resto de documentos utilizados por los autores del antes citado estudio: los textos aparecidos en la prensa provincial, las actas de los Plenos del Ayuntamiento de 1937 y las anotaciones del sacerdote de El Campillo en el libro de bautismos. «Tanto unos como los otros son producto de las consideradas víctimas de los rojos y, valga decirlo, reproducen la misma relación de los hechos que aparece en la documentación judicial», señala Collado, a lo que añade que la prensa de entonces «estaba sometida a censura militar, lo que significa la ausencia de cualquier versión que contradiga a la que podríamos denominar oficial».

    Por todo ello, el historiador nervense ve obvio que, «en la medida de que se trata de versiones dadas por la misma parte, estos relatos no demuestran que los salvocheanos fueran los responsables del incendio de la cárcel». Lo único que evidencian, añade, es que «entre los afines a los alzados había unanimidad a la hora de culpabilizarlos de tal suceso», pero no que fuesen los responsables.

    Con todo, «yo no voy a decir que no lo hicieran. No creo que sea posible hacerlo», agrega, pero añade un dato que apunta a que los autores del suceso pudieron ser los golpistas: «Salvochea fue bombardeada tanto por tierra como por aire», por lo que «es posible que una de aquellas bombas cayera en la cárcel, máxime cuando es de sobras conocido que sus habitantes huyeron del pueblo en aquellos mismos momentos y que se desconoce dónde cayeron los artefactos explosivos», defiende Collado.

  • Fuentes, Historia y los sucesos de la cárcel de Salvochea

    Fuentes, Historia y los sucesos de la cárcel de Salvochea

    Aunque pueda parecer lo contrario, la investigación histórica requiere de cierta preparación intelectual que, pese a que no tenga que adquirirse necesariamente en la Universidad, asegure que los textos que salgan de ella cumplan con unos mínimos de rigurosidad.

    Así, no es concebible que un historiador digno de tal nombre se limite a reproducir los documentos que, efectivamente, son la base de su trabajo. Muy al contrario, quien pretende escribir Historia tiene la obligación de someter sus fuentes a una revisión profunda, en la que se las critica y contextualiza en el momento en el que fueron producidas.

    Si no fuera así, seguiríamos pensando que Roma fue fundada por dos gemelos que fueron amamantados por una loba, que Santiago Apóstol guiaba a las huestes cristianas durante la Reconquista o que los sevillanos del s. XVII terminaron con la epidemia de peste por haberse encomendado a la Virgen.

    Por otra parte, además de la revisión documental, los historiadores están obligados a conocer la bibliografía referente a su tema de estudio para, de un lado, evitar creer que han descubierto unos documentos que ya han sido usados por otros y, por otro, impregnarse de las posibles interpretaciones a las que se puede llegar en base a ellos. Si además controlan la literatura que les afecta más lateralmente, sin lugar a dudas, sus obras serán mucho más ricas en todos los sentidos.

    Por último, siendo la Historia una disciplina que aspira a ser científica, nadie que la practique puede dar sus relatos como definitivos, porque la verdad histórica es algo así como la utopía de Galeano:

    «La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar.».

    Es decir, que la labor del historiador, aparte de requerir unas dotes intelectuales que aseguren un mínimo de calidad a sus producciones, también necesita de una honestidad mínima para no creer en ningún momento que sus relatos son definitivos o que son poseedores de una verdad absoluta que, por cierto, sólo está en manos de las deidades.

    La razón de que haya descrito, aunque haya sido sucintamente, cuáles son las premisas básicas de la labor historiográfica no es otra que salir al paso de un artículo, aparecido hace poco más de una semana en este mismo medio, en el que los autores se refirman en el relato tradicional acerca del incendio de la cárcel de Salvochea durante el 25 de agosto de 1936.

    En su artículo, Moreno Bolaños y Hernández Vallecillo no sólo utilizan una documentación que es sobradamente conocida por los investigadores desde hace años, sino que además la dotan de una legitimidad que está muy lejos de tener.

    En el segundo de los aspectos, el referente al contenido de la documentación utilizada, los autores hacen uso de los expedientes resultantes de los Consejos Sumarísimos a los que algunos salvocheanos fueron sometidos después de que su pueblo “cayera” en manos de los golpistas. Estos documentos, lo sabe cualquiera que haya tenido un acercamiento aunque sea lateral a la justicia del primer franquismo, pueden ser utilizados para estudiar muchos aspectos de la vida durante la II República y el periodo abierto tras el golpe de Estado, pero siempre teniendo en cuenta que en aquél momento no puede hablarse de una justicia “independiente” y muchísimo menos carente de intencionalidad política: se estaba produciendo un genocidio y los jueces, que además solían ser militares sin ningún tipo de preparación jurídica, estaban plenamente implicados en él. Es decir, que la separación de poderes y la independencia judicial que, como se suele decir, caracteriza a los regímenes liberal-democráticos, simplemente, no existía en la España de Franco.

    Esta circunstancia, que no es baladí, no es la única a considerar en la documentación judicial empleada por Moreno Bolaños y Hernández Vallecillo, sino que también hay que considerar otras que imponen que esos expedientes tengan que ser considerados con la mayor de las cautelas:

    • 1. Que el clima en el que se vivía era del terror más absoluto, lo que sin lugar a dudas condicionaría de forma determinante las declaraciones de los testigos en los procesos judiciales.
    • 2. Que esas declaraciones tenían lugar en los mismos cuartelillos de la Guardia Civil en los que se torturaba y muchas veces se asesinaba a los detenidos, lo que imponía adaptar lo que se dijese a la necesidad de evitar ser víctimas de la “justicia”.
    • 3. Que la mayoría de las declaraciones que utilizan los autores repiten, casi literalmente, el mismo relato. Circunstancia esta que evidencia que hay “algo” detrás de las mismas.
    • 4. Que los acusados declaraban después de haber sido coaccionados, muchas veces de forma violenta, y sin las más mínimas garantías de defensa: presunción de inocencia, presencia del abogado defensor, etc.
    • 5. Que los “juzgados” solían serlo por prácticamente todo lo que hubiera ocurrido en sus municipios, desde los incendios de las iglesias hasta los insultos proferidos a los derechistas, independientemente de que estuviera demostrada su participación en todos ellos.

    Aparte de esto, es de señalar que en los expedientes judiciales a los que me estoy refiriendo suele haber informes acerca de los acusados que, además de ser casi siempre copias exactas unos de otros, estaban firmados por las cuatro figuras base del Estado franquista en los municipios: el cura, el alcalde, el jefe de FET y de las JONS y el comandante de puesto de la Guardia Civil.

    Con todo, creo que ha quedado claro que los relatos que aparecen en esa documentación son sesgados, adaptados a unos intereses políticos muy determinados e influenciados por unas circunstancias que, cuanto menos, deben ser tenidas en cuenta. Si todo ello no se considera, hay que señalarlo, se corre el riesgo de no construir un relato historiográfico mínimamente creíble y de algo mucho más grave: dotar de legitimidad a las instituciones fruto de un golpe de Estado y nacidas para amparar un genocidio.

    Para evitar caer en esto último, suele recurrirse a unos relatos alternativos que también deben ser sometidos a crítica. En el caso que me ocupa, lo autores recurren a los textos aparecidos en la prensa provincial, a las actas de los Plenos del Ayuntamiento de 1937 y a las anotaciones del sacerdote de El Campillo en el libro de bautismos. Tanto unos como los otros son producto de las consideradas “víctimas de los rojos” y, valga decirlo, reproducen la misma relación de los hechos que aparece en la documentación judicial. Además, en el caso de la prensa hay que decir que estaba sometida a censura militar, lo que significa la ausencia de cualquier versión que contradiga a la que podríamos denominar “oficial”.

