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Una historia en el cementerio de El Campillo
Artículo publicado por el blog ‘El Ático de Jepane’ en noviembre de 2008:
El pasado día 30, tuve , por desgracia, que asistir al cementerio de El Campillo para despedir a una persona allegada.
Me fuí un buen rato antes de la hora al campo santo del pueblo vecino, el cual no conocía; y estuve dando un paseo por el. Había mujeres afanándose en limpiar las sepulturas o nichos a pesar del mal tiempo. Me llamo la atención un hombre mayor que «retocaba» unas flores en el monumento humilde pero importante que se le dedico a los «fusilados» en la IN civil guerra. A mi «buenas Tardes» este señor me respondió amablemente y casi sin darme cuenta entable una conversión amena con el.
Su nombre es Carlos, Carlos Pernil; y fue concejal del ayuntamiento allá por el año 1986 en el Campillo.
Carlos, me contaba, creo que sorprendido por mi curiosidad, cómo fue el poner este monumento.
«Todos los que fusilaron no tenían un recordatorio; en aquella época no podíamos hacer nada»; me decía Carlos, como disculpándose aún por no haber hecho algo antes. «Aquel año 86, los que estábamos en el Ayuntamiento de El Campillo decidimos hacerlo; el pequeño monumento o monolito lo costeamos con el dinero del partido, se decidió que se inaugurara el día de andalucia, el 28 de Febrero de 1986»; me sigue contando Carlos, mientras de vez en cuando mira de reojo al monumento en cuestión.
«Lo tapamos con una bandera de Andalucía y cuando se descubrió, los asistentes fueron depositando flores, rosas rojas principalmente, a su alrededor». Carlos Pernil hace una pausa, ha soplado un poco de viento y se agacha a comprobar que el jarrón de cristal lo haya dejado bien amarrado con una cuerda que yo no había visto hasta ese momento. Se gira hacia mi y prosigue diciéndome: «Desde entonces, yo le hago lo que le va haciendo falta………pinto las juntas, lo limpio, le cambio o retiro las flores mas estropeadas……………….Mira, ¿ves ese canasto de mimbre?, pues ese canasto tiene historia…..Vamos no el canasto en si, me refiero a que este puesto en ese lugar». Carlos, ese hombre que te gana con su simpatía a medida que vas hablando con el, parecía que me conocía de toda la vida, cuando en realidad hacia pocos minutos que nos habíamos puesto a hablar por vez primera. Y digo que parecía que me conocía, porque los que me conocen saben que basta «picarme» un poco como el acababa de hacer para interesarme mas por la historia o relato.
Dimos unos pasos hacia atrás y Carlos me miro con esa expresión que tiene aquel que no ha olvidado, aquel que recuerda, como si hubiese sido hace poco, una etapa de su vida que sin duda le dejo marcado. Esa mirada no me era desconocida; esa expresión, esa tristeza profunda que se adivina en lo mas profundo de los ojos ya la había visto yo en los ojos de mi abuelo ‘Palomo’ durante muchas charlas en aquellos felices días de mi infancia. Carlos comenzó su relato; el cual os transcribo aquí, pero obviaremos los nombres o apellidos de sus protagonistas, pues no se si al mencionar sus nombres los podríamos molestar.
«Yo tenía un compañero de clase- comienza a decirme Carlos-. Nos sentábamos juntos en la misma banca. El no tenía padre ni mas familia que su madre».
«Un día, al regresar a su casa comenzó a llamar a su madre, y no la encontró por ningún lado. Un vecino le dijo que había visto cómo a su madre se la llevaban los falangistas. El pequeño, ajeno a lo que esto podía significar, siguió el camino que el vecino le había indicado. Llegó mi amigo a lo que ahora es el parque de Los Cipreses; y fue allí donde se encontró con el cadáver fusilado de su madre».
«El pequeño reaccionó de una manera anormal, pues lo único que se le ocurrió fue comenzar a andar; sin rumbo, campo a través».
«Al caer la noche, había llegado a un cortijo de Valdelarco. Oiga- le dijo mi amigo al dueño de la finca- ¿podría darme de comer, que llevo hambre?; pero, chuiquillo, ¿de dónde sales tu? -preguntó aquel hombre extrañado, a lo que mi amigo respondió: de El Campillo. ¿Qué te ha pasado, zagal? -volvieron a preguntarle-, a lo que el chiquillo respondió entre lágrimas que le habían matado a la madre y que más familia no tenía».
«Aquellas buenas gentes le dieron de comer y le proporcionaron un sitio donde dormir. Le dijeron a aquel chiquillo que se quedara allí unos días».
«Y lo que iba a ser unos días se fue prolongando en el tiempo» -me dice Carlos, y continúa contándome:
«Las gentes de los cortijos de aquella época no sabían apenas leer ni escribir. Nosotros, los niños de la Cuenca, teníamos las escuelas de la compañía; y mi amigo se hizo mocito allí; ayudando a llevar aquel cortijo que le había abierto sus puertas». Con el paso de los años, el protagonista de esta historia (al que a partir de ahora llamaremos X, pues no sabemos si le molestaría el contar aquí esta su historia) se casí con una de las hijas del dueño de aquel cortijo, que no tenía vástagos varones; y siguió trabajando en la finca.
Marchó a Alemania unos seis años para hacer dinero; y luego creó una empresa de Jamones, la cual aún hoy perdura.
Los habitantes de El Campillo sabían que su vecino X seguía visitando la fosa común del cementerio, donde dejaba flores, al menos una vez al año; pues allí era donde habían ido a parar los restos mortales de su madre.
Carlos Pernil preguntó e indagó, y descubrió que esta visita se repetía cierto día de finales de agosto. Un año; no hace mucho; decidió quedarse todo el día en el cementerio «de aguardo»; a la espera de ver a su amigo de la infancia cuando fuera a dejarle las flores a la desaparecida madre.
«Estaba yo rondando por aquí cerca y me pareció ver a un hombre entrar con unas flores en la mano y detenerse ante el monolito»; comenta Carlos, como si estuviera reviviendo aquel día.
«Me acerqué a este hombre y vi que no era tan mayor, no llegaba a los cuarenta años, calculó yo; y le dije: Perdone usted, ¿Tiene a alguien aquí enterrado?» Sí; le respondió aquel hombre un tanto sorprendido; aquí yace mi abuela.
