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  • Los mariscadores urgen a la Junta a vigilar los caladeros y pagar las ayudas comprometidas

    Los mariscadores urgen a la Junta a vigilar los caladeros y pagar las ayudas comprometidas

    Aseguran que no han cobrado nada desde el verano

    Las asociaciones de mariscadores de Nueva Umbría, Río Piedras’ y Doñana han solicitado este lunes a la Junta de Andalucía «más vigilancia en los caladeros» de la coquina que «han ido a la destrucción desde 2021» por «la falta de vigilancia» sobre el furtivismo, así como de «los barcos que han cogido una tara mucho mayor de la que le corresponde, sin que nadie hay hecho nada», del turismo y de la pesca ilegal, toda vez que han reclamado el cobro de las ayudas «comprometidas», de las que «no se ha cobrado nada desde el verano».

    Así lo han manifestado a las puertas de la Delegación de Agricultura y Pesca en Huelva, donde el presidente de la Asociación ‘Nueva Umbría’, Emilio Jaldón, ha lamentado que actualmente, con todas estas cuestiones expuestas, «el mariscador coge tres kilos diarios», algo que «no es viable» y que «no llega ni para pagar el autónomo», y «desde julio no llega un sueldo digno a casa de un mariscador», colectivo que están esperando «desde el verano a cobrar las ayudas, de las que no hemos visto nada», ha agregado

    En este sentido, ha explicado que hay barcos que «si su tara es de 90 kilos, ha llegado a recoger hasta 400 kilos de coquinas», lo que junto con el resto de problemas con los que se han encontrado «ha llevado a la destrucción del caladero», por lo que solicitan «que haya vigilancia» para que se recupere» y puedan «llevar un sueldo digno a su casa».

    Jaldón ha explicado que desde mayo y hasta mediados de junio tuvieron una parada y que ahora mismo llevan más de un mes de parada biológica -comenzó el 3 de octubre- por «falta de recursos para poder trabajar y sin saber cuándo vamos a cobrar esta parada, porque aún no hemos cobrado la de mayo y junio», toda vez que ha expuesto que esta última parada será, de momento, «indefinida» porque «el caladero va a necesitar seis meses mínimo para recuperarse».

    En este punto, han indicado que hay un total de 246 mariscadores de a pie con licencia en Huelva, de los cuales «un total de 120» pertenecen a estas asociaciones, así como han apuntado que «solo 160 podrán acceder a las ayudas» porque «muchos no han podido pagar su cuota de autónomo para poder llevar comida a casa» y ahora «no cumplen los requisitos» para poder solicitar las ayudas.

    Asimismo, los representantes de estas asociaciones han pedido la dimisión del director gerente de la Agencia de Gestión Agraria y Pesquera de Andalucía (Agapa) al considerar que «no está cumpliendo con su trabajo» por «la falta de vigilancia e inspección» ya que «el caladero no tenía que haber llegado a esto» y que «entre en su lugar una persona que quiera trabajar». «Han destruido nuestro trabajo y los caladeros y no queremos vivir de limosnas mientras ellos tienen un sueldo muy bueno», ha señalado Jaldón.

    Por su parte, el presidente de la Asociación ‘Río Piedras’, José Prieto, se ha lamentado de que llevan «seis meses para cobrar las ayudas» de la parada anterior porque «no nos dicen ni cuando tenemos que echarla y termina el 3 de diciembre» por lo que se ha cuestionado que «si todavía no se ha cobrado la anterior» si «van a esperar otros seis meses para la de ahora».

    Finalmente, han lamentado que aunque el caladero está cerrado, siguen asistiendo «furtivos» para capturar la coquina, por lo que han reiterado la necesidad de que haya «mayor vigilancia». «No se han hecho inspecciones y así hemos llegado a la situación actual», han concluido.