    Obviamente, en la medida de que se trata de versiones dadas por la misma parte, estos relatos no demuestran que los salvocheanos fueran los responsables del incendio de la cárcel, sino que son una evidencia de que entre los afines a los alzados había unanimidad a la hora de culpabilizarlos de tal suceso. Yo no voy a decir que no lo hicieran, no creo que sea posible hacerlo al menos con la rotundidad acusadora del artículo al que vengo respondiendo, pero sí que voy a afirmar que Salvochea fue bombardeada tanto por tierra como por aire y que es posible que una de aquellas bombas callera en la cárcel, máxime cuando es de sobras conocido que sus habitantes huyeron del pueblo en aquellos mismos momentos y que se desconoce dónde cayeron los artefactos explosivos.
    En lo referente a la documentación en sí, ya he avanzado que no se trata de ningún hallazgo ni que aporte datos inéditos, sino todo lo contrario:

    • 1. Los expedientes de los Consejos Sumarísimos están digitalizados y son accesibles a cualquier persona que quiera consultarlos, por estar alojados en la web de la Diputación Provincial de Huelva desde hace varios años. Yo mismo los llevo consultando desde el año 2012 y me consta, porque así se afirma en la propia página que los alberga, que empezaron a digitalizarse 6 años antes.
    • 2. La prensa provincial de la época también está digitalizada y es de libre acceso, pudiéndose consultar tanto en la página web del Ayuntamiento de Huelva (La Provincia y El Diario de Huelva entre otras cabeceras) como en la de la ya mencionada Diputación (Odiel y alguno más).
    • 3. La colección completa de El Socialista está disponible, también desde hace años, en la web de la Fundación Pablo Iglesias (no “Fondo”, por cierto).
    • 4. El relato que el párroco de El Campillo dejó anotado en el Libro de Bautismos apareció publicado en un libro de 1968 que, para más inri, es citado con bastante frecuencia por quienes nos dedicamos al estudio de los años 30 en esta zona: Juan Ordóñez Márquez: La apostasía de las masas y la persecución religiosa en la provincia de Huelva. 1931-1936, Madrid, CSIC, 1968, p. 157.
    • 5. Los documentos albergados en los distintos Registros Civiles, además de ser de acceso público, carecen de interés sobre el particular por tratarse de meros certificados de defunción.
    • 6. Los Libros de actas capitulares del Ayuntamiento de Salvochea-El Campillo están al alcance de cualquiera y han sido utilizados en multitud de ocasiones. Por ejemplo, en el libro que escribieron varios investigadores de la Universidad de Huelva hace algunos años y que, por cierto, coincide con este artículo a la hora de culpabilizar a los salvocheanos del incendio de la cárcel (Mª Dolores Ferrero Blanco, Cristóbal García García y José Manuel Vázquez Lazo: El Campillo. De la independencia a la democracia, Huelva, Servicio de publicaciones de la Universidad de Huelva y Ayto. de El Campillo, 2007, pp. 201-210).

    En conclusión, sin entrar en los aspectos formales de un artículo que más bien parece una mera relación de nombres y datos, creo que está bien claro que el texto de Moreno Bolaños y Hernández Vallecillo no puede considerarse, ni de lejos, como algo novedoso y muchísimo menos como la obra de historiadores propiamente dichos. Todo ello no tiene por qué suponer algo negativo, de hecho me parece muy loable que alguien dedique su tiempo a la investigación histórica sin ser esta su profesión, pero en este caso existe una carencia interpretativa que no podía pasar por alto, la de considerar legítimos los juicios franquistas.

    Por este motivo he decidido contestar, pero también porque estoy plenamente convencido de que la labor del historiador pasa por la búsqueda de una verdad inalcanzable, pero cercana si se emplean los medios adecuados. Lo he hecho sin acritud, no puedo tenerla hacia personas a las que ni siquiera conozco, y espero no haberla generado.

    Por Miguel Ángel Collado, historiador

  • El Campillo, un lugar con más de 600 años de historia

    El Campillo, un lugar con más de 600 años de historia

    Hace casi 600 años, en el año 1425, se aprobaron las Reglas de la Hermandad de San Vicente Mártir de Zalamea la Real.

    El culto a San Vicente se extendió en la España cristiana en los siglos XIV y XV por la creencia popular de que San Vicente intercedía en los casos de sequía y epidemia. En Zalamea y en todo su término jurisdiccional, desde El Villar hasta El Ventoso, desde El Buitrón hasta Hermitaños, según se desprende de las reglas de la Hermandad, se había producido una epidemia de peste que había provocado que una gran parte de la población falleciera. Este hecho fue el que motivó la necesidad de elegir a un santo que protegiera a los habitantes contra aquellas enfermedades que no se podían curar sanitariamente.

    En Las Reglas de la Hermandad de San Vicente, que datan de 1425, se nombran a los hermanos de esta hermandad para que ofrezcan comidas y bebidas a los pobres y a los necesitados, incluso ofrecer los rendimientos o rentas de las tierras que poseen como obras de caridad.

    En la página 6 de estas antiguas reglas, dice “Juan de las Armas mandó,…, otra suerte de tierras que está en el sitio de El Cerro de El Campillo, al sitio que llaman del Hornillo para que su renta la repartan los hermanos en pan y queso y vino a todos los que vinieren a hacer oración por los difuntos así niños como hombres y mujeres pobres…”.

    En este texto antiguo, que hoy día conserva una copia de 1638 la Hermandad de Zalamea, se menciona por primera vez en la historia el lugar de El Campillo, como El Cerro de El Campillo.

    Este primer asentamiento, posiblemente de pastores y agricultores, formaría el conocido hoy en día como El Campillo Viejo, en la ladera norte del actual pueblo, mirando hacía la sierra y hacia el río Odiel, como actualmente hace Traslasierra, quizá por ser los primeros pobladores para coger el azeche del río en el mes de agosto y pagar al arzobispo de Sevilla; o para ir a trabajar a los molinos harineros del río. Cerca del pueblo estaba la cantera de piedras de ruedas de molino.

    Por tanto, no es de descartar que a principio del siglo XV, hacia el año 1400, hubiera un asentamiento poblacional o una agrupación de casas que, sin formar todavía una aldea, se conociera ese lugar como “El Cerro de El Campillo”.

    En el año 1535 se aprueban las Ordenanzas Municipales de Zalamea (documento en pergamino de gran valor histórico que se conserva en muy buen estado) en las que se recogen los aspectos económicos locales, costumbres, reglas y normas de la colectividad, como limitaciones para encender fuego, cría de cerdos, cotos de caza etc.

    En este libro se nombran las primeras casas de El Campillo; y de otros lugares como, El Zumajo o el Monte del Hornillo. Y dice así: “

    “… a los corrales del Zumajo…y… donde junta el camino de El Campillo en el de los molinos… y los corrales de Juan Bernal bajo las casas de El Campillo…”

    Posteriormente, a finales del siglo XVIII los párrocos del reino de Sevilla, al que pertenecían las provincias de Sevilla, Huelva, Cádiz, la zona sur de Badajoz y el partido de Antequera en Málaga, recibieron a instancias del Arzobispo el encargo de realizar una descripción detallada del lugar de su ministerio, según un cuestionario que se le había enviado, para confeccionar un mapa cartográfico de toda la geografía de España y de los que se recibieron cerca de 200 mapas.