Carlos comprendió que aquel joven era hijo de su amigo X, y así se lo dijo: «¿Usted es hijo de X?» «Sí»; respondió el joven. «Pues perdóneme, yo soy un amigo de la infancia de su padre, nos sentábamos juntos en el mismo banco en el colegio y la verdad es que esperaba verle hoy a el». El joven le contestó a Carlos: «Mi padre murió el año pasado y yo le traigo las flores a mi abuela en su nombre. Mire usted, cuando yo fui lo bastante mayor para entender según que cosas, mi padre me trajo a El Campillo. Me enseñó dónde él había vivido, me llevó al parque de Los Cipreses y me señaló el sitio exacto donde fusilaron a mi abuela, donde él la encontró siendo un niño; y luego me trajo al cementerio y me hizo prometerle que cuando él no estuviera o no pudiera, yo traería las flores. Y eso es lo que haré el resto de mi vida.»
Carlos Pernil hace una leve pero significativa pausa al llegar a este punto de su relato, y me dice: «Tan solo pude decirle que me permitiera darle un abrazo».
Os aseguro que me quedé conmocionado por la historia, y casi no me atrevía a hablar, esperando a que Carlos me siguiera contando. Los dos nos quedamos mirando aquel canasto de mimbre que podéis observar en la foto. Yo solo pude decir que estas historias deberían darse en los colegios, para que jamás olvidemos lo que ocurrió, procurando así no volver a caer en aquellos errores, y para que valoremos TODOS lo que tenemos como se merece.
Por poco tiempo más estuve hablando con Carlos. Llegó la hora de marcharme y le quedé muy agradecido a aquel hombre que tanto me había enseñado en un rato de conversación, algo que quizás debiéramos hacer más a menudo, hablar y escuchar a los que más experiencias tienen, pues seguro que sacaremos provecho de ellas.
El día 1 fui a Sotiel, pero me detuve en el cementerio de El Campillo para hacer las fotos que acompañan a este Post, y en el mismo lugar me encontré a Carlos Pernil; cumpliendo con la tarea autoimpuesta de no olvidar a los que allí yacen. Estaba hablando con una señora, y cuando me vio esbozó una sonrisa. Tras el apretón de manos me dijo que estaba contándole a aquella mujer la historia de un ramo con una cinta que estaba allí, y que era en memoria de un chaval que durante un año y medio casi había estado escondido en un «doblao». Cuando él se creyó seguro salió y encontró la muerte a manos de la sin razón…………………………
Pero esa es otra historia que espero escuchar de boca de Carlos Pernil otro día.
Gracias Carlos Pernil por todo lo que haces e hiciste.
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Las motivaciones minero-agrícolas de la manifestación del 4 de febrero de 1888
Cuando se analiza lo ocurrido en la gran manifestación de El Año de los Tiros, que desembocó en la mayor desgracia que jamás se había dado en la provincia de Huelva, es reiterativo preguntarse una y otra vez por las causas y el peso específico de cada sector participante en ella. Cuál fue la contribución del descontento de los jornaleros de la mina –como se denomina en el registro civil de Minas de Riotinto a los obreros mineros– y su huelga, y cuál la de los propietarios agrícolas que denunciaban los perjuicios que les ocasionaba el sistema de calcinación al aire libre de las piritas, como las pérdidas de sus pequeñas o grandes cosechas o daños a las dehesas, abrevaderos de los animales incluso o a cualquiera de las explotaciones agrícolas, de encinares o pecuarias que constituían sus medios de vida. Y la mayor demostración del protagonismo de ambos sectores, agrícola y minero, queda reflejada en las diferencias de motivos que se priorizan por los jefes de la RTC en Minas de Riotinto para su difusión en Huelva y las vertidas en el Informe que enviaron a Londres exponiendo los hechos (1).
Los directivos londinenses –superiores de los de la compañía en España– demandaron explicaciones sobre lo ocurrido ese fatídico 4 de febrero a los directivos de Riotinto. Y ya empieza siendo llamativo que la respuesta sea del día 9 de marzo, más de un mes después de los hechos, con la justificación de que han consultado diversas fuentes para recabar datos, aunque nada de lo referido después añade algo a lo que ya se conocía días antes de la masacre. No hay descripción de declaraciones de testigos, vecinos u otras vías de información. Nada que explique la demora de un mes en contestar a la petición desde Londres.
Por otra parte, cuando se entra en el contenido del Informe, es muy significativa la diferencia de explicaciones que dan para contestar a los directivos de Londres y las que se publicaban en España. Aquí se ofrece en sus medios de difusión una interpretación que culpa a los “antihumistas” del conflicto y, aunque reconocen y explican las reivindicaciones de los obreros de la mina, no las consideran realmente importantes ni suficientemente justificativas de 1os sucesos. Minimizan las razones laborales y presentan a Londres unas causas del conflicto que se centran en el sistema de beneficio de teleras por encima de todo. De ese modo, se exculpaba la dirección de la compañía en España porque era bien sabido que el sistema de calcinar al aire libre se había decidido desde Londres, ya que en el contrato de compra-venta se decía que la empresa tenía “perfecto derecho a beneficiar los minerales por el procedimiento que juzgue más conveniente”.
Así, el Informe dice a este respecto literalmente:
“Ha sido enviada una larga lista de peticiones de los trabajadores y lo que sigue a continuación es un resumen de las demandas hechas:
1. Supresión de todos los contratos.
2. Supresión de la peseta de pago al servicio médico.
3. Supresión de la deducción por tiempo perdido a causa de los humos.
4. Tener el salario diario fijado en 16 reales por día y si saliera el mineral (por ser muy bueno) a 20 reales, que la compañía se quede con la diferencia.
5. Supresión de todas las multas (2).
6. Supresión de la multa de 10 reales por perder el Libro de Anticipos la primera vez y de 20 reales, si ocurriera una segunda.
7. Indemnizar los perjuicios ocasionados a todo el que trabaje en el establecimiento.
8. Tener 8 horas de trabajo.
9. Supresión de las calcinaciones al aire libre”.Y, de esa lista, dice el propio informante, “puede comprobarse que muchas de las peticiones son a tan largo plazo que resultan triviales para ocupar la atención del Consejo”, comentario que refleja de manera clara y precisa la concepción de la dirección de la Rio Tinto Company en España acerca de las demandas obreras del momento, a las que no consideraba dignas de tener en cuenta. Pero, sin embargo, no olvida las reivindicaciones donde se hacía visible la conexión con el tema de “los humos”: la nº 3, “supresión de la deducción por tiempo perdido a causa de los humos”, y la última, nº 6, de “supresión de las calcinaciones al aire libre” –las teleras–, que era lo que les interesaba destacar a los directivos españoles.