  • Los mariscadores de la coquina levantan sus rastros

    Los mariscadores de la coquina levantan sus rastros

    Las asociaciones de Ayamonte, Nueva Umbría y Doñana, que aglutinan al 60% del sector, se concentrarán el martes en la Consejería de Agricultura para pedir una parada biológica «inevitable»

    Las asociaciones de mariscadores a pie de la coquina de Ayamonte, Nueva Umbría (Lepe) y Doñana (Almonte), cansados de la «falta de respuesta» por parte de la Junta de Andalucía y de que no las tengan en cuenta como interlocutores directos del sector pese a aglutinar al 60 por ciento de las licencias profesionales de todo el litoral onubense, dejarán las playas el próximo martes para marchar con sus rastros hacia Sevilla. En concreto, se concentrarán, a partir de las 9:00 horas, ante las puertas de la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural “con la esperanza y la exigencia” de reunirse con el director general de Pesca y Acuicultura, José Manuel Martínez Malia, tras más de dos años de instancias, “mediante múltiples escritos”, desoídas y ante una situación del caladero que va camino, “si no se toman medidas drásticas, serias e inmediatas”, de tornarse en “irreversible”. La solución, según alegan sus presidentes, Juan Grao, Emilio Jaldón y Santiago Cano, es una: el cierre vigilado y subvencionado de la pesquería hasta su recuperación.

    La parada biológica, a juicio de los mariscadores, no es sólo inevitable, sino un mandato de la propia Orden de 20 de julio de 2023, publicada en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA) y firmada por la consejera del ramo, Carmen Crespo, que establece un Plan de Gestión para la coquina en el Golfo de Cádiz. La misma fija el límite de 1,5 kilos de este bivalvo por hora como umbral medio de captura crítico y determina, “de un modo explícito y tajante”, la paralización “automática” de la actividad “hasta que los resultados del seguimiento científico ofrezcan las garantías técnicas suficientes” para que la misma se pueda retomar. Desde que culminó la veda el pasado 18 de junio (hasta donde se alargó desde el 1 de mayo), el balance de los mariscadores no llega más allá de los dos o tres kilos en talla comercial por jornada (unas tres horas de faena en torno a la bajamar). “No hay más preguntas, señoría”, concluyen.

    Las tres entidades se desmarcan así de la Federación de Asociaciones de Mariscadores a pie del Golfo de Cádiz, que engloba a los profesionales de Pilas, Villamanrique y Carrión, en Sevilla; y Moguer, Punta Umbría e Isla Cristina, en Huelva. Lo hacen después de que ésta desconvocara la manifestación prevista el pasado martes 26 de septiembre no ante la Consejería, sino ante la Agencia de Gestión Agraria y Pesquera de Andalucía (Agapa) para reclamar vigilancia. La movilización quedó suspendida tras la celebración de una reunión con el director general de Pesca y Acuicultura de la que, de momento, no ha trascendido nada. Ayamonte, Nueva Umbría y Doñana no entienden las razones de tanta opacidad “ni podemos consentir que se nos excluya de las mesas y la toma de decisiones”. La situación, cada vez más insostenible en términos sociales y ambientales, con un “serio peligro” para 250 puestos de trabajo y para un producto estrella de la gastronomía de Huelva como es la coquina, “lo requiere”, porque “es mucho lo que está en juego”, aseveran.

    Furtivismo y nula vigilancia

    El caladero, desde la óptica de los representantes del sector, ha quedado reducido a su mínima expresión, “a cenizas”, como consecuencia de la generalización y la impunidad de un furtivismo animado por una vigilancia que “brilla por su ausencia”. El daño viene, según detallan, de los turistas “sin conciencia” en las playas y de la afluencia de barcos (en su mayor parte, rastros remolcados, aunque también dragas hidráulicas), “que no respetan los límites de costa” y se adentran, en muchos casos con nocturnidad, en la zona reservada al marisqueo a pie. Todo ello, sin olvidar las lanchas ilegales de recreo o el problema enquistado de los mariscadores sin licencia.

  • El furtivismo impune en Huelva
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    El furtivismo impune en Huelva

    Mariscadores se encuentran «como cada día» con un rastro remolcado que no respeta los límites de costa incluso en una zona cerrada por positivo en E.coli y ven cómo los infractores les enseñan el culo

    Playa de Isla Canela. Son las 10.00 horas. La bajamar está prevista a las 12.00 horas. En condiciones normales, con un caladero sostenible o, al menos, por encima del umbral medio de captura crítico -1,5 kilos por hora, según el plan de gestión de la pesquería-, empezaría el desfile de mariscadores a pie, decenas de ellos, con sus rastros hacia la orilla, así como el batiburrillo de comentarios, muchas veces exagerado, sobre los kilos de coquina que cogieron el día anterior y los que piensan alcanzar en el actual. “Diez me llevé yo”, diría uno; “Yo, quince, y en menos tiempo”, replicaría otro entre las risas de algún escéptico. Pero las circunstancias no lo son.