    De esta forma en el año 1785 el párroco de la vicaría de Zalamea la Real, Dn. Joseph Phelipe Serrano le respondía al Arzobispo: “…es Villa y cabeza de Vicaría; es Realenga,…..,. Al presente tiene el casco de esta Villa 366 vecinos; pero en su término y jurisdicción tiene las Aldeas y Montes siguientes. / … / Traslasierra, con 34 vecinos, al Norte de esta Villa, y distante de ella quasi media legua; Campillo, con 37 vecinos (aprox. 148 habitantes), al Nordeste de esta Villa y distante de ella media legua.” Y continúa este párroco nombrando más de 20 aldeas, y escribe:” Y todas las dichas Poblaciones son antiquísimas de tiempo inmemorial, y no ay noticia alguna de sus principios y fundaciones.”

    En 1845 Pascual Madoz publica el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar y en la edición dedicada a Huelva, escribe de El Campillo: Aldea, con alcalde pedáneo en la provincia de Huelva, partido judicial de Valverde del Camino, término jurisdiccional de Zalamea la Real. Población 61 vecinos (aprox. 244 habitantes). En estos años, El Campillo sigue siendo una aldea cuyas principales actividades económicas son la agricultura y la ganadería. Las Reales Minas de Río Tinto vuelven a ser explotadas por la Hacienda del Estado y el descontrol y desgobierno hacen que no se explote con una rentabilidad satisfactoria, por lo que el número de trabajadores en la mina era muy bajo.

    A principios del siglo XX con la apertura de la mina a cielo abierto de Corta Atalaya, en la masa San Dionisio, y la desaparición del antiguo pueblo de Riotinto, debido principalmente a un derrumbamiento de unas 200 casas en el año 1908, El Campillo experimentó un mayor aumento de población, llegando a alcanzar en 1914 los 3.840 habitantes.

    El Campillo se expandió hacia el cerro que actualmente ocupa, el cerro al que hoy en día se sigue llamando como hace 6 siglos Cerro del Hornillo, el cual lo podemos localizar en la zona que actualmente ocupa el parque de Los Cipreses, en busca de las nuevas conexiones con el ferrocarril minero y de un terreno menos abrupto para construir el nuevo pueblo.

    Un pueblo moderno, conformado por calles rectilíneas y diferente a las calles tipo árabe, irregulares y estrechas del viejo pueblo; un pueblo creado al igual que la planificación urbanística de las ciudades romanas, en base a dos calles principales: calle Sevilla (Decumano, orientación Este-Oeste) y calle Constitución (Cardo, orientación Norte-Sur) y con la plaza en el centro para la confluencia de la población.

    Curiosamente hoy día, en el año 2019, todavía hay una calle de El Campillo rotulada con el nombre del patrón de Zalamea, patrón que fue de la aldea de El Campillo. Es la calle principal del viejo Campillo, la Calle San Vicente.

    El Campillo, el Viejo Campillo, un lugar que mira hacia la sierra, un lugar con más de 600 años de historia.

    Fuentes consultadas:

    • Reglas de la Hermandad de San Vicente Mártir de Zalamea la Real. Año de 1425. Facsímil de Cistus Jara – 2016
    • Ordenanzas Municipales de Zalamea. Año de 1535. Facsímil de Cistus Jara – 2013
    • Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar – Pascual Madoz – 1845-1850
    • El Rincón Onubense – Manuel Hidalgo Caballero – Diputación de Huelva – 1980

    Autor: Juan Carlos Domínguez Vázquez

  • El estigma rojo de la Cuenca Minera de Río Tinto: Salvochea, Agosto 1936

    El estigma rojo de la Cuenca Minera de Río Tinto: Salvochea, Agosto 1936

    La Cárcel o Depósito Municipal, fue testigo de una actuación cruel con vecinos de Salvochea (El Campillo), bien por ser de diferente índole político al que gobernaba por entonces en dicho pueblo, bien por circunstancias de estatus social y sobre todo y lo más referido en declaraciones, por rencillas de la “Huelga Revolucionaria de 1934” que pasaron factura en gran parte a los detenidos. Nada más estallar el golpe de estado el 18 de Julio de 1936, se formó el llamado Comité de Defensa de la República (C.D.R.), las detenciones y represalias por parte de los componentes de dicho Comité no se hicieron esperar y se inician dichas actuaciones a partir del día 19 de Julio y continuaron hasta el día 25 del mes de Agosto con el execrable final de 11 asesinados, 5 heridos, 6 ilesos y 4 liberados. Algunos fueron puestos en libertad por diferentes criterios y pocos días después de sus detenciones respectivas, éstos fueron: Demófilo Ojeda Delgado, Rafael Ramírez Mellado y Vicente Mezquita Guiteria; por otra parte debido a la edad, Ceferino González Martínez lo retienen con arresto domiciliario, aunque el caso de Demófilo no es compartido por un informe localizado en el Legajo Taylor (AHMFRT), donde se le cita en una lista del día 8 de Septiembre de 1936 y dentro de los “Salvados de la misma. No obreros”.

    Son detenidos y asesinados el día 25 de Agosto de 1936: Manuel Centeno Martín. Natural de Minas de Río Tinto (Huelva), nace el 18 de Junio de 1893, Listero en Corta San Dionisio, causa laboral en R.T.C.L. el 3 de Agosto de 1920, cuatro días después marcha a Cuba, donde permaneció hasta Julio de 1922. Casado con Lucía Pereira Vega, natural de Llerena (Badajoz) con quién tuvo tres hijos llamados Manuel, Federico y Cándido. Desde el 10 de Septiembre de 1927 y hasta causar baja en Julio de 1936 fue Escribiente y Practicante del Departamento Médico. Juez Municipal en Salvochea que interviene en la confección de los Partes de Defunción de los cinco fallecimientos por los bombardeos que sufre Salvochea el día 20 de Agosto de 1936, que son atendidos por él y como Secretario Benedicto Mojarro Márquez; tanto uno como el otro, en esa fecha se encontraban detenidos en la cárcel por el “Comité de Defensa de la República” de la mencionada población desde el día 25 de Julio; Manuel fue asesinado y el Benedicto salió ileso; los dos huían de la propia cárcel el día 25 de Agosto. En el parte de defunción figura como “Practicante de Medicina”.

    Dalmacio del Águila Aguilar. Nacido en Trebujena (Cádiz) el día 12 de Noviembre de 1901, hijo de Antonio del Águila Núñez – Maestro de Escuela en El Campillo – y de Isabel Aguilar; se casó con Carmen Cornejo Cardoso de Minas de Río Tinto con quien tuvo a su única hija llamada Manuela del Águila Cornejo nacida el día 29 de Junio de 1935. El día 2 Octubre de 1916 comienza a trabajar a la edad de 15 años en el departamento de Almacén nº 2 de la Río Tinto Company Limited, estando domiciliado en El Campillo en la calle Padre Marchena nº 9. Tras un permiso concedido de 25 días el 13 de Febrero de 1922 no se reincorpora, dedicándose parece ser a la venta ambulante en El Campillo; con fecha 16 de Enero de 1930 firma un nuevo contrato para trabajar en San Dionisio Alfredo y con el puesto de trabajo de “Zafrero”, aún está soltero y con 28 años de edad, con domicilio en la calle Kennedy nº 9; al no existir documentación alguna más sobre su continuidad laboral en la Compañía, entendemos que el mismo día causó baja. En el parte de defunción figura que era “Industrial”.

    Ramón Delgado Cortés. Natural de Minas de Río Tinto (Huelva), nace el día 22 de Marzo de 1896. Casado con Afrodisia Ballesteros González de Galaroza (Huelva), sin descendencia. A la edad de 10 años inicia su trabajo en R.T.C.L. en San Dionisio. En 1919 causa baja y marcha a trabajar a Minas de Herrerias (Puebla de Guzmán, Huelva); y no vuelve a trabajar en la Compañía Británica hasta 1929, reiniciando su actividad como Peón en el Departamento de Conservación Casas, recomendado por James Baird. Por Agosto de 1933 reside en Salvochea en la calle Cánovas nº 4, fecha en que solicita una plaza como Guarda Jurado, y donde al mes siguiente contrae matrimonio con Afrodisia. Compatibiliza su trabajo de Alguacil del Juzgado Municipal de Salvochea con el de Peón en Surtido de Aguas de R.T.C.L. En Abril de 1934 es transferido a Central Eléctrica, permaneciendo en este Departamento hasta el final de su vida laboral, es decir hasta el 17 de Julio de 1936. En el parte de defunción figura que era “Jornalero”.

    Francisco Garrido Jiménez. Nace en Valverde del Camino (Huelva), el día 11 de Abril de 1888, casado con Adelina Delgado Berrocal con quien tuvo tres hijos: María, Catalina y Antonio, según consta en el documento C-5 de fecha 4 de Octubre de 1928 de su expediente personal , domiciliado en El Campillo (después Salvochea) en la calle Carlos V nº 10. Comienza a trabajar en R.T.C.L. el día 17 de Febrero de 1902 en Corta San Dionisio, cuando vivía en Minas de Río Tinto en la calle Bermeo nº 9. También formó parte de los Departamentos Corta Filón Sur y Vías Mina. El 26 de Febrero de 1929 causa baja por causa desconocida, cuando ejercía de Fogonero de 2ª con un jornal de 6 pesetas/día; más tarde se conoce que le ofrecieron trabajo en Ávila, donde marchó en el mismo mes de Febrero, donde permaneció hasta Septiembre de 1930. Cuando se constituyó la “Aldea de El Campillo” como pueblo y con el nombre de “Salvochea”, consigue trabajo de Guardia Municipal en Septiembre de 1931. El día 25 de Enero de 1920, Francisco sufrió un accidente cuando trabajaba de “Guardafrenos” en Corta Atalaya; como consecuencia de un descarrilo chocaron unos vagones donde iba él y como resultado del choque le fueron “amputadas las falangetas de los dedos 2º, 3º, 4º y 5º de la mano derecha y las 3ª y 4ª de la mano izquierda”, por lo que solicitó pasado los años la indemnización correspondiente, concretamente dirige escrito en Noviembre de 1932, contestándole los servicios jurídicos de la Compañía que había prescrito el derecho a la indemnización. Fallecido en la Cárcel de Salvochea el 25 de Agosto de 1936, cuando era Guardia Municipal de este pueblo.

    López Martínez, Rafael. Nace en Valverde del Camino en 1880. Desde el 3 de Marzo de 1898 forma parte de la plantilla de Empleados de Río Tinto Company Limited, pasando por los Departamentos de Corta Filón Sur, Fundición y finalmente Estadística. En Febrero de 1915, residiendo en Mesa Pinos (Minas de Río Tinto) en la calle Odiel nº 1, y trabajando como Escribiente, se informa que pertenecía a la Sociedad Cooperativa de Consumo “Los Emancipados”. Ya casado con Dulcenombre Navarro Núñez y sus hijas Angustia y Esperanza, vive en El Campillo en calle Covadonga nº º14, en este mismo domicilio cohabitan con Matilde Martínez (su madre) y con Antonio Navarro (padre político), ambos viudos. En la Huelga Revolucionaria de Octubre de 1934, en el documento H-2 de su expediente laboral, se informa que: “Trabajó mientras duró dicha huelga venciendo dificultades para ello”. Causa baja el 18 de Julio de 1936 por la causa “Huelga-Fallecido”.

    Moreno Castilla, Miguel. Natural de Zalamea la Real, hijo de Serapio Moreno y Adela Castilla, casado con Josefa Domínguez Márquez. Vecino de El Campillo en la calle San Ramón (Capitán Galán) nº 17, actualmente es la calle Constitución. Políticamente no se le conoció pertenencia a ninguno de los partidos políticos de esa época; de profesión Comerciante, de la rama del tejido, teniendo ubicado el negocio en su propia vivienda. Estudió en el Popular Instituto Politécnico de Sevilla durante los años 1917/1918), obteniendo la titulación de Perito Electricista, por lo que ostentó por entonces se el primer electricista que tuvo la aldea de El Campillo; fue empleado de la compañía de Electricidad San Vicente de Zalamea La Real. Cuando fallece tras lo ocurrido en la cárcel el día 25 de Agosto de 1936, deja huérfanos de padre a sus hijos Vidal, Justo, Purificación y Evangelina Moreno Domínguez. “Él fue uno de los presos al que introdujeron en el carro para el transporte de carne que estaba en el patio de la cárcel al que rociaron con gasolina, prendiéndole fuego con ellos dentro”. Continúa el familiar informando que: “Después de asesinar a los once presos, unos fusilados y otros quemados en el carro de la carne, en su huida y tras la inminente entrada de las tropas nacionales, los autores del fatal desenlace, prendieron fuego a su vivienda, quedando ésta totalmente calcinada; restos de ese incendio han permanecido en las rejas de las ventanas de la vivienda familiar hasta hace poco tiempo, en la actualidad han sido restauradas”.

    Pernil Macías, Virgilio. Natural de Valverde del Camino, Huelva, hijo de José María Pernil Hidalgo y Dolores Macías. Casado con Francisca Quiñones Ramírez, con quien tuvo seis hijos llamados: Dolores, Rafael, Guadalupe, Reposo, Olimpia y Lucrecia, según se informa en el documento C-3 de fecha 25 de Mayo de 1931, perteneciente a su expediente personal de la Rio Tinto Company Limited; sin embargo en el Parte de Defunción del Registro Civil de El Campillo se cita a siete hijos llamados: Dolores, Guadalupe, Reposo, Lucrecia, Giordano, Olimpia y Francisca. Virgilio comenzó a trabajar en San Dionisio a la temprana edad de 13 años, en 1896; tras la huelga de 1913 ya casado, es “Ajustador” en Corta San Dionisio y tiene domicilio en la aldea de Atalaya en calle D. Tomás nº 4. Causa baja por la huelga de 1920, concretamente el 16 de Agosto del citado año. Trabajó durante las huelgas revolucionarias de 1917 y 1919, los informes que se facilitaban de él eran de tener “buena conducta”, incluso el propio Walter Browning escribía el 21 de Noviembre de 1915 que: “Este individuo se ha portado muy bien y desinteresadamente a favor de los Adictos en las Elecciones Municipales del día 14 actual, siendo su apoyo muy eficaz para el buen resultado”; sin embargo su actitud tuvo que cambiar 180º respecto a su etapa de trabajador a partir de la declaración de Huelga en 1920, su actividad reivindicativa y participativa en el conflicto y por su puesto en su intervención política en El Campillo y Zalamea la Real, donde fue proclamado Concejal por la conjunción Republicana-Socialista en las elecciones municipales de 1931. En 1920 y durante la “Gran Huelga” de dicho año, Virgilio mantiene colaboración informativa con Antonio de Lezama, Redactor Jefe del periódico “La Libertad”; en un principio firma sus artículos como tal, pero a partir de Noviembre aparecen sus colaboraciones con la firma de “Constancio Thenaz”. Sus intervenciones referentes a “La Huelga de Ríotinto” aparecen con los subtítulos de «Browning que pasa», «¡Que viene el «Noy»!», «Esta es toda la verdad», «Lo más elocuente. Para D. Eduardo Dato», «Interesamos al rey de España» y «En marcha» . Virgilio interviene directamente en la segregación de la aldea de El Campillo, que toma el nombre de Salvochea durante la sesión del 25 de Abril de 1931 en el Ayuntamiento de Zalamea la Real, así mismo, también perteneció a la Comisión que se desplazó a Madrid para entrevistarse con el entonces ministro de la gobernación Miguel Maura Gamazo. Virgilio Pernil Macías fue nombrado Alcalde del nuevo pueblo de Salvochea en Agosto de 1931.

    Solís Gómez, Antonio. Natural de Niebla, nace el día 14 de Febrero de 1899, hijo de Manuel Solís y María de la Granada Gómez, casado con Ángeles Herrera Ortega y con tres hijas llamadas Francisca, Manuela y Granada. El día 27 de Abril de 1915, a la edad de 16 años está trabajando en el departamento de Tráfico Huelva en la R.T.C.L., de “Meritorio” en la factoría de Huelva. El día 1 de Abril de 1932, procedente de la Estación de La Mallas (Niebla) es trasladado a la estación de Salvochea, con el beneplácito de Thomas Mathew Leishman, su Jefe del departamento de Tráfico Huelva. Trabajó durante la huelga de 1934 los días 8, 9 y 10 de Octubre; es detenido el 22 de Septiembre de 1934 por injurias a la Guardia de Asalto durante el desencajonamiento de los toros de la ganadería de Gamero Cívico y para el festejo taurino del día siguiente en Zalamea la Real, donde iban a torear Cagancho y Laine. La causa de la baja laboral figura en el documento E-1 de su expediente el día 19 de Julio de 1936 y por “Fallecimiento”, esta información viene sellada en Septiembre del mismo año. En Septiembre de 1938, la asesoría jurídica de la Central Nacional Sindicalista de Sevilla, envía un escrito a la Río Tinto Company Limited sobre la pensión de Ángeles Herrera, viuda de Antonio Solís; carta en la que literalmente se escribe : “Viuda de un factor de esa Compañía que murió asesinado por las hordas marxistas en la cárcel de Salvochea y a cuya correspondencia no ha obtenido contestación alguna, no obstante corresponde a una fecha inmediata a la defunción del citado factor, ocurrida en Agosto de 1936”.

    Sousa González, Miguel. Natural de Zalamea la Real, hijo de Rosario, soltero, de profesión jornalero, de 24 años de edad cuando fallece en la cárcel de Salvochea.

    Vallecillo Pérez, Juan. Natural de Berja (Almería), nacido el día 28 de Octubre de 1896, hijo de Juan Vallecillo Quesada y María Gádor Pérez Martínez. Su padre trabajo en San Dionisio en el año 1884 siendo baja en 1887 por marcharse de Río Tinto; aunque vuelve y al mismo departamento el 17 de Agosto de 1908, es este el año en que figura Juan – hijo – con domicilio en la aldea de El Campillo, según notifica el documento H-2 de su expediente personal de la Río Tinto Company Limited, donde a su vez informa de que el día 12 de Marzo de 1928 inicia su etapa laboral en el departamento Médico, como Practicante; por entonces estaba domiciliado en la calle Sevilla nº 28 de El Campillo (Zalamea la Real), junto a su esposa Josefa Domínguez Pérez, su hija María y su madre, viuda con 58 años de edad. Con ofrecimiento gratuito, es nombrado Practicante Titular de Salvochea en la sesión plenaria del día 4 de Septiembre de 1931, siendo Alcalde Virgilio Pernil Macías. En 1932 es elegido Vocal Delegado del Colegio Oficial de Practicantes de Huelva para el Distrito de Valverde del Camino, por lo que se le dirige desde dicho estamento un escrito al Director General de la Compañía Británica, indicándole que era el máximo responsable en informar de las posibles incidencias entre el Colegio y los Practicantes de la propia Río Tinto Company Limited. El día 11 de Octubre de 1934, es nombrado Alcalde de Salvochea (antes aldea de El Campillo). Juan Vallecillo Pérez, es asesinado en la cárcel de Salvochea el día 25 de Agosto de 1936, un día anterior figura como baja por enfermedad en su expediente laboral, aunque es corregido con una nota que literalmente informa: “Falleció 25-8-1936”. Figura como “Assassinated in Campillo Jail by Reds Aug 1936” en la ficha Taylor nº 30.

    Vázquez Pascual, Juan. Natural de Minas de Río Tinto, nacido en 1880, hijo de Julián Vázquez y Josefa Pascual; casado con Esperanza Real Pascual con la que tuvo dos hijos llamados Manuel y Carmen. Comienza a trabajar a la edad de 9 años en 1889, en Tracción y Materiales del departamento de Tráfico Huelva. En 1914 estaba domiciliado en Minas de Río Tinto en la calle Sagasta nº 11. Tras el fallecimiento del Jefe de Estación de El Campillo de Ramón Gallardo Navarro, Juan Vázquez pasa desde Las Cañas a ocupar el mismo puesto en dicha Aldea el día 4 de Enero de 1919. Despedido el día 12 de Enero de 1920, tras un informe presentado por Segundo Masero, no volviendo a trabajar más en la Compañía, a pesar de solicitar trabajo el 15 de Enero de 1921 ante la posibilidad de existir alguna vacante laboral, contestándole en forma negativa el SubDirector; por esta fecha Juan estaba domiciliado en la calle Sevilla nº 1 de El Campillo.

    Intervienen en las detenciones y son procesados: Mario Marchello Palomo, condenado a 30 años, se fuga de la Colonia Penitenciaria de Montijo (Badajoz) el día 9 de Mayo de 1942, fallece en una batida de la Guardia Civil el 12 de Julio de 1942 en Zalamea la Real. Francisco Requejo Araujo, condenado a 12 años de prisión, fallece el día 27 de Marzo de 1941 cumpliendo condena en Santoña (Santander). Gumersindo Periáñez Requejo, condenado a 15 años de prisión, libertad condicional en 1943 y domiciliado en Minas San Telmo (Huelva). Manuel Monteagudo Rodríguez, condenado a muerte, es ejecutado en Huelva el día 20 de Diciembre de 1941. Francisco Rodríguez Zúñiga, Sargento de la Guardia Civil, absuelto. Tiburcio González González, condenado a 10 años de prisión, libertad condicional en 1941, domiciliado en Alájar (Huelva). Manuel Noguera García, condenado a muerte, es ejecutado en Huelva el día 7 de Noviembre de 1939. Emilio Romero Blanco, absuelto. José Labrador López, no procesado. Gregorio Rivera Ramos, no procesado, pero fue fusilado el día 8 de Septiembre de 1936 en El Campillo. Manuel Rodríguez Rodríguez, condenado a muerte, ejecutado el día 7 de Noviembre de 1939 en Huelva. Sebastián Rodríguez Vázquez, condenado a muerte, ejecutado el día 16 de Octubre de 1937 en Huelva. Juan Vázquez Bernal, condenado a 15 años de prisión, fallece de Asistolia 1941 en la cárcel de Huelva. Benjamín Delgado Perea, condenado a 6 años de cárcel, libertad condicional en 1941, domiciliado en Zalamea la Real (Huelva). Antonio López Carrasco, condenado a muerte, ejecutado en Trigueros (Huelva) el día 10 de Noviembre de 1937. José Romero Fernández, sobreseído. José Jesús Limón Castilla, Alcalde de Salvochea, no procesado. Cirilo Carrasco Álvarez, condenado a 6 años de cárcel, libertad condicional en 1941, domiciliado en El Campillo (Huelva). José Romero Patricio, condenado a 12 años de cárcel, libertad condicional en 1943, domiciliado en Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba). Aniceto Vázquez Castro, fusilado, Bando de Guerra el día 28 de Agosto de 1936 en Salvochea (El Campillo).

    Además existen otros vecinos de Salvochea que fueron acusados entre otros delitos el de intervenir en los sucesos de la cárcel y que corrieron diferente suerte en los fallos de los diferentes procesos judiciales:

    Juan Aguilar Guerrero, socialista, fue según declaraciones de testigos quien dio la orden de matar a los presos, condenado a muerte y fusilado en Huelva el 30 de Diciembre de1941. Heliodoro Caballero Romero, vivía por entonces en Casablanca (Marruecos), absuelto. Miguel Cabana Garrido, afiliado a la C.N.T., condenado a 30 años, en libertad condicional desde el 21 de Febrero de 1946 e indultado el día 20 de Julio de 1946. Francisco Cañete Cuadrado, afiliado a la C.N.T., condenado a perpetua, conmutada la pena por 12 años de prisión, el día 23 de Mayo de 1950 quedó en libertad definitiva, se domicilia en Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba). Venancio Campillo Ortega, condenado a 12 años, fallece en la Prisión Central de Almadén el día 5 de Julio de 1941. Damián Oliva López, socialista, toma parte activa en los asesinatos de la cárcel, condenado a muerte, fusilado en Huelva el día 13 de Enero de 1939. Victorio Carcela Díaz, condenado a 20 años y conmutada la pena por 12 años, en libertad condicional desde el día 15 de Enero de 1943, se domicilia en Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba), es fusilado el día 19 de Julio de 1944 en Azuaga (Badajoz). Gabriel Cayetano Ramírez, afiliado a la C.N.T., absuelto, se encontraba en Mina de La Zarza cuando ocurrieron los hechos. Juan Colete Pérez, socialista, condenado a cadena perpetua, conmutada la pena por 20 años de reclusión, en libertad condicional desde el 19 de Abril de 1944, se domicilia en Silos de Calañas (Huelva). José de la Corte de la Corte, absuelto. Juan de la Corte de la Corte, absuelto. Benjamín Delgado Perea, condenado a perpetua, conmutada la pena por 6 años de reclusión, el 18 de Julio de 1941 está en libertad condicional y con domicilio en Zalamea la Real (Huelva). Daniel Delgado Ruiz, afiliado de U.G.T., condenado a 2 años, en libertad definitiva el día 31 de Marzo de 1941, se domicilia en Sevilla. Graciano Expósito Iglesias, involucrado directamente con los asesinatos, condenado a muerte y fusilado en Huelva el día 6 de Diciembre de 1939. José Gómez Gómez, caso sobreseído por su fallecimiento el día 5 de Julio de 1937 en la cárcel de El Cerro de Andévalo a consecuencia de absceso abdominal. Evaristo Gómez Pérez, condenado a muerte, conmutada la pena a 30 años de reclusión tras escritos de clemencia y entre ellos el de un grupo de vecinos especiales o mejor dicho muy especiales escriben al Jefe del Estado; son supervivientes de la tragedia y fieles testigos de los hechos execrables ocurridos en la cárcel de Salvochea el día 25 de Agosto de 1936, además de los suplicantes mencionados, también se aúnan a la compasión algunas de las viudas de los que fallecieron en tan luctuoso día; la carta data del 22 de Febrero de 1940. Manuel Gómez Ramírez, afiliado de U.G.T., condenado a 6 años de reclusión, desde 1941 en libertad condicional, y en libertad definitiva el día 30 de Junio de 1945, se domicilia en Valencia. Antonio Gómez Vázquez, afiliado a la C.N.T., condenado a perpetua, El 20 de Mayo de 1938 a las 11:00 horas fallece en la enfermería de la Prisión Provincial de Huelva a consecuencia de una afección al corazón. Joaquín González Félix, condenado a muerte, pero, por el asesinato de José Sánchez Romero, cobrador de letras de la Banca Centeno de Minas de Río Tinto camino de La Chaparrita; fueron acusados como autores del asesinato, Francisco Rúa Ríos de La Dehesa (Minas de Río Tinto), José González García y Manuel Serrano Ramírez ambos de Zalamea la Real y Joaquín González Félix de Minas de Río Tinto, todos fueron capturados el día 12 de Junio de 1937, en una cueva situada en el lugar conocido como “Huerto del Portugués”; los cuatro son “condenados a muerte” el 17 de Agosto y ejecutados el 28 del mismo mes y año en Huelva. José Hermoso Feria, afiliado a U.G.T., condenado a 20 años de reclusión. Antonio Iglesias Lodeiro, afiliado a la C.N.T., se le detuvo en Azuaga (Badajos) el día 23 de Mayo de 1938, es condenado a perpetua, pero se le conmuta por la pena de 8 años de reclusión, en libertad condicional desde el 5 de Julio de 1941 y en libertad definitiva en 1946, se domicilia en el pueblo gallego de Santomé (Pontevedra). Manuel Justo Mateo, afiliado a la C.N.T., absuelto. Fernando Lorenzo Cruz, afiliado a la C.N.T., acusado de arrojar bombas en la cárcel, condenado a 20 años de reclusión. Carlos Mallofret Lillo, destacado marxista en Minas de Riotinto, condenado a 20 años de prisión. José Marín Romero, afiliado a la U.G.T., condenado a perpetua, es conmutada su pena por la de 6 años de prisión menor, cumplía condena en la Prisión Central del Puerto de Santa María (Cádiz) desde el día 26 de Noviembre de 1938, la Dirección de este centro penitenciario informa que José Marín Romero fallece en la enfermería del establecimiento el día 10 de Febrero de 1942, a consecuencia de “Síndrome Carencial”. Eliseo Márquez Romero, condenado en un principio a perpetua, pero se le conmutada la pena por 6 años de prisión menor, el día 5 de Julio de 1941 se le concede la libertad provisional, se domicilia en Cardeña (Córdoba) donde se le concede la libertad definitiva el día 22 de Marzo de 1944. Tomás Monteagudo Rodríguez, sorprendido por el Jefe de la Guardia Municipal en la puerta del sindicato y dos horas antes de verificarse el asalto e incendio de la cárcel con dos bombas en los bolsillos, fue condenado a la pena de Reclusión Perpetua, teniendo como fecha de liquidación de la condena el día 16 de Mayo de 1968, la pena le fue conmutada por 12 años y un día de reclusión menor, pero fallece el 8 de Abril de 1942 en la enfermería de la Prisión Provincial de Huelva a consecuencia de una Bronquitis Crónica. Rafael Moreno Fernández, afiliado a la C.N.T., jefe de guardias en la cárcel, condenado a 12 años, conmutada la pena por 6 años de prisión menor, el día 5 de Julio de 1941 tras conseguir la libertad condicional fija su residencia en Camas (Sevilla). Manuel Moreno Romero, de los más destacados en los hechos de la cárcel, según declaraciones sumariales fue de los más activos en la represión recibida por los presos de la cárcel de Salvochea, condenado a muerte, el día 13 de Mayo de 1937 es ejecutado en Huelva. Recaredo Pérez Domínguez, afiliado a la C.N.T., un preso que salvó su vida declaró: “que Recaredo era el encargado de repartir las bombas entre el grupo para que fueran arrojadas a los presos que estaban en la cárcel”, condenado a muerte, fusilado el 7 de Noviembre de 1939 en Huelva. Francisco Pérez Galindo, afiliado a la C.N.T., realizaba un servicio de enlace, condenado a reclusión perpetua, conmutada la pena por 12 años, con libertad condicional en 1943 y definitiva el día 9 de Mayo de 1943, toma como residencia Huelva. Manuel Rodríguez Fernández, afiliado de U.G.T., condenado a 12 años, pero se le conmutó por 6 años de prisión menor. Manuel Rodríguez Ruiz, afiliado a la U.G.T., la noche de los asesinatos en la cárcel se dedicó a recoger a los heridos y llevarlos a la Casa de Socorro, condenado a perpetua, conmutada la pena por 20 años de reclusión mayor, el 10 de Junio de 1941, fallece en la enfermería de la Prisión Provincial de Huelva, a consecuencia de Asistolia.