Si el redactor del informe generalizó la demanda del punto nº 6, de supresión de las calcinaciones al aire libre, diciendo que su lista era “un resumen” de las demás y no era cierto, o si, tal vez sólo aparecía en el listado de Maximiliano Tornet y el informante la maximizó, es imposible saberlo. Pero viendo las tablas reivindicativas de los distintos departamentos de la mina, entre las peticiones de mejoras laborales, sí se alude en muchas de ellas a los “días de manta”. Lo que está claro que deseaban los obreros era que no les descontaran el tiempo que se perdía en esos días –que cada vez eran más y en los que veían su jornal reducido a la mitad– y, si se hubiera aceptado, tal vez ni hubieran mencionado las calcinaciones al aire libre. Es una posibilidad muy plausible porque lo que oían continuamente de la propaganda de la empresa era que sin calcinaciones al aire libre no podría haber actividad minera. Fueron las consecuencias de “los días de manta” lo que les unió a los antihumistas.
La estrategia de la RTC en Huelva fue claramente defensiva porque, de haber dado importancia a las causas laborales, la empresa en España podía haber sido juzgada por los directivos de Londres como culpable de no haber sabido evitar un conflicto tan grave con un final de tragedia. Era imprescindible liberarse de toda responsabilidad, por lo que se resta importancia a las demandas obreras, tratándolas de “disparates” y hasta llegan a expresar en más de una ocasión no comprender cuáles eran los verdaderos motivos de queja de los obreros. Justifican cada medida tomada por los Jefes de cada departamento de la mina con profusión de detalles y, de hecho, la versión que el Staff de la Compañía en España quiere mostrar a Londres se aprecia bien en la síntesis final del Informe, que dice así:
«Hemos estudiado muy detenidamente todos los aspectos relacionados con los negocios de la Compañía y la reciente huelga y motines, y no podemos encontrar nada en ninguna de las quejas de los hombres, o en la conducta de los directores, que indique por un solo momento que la huelga fuera causada por el trato que los hombres habían recibido por parte de los directivos de la compañía».
Sin embargo, en el diario La Provincia, voz de la RTC de Minas de Riotinto, se insistía en lo contrario: que todo se había debido “al descontento obrero, a las reivindicaciones laborales y a unos pocos caciques”, porque el líder Maximiliano Tornet “había envenenado a 1os ingenuos obreros”, les había confundido y logrado alterar y conectar con la protesta de “los caciques”.
¡Curiosas discrepancias! En España, en Huelva, la empresa trata de demostrar que la causa primordial del conflicto había sido laboral, para minimizar la fuerza de los antihumistas y su eco hasta en el gobierno de la nación. Pero, de cara a Londres, la causa del conflicto había sido el sistema de calcinaciones al aire libre, para no atribuirse a sí mismos una mala gestión laboral y dar a entender que el problema lo había ocasionado el sistema de beneficio decidido desde arriba.
La realidad es que la huelga obrera que había comenzado el 1 de febrero fue total el día 4 y para ese día se había convocado la manifestación que uniera a ambos sectores. De un lado, los representantes de veinte pueblos, la extensa zona que se sentía perjudicada por la mina, habían preparado cuidadosamente su marcha hacia el Ayuntamiento de Riotinto para que suprimiera las teleras. No en vano la “Liga Antihumista” llevaba presionando ocho años, con estancias hasta de seis meses en Madrid, para estar en contacto con políticos de las Cortes españolas, y ahora se les presentaba la ocasión de hacerlo en Riotinto (3). Del otro lado, a los obreros mineros les resultó muy conveniente que la “Liga Antihumista” estuviera también en contra de la empresa. Los dos grupos se unieron para ejercer presión y los “días de manta” fue el punto de confluencia porque no habría descuentos de “manta” si no había calcinaciones al aire libre.
No hay duda de que la manifestación conjunta fue masiva, pero lo que avala la consideración de quienes no la denominamos protesta ecológica es que la demanda clara de los obreros de la mina era que no les rebajaran el jornal por causa del sistema empleado. Y, las mayores quejas de los antihumistas eran por el incumplimiento de la compañía que expropiaba e indemnizaba, pero no en una medida satisfactoria. Ni demarcaban el terreno realmente afectado, ni pagaban lo que se demandaba ni en los tiempos acordados. Siempre fue una compensación muy escasa y con grandes retrasos. Solo en alguna ocasión se insistía en que no se trataba de indemnizar, sino de no arrasar los campos y cultivos, pero eran voces aisladas. Por último, para los grandes propietarios –los “caciques”– no fue una razón menor su rechazo ante la actitud avasalladora de la Rio Tinto Company y ante la evidencia de su pérdida de influencia política. Fue una situación muy compleja donde no es que fuera inexistente una conciencia ecológica, sino que no podían permitirse el lujo de contemplarla siquiera.
Reivindicaciones mineras y agrarias se sintieron fuertes uniéndose frente a la compañía. Sin embargo, tristemente, darían lugar al gran movimiento y manifestación de 1888 que terminó en muerte y desolación.
(1) Legajo 100-B-8-iii. Archivo de la Fundación Riotinto. Minas de Riotinto (Huelva).
(2) Era costumbre imponer multas por muchos motivos de fallos de funcionamiento interno, pero las dos principales eran multas por falta de puntualidad , que eran progresivas si se repetían, y por extraviar libros de anotaciones en los que tenían esas responsabilidades. Todo ello era una muestra de las secuelas de un trabajo ancestral campesino, en que no había que llevar rígidas contabilidades ni importaba si se llegaba más tarde algún día. Les costó, como a todos aquellos de quienes se ha tenido documentación al respecto, la integración en la fábrica, la disciplina que impuso la revolución industrial.
(3) La demanda se apoyaba en la supresión ya efectiva en otros pueblos en base al artículo nº 72 de la Ley Municipal que autorizaba a los ayuntamientos “a velar por el bienestar de sus vecinos, incluso en el caso de tener que prohibir actuaciones que fueran contrarias a ese propósito”. Así se había logrado en Calañas desde 1886 y en otros lugares posteriormente.
Lola Ferrero, catedrática de Escuela Universitaria de Historia Contemporánea
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Concha Espina, una figura fundamental en la difusión del Año de los Tiros
En estos días en los que vuelven a recordarse los relevantes hechos sucedidos en la Cuenca Minera durante el Año de los Tiros, es necesario recordar la figura de la escritora y periodista Concha Espina, María de la Concepción Jesusa Basilisa Espina, (Santander, 15 de abril de 1879-Madrid, 19 de mayo de 1955). Una persona cuya labor fue fundamental en la historia contemporánea de la comarca, al haber sido la autora del mítico libro ‘El Metal de los Muertos’, donde se narran aquellos hechos del 4 de febrero de 1888. Pero, además, Espina fue prioritaria también en que aquel acontecimiento se conociera fuera de las fronteras provinciales, gracias a sus artículos periodísticos.
Una figura que ha sido especialmente estudiada por el periodista e investigador nervense Juan Carlos León Brázquez, que cuenta con numerosas publicaciones y ha ofrecido diversas conferencias sobre la vida personal y profesional de Concha Espina, en una actividad inestimable por reconocer el importante trabajo de esta mujer, adelantada a su época.No en vano, Concha Espina fue una escritora precoz, puesto que con tan sólo trece años comenzó a escribir versos. Sus primeras líneas las publicó en el periódico santanderino El Atlántico. Lo hizo con el seudónimo de Ana Coe Snichp, algo muy habitual entonces.
En 1891, fallece su madre y, un año después, su familia se traslada a Ujo (Asturias), donde su padre comenzó a trabajar como contable en las minas. De esta forma, María de la Concepción comenzaba su conocimiento de la situación de los mineros, tanto asturianos como onubenses.
En concreto, la relación de Concha Espina con Huelva se inicia a raíz de las crónicas periodísticas que la escritora firmaba diariamente en la prensa contando lo que sucedía en la Cuenca Minera onubense, noticias que inspiraron el relato de su novela ‘El Metal de los Muertos’. Esta obra consagró a la santanderina como periodista y, por supuesto, como escritora. La publicación tuvo un enorme impacto, siendo recordada aún en la actualidad, lo que pone de manifiesto su relevancia.
En su vida personal, Concha Espina se casó en 1894 con Ramón de la Serna, con el que se trasladó a Chile, donde tuvo dos hijos, Ramón y Víctor. Esta faceta más íntima la compaginó con el periodismo, ya que Espina fue corresponsal en Chile del periódico El Correo Español de Buenos Aires y colaboró en varios rotativos iberoamericanos.A su regreso a España en 1898, Concha Espina intensifica su labor como escritora, tanto de obras literarias como por sus colaboraciones en los diarios La Atalaya o El Cantábrico, los principales periódicos de Santander a inicios del siglo XX. En 1903, Espina escribe su estudio ‘Mujeres del Quijote’ y sus poemas Mis flores, mientras que en 1909 publica su primera novela: ‘La niña de Luzmela’.
En este punto de su carrera se traslada a Madrid, donde en 1918 estrena la obra de teatro ‘El jayón’, basada en un cuento suyo. A partir de aquí, su carrera literaria continuaría con tres obras más, ‘Esclavitud y libertad’, ‘Retaguardia’ y ‘La luna roja’, publicadas durante la Guerra Civil, cuando ya se había separado de su marido, que había sucedido en julio de 1934.Entre otros muchos reconocimientos, Concha Espina recibió en 1924 el Premio de la Real Academia Española por ‘Tierras del Aquilón’, fue nombrada Hija Predilecta de Santander y le otorgaron la Orden de Damas Nobles de María. Además, en 1935, fue nombrada miembro de honor de la Academia de Artes y Letras de Nueva York y, en 1950, recibe la Medalla del Trabajo, cinco años antes de su fallecimiento en Madrid. Galardones a los que se podría haber sumado el Premio Nobel de Literatura, al que fue propuesta en diversas ocasiones.
En definitiva, una mujer muy destacada en la historia de Huelva, pionera en numerosos ámbitos, incluido en la denuncia de la situación de los mineros onubenses. Por todo ello y mucho más, merece ser recordada.(*) Para la elaboración de este artículo, hemos seguido principalmente el trabajo titulado ‘Tras los pasos de Concha Espina. Escritoras y periodistas en la sombra: El caso de Félix Bulnes’, de Mari Paz Díaz Domínguez. Puede consultarse en el siguiente enlace: http://rabida.uhu.es/dspace/bitstream/handle/10272/11734/Tras_los_pasos_de_Concha_Espina.pdf?sequence=2
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Fallece el escritor que desveló el relato de Romero de Tejada sobre el fusilamiento de la columna minera
Nicolás Salas, el periodista y escritor sevillano que desveló el testimonio del médico Pedro de Seras Romero de Tejada sobre el fusilamiento de la columna minera el 31 de agosto de 1.936, falleció este martes a los 84 años de edad en el Hospital San Juan de Dios de Bormujos (Sevilla), donde ingresó hace unos días con problemas respiratorios.y cardíacos.
Aunque como escritor es más conocido por su novela ‘Morir en Sevilla’, con la que ganó el Premio Ateneo de Sevilla en 1986, su labor es fundamental para la historia de la Cuenca Minera de Riotinto gracias a su obra ‘Sevilla en sepia’, donde el autor dio a conocer el llamado ‘relato de un testigo’, redactado por el citado facultativo encargado de certificar las muertes de parte de los mineros de la compañía Riotinto que fueron fusilados en las murallas de la Macarena de Sevilla.
Tal y como expone el propio Salas en este libro, el ‘Relato de un testigo’ le fue entregado por el propio hijo del médico, Pedro de Seras Ledesma, quien quiso así «cumplir la voluntad de su padre, que pidió que se publicara después de su muerte», señala el autor, quien consideró que tal relato, con una extensión de tres folios, es un «documento único» y «de excepcional valor histórico», así como «un testimonio fiel de la tragedia vivida por los españoles en la guerra civil».
Tinto Noticias -el periódico digital de la Cuenca Minera de Riotinto- ha querido trasladar a sus lectores la siguiente selección de algunos de los fragmentos más destacados del relato:
…Yo es la primera vez que asisto a una ejecución, pero tan enorme como solo se recuerda en la invasión francesa con los fusilamientos ordenados por Murat. Un oficial del Ejército se coloca junto a la puerta de la celda, lleva un papel en la mano y comienza a leer en voz alta unos nombres; los llamados van apareciendo en la puerta y alineándose en el patio, así hasta 67, sus aspectos son indescriptibles, gente campesina de rostros tostados por el sol, van pelados al rape, con barba de quince días, la palidez de sus rostros y el descuido de sus barbas hacen de ellos espectros. Yo los admito en su valor, pues valor es poder permanecer de pie y alinearse a la voz del oficial. De pronto uno de ellos no pudiendo aguantar más la angustia de su pecho, rompe a llorar con un llanto nervioso y desgarrador. El llanto, como la risa, es contagioso, y aquel primer grupo de 12 mineros llora ante la proximidad de la muerte. Alguno con más espíritu quiere infundir entereza al grupo y me pide un cigarro, lo enciende y empieza a fumar aparentando despreocupación, es solo un momento, pronto empieza también a acongojarse. Piden agua, beben con avidez. Con resignación se dejan poner las esposas. Se pasa lista una y otra vez. De ellos se hace cargo un piquete de la guardia civil que firma la entrega. Se abre una espesa reja y el grupo desaparece entre los duros barrotes. Los van a fusilar en el sector de Amate. Es en ese momento las 4 y cuarto de la mañana.
Instantes después aparece el segundo grupo de mineros, este es de once individuos. El mismo aspecto que el anterior, pero contrasta su gran serenidad. Se alinean silenciosos. Destaca del grupo por su aparente tranquilidad el que hace el tercero de la fila. Es un hombre delgado, alto, con el pelo sin cortar. Tiene apariencia de dirigente. No deja de mirarnos fijamente, como desafiando. Debe ser un verdadero idealista. Llama a un oficial con el que cambia algunas palabras que no oímos. La aparente entereza de este grupo me devuelve la tranquilidad. Todos son esposados. Cumplidos los trámites de la entrega, el grupo se pone en marcha. Al desfilar delante de nosotros, el tercero de la fila nos dedica una mirada despreciativa al tiempo que dice, «¡Qué vivan ustedes muchos años, para hacer muchas cosas como esta!». Pobre hombre, marchó a la muerte con un valor y una serenidad digna de mejor causa. Dios lo haya perdonado.
Cuando nos vemos solos respiramos, aun quedan cuatro grupos y yo tengo que presenciarlo todo, pues mi grupo es el último. Aparecen sucesivamente el grupo 3º, 4º y 5º, más o menos lo mismo, pero con mucha menos entereza que el segundo. En todos las mismas caras de atontados, con el mismo mirar vago e inexpresivo. Parecen que son los mismos que los traen de nuevo…
…Por fin aparece el que yo llamo mi grupo. Destaca de seguida de entre los once un hombre de mediana estatura, con una blusa blanca como las que usan los camareros, que en tiempos fue blanca. Es un pobre hombre, que seguramente inocente, no se resigna a morir. Al verme a mi que soy de entre el grupo el único que viste de paisano, el hombre se dirige a mi para contarme su historia, me dice que no tiene nada que ver con este asunto, que es de Valverde del Camino, y que estando a las puerta de su casa, vio pasar unos camiones que lo invitaron a subir, pero que él ni sabía a lo que venía ni siquiera estaba enterado que había estallado la revolución. Tiene un recuerdo para su mujer y dos niños pequeños, y pide clemencia. Todo esto dicho con palabras atropelladas entremezcladas con sollozos. Yo procuro calmarle, profundamente conmovido por el relato de este infeliz engañado por dirigentes que a estas horas estarán bien a salvo y con toda tranquilidad. ¿Cuándo se desengañarán los pobres obreros del crimen que con ellos cometen los jefes maexistas?…
…Ya en el camión se les ordena por los guardias que se sienten, así lo hacen y el camión se pone en marcha. Salimos al exterior, allí espera un gran camión cargado con soldados Regulares de Ceuta encargados de la ejecución. La triste caravana se pone en marcha, primero un coche de turismo en el que vamos nosotros, después el de los mineros, por último el de los Regulares… Por fin llegamos al lugar de ejecución, las antiguas murallas romanas de la Macarena, frente al Hospital Provincial. Los camiones se detienen y los guardias ayudan a apearse a los reos. Con agilidad de felinos los Regulares saltan del camión y rápidamente forman el piquete. Hay muchos curiosos que de lejos quieren ser testigos del horrible cuadro. Los mineros son conducidos al pie de la muralla. Van con paso resuelto a la muerte. De pronto el hombrecillo de la blusa blanca se vuelve hacia nosotros y llama al religioso, éste se acerca, le pide que interceda por él, que lo manden al Tercio, pide clemencia. El instante es extraordinariamente trágico. El oficial, queriendo evitarnos esta escena da órdenes enérgicas. Entonces el hombrecillo de Valverde se vuelve a mi y me da una medalla del Sagrado Corazón de Jesús que llevaba en el pecho. Nos retiramos. Se oyen enérgicas las voces del mando. Todo está dispuesto. Miro al grupo de mineros, todos han contraído el cuerpo esperando la descarga que los destroce. ¡Fuego! Una detonación horrible nos hace estremecer. La fila de los infelices mineros se desploma a pie de la muralla vieja de veinte siglos. Así pagaron unos infelices analfabetos el absurdo intento de oponerse al movimiento militar con las solas armas de sus cartuchos de dinamita. Sevilla lunes 31 de agosto de 1936.
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Manuel Márquez Calero, un berrocaleño que muestra el amor a su tierra a través de los libros
A sus 75 años, Manuel Márquez Calero puede sentirse orgulloso de haber tenido una vida plena, en la que ha compagino su actividad profesional con su amor por la historia y el estudio a nivel general. Nacido en Berrocal, en la calle La Fuente, Manuel se marchó de su localidad natal en 1962, cuando tenía 19 años.
Su destino fue Sevilla, hasta donde se marchó para alistarse como voluntario en el Ejército, donde ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional, hasta que pasó a la reserva. Un trabajo que le ha permitido vivir en diferentes lugares de España, residiendo en la actualidad, ya jubilado, en la capital hispalense.
Junto a su actividad profesional, Manuel ha mantenido una constante labor a favor del conocimiento, puesto que reconoce que “me encanta aprender”. Con este objetivo, este onubense ha estado en el Aula de la Experiencia de la Universidad de Sevilla, además de asistir como oyente a las clases de la Facultad de Historia. En total, más de veinte años vinculado a la Hispalense de un modo u otro, unido a su amor por la lectura, lo que le ha permitido desarrollar diferentes trabajos de archivo e investigación.
El resultado se ha plasmado en dos libros, Estampas del Berrocal que yo viví y Berrocal en el pleito del Campo y Sierra de Tejada (Siglos XVII, XVIII y XIX), para el que tuvo que estudiar Derecho y, especialmente, Historia del Derecho. Dos publicaciones de gran interés para quienes quieran conocer el municipio en profundidad. Trabajos que complementa con otros comentarios y artículos en foros como Facebook, donde, por ejemplo, difundió un bonito pasaje en el que imaginaba un viaje desde Huelva a Riotinto como si se desarrollara en 1888, a través del tren minero, describiendo cómo era el paisaje, su gente y los pueblos por los que discurría el trayecto.Un bagaje que ha permitido a Manuel tener un profundo saber sobre su tierra, de su comarca. De hecho, en el marco del 350 Aniversario de la emancipación de la villa de Berrocal fue invitado por el Ayuntamiento de la localidad para ofrecer una conferencia en la que dio cuenta de la importancia de aquella fecha histórica, el 25 de agosto de 1658, cuando se produjo un hecho fundamental en el devenir de este municipio. En su disertación, Calero hizo un recorrido por los litigios que tuvo que pasar hasta que Berrocal consiguió el título de villa.
Todo ello pone de manifiesto que, aunque esté ya jubilado, es una persona muy inquieta, al que le preocupan “muchas cosas de la vida, como el ecologismo, la conservación del planeta, la situación de la Cuenca Minera, etcétera. Hay que tener en cuenta que he estudiado mucho la historia de la zona, de las minas de Riotinto, indagando en personajes como Eladio Orta o Félix Lunar, las luchas obreras o el mismo Año de los Tiros”.
Una actividad investigadora que compagina con su vida familiar, ya que Manuel está casado, tiene dos hijos y tres nietos, con los que va de vez en cuando a Berrocal, como sucede con las jornadas de la naturaleza que se organizan en el municipio. “Estamos dando todo nuestro apoyo al pueblo, tratando de animarlo y darle más vida, de ahí que no hayamos querido perder el contacto, ni que lo perdieran mis hijos. Yo tengo en Berrocal una pequeña casa en el campo, de unos 30-40 metros, con una chimenea, a la que suelo ir cuando puedo. Siempre digo que en un pueblo lo primero que se cierra es la escuela y lo último, el cementerio”, comenta Márquez Calero.
Eso, a pesar de que reconoce que la vida del campo, de la zona, ha cambiado mucho desde que él la conoció hasta ahora. Tal y como nos cuenta, “tengo muchos recuerdos de mi infancia y adolescencia en mi pueblo, como resumo en mi libro Estampas del Berrocal que yo viví. Me acuerdo mucho de los esteros, de los trabajos que se hacían entonces y que se basaban en una economía de subsistencia, pero con lo que éramos felices. Tampoco conocíamos otra cosa”.Una etapa de su vida que permanece marcada en su memoria y en la que cosechó grandes amigos, con los que sigue manteniendo contacto, puesto que suele reunirse con ellos de forma periódica para cambiar impresiones y poner en marcha diferentes proyectos, como actividades culturales, de cuidado de la naturaleza o foros sobre memoria histórica.
En definitiva, para despedirse, Manuel Márquez Calero lanza un mensaje para concienciar a todos sobre “la importancia de conservar y mantener los pueblos pequeños de la comarca, como Berrocal, Campofrío o, incluso, El Campillo, que están en peligro de extinción debido a que no tienen ninguna forma de vida, no hay ningún tipo de industria o motor económico, por lo que habría que crearla o buscarla, al margen de las subvenciones oficiales. Se han convertido en pueblos de fines de semana y eso es un motivo de preocupación”. -
Un tiro más, 130 años después…
Recientemente he asistido a una conferencia relacionada con el fatídico cuatro de febrero de 1888, en el Ayuntamiento de Minas de Riotinto. Sentí un escalofrío, desde lo más profundo de mi alma, al comprobar que los fallecidos de aquella tarde, en la plaza del desaparecido pueblo, no cabrían en la sala donde nos reunimos unos cuantos para rendirle un merecido homenaje y, sobre todo, para mostrar que no nos olvidamos de ello.
Durante los últimos días, tanto en medios de comunicación como en redes sociales, se ha publicado que, desde Huelva, y contando con el apoyo institucional de la Junta de Andalucía, se está promoviendo que el día 4 de febrero sea reconocido como Día Mundial del Ecologismo y, de este modo, perpetuar la memoria de los fallecidos aquella tarde de hace ya 130 años. Somos muchos los que pensamos que sería de ley un reconocimiento internacional a las víctimas del “Año de los tiros”, hasta aquí, todo el mundo esta de acuerdo.
Sin embargo, después de la conferencia, se entabló un debate acerca de las motivaciones que provocaron que miles de personas se manifestaran en la plaza de Riotinto aquel 4 de febrero de hace 130 años. Tanto el ponente principal, D. Alfredo Moreno Bolaños, como D. Aquilino Delgado (Director del Museo Minero) y muchos otros estudiosos de la historia local, dejaron constancia de que poco, por no decir nada, tuvo que ver el sentimiento ecologista con la manifestación que terminó en tragedia.
Yo soy de la misma opinión que ellos pues, en aquella época, nadie había oído hablar del concepto de ecologismo tal y como hoy lo conocemos. Desde mi humilde opinión, aquella manifestación no fue más que el resultado del choque de dos formas de vida que se vieron obligadas a convivir en la misma provincia y cuya confrontación terminó en el trágico suceso que por todos es conocido. Por un lado, el poder caciquil que hacía y deshacía a su antojo, tanto a nivel local como a nivel provincial; por otro lado, el creciente poder de las industrias mineras que veían en los primeros un obstáculo para el desarrollo industrial de la provincia. 130 años después, basta mirar lo que la industria minera supone para la provincia para entender quién de los dos poderes salió triunfante.
Aún así y, pese a los estudios bien documentados por los historiadores locales, desde la capital parecen hacer oídos sordos y se empeñan en defender aquella manifestación como la primera protesta ecologista de la historia. Se equivocan, señores. Ya en alguna localidad alemana se manifestaron por temas ambientales, un siglo antes, tal y como afirma y reafirma D. Aquilino Delgado. Incluso en Huelva, en enero de 1887, ya se manifestaron en contra de los humos. En Riotinto, aquella tarde de febrero de 1888, miles de personas se manifestaron para pedir unas mejoras en las condiciones laborales y ningún minero reclamó que se suprimieran las teleras. Igual que hoy en día, pocos serían los obreros de la capital que secundarían una manifestación para eliminar el Polo Químico de Huelva.
En la conferencia intervino un representante de la Mesa de la Ría argumentando que muchas protestas estaban relacionadas con la afección a la salud. Y tal vez tenga razón, pero suprimir las teleras acarrearía más problemas de salud en aquel momento pues, ¿cuántas familias se quedarían sin su sustento?, estoy convencido de que el hambre es menos saludable que el humo. No discuto lo nocivo de aquellos humos, faltaría más. Lo único que pongo en duda es que aquella manifestación sea el germen del ecologismo en el mundo, tal y como parece que se pretende desde la capital.
En el salón de plenos del Ayuntamiento de Riotinto se congregaron numerosos estudiosos del tema y, la gran mayoría, se mostraba en desacuerdo con la proposición del día 4 de febrero como Día Mundial del Ecologismo. Me sorprendió que, desde la capital, se pretenda seguir adelante con un proceso sin escuchar ni atender a los principales afectados. Por desgracia, no sería la primera vez.
La gente de Riotinto nunca fue dueña de su tierra, hasta el aire que respiraban era de la todopoderosa Rio Tinto Company Limited. Tras los ingleses, otras compañías fueron saciándose con lo que las entrañas de estas tierras escondían. Incluso hoy, 130 años después de aquella aciaga tarde, son compañías foráneas las que escarban en estas tierras, teñidas de sangre…
La gente de Riotinto tampoco fue dueña de su propia voz y, hasta hace poco, tan sólo se escuchaban otras voces hablando de lo que había ocurrido en su propia tierra. La gente de Riotinto tan sólo es dueña de su historia, dejemos pues que la cuenten, escuchemos lo que quieren decir y no tergiversemos su historia, lo único que tienen y que quieren gritar…
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Vázquez Lazo prepara un estudio sobre la emancipación de Zalamea del señorío de Sevilla
El proceso de emancipación de Zalamea la Real del Arzobispado de Sevilla y su anexión a la Corona es uno de los acontecimientos históricos que más interés generan en esta localidad onubense, dado que fue muy significativo que fueran los propios zalameños los que compraron su libertad, después de que una bula del Papa Gregorio XIII permitiera al rey tomar algunos bienes en poder de la Iglesia.
Así sucedió en este municipio de la Cuenca Minera, que, tras diversas vicisitudes, en 1592, dejaba de llamarse Zalamea del Arzobispo para adquirir su denominación actual de Zalamea la Real, tal y como se recoge en un documento firmado por el rey Felipe II. Un acontecimiento con el que la localidad ponía fin a una etapa y se incorporaba con pleno derecho a la Edad Moderna.
Un evento trascendental para el devenir de Zalamea que ha sido estudiado en diversas ocasiones, pero del que todavía hay muchas lagunas por descubrir. Por este motivo, el historiador zalameño José Manuel Vázquez Lazo se ha propuesto desvelar todos los detalles de este proceso de emancipación a través del estudio de ese expediente de separación, así como de la Carta de Privilegios en la que el monarca otorga al pueblo una serie de derechos con respecto a la administración del mismo.
Un trabajo bastante arduo que viene desarrollando desde hace dos años y que todavía no tiene fecha de finalización prevista, aunque le gustaría tenerlo listo lo antes posible. De hecho, a este investigador le hubiera gustado tenerlo preparado el pasado año 2017, cuando se cumplía el 425 Aniversario de la emancipación, al ser una fecha idónea. Sin embargo, le fue imposible terminarlo, una prueba de la dificultad que entraña adentrarse en estas páginas, donde la letra utilizada, a veces, es algo ilegible.
Por el momento, José Manuel resalta que “me ha llamado la atención que mucho de lo que se conoce de este proceso no es del todo cierto, además de que estoy teniendo la oportunidad de sacar a la luz muchas novedades totalmente desconocidas sobre este hecho. Eso sí, todavía no me atrevo a dar ninguna conclusión definitiva, porque me queda mucha documentación por estudiar».
«No cabe duda de que estamos hablando de un proceso bastante interesante, puesto que surge en un momento de coyuntura política importante, con una crisis estatal y entre el Estado y el papado, con prerrogativas que permitían que la Corona se emancipara de la Iglesia. Lo que sí podemos decir es que lo que sucede en Zalamea fue bastante peculiar en Andalucía Occidental, porque en 1592 se emancipan tanto Zalamea como Almonaster, dado que debían hacerlo dos localizaciones juntas, de ahí que ambos municipios onubenses se llamen ‘La Real’, al pasar a pertenecer a Felipe II», concreta José Manuel.Un estudio, como se puede comprobar, de enorme interés al tratar numerosas cuestiones de la intrahistoria local, de ahí que haya mucha expectación de ver el resultado del trabajo de este archivero e investigador. No en vano, a Vázquez Lazo le gustaría poder publicar el estudio, una vez que lo concluya, para darle difusión a las revelaciones realizadas a lo largo de estos años.
Para este historiador, «este tema es importante, dado que hablamos de historia y de patrimonio, de ahí que sea necesario recuperarlo. No podemos dejarlo atrás, para evitar perder la visión de nuestro pasado. Sólo así podemos apostar por el futuro».
Una destacada trayectoria dedicada a la investigación
José Manuel Vázquez Lazo es Licenciado en Historia por la Universidad de Huelva. Tiene en su haber varias publicaciones, destacando Zalamea Republicana (Diputación de Huelva, 2003); El Campillo. De la independencia a la democracia (Universidad de Huelva, 2007, junto a María Dolores Ferrero Blanco y Cristóbal García García); y La provincia de Huelva. Historia de sus villas y ciudades: Zalamea la Real (Diputación de Huelva, 2014). Además de todo ello, tiene varios artículos historiográficos en prensa y en revistas especializadas. Periódicamente publica artículos sobre la historia local de Zalamea la Real en su blog www.conelrabillodelojo.blogspot.com.
Ha impartido numerosas conferencias en diferentes foros. Ha sido documentalista del Departamento de Historia II de la Universidad de Huelva, en el proyecto de investigación ‘El Tribunal de Responsabilidades Políticas en Huelva (1936-1945)’, dentro del plan de Recuperación de la Memoria Histórica de la Consejería de Justicia de la Junta de Andalucía.Su experiencia laboral ha estado siempre ligada al mundo de la Historia. Actualmente ejerce como Archivero del Archivo Municipal de Zalamea la Real.
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Convocan una concentración en memoria de las víctimas del Año de los Tiros
Minas de Riotinto acogerá el próximo 4 de febrero una concentración en homenaje a las víctimas de la masacre acontecida en el municipio ese mismo día del año 1888, cuando decenas de campesinos, mineros, mujeres y niños fueron acribillados en la Plaza de la Constitución por el Regimiento de Pavía mientras se concentraban para pedir mejoras sociales, laborales y sanitarias, como el cese de la emisión de humos tóxicos provenientes de la explotación minera.Esta es una de las acciones programadas por el Ayuntamiento de Riotinto para conmemorar el 130 aniversario del acontecimiento que ha pasado a la historia con el nombre de el Año de los Tiros. La concentración está convocada a las 16.30 horas a las puertas del Consistorio, donde se leerá un manifiesto y se guardarán tres minutos de silencio en memoria de las víctimas.
Los actos conmemorativos de tal efemérides que ha programado el Ayuntamiento comenzarán dos días antes, el 2 de febrero, con tres acciones: una charla dirigida al alumnado del CEIP Virgen del Rosario y el IES Cuenca Minera, a las 11.30 horas en el salón de plenos municipal; una ofrenda floral en el monumento conmemorativo del Año de los Tiros, a las 12.30 horas; y la presentación del nuevo poemario de Rosario Santana, a las 18.30 horas en el salón de plenos.
Dos días después, el 4 de febrero, la programación se completará, además de con la ya citada concentración, con otros dos actos: la presentación del libro ‘Humos y Sangre’, de Gérard Chastagnaret, a las 12.00 horas en el salón de plenos; y la representación del audiovisual ‘Renacimiento desde el 4 de febrero’, una idea original de C.J. Pascual Rodríguez, con guión y dirección de Jesús Chaparro Álvarez, a las 18.00 horas en el Cine Teatro Juan Cobos Wilkins.
Desde el Ayuntamiento han informado que estos sólo son algunos actos de una programación más completa que se desarrollará durante todo el año.
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Una exposición de acuarelas y documentos inéditos conmemora el 130 aniversario del Año de los Tiros
Un total de 13 acuarelas realizadas por el dibujante Jaime Pandelet (Madrid, 1959) centran la exposición titulada 1888. Riotinto: lágrimas de pincel, instalada desde este miércoles 10 de enero y hasta el próximo 27 de este mismo mes en la Sala de la Provincia de la Diputación de Huelva, en la que se recoge además una serie de documentos fotográficos y periodísticos de gran valor histórico -algunos inéditos- distribuidos en 24 paneles explicativos, así como una proyección audiovisual sobre los protagonistas e investigadores previos de este acontecimiento vital en el devenir de la historia denominado ‘el año de los tiros’, acaecido en el municipio de Minas de Riotinto el 4 de febrero de 1888.
Esta muestra parte de la iniciativa puesta en marcha por el Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria Histórica y Social de Andalucía de CGT-A con motivo de la conmemoración, en 2018, del 130 aniversario de la masacre de Riotinto que marcó la historia del movimiento obrero y medioambiental. Para ello, se ha reeditado el libro 1888. El año de los tiros, de Rafael Moreno (Cumbres Mayores, 1964), una obra novelada sobre este hecho histórico que vio la luz en 1998 y que ahora, en esta quinta edición renovada y revisada, cuenta con las ilustraciones de Jaime Pandelet y prólogo del historiador Antonio Miguel Bernal, Premio Nacional de Historia 2006 y catedrático de la Universidad de Sevilla.La diputada de Cultura, Lourdes Garrido, acompañada por el artista Jaime Pandelet y por el escritor y periodista Rafael Moreno, ha inaugurado esta exposición que, en palabras de la diputada, «viene a otorgar a este pasaje tan importante de nuestra historia cercana el espíritu de la ilustración que le faltaba». Garrido ha señalado que el conjunto de dibujos, pinceladas y acuarelas que componen esta muestra «es único» y consigue, a través de la maestría del pincel de Pandelet, que el espectador vea reflejado en estas ilustraciones con total claridad «lo que pasó aquella terrible tarde del 4 de febrero de 1888 en Minas de Río Tinto, captando con precisión toda la carga emocional e histórica del suceso».

Tanto Pandelet como Moreno han agradecido a la institución provincial su impulso a la hora de dar visibilidad a esta muestra en el espacio expositivo de la Sala de la Provincia. Para Pandelet, el encargo de Rafael Moreno de ilustrar la nueva edición de su libro «ha sido un regalo que no solo me ha comprometido en lo artístico, en lo gráfico, sino que compromete mi conciencia social, porque hay que tener el alma muy negra para que no te suban escalofríos por la espalda al leer aquel pasaje triste y desgarrador de la historia”. Unas reflexiones previas que hacen que el artista logre «reivindicar desde mi lápiz lo que de brutal e injusto tuvo ese 4 de febrero en Río Tinto”.
Para el escritor y periodista onubense, el principal objetivo de las ilustraciones de Pandelet ha sido recoger el sentimiento, los paisajes, las emociones y el sufrimiento desde la mirada de las víctimas, “verdaderos protagonistas de esta masacre, en la que decenas de campesinos, mineros, mujeres y niños que salieron a las calles aquel fatídico día, encabezados por el anarquista de origen cubano Maximiliano Tornet, pidiendo mejoras sociales, laborales y sanitarias -como el cese de la emisión de humos tóxicos-, fueron acribillados en la plaza de la Constitución de Minas de Riotinto por el Regimiento de Pavía».