    La realidad es otra, no hay nada, un silencio apenas interrumpido por los últimos veraneantes que apuran el ocaso de una época estival que ya se va. Y lo que eran decenas de profesionales del sector se ve reducido a unos pocos que no se resignan ni pierden la esperanza de tener una jornada “decente” que les permita, ya casi se conforman con ello, pagar la cuota de autónomo y el coste del desplazamiento. Uno de ellos es Aitor Gamero, que va a echar la marea, va a intentarlo. En el gesto, en el tono, se percibe el pesimismo, el tiempo lo confirma. Miseria, 1,5 kilos en talla comercial tras 2,5 horas de trabajo. Sigue, a lo suyo, un rato más.

    La estampa se repite en el resto de las zonas de producción de moluscos bivalvos -hasta ocho con la coquina como especie declarada- del litoral onubense. Desde Mazagón a Matalascañas es cada vez más raro encontrarse con un mariscador y en Punta Umbría, hacerlo, casi sería noticia. Dentro del Parque de Doñana, junto a Isla Canela, una de las principales fuentes del recurso -al menos hasta no hace mucho-, desde el punto conocido como ‘Los Palos’ hasta la Desembocadura del Guadalquivir, Sergio Maldonado, de Almonte, también desiste y se queda en casa. “¿Para qué vamos a ir, para gastar gasolina?”, se lamenta. El balance de los días previos, desde luego, lejos de ser halagüeño, invita a ello.

    La tarde antes, el presidente de la Asociación de Mariscadores de Ayamonte, Juan Grao, afirmaba, pesaroso, que los copos de cuatro profesionales experimentados con licencia juntos apenas alcanzaban los 12 kilos, “2,4 si contamos sólo lo mío”. En definitiva, “hambre”. Su homólogo en la sociedad ‘Nueva Umbría’, de Lepe, Emilio Jaldón, por su parte, prueba fortuna con su cuadrilla de siempre por la Desembocadura del Piedras, ‘Los Bajos’, donde ya hace mucho que falta a su cita con la bajamar y la captura de la coquina la gran mayoría de los trabajadores que la frecuentaban. “Es una pena, una tragedia”.

    Quienes sí estaban por el camino, “como cada día”, son los furtivos y su impunidad. “Convivimos con ellos ante la nula vigilancia”, relataba Jaldón. Sí, también hoy, con el caladero esquilmado, sometido a una presión que amenaza con la “desaparición” de un producto estrella de la gastronomía de Huelva como es la coquina y en medio de la petición, “por justicia”, de un cierre subvencionado de la pesquería. Y, “por si fuera poco, en una zona cerrada al marisqueo por una alerta sanitaria tras detectarse un positivo en E.coli”, denunciaba Emilio Jaldón mientras grababa a una embarcación de rastro remolcado en la playa de Santa Pura, en La Antilla, en plena Barra del Terrón (Lepe). Los infractores, en su “desvergüenza”, metáfora de lo que viven -y sufren-, se bajan los pantalones y les muestran el culo.

  • Los mariscadores urgen el cierre «con ayudas» de la pesquería de la coquina

    Los mariscadores urgen el cierre «con ayudas» de la pesquería de la coquina

    Los profesionales del sector defienden que no alcanzan «ni de lejos» el límite de 1,5 kilos por hora establecido como «umbral medio de captura crítico», lo que según el Plan de Gestión conlleva el cese «automático» de la actividad

    El sector de la coquina estalla ante lo que considera una situación “insostenible” en medio de un contexto de “desidia absoluta”. Los mariscadores a pie del litoral de Huelva urgen el cierre “inmediato” y “subvencionado” de la pesquería de este molusco bivalvo por parte de la Junta de Andalucía. Esta es, a juicio de los profesionales, la “única medida posible” que puede tomar ya la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural frente al estado en el que han encontrado el caladero onubense en su conjunto, “desde Isla Canela hasta Doñana”, desde que volvieran al trabajo tras la conclusión de la parada biológica a mediados del pasado mes de junio y que, lejos de mejorar, “va a peor semana a semana”.