    Existe documentación suficiente que evidencia la causa y consecuencias de la masacre en la cárcel de Salvochea, sí estamos seguro que no fue motivada por bombas procedentes de la aviación, primero por lógica ante la documentación gráfica y segundo porque hubo bombas, ¡sí!, las procedentes del desarme de los cuarteles de la Guardia Civil y arrojadas por la mano de los participantes en la detención y encarcelamiento de los asesinados. Para corroborar esta afirmación y no dar posibilidad a la conjetura o hipótesis, existen además de los datos referidos en las Actas Capitulares (AMEC) y transmisión oral, hemerografía que detalla lo sucedido, documentos sumariales de los procesos judiciales (AMHDH) y otros de índole variada en el Legajo Taylor (AHMFRT); y sobre todo las más concluyente de todas: “la información detallada de familiares directos y la de los propios presos que pudieron contar lo sucedido”, así como intervenciones de éstos en los actos sumariales; como muestra de ello a continuación detallamos y transcribimos parcialmente algunos de esos documentos:

    Como referencia en los Sumarios por Rebelión Militar 1936-1939; concretamente en el nº 3330 de 1939, donde es enjuiciado Evaristo Gómez Pérez, natural de la aldea de El Pozuelo (Zalamea la Real) y vecino de El Campillo, fue procesado por: “formar parte del Comité de Defensa de la República de Salvochea donde las hordas marxistas cometieron toda clase de desmanes como destrucción del templo, servicios de guardias, organización de columnas pare combatir al Ejército Nacional, y por el encarcelamiento de personas de orden, de las cuales once fueron asesinadas y otras resultaron heridas el día antes de la liberación del pueblo”, el 27 de Septiembre de 1939 Evaristo era condenado a Muerte; sin embargo en apoyo a una solicitud de clemencia de la madre de Evaristo, un grupo de vecinos escriben también al Jefe del Estado una carta el día 22 de Febrero de 1940; son sobrevivientes de la tragedia y testigos muy fidedignos de los hechos ocurridos en la cárcel de Salvochea el día 25 de Agosto de 1936, además se unieron a la súplica algunas de las viudas de los que fallecieron en el lugar y fecha mencionada. En dicha carta los y las firmantes escribían sobre Evaristo que: “no solo no manchó sus manos con la sangre de las víctimas, sino que, por no estar de acuerdo con la conducta de los dirigentes, a los siete días de producirse el Glorioso Movimiento Nacional, dejó de ser tesorero de la U.G.T., cargo que desempeñaba al iniciarse dicho Glorioso movimiento; y fundados también en las buenas relaciones que con los familiares de los encarcelados mantenía”. Rubricaban la súplica, Elías Rodríguez Martín, Luis Gordillo Maya, Juan Vicente Pérez Vázquez, Rafael Ramírez Zamorano, Rafael del Águila, Francisco Rodríguez Martínez, José Domínguez Vázquez, Joaquín Sánchez Madrid, Juan J. Carrera Rosa, Viuda de Virgilio Pernil, Viuda de Juan Vázquez Pascual y Viuda Francisco Garrido.

    En el Sumario nº 8900 de 1939, se procesa por delito de Rebelión Militar a Manuel Monteagudo Rodríguez (a) El Campanero, que fue detenido en Alicante y el 17 de Julio de 1939 se encontraba detenido en el Campo de Concentración de Albatera. Se encarga al Cabo de la Guardia Civil Juan Flores Arias el inicio del proceso indagatorio, y lo empieza con la declaración de Juan Vicente Pérez Vázquez, natural y vecino de El Campillo – antes Salvochea -, industrial que fue detenido por el Comité de Defensa de la República y que sufrió en primera persona la ferocidad de lo ocurrido en la cárcel desde el 19 de Julio hasta el 25 de Agosto de 1936. Juan Vicente informa que Manuel Monteagudo “en un cacheo día antes de lo sucedido prometió muerte cercana a los que estábamos encarcelados”, “huye el día 26 de Agosto, pero el día anterior tomo parte activa en el crimen cometido por los rojos con los presos en la cárcel” lugar donde “arrojó bombas de mano y numerosos tiros de fusil para arrematar algunos de los supervivientes”, en el crimen realizado “murieron 11 personas y resultaron gravemente heridas cuatro”.

    Pero quizás de las más concluyentes sean los testimonios fehacientes de Manuel Vázquez Real, hijo de Juan Vázquez Pascual y el del propio Párroco Elías Rodríguez Marín, quien era encarcelado el día 19 de Julio de 1936 y salió ileso de la huída de la cárcel el mismo día de la masacre, el 25 de Agosto. La narración de los hechos por parte de Juan Vázquez Real, – hijo de Juan Vázquez Pascual -, que en esos momentos contaba con 29 años de edad, las escribe bajo el título “El Campillo. Detalles de los sucesos de Agosto” en el periódico Odiel de 9 de Octubre de 1936; es sin duda la primera manifestación escrita de un familiar de las víctimas, realizada tras algo más de un mes de lo ocurrido y mucho antes que se iniciaran los Sumarios que concurrieron en procesar lo ocurrido.

    Extraemos del extenso artículo algunos párrafos que entendemos son concluyentes de lo ocurrido y lo insertamos a continuación: “Treinta y ocho días de calvario, encerrados en el patio y covachas de la cárcel de este pueblo, local más apropiado para el encierro de ganado que adaptable para que lo habitaran personas”… “Cuando los marxistas creyeron llegada su última hora; cuando reuniendo todo lo disponible en la reducida parte que les quedaba, constituían su último baluarte de defensa; cuando quedaron convencidos de su rotundo fracaso, desataron todo su odio, todo su rencor y todo lo malo capaz que podían albergar en sus corazones tan baja clase de gente, asesinando cobardemente a los presos”… “Efectivamente, lo habían hecho; como lo hicieron en La Palma del Condado: allí estaban, como prueba evidente de la cobardía y mal corazón de los hombres los cadáveres de don Juan Vázquez Pascual, don Juan Vallecillo Pérez, don Rafael López Martín, don Miguel Sousa González, don Dalmacio del Águila Aguilar, don Ramón Delgado Cortés, don Manuel Centeno Martin, don Francisco Garrido Jiménez y don Antonio Solís Sánchez, que pudieron identificarse; allí estaba el cadáver de mi querido padre, y allí estaban, en un montón de restos calcinados, don Miguel Moreno Castilla y don Virgilio Pernil Macías”… “Y es que llegó la villanía de seres tan repugnantes a incendiar, a rematar a cuchilladas a los que habían quedado con una poca de vida de los bombardeos que les hicieron”… “Pudieron salvarse, saltando por agujeros qué en la desesperación practicaron en el techo de uno de los calabozos don Joaquín Sánchez Madrid, don Emilio García López, don Rafael Ramírez Zamorano, don Elías Rodríguez, don Vicente Mezquita Guiteria, y resultaron envueltos entre los escombros y fingiéndose muertos, aunque con infinidad de heridas, don Demetrio Rodríguez García, don Juan Camacho Roblas, don José Rodríguez Oliva, don Luis Gordillo Malla, don Demófilo Ojeda Delgado y don Juan Vicente Pérez Vázquez. A este último han tenido que amputarle un pie”.

    Una de las consultas que teníamos en agenda era la concerniente a los Libros Eclesiásticos del Archivo de la Iglesia de El Campillo, con la idea de investigar las posibles anotaciones de las defunciones a partir del día 25 de Agosto de 1936; pero nuestra sorpresa fue encontrar el testimonio escrito de Elías Rodríguez Martín, Cura Ecónomo de la Parroquia de Salvochea, el cual insertó en el Libro de Bautismos nº 1 tras la anotación nº 8 del día 10 de Mayo de 1936, una declaración sobre lo ocurrido en la cárcel, y que a continuación se transcribe:

    “En el día 19 de Julio de 1936, con motivo del Movimiento Nacional iniciado por el glorioso ejército salvador de España, fue encarcelado en la mañana del mismo día el Cura Ecónomo de la Iglesia de esta Villa; y en la noche del dicho día, como represalia contra dicho Movimiento, después de haber encarcelado a las personas más destacadas del pueblo por su significación de orden y de derechas, fue saqueada la iglesia parroquial, siendo pasto de las llamas todas las imágenes, ropas y demás objetos de culto, incluyendo el copón con el Sto.. Sacramento. En los días siguientes estuvo el pueblo bajo la tiranía roja, viviendo un puro soviet, encarcelando y robando a mansalva; hasta el 25 de Agosto en que fue tomado por nuestras fuerzas al mando del glorioso capitán Varela el vecino pueblo de Zalamea la Real. En la tarde de dicho día, considerando los rojos de este pueblo que no podían aguantar más el empuje de nuestros laureados soldados, quisieron antes de abandonar el pueblo tomar venganza criminal en las personas de los presos, que en número de veintitrés estaban en la cárcel, y allí con bombas de mano, fusiles, escopetas, hachas y sobre todo con gasolina, comenzaron a matar a todos los que pudieron coger y no tuvieron la suerte de escapar de sus garras. Quedaron once hombres muertos; algunos de ellos quemados vivos; cuatro heridos; logrando los restantes escapar milagrosamente, entre ellos el Párroco que suscribe; permaneciendo oculto hasta el día siguiente, veintiséis de Agosto, en que las fuerzas salvadoras entraron triunfantes y victoriosas al pueblo. Pocos días después la iglesia fue reconciliada, quedando de nuevo abierta al culto. Y para que conste y lo conozcan las generaciones venideras, queda esto consignado. El Cura Ecónomo; Elías Rodríguez Martín, rubricado”.

    Las inhumaciones de los fallecidos se producen el día 26 de Agosto de 1936, y a día de hoy es la única posible zona de fosas comunes documentada que existe en El Campillo, con once de sus vecinos que antes de ser asesinados fueron previamente detenidos y encarcelados por el Comité de Defensa de la República. Tras la reapertura democrática en España, se sabe que estaban escritos los nombres de las 11 víctimas asesinadas el día 25 de Agosto de 1936, además en parte de su epitafio se podía leer: “Muertos por las hordas marxistas el 25 de Agosto de 1936 por la tarde” y que fueron homenajeados en sucesivas conmemoraciones de dicho día y mes de años posteriores. El Alcalde Interino Antonio Vega Alonso, en la sesión plenaria del día 14 de Agosto de 1937, comunica al resto de la Comisión Municipal que “el próximo día veinticinco se cumple el primer aniversario del bárbaro asesinato cometido por los rojos en las indefensas víctimas que en la cárcel de ésta tenían, por lo que debían celebrarse honras fúnebres en sufragio de sus almas y por la tarde de dicho día organizar una manifestación para visitar sus tumbas y depositar coronas y flores”. En la sesión del día 28 de Agosto del mismo año, se aprueba en cuentas, el pago de 20 pesetas a Manuel Gómez Bolaños por “jornales devengados en los sepulcros de las víctimas de los asesinados por los rojos”. Manuel era Pintor de 2ª en el departamento Médico de la Compañía Británica de Río Tinto, nace en Zalamea la Real el día 19 de Septiembre de 1901; comienza a trabajar en la empresa minera en Julio de 1927 y al mes siguiente, el día 22 causa baja por “sobrante de personal” y se marcha a Madrid. A principios de 1935, y después de cursar estudios de arte y decoración, regresa y se instala en Salvochea en la calle García Hernández nº 24. El 15 de Septiembre de 1937, se le abona la cantidad referida anteriormente por el concepto: “jornales en las inscripciones en la sepultura de los asesinados por los rojos”.

    Para terminar este artículo, hacemos referencia a la cita elegida para nuestro libro: “Paz, Piedad y Perdón”; tal y como es conocido el discurso que Manuel Azaña, Presidente de la II República de España disertó en Barcelona el día 18 de Julio de 1938, en el segundo aniversario de la sublevación militar. Extraemos de su discurso, el final del mismo:

    “Después de un terremoto, a nadie le es posible distinguir o reconstruir el perfil anterior del terreno. Este fenómeno que se da en la tierra, me impide a mí hablar del porvenir de España en el orden político y en el orden moral, cuando los españoles se pongan a considerar lo que han hecho durante la guerra. De esta colección de males saldrá algo bueno. No tengo el optimismo de un Pangloss. No es verdad eso de que no hay mal que por bien no venga; pero del dolor sufrido procuraremos sacar, como es lógico, el Mayor bien posible. Mas cuando los años pasen, las generaciones vengan y la antorcha pase a otras manos y se vuelvan a enfrentar las pasiones de unos y otros, pensad en los muertos que reposan en la madre tierra, y que nos envían destellos de su luz, de la que la Patria debe a todos sus hijos: piedad y perdón”.

    Bibliografía y Fondos

    • Moreno Bolaños, Alfredo / Gilberto Hernández Vallecillo. Libro inédito: “Memoria Vindicada. 1936-1939. Estudio de la Memoria Histórica en la Cuenca Minera de Río Tinto. A la luz de las fuentes documentales”.
    • Archivo Histórico Minero de Fundación Río Tinto (AHMFRT).
    • Archivo Municipal de El Campillo (AMEC).
    • Archivo Memoria Histórica de Diputación de Huelva (AMHDH).
    • Archivo Eclesiástico Iglesia de El Campillo.
    • Registro Civil de El Campillo.
    • Registro Civil de Zalamea la Real.
    • Registro Civil de Santoña (Santander).
    • Registro Civil del Puerto de Santa María (Cádiz).
    • Fondo Pablo Iglesias. El Socialista, 19 de Julio de 1938.

    Por Gilberto Hernández Vallecillo y Alfredo Moreno Bolaños