    Uno de los damnificados que ha alzado la voz en este sentido es Sergio Maldonado, adscrito a la Asociación de Mariscadores ‘Doñana’, de Almonte. Maldonado asegura que “día tras día” no alcanzan, “ni de lejos”, el límite de 1,5 kilos por hora fijado como “umbral medio de captura crítico” por la Orden de 20 de julio de 2023 que establece un Plan de Gestión para la coquina en el Golfo de Cádiz. Esta realidad “más que confirmada”, como queda recogido en el mismo documento, implica, “en todo caso”, el cese “automático” de la actividad “hasta que los resultados del seguimiento científico ofrezcan las garantías técnicas suficientes” para que la misma se pueda retomar.

    Igual de explícito -y con la misma reclamación- se ha mostrado el presidente de la Asociación de Mariscadores ‘Nueva Umbría’, de Lepe, Emilio Jaldón. “Es ya una cuestión de mera supervivencia”, ha enfatizado, ante una circunstancia que ahoga a las 250 familias que dependen de la especie y se hallan “atrapadas en un callejón sin salida y sin respuesta alguna” después de una veda de más de 45 días (desde el 1 de mayo hasta el 18 de junio) que se ha saldado, “en contra de su propia razón de ser”, con un caladero “esquilmado”. Desde su óptica, la causa es clara: una “vigilancia nula” que tiene como consecuencia directa la “generalización” y la “impunidad” del furtivismo.

    Jaldón ha denunciado, en este punto, el “daño irreparable” que provocan los propios turistas “sin conciencia” en las playas o la afluencia de barcos, en su mayor parte, rastros remolcados, aunque también dragas hidráulicas, “que no respetan los límites de costa” y se adentran, en muchos casos con nocturnidad, en la zona reservada al marisqueo a pie. Todo ello, según ha continuado el representante del sector, sin olvidar las lanchas ilegales de recreo o el problema enquistado de los mariscadores sin licencia. “Son múltiples las evidencias, con vídeos, que hemos presentado a las autoridades competentes, pero no nos han querido echar cuenta y ahora la coquina está en las últimas”, ha lamentado.

    No en vano, el balance que hace la mayoría de los mariscadores es “ruinoso”. Aluden, en las últimas semanas, a capturas de escasos tres kilos de coquina en talla comercial por día (unas tres horas de faena en torno a la bajamar). Ante unos precios de venta que oscilan en estos momentos entre los 10 y los 12 euros por kilo, Sergio Maldonado explica que, “sólo para cubrir costes como el gasto ordinario de la cuota mensual de autónomo y el combustible nos harían falta, al menos, cuatro kilos de molusco por jornada”. Estos, con sus mismos cálculos, deberían elevarse hasta los ocho kilos “para poder hablar de un salario mínimamente digno”, añade.

    El drama es tal que no son pocos los profesionales que reconocen, incluso, “con todo nuestro pesar, porque es nuestro futuro y el pan de mañana”, que se han visto abocados a tapar los rastros con los que trabajan para favorecer así una menor clasificación del recurso que entra en sus copos y sacar al mercado también, por ende, coquina inmadura. “Hasta este lastimoso extremo hemos tenido que llegar para poder comer”, alega alguno. Para los mariscadores, como exponen tanto Emilio Jaldón como Sergio Maldonado, es “un verdadero crimen que hipoteca la sostenibilidad de nuestra forma de vida” y una “prueba irrefutable” de que “necesitamos que la Administración autonómica, de la que sólo hemos obtenido silencio hasta ahora, nos escuche”.

    Sin noticias de las ayudas por la veda

    Los representantes de las asociaciones ‘Nueva Umbría’ y ‘Doñana’, para quienes sus demandas no pueden ser más justas, emplazan además a la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural a no acumular deudas pendientes con un sector artesanal como el del marisqueo a pie de la coquina. Con ello, han incidido en que han transcurrido ya casi tres meses desde el fin de la parada biológica y siguen sin noticias de las ayudas compensatorias con cargo al Fondo Europeo Marítimo de Pesca y de Acuicultura (Fempa) por ese más de mes y medio de inactividad y la correspondiente falta de ingresos. “El objetivo era igualarnos a otros pescadores profesionales, pero, al parecer, somos trabajadores de segunda y no lo merecemos”, critican